
Niños caminando en el malecón
La Habana | 1 comentarios.
|
Una semana antes de partir, un amigo me dijo que va a Cuba, a dejar el estrés por un lado y que viaja solo. Cómo va ser que solo le dije, salgo al día siguiente a comprar mi pasaje, y la semana siguiente estamos montados en el avión divisando desde el aire, ese mar azul y celeste que jamás vi antes.
Luego de aterrizar se siente el golpe de calor, al que no estoy acosbumbrado pero que esta tierra caribeña con su gente tan abierta y amistosa hacen que pase casi desapercibido, distrayendo la mente contanto por ver, conocer y gozar.
Entra la noche, el calor sigue, ya entrados en confianza un amigo nos recomienda juntarnos para ir al Morro, la ceremonia del cañonazo es la atracción del lugar. Montamos una máquina, carros que se dedican a transportar personas de un lado a otro o en una ruta prederterminada, lo llenamos entre amigos y amigas y al pasar por donde hay un policía nos indica el chofer que se agachen unos porque si nos ven amontonados nos paran y a él le ponen multa por llevar turistas, ya que solo los taxis pueden hacerlo, vaya subida de adrenalina la que nos da, que nos ayuda para acelerar el curso de la noche y llegar en ambiente.
Luego de visitar al Cristo de La Habana, y contemplar la ciudad, presenciamos la ceremonia del cañonazo, que según la historia, lo conmemoran en recuerdo de cuando la ciudad estaba cercada o rodeada de muros, y este avisaba que la ciudad iba ser cerrada para quedar protejidos en la noches y evitar ser sorprendidos por piratas y ladrones. Después nos topamos con un concierto ahí mismo, en el fuerte del Morro, tremenda parranda, roncitos, hermosas mujeres que nos enseña unos pasos de salsa cubana, una buenísima bienvenida a la isla del encanto, hasta el amanecer y sin parar, hasta que terminamos rendidos de tanto bailar y platicar.
Temprano del siguiente día, hora de salir al recorrido por La Habana, una cultura diferente a la acostumbrada, en las paradas de máquinas, camellos y demás transporte cubano, muy ordenado, al llegar cada persona exclama “último” para saber después de quién le toca abordar cada unidad, diferente de las amontonaderas que veo a diario peleando y empujando para poder lograr un espacio al abordar. Paseamos por El Capitolio, con tremendas estatuas al frente, impresionante construcción, la Universidad con su escalinata al frente, seguimos caminando admirando cada máquina, también llamada a cada automóvil que hay, con tanto año encima y ahí en su recorrido para todos lados, claro que hay carros nuevos, pocos pero sí los hay, derrepente un taxi negro un mercedez benz último modelo, asombrado!! ni en mi país hay esos taxis jaja la gente amable, nos ayuda cuando les preguntamos, nos guían y dan la bienvenida, preguntan de dónde somos.
Claro está que no todo es bueno, por ser extranjero a uno lo acosan personas que siempre tratan de ver qué le sacan a uno, dinero, comida, son pocos pero sí lo ponen a uno al borde de la desesperación por la insistencia, te quitas a uno y aparece otro.
Entre las calles, cuando nos dirijimos a la famosa Catedral, vemos construcciones viejas y mal cuidadas, ya casi se caen pero no, al igual que muchas otras ciudades, tienen su historia y su por qué, pasamos entre niños que felices juegan, corretean, con este tremendo calor y no es medio día todavía. Pasamos por el Teatro Nacional, con su impresionante arquitectura; asomamos por la calle del Obispo y luego a un par de cuadras La Catedral. Que detalle de contemplarla desde uno de los restaurantes de su plaza, con una cerveza bien fría, reparadora para ese calor y la caminata que nos ha sacado el aliento.
Qué días esos, en que uno no piensa más que en caminar y conocer, disfrutar, bailar y aprender de otra cultura, mientras recorremos por el malecón, vemos parejas que ven pasar el tiempo, en su enamoramiento solo están el uno para el otro, niños saltando hacia el mar, haber quién hace la mejor pirueta en el aire, la noche va callendo, niños caminando por la orilla con rumbo hacia el horizonte, como siguiendo el curso del Sol y tratando de alcanzarlo. Listos para otra noche de parranda, roncitos y bellas mujeres que con gusto nos eseñarán más pasos de salsa cubana. |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|