CRUZANDO EL IMPERIO INCA (Perú II)
Ya en Lima, con un gran agotamiento, llegamos a la casa de la familia Bonilla Herrera, parientes de unos amigos de Popayán que le hablaron de nosotros. Don Oscar, Doña Amparo, sus hijos Adriana y Alexander, abrieron además de las puertas de su hogar la de sus corazones, haciéndonos sentir como en casa. En los seis días que pasamos ahí tomamos la familia prestada ya que no sentíamos el calor de un hogar en mucho tiempo de noches en lugares hostiles.
Ellos reforzaron en nosotros valores como la solidaridad, tolerancia para quienes lo necesitan. Despedirnos fue duro ya que se nos metieron en nuestros corazones. Con la familia Bonilla Herrara, con Elias, Jonathan, Alexis, Néstor, Roberto y su esposa y los que se nos escapan, de verdad muchas, muchas gracias… Los extrañaremos.
Después de esos maravillosos días en Lima, volvimos a nuestro diario vivir y a pedalear para alcanzar nuestro sueño. Aquel lunes después de pedalear varios kilómetros, llegamos a una playa llamada Chepeconde donde acampamos y un poblador nos brindo su hospitalidad y nos contó una triste historia sobre como era explotado por extranjeros a los cuales prestaba su servicio de vigilancia y cuidado de sus perros.
Sus jefes abusaban y humillaban al poblador (Santiago) aprovechándose del retraso mental del que él sufre, no pagando lo suficiente ni cumplidamente y hasta amenazándolo con sus fieros perros.
Esa noche fue un poco depresiva y triste, no sabíamos si por las historias de Santiago o por encontrarnos nuevamente con nuestro duro diario vivir. Aquella noche en la oscuridad, con nuestros estómagos vacíos y nuestros corazones llenos de nostalgia, extrañamos nuestras familias y nuestras casas.
A la mañana siguiente seguimos nuestro camino hacia Pisco. Fue una etapa larga donde comenzamos a sentir el cambio de clima. Llegadas las seis de la noche buscando nuevamente un sitio donde acampar llegamos a una vereda cercana llamada Tupac Amaru ubicada a 3 Km. de Pisco. Aquí dormimos en una iglesia un poco dañada por el terremoto del 15 de agosto y sus pobladores a pesar de la tragedia que viven nos brindaron su gran hospitalidad dándonos comida y calurosa compañía.
A nuestros amigos de Pisco les agradecemos lo amables que fueron y sólo nos queda por decirles que esas tragedias engrandecen nuestros pueblos y los cambios bruscos en la vida nos hacen crecer como personas. Esperamos que puedan salir rápido de esta.
En el camino a la reserva natural de Paracas, que era nuestro siguiente destino, pudimos observar cual había sido la magnitud de los daños que había causado el terremoto. Llegamos a Paracas en poco tiempo ya que quedaba sólo a 20 Km. de Pisco y acampamos 2 días en la reserva natural gracias a la colaboración de los directivos. Conocimos parte de esta espectaculares reserva: desiertos de colores, lobos marinos, gran diversidad de aves, playas.
Luego de nuestra corta estadía partimos hacia Ica, pasamos de largo y llegamos a un pequeño pueblo llamado Palpa donde acampamos esa noche para levantarnos nuevamente y partir a Nazca. En el camino en medio del desierto veíamos muchas avionetas de observación de las misteriosas líneas de Nazca, mientras nosotros las atravesamos por carretera. Ya en Nazca le hicimos un pequeño mantenimiento a las bicicletas que estaban llenas de arena y acampamos en un pequeño parque.
A la mañana siguiente comenzamos a trepar la dura cordillera de los Andes esperando ver hasta donde llegábamos ya que nuestro destino era Cusco que estaba demasiado lejos. . Ya en Nazca le hicimos un pequeño mantenimiento a las bicicletas que estaban llenas de arena y acampamos en un pequeño parque.
A la mañana siguiente comenzamos a trepar la dura cordillera de los Andes esperando ver hasta donde llegábamos ya que nuestro destino era Cusco que estaba demasiado lejos. Ya en el camino antes del medio día nos levanto un tracto mula que iba hasta Cusco. El camino fue muy duro y muy alto. En horas de la noche pasamos por un sitio denominado la Raya después de Puquio, un lugar arriba de los 4000 mts. Como íbamos con la carga sin ninguna protección contra el frío, casi nos colocamos toda la ropa que teníamos para soportarlo incluyendo bolsa para dormir. El frío fue despiadado entumeciendo nuestras manos y pies y al ritmo de “al lado del camino” de Fito Páez. Fue inevitable derramar algunas lágrimas extrañando el calor de nuestros hogares. Cerca de Abancay a nuestro amigo Juan, el conductor se le varo la tracto mula y nos quedamos hasta el medio día esperando que la arreglaran. Como eso parecía demorarse seguimos en las bicicletas hasta una reserva donde acampamos esa noche.
Comenzando el siguiente día emprendimos la subida a un premio montaña que se veía desconsolador, y luego de llegar comenzamos a bajar rápidamente y luego de muchos kilómetros nos levanto un camión que nos llevo hasta las afueras de Cusco. En esta ciudad nos encontramos con Gustavo hermosa, quien nos brindo hospedaje en su hotel donde pudimos asearnos y descansar esa noche como reyes.
Al siguiente día, salimos a conocer la hermosa pero costosa ciudad de Cusco. Es una ciudad muy turísticas en la que te puedes encontrar personas de todo el mundo, así que te quieren cobrar todo como norteamericano o Europeo. Entonces decidimos partir muy temprano en la mañana del siguiente día hacia Machu Picchu. Como el tren era tan caro (130 U$) llegamos en bus un poco más allá de Ollantaytambo y de ahí caminamos todo un día hasta el pueblo Machu Picchu. En esta ruta pudimos ver muchas ruinas que también hacen parte del camino del Inca. A las 7:30 de la noche logramos llegar a Aguas Calientes con un dolor insoportable en los pies y espalda. Esa noche la pasamos en un hotel debido al agotamiento tan grande que teníamos.
Al día siguiente tratamos de averiguar como entrar a las ruinas sin pagar ya que nos querían cobrar 40 U$ por persona la entrada. Todas las personas sabían que otros lo habían hecho pero nadie decía nada concreto, así que decidimos conformarnos con el Putikusi, un cerro en el que de lo alto se puede observar panorámicamente la nueva cuarta maravilla del mundo. Fue una hermosa vista de Macchu Picchu y de toda la cadena montañosa, valió la pena subirlo.
De nuevo en aguas calientes después de acampar dos noches y encontrarme con una compañera de mi carrera que anda por Suramérica, comenzamos a ver la manera de retornar a Cusco. Como de nuevo nos querían cobrar como gringos decidimos caminar de vuelta a donde partimos la caminata para llegar, don de acampamos de nuevo para madrugar a la mañana siguiente para llegar a Cusco y ser recibidos de nuevo muy amablemente por Gustavo y Delia en su hermoso hotel Villa Hermoza (Av. pardo 1079). Con ellos quedamos eternamente agradecidos. Bueno hermanos peruanos no quiero que tomen esto a descortesía pero Cusco y Machu Picchu nos dejaron un sabor amargo. Se que el turismo es la empresa de la cual viven muchos en estas zonas y creo que esta bien que lo exploten, pero pienso que la entrada a santuarios como este debe ser libre, más aún siendo una maravilla del mundo si tenemos en cuenta que mas del 80% de la población mundial es pobre, convirtiéndose en una maravilla para pocos de la que incluso muchos peruanos no pueden disfrutar.
De verdad haber estado tan cerca, verlo y no poder entrar dejo en nuestros corazones una frustración muy grande.
Ya dejando atrás el dramático suceso, con un cansancio acumulado decidimos tomar un bus hasta Puno ya que no queríamos saber nada de pedalear. Llegamos a nuestro destino a las 8 de la noche y acampamos en el terminal. A la mañana del 13 de noviembre nos levantamos decididos a abandonar Perú, después de haber estado más de un mes en este País. Comenzamos a pedalear teniendo a nuestro costado el hermoso lago Titicaca donde se dice fue el inicio del imperio Inca. En este lago según la leyenda nacieron los hijos del sol Manqu Qhapaq y Mama Uqllu que posteriormente viajaron al norte a Machu Picchu y fundaron el gran imperio.
Después de pedalear varios kilómetros, la suerte que parece estar siempre de nuestro lado, hizo que nos levantara una camioneta. Don Renato, el dueño del vehiculo, es un hombre muy amable que nos contó varios problemáticas de la zona debido a la carencia estacional de agua y de buenos pastos para los animales; y de cómo algunas ONG se aprovechan de esta situación, dando soluciones momentáneas y poco practicas para tener contrataciones y generar dependencia de los campesinos de la zona a utilizar sus productos.
A parte de ser un buen conversador, Don Renato hizo que Perú cerrara con broche de oro: en el camino nos invito a almorzar una deliciosa trucha para posteriormente llevarnos a la frontera y desearnos la mejor de las suertes. Muchas gracias Don Renato. Bueno, lo único que me queda por decir es que Perú se lucio. Es una tierra maravillosa, llena de sorpresas y con una gente bellísima que te hacen sentir como en casa. Esperamos volver pronto.
Para el resto de nuestros HERMANOS DE LATINOAMERICA, este es un llamado de auxilio, por favor ábranos las puertas de su corazón y de su hogar por donde pasemos, ayúdenos a contrarrestar el cansancio que día a día amenaza con quebrantar nuestro espíritu de lucha por alcanzar nuestro sueño…
¿¿¿Podrán los colochos soportar la extrema altura de la Paz??? ¿¿¿Podrán los colochos definir cual será la ruta después de Bolivia??? ¿¿¿Podrán los colochos contrarrestar el cansancio que llevan???
La respuesta de esta y otras interrogantes lo sabrán en nuestro próximo diario: Bolivia pedaleando entre las nubes. |
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