De Zaragoza al cielo, en 80 metros, por el ascensor de la torre del Pilar
17-7-2007
Porque así se siente uno cuando se asoma a los ventanales de la torre y mira por primera vez Zaragoza. Y más si vas acompañado de dos niños como mis hijos Ignacio y Sofía. Siempre recordaré la mirada de fascinación con la que descubrieron poco a poco Zaragoza a sus pies. Todo eran preguntas y más preguntas sobre la vista y sobre el recorrido de nuestro río Ebro. Por eso recomiendo a todos aquellos que ya han subido hace años o no lo han hecho nunca a hacerlo ahora porque Zaragoza ha cambiado mucho y cambia cada día con las nuevas obras y nuevos barrios y desde ese lugar tan maravilloso se ve todo con tremenda claridad.
Serpenteante el río parece por fin no separar sino unir dos partes de una misma ciudad. Se puede ver el Arrabal, el barrio del Actur, las obras incesantes de la Expo 2008, los nuevos puentes, la magnífica torre de La Seo, San Pablo y de la Magdalena. El ascensor que sube a una velocidad increíble nos deja en una escalera de metal y en forma de caracol que se traga a los múltiples turistas que suben sin cesar durante el horario de visita. Esta torre que ocupa el lugar de mirador de la ciudad que un día tuvo como titular durante Los Sitios de Zaragoza a la malograda Torre Nueva. La sensacion que se siente arriba es la de estar casi en el cielo, en la torre de uno de los edifcios religiosos más importantes de España, el Pilar de Zaragoza. Y esa torre mirador casi como un pilar se alza más de ochenta metros sobre la plaza y junto al río dormido. Desde arriba se ve pasear a la gente, casi diminuta, y revolotear las palomas, queridas por unos y odiadas por otros. Después de esta experiencia visual y sensitiva el descenso hace meditar sobre la pequeña medida del hombre frente al tiempo y el espacio.
Después, en la plaza del Pilar y para celebrar tanta subida y bajada, lo más apetecible es entrar en unos de los restaurantes más antiguos de Zaragoza, El Real, y deleitarse en su interior o en la terraza frente al templo con una deliciosa y fresca cerveza de la Zaragoza, por ejemplo. Y si tenemos algo de hambre podemos pasearnos por la plaza de Santa Marta a tapear o comernos unas baratas y sabrosas gambas a la plancha en el ya tradicional “Belanche”. Merece la pena. Y para comer un buen menú por la zona tenemos también el restaurante “Espejos” con un menú sencillo pero elegante y a buen de precio.
Y después para bajar un poco la comida podemos pasear hasta el puente de Piedra y ver una bella vista del Ebro y pasear junto a sus riberas, en reciente proceso de restauración. Zaragoza bien vale un paseo, porque Zaragoza es también la ciudad de las mil caras y donde, dicen, “las lágrimas se transforman en rosas”.
javier.bona@gmail.com |
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