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Praga República Checa  

¡Praga, un escenario de cine!

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Praga, República Checa

Praga

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Andras
18/11/2007


Praga me resultó un lugar mágico. En el año 1982, estando en Laussanne, cuando bailaba en la Opera Municipal, me hice muy amigo de Jean Michel Henny, un estudiante de danza que había vivido un año en Uruguay y de allí que el idioma nos acercaba. Fue él el que me comentó que debía saber que Praga es la ciudad más hermosa de Europa, había estado por allí y me la recomendaba. Fue entonces cuando me propuse que en algún momento sería un punto por conocer. Hubo intentos de llegar pero debieron pasar casi 25 años para hacerlo.

De Jean Michel perdí el contacto, después de trabajar en Suiza me fuí a Madrid y estando allí me vino a visitar un verano, mantuvimos alguna correspondencia por un tiempo y luego se perdió.

Un vuelo económico por Skyeurope me facilitó la llegada a Praga. Salida desde Barcelona al mediodía (17 sept. 2007)y después de un par de horas comenzaba a ver los campos checoslovacos con sus diferentse tonos de verde, hasta que apareció el rio Moldava y después de sobrevolar la ciudad aterricé en el aeropuerto de Ruzine.

Tenía reserva en el albergue "Alpacay" y buenas indicaciones como para llegar a él. me compré un bono para viajar en los transportes de la ciudad por el término de 7 días, por tanto era algo que no tenía que preocuparme. Autobús nº 100 hasta Zlicin y allí el metro línea B hasta la estación "Smichovske nadrazi" Comenzaba a entender que tendría problemas para retener los nombres checos.

Sobre las 19hs. estaba en el albergue, después de comprobar cuál sería mi rincón y darme una ducha, más que nada para comprobar si funcionaba el agua caliente, me subí al primer tranvía, el nº 6, que en 10 minutos me dejó en el centro de la ciudad, donde está la Opera.- Buen punto como para comenzar a explorar la ciudad.

El albergue estaba bien, por 14 € no podía pretender más, un antiguo edificio con varias plantas, la recepción en la entrada, con servicio gratuito de internet. Mi habitación la compartiría con 7 personas más, que en ese momento no estaban pero sí sus pertenencias y de la manera en que estaban ordenadas me iba dando cuenta un poco de con quienes esa noche dormiría, aunque siempre puede haber sorpresas.

A la hora en que andaba caminando cerca de la Opera el sol ya se había ocultado, pero empezaba a disfutar de la magia con que está iluminada Praga. Allí mismo observo que hay un programa interesante de ballet, aunque el checo no es mi lengua adivinaba que tendría una posibilidad de verlo en esa semana, por tanto me preocupe a qué hora abrían taquillas para estar al día siguiente intentando conseguir alguna localidad para ver el evento. Sobre todo que una de las coreografía era de Jiri Kylián, mi favorito, y poder llegar a ver uno de sus trabajos en su propia tierra me hizo ilusión. "Ceská baletní symfonie Czech Ballet Symphony"

Ya sabía que la música y el ballet en Praga son algo como para no perdérselo. La Opera o Teatro Nacional (Národní divadlo) es un edificio destacable, de lejos se parece a una caja de bombones. Durante el siglo XIX fue el simbolo nacional checo y lo curioso es que se construyó con fondos recaudados entre la población y unos días antes de su inauguración, en 1881, fue arrasado por un incendio. Después de dos años se volvió a levantar y fue inaugurado con una ópera de Smetana (naturalmente). Lo que llama la atención es tu tejado pintado de azul radiante y tachonado con estrellas plateadas.

Obtenida la información para conseguir una entrada al día siguiente, me puse a caminar por la misma calle del teatro: Národní, me olvidé de mirar el plano, me dejé ir por la zona y seguí sorprendiéndome, no quería saber demasiado en dónde me encontraba, lo que quería era saborear cada esquina. A esta zona le llaman el Nové Mêsto y caí en la Plaza de la Ciudad Vieja, con la torre con el famoso reloj, las puntas de la iglesia de Týn donde me imaginé a unas brujas sobrevolándolas montadas en una escoba.

En fin, deambulé por las callejuelas iluminadas con viejos faroles, sin prestar demasiada atención a cuál sería mi destino. Encontré un acogedor restaurante decorado con mucha madera en el que me permití tomar un buen plato de pasta acompañado con una jarra de cerveza rubia escuchando una música de jazz que de algún lugar venía. Estaba descubriendo la magia de Praga.

Otra vez caigo en la Plaza de la Ciudad Vieja, la gente está esperando que se hagan las 10 y ver como funciona el reloj astronómico del ayuntamiento que data de finales del siglo XV. Sigo en dirección al Moldava y me encuentro con el famoso puente medieval de Carlos IV, repleto de gente a cualquier hora y época del año. Estoy en el llamado Barrio Menor, Malá Strana. Creo que es el lugar más frecuentado por el turismo, pero vale la pena.

Cruzo el puente que empezó a construirse en el año 1357, por órden de Carlos IV, está secundado por 31 estatuas que en los días siguientes les dediqué más tiempo. Desde aquí se obtienen hermosas vistas sobre el río Moldava, los demás puentes que lo cruzan, del castillo con la Catedral de San Vito en la colina de Vysehrad y un bosque de agujas y campanarios iluminados de una manera mágica que dan a Praga que adquiera una característica atmósfera de romanticismo.

Los músicos acompañan el paseo y la diversidad de idiomas se mezcla en los oídos.-
Ya casi medianoche es hora de regresar al albergue, no quiero perderme el último tranvía y el nº 6 me devuelve al lugar donde pasaré esa noche.

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18 sept. 2007

A hora temprana, sonó mi alarma, serían las 7 y subo a la cuarta planta para disfrutar de mi primer desayuno en el albergue, incluido en el precio, claro y mi curiosidad aumentada por saber qué me servirían por el mismo. Me encuentro con una chica muy joven chapurreando un inglés confuso, me pregunta: “Cofi o ti?”.... me decanto por el café sabiendo que será una bebida soluble con un tono marrón, que poniéndole bastante azúcar y leche puede llegar a estimular el espíritu de cualquier mochilero. Me entrega una bandeja con dos flautas de pan blanco, una rodaja de pan integral (qué bien!) mantequilla, quesito “la vaca que ríe”, mermelada de alguna fruta que alcanza para cubrir esa rodaja de pan y 4 lonchas, dos de queso y dos de algo que se parece a jamón york. En otra mesa hay un self-service donde encuentro cereales para mezclar con leche (lo mejor).

Los desayunos en los albergues son el punto de encuentro para quienes conviven esos días, allí se escuchan diferentes idiomas y nos vamos dando cuenta de con quienes estamos. Siempre alguien se acercará para preguntarnos el clásico “Where you come from”? ... y así empezará una conversación que a veces puede ser interesante. Pero mi actitud es escuchar, no quiero, de momento que me escuchen decir palabra porque ello rompería el misterio de “dónde será éste tío”.

Hay una televisión en marcha, curioseo con el mando a distancia y paseo por unos canales que me dicen que solo se ven unos cinco y todos en idioma checo y alguno en alemán. Bueno, no es importante pero es una manera de investigar qué es lo que la gente puede ver en la “caja tonta” y una vez más compruebo que la caja tonta es la misma que en todas las partes del mundo.

Aparece Erick, un personaje alto, delgado, pelo largo y coronilla de San Francisco de Asis, gafas gruesas y nada atractivo, torpe en sus movimientos, va tirando todo lo que aparece a su paso y se disculpa en una forma muy correcta. Se sienta a la mesa con un chico oriental que acaba de conocer, habla un inglés muy correcto y agradezco que no haya desidido compartir mi mesa, porque a ésta hora de la mañana lo que menos me suele agradar es mantener una conversación sobre política o el estado de calentamiento del globo terrestre.

Después del desayuno, importante momento de alimentación cuando se hace éste tipo de turismo donde hay que controlar el bolsillo, bajo a recepción para pagar mi próxima noche. Prefiero pagar día a día, siempre existe la posibilidad de cambiar el alojamiento si encuentro algo que me conviene más, aunque no creo que sea éste el caso en Praga, de momento parece que me voy a quedar aquí por una semana.

Me dirijo a la parada del tranvía nº 6, ya sé que me lleva a la Opera y mientras espero su llegada viene Erick, el personaje. También lleva una mochila, señal que está descubriendo la ciudad, me mira de reojo, ya me ha visto en el desayuno y se presenta, es de Canadá y nos ponemos a hablar, en realidad comienza a preguntarme cosas sobre mí como si fuera éste un interrogatorio.

En éstos casos suelo adoptar una actitud donde suelo decir lo primero que se me viene a la mente, por tanto puedo llegar a decir que soy bombero y tengo 6 hijos. Aclaro que su inglés es correctísimo y da gusto escucharle.

Subimos al tranvía, se sienta en el asiento detrás de mí y sigue dándome “la lata”. Me cuenta que está buscando la mujer ideal y cree que en Checoslovaquia la va encontrar. Me pregunta por mi estado civil y mi respuesta es tan ambigua que se queda pensando. Para que no tenga más dudas le cuento que no tolero que nadie me coloque cadenas para llevarme por la vida ... mientras tanto hay una señora que nos escucha la conversación, ella está de pié y comienza a alucinar con el personaje.

De pronto Erick la mira y se pone de rodillas ante ella diciendo que piensa que en éste momento, la mujer de su vida, puede estar frente a él. Ella alucina, me hace pensar que estoy frente a una checoslovaca que vive en una cultura donde no está acostumbrada que un hombre la trate como a una reina y los dos inician una conversación que me hace pensar que ahora comienzo a liberarme del Erick porque en el próximo stop está la Opera y debo bajarme.

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En taquillas me venden una entrada para el espectáculo coreográfico, en dos días más. Me ilusiona saber que podré presenciarlo. La lluvia continúa, mi sombrero de tango y la gabardina me protegen, me miro en el reflejo de algún cristal y pienso que soy Kafka caminando por Praga.

Llego a la Puerta de la Pólvora, situada al final de la calle Celetná, es una de las entradas a la Ciudad Vieja, data del siglo XI y fue utilizada como almacén de pólvora. En su interior hay una escalera que permite subir para obtener buenas vistas de la ciudad, hay que pagar unas coronas para ello, pensando de cómo está el día me reservo esas coronas para un café en la terraza de La Casa Municipal donde la decoración interior es obra del famoso artista checo Alfons Mucha por quien tengo mucha admiración.

Una orquesta interpreta temas de Porter. Son los encantos de Praga. La Plaza de San Wenceslao es la plaza más famosa de la ciudad, que en realidad es una larga avenida con árboles, es el centro neurálgico de la Ciudad Nueva. La camino lentamente, hay mucha gente y me divierte sentir la llovizna en mi sombrero; grandes hoteles, discotecas, pubs y grandes almacenes se ven en ella, se respira una atmósfera vibrante y animada. Del mercado de caballos que albergó en la Edad Media no queda ni rastro, pero me lo imagino. El edificio más antiguo data del siglo XVIII y el resto no supera los 100 años.
Pero porqué suena tanto ésta plaza?

Es que en noviembre de 1989, tras la caída de varios regímenes comunistas en Europa del Este, la plaza ocupó los titulares de la prensa por las protestas nocturnas de más de 250.000 personas que se realizaban en ella. Exactamente el 27 de noviembre, Praga queda paralizada por una huelga general y al día siguiente cae el gobierno comunista.
En el extremo sur de la plaza, donde se levanta el Museo Nacional, encuentro el fastuoso monumento a San Wenceslao montado en su corcel. Observarlo desde la escalinata de la entrada al Museo Nacional me produce una sensación de revivir lo ocurrido en 1989.

Delante del mismo hay un memorial a las víctimas del comunismo (Obetem komunismu), donde encuentro una cruz, flores y el recordatorio a Jan Palach y Jan Zajic con sus retratos. Esto me hizo pensar mucho por la lucha de los valores humanos.
En enero del 1969, Jan Palach, un estudiante de 21 años de edad, se inmoló prendiéndose fuego en protesta contra la ocupación soviética. En febrero, Jan Zajic hizo lo mismo. Palach logró captar la atención del mundo entero y se convirtió en héroe y mártir de los checos. Una foto de él y otra de Zajic, adornan el relicario que fue inaugurado después de la “revolución de terciopelo” en 1989.
 
Me encuentro ante la entrada del Museo Nacional, hay mucha gente esperando y me entero que está cerrado por dos días debido a reformas . Qué pena, el día se prestaba para caminar el Museo. Otra vez será.

Vuelvo a caminar la plaza Wenceslao, y me atrae el edificio del Hotel Europa, modernista que me transporta al encanto de épocas pasadas. Sigo caminando por el itinerario que había hecho el primer día cuando llegué, ahora me apetecía redescubrirlo con luz de día, lluvia en éste caso.

Llego por el laberinto a la Plaza de la Ciudad Vieja. Dicen que es la plaza más hermosa de Praga. No se permite el tránsito rodado y cuesta imaginar que haya sido el escenario de violentas protestas, testimonio de manifestaciones, enfrentamientos y ejecuciones, además de albergar el princicpal mercado de la ciudad. Es un lugar ideal para respirar la atmósfera de Praga .

El monumento de Jan Hus, que fue el líder de la reforma, me lo encuentro cubierto porque lo están reparando, entonces debo imaginármelo. Hus fue un impulsor de las protestas contra la corrupción de la Iglesia, más de 100 años antes que Martín Lutero. Hus se convirtió en un héroe nacional tras ser quemado en una hoguera por herejía en 1415. El 21 de agosto del 1968, los tanques del Pacto de Varsovia ocupan la plaza para poner fin a la Primavera de Praga; la estatua de Jan Hus queda tapada con un paño negro.

Una de las atracciones de la plaza es el edificio del Ayuntamiento con su torre y reloj astronómico. La torre del Starométská radnice fue dotada de un reloj en 1410 por un maestro fabricante de relojes Mikulás de Kadanè y en 1490 fue perfeccionado por un tal maestro Hanús, que fabricó la maravilla mecánica que se puede ver actualmente.

La leyenda cuenta que posteriormente, a Hamús le dejaron ciego para que no pudiera duplicar su obra de arte y como venganza se introdujo en el reloj para inutilizarlo.
Pude observar las cuatro figuras del reloj, que representan las inquietudes cívicas más profundas de los habitantes de Praga en el siglo XV: la Vanidad (con un espejo), la Avaricia (con su saco de dinero), la Muerte y la invasión pagana (representada por un turco). Más debajo de ésta figuras se pueden ver el Cronista, el Angel, el Astrónomo y el Filósofo.

En cada hora, la Muerte toca una campana e invierte el reloj de arena, y los doce apóstoles desfilan por las ventanas en la parte superior del reloj.

En la cara superior, el gran disco ilustra el mundo conocido en aquella época, con Praga en el centro. El sol dorado dibuja un círculo en la zona azul del día, la zona marrón indica el crepúsculo y en el oeste el disco negro de la noche. El amanecer en el este y a partir de aquí se pueden ver las horas de la salida y puesta del sol. Las líneas curvas con números árabes en negro forman parte de un “reloj astronómico de las estrellas”

La manecilla del sol apunta a la hora en el círculo de números romanos; arriba es el XII : mediodía, abajo es el XII: medianoche. El círculo exterior, con números góticos, señala las 24 horas tradicionales de Bohemia, contados desde el crepúsculo.

La luna, cuyas fases están dibujadas, también traza una trayectoria a traves de las zonas del día y la noche y se puede leer en qué casas del zodíaco se encuentran el sol y la luna.
Por debajo de toda ésta parafernalia astronómica hay una rueda que muestra las 12 escenas estacionales que celebran la vida rural de Bohemia.

Esta es una breve explicación de cómo funciona el reloj, a mí me llevó su tiempo entenderlo, fueron muchas las veces que al pasar por allí me detuve a observarlo en la hora punta. El 90% del público observador no tiene ni idea de cómo funciona, pero sí hay que reconocer que es una maravilla.

Luego la Iglesia de San Nicolás con su fachada barroca y un interior interesante pero donde no permanezco demasiado tiempo, el número de visitantes hace que el lugar pierda el encanto. Allí se puede escuchar conciertos de Mozart casi todos los días.
Al lado de la iglesia está la casa natal de Franz Kafka. Sin duda el escritor más famoso de Praga (1883-1924) Tras su corta y discreta vida como agente de seguros se escondía un talento genial que no le fue reconocido en vida. Recuerdo ahora al haber leído su “Metamorfosis” donde se respira la atmósfera típicamente kafkiana: o sea personas sencillas, ligadas a las realidades cotidianas de la vida, que sufren el control y la oposición de autoridades invisibles en todo lo que intentan hacer.

Los edificios de la Plaza de la Ciudad Vieja son un muestrario de los diferentes estilos arquitectónicos que existe. Cada una tiene un nombre y sería largo describirlas. Me conformo con admirarlas y fotografiar sus detalles.

La iglesia de Týn es un interesante edificio gótico del siglo XIV, con sus dos campanarios gemelos y sus 18 agujas dominan la Plaza de la Ciudad Vieja, es una imagen característica de Praga que se la observa desde diferentes puntos, `pero no se puede tener una frontal de la fachada, debido a las casas que se alzan justo delante.

La calle Celetná es una de las más antiguas, recibe ese nombre por un tipo de pan que se elaboraba en éste lugar en la época medieval. Es un museo al aire libre de fachadas barrocas bien mantenidas, de tonos pasteles, sostenidas por estructuras góticas que descansan en cimientos románicos, enterrados deliberadamente para salvar Staré Mèsto de las inundaciones del río Moldava

Siguiendo ésta calle se llega al Puente Carlos IV, pasearlo fue una de mis actividades preferidas, creo que lo crucé unas 18 veces en mi estada. A partir de las 9 de la mañana se convierte en un largo paseo ferial con un ejército de turistas que poco tiempo tienen para recorrer Praga, normalmente son grupos llevados por un guía que habla su lengua, observé que los más organizados son los japoneses, pequeños robots que hacen fotos a todo lo que se ponga por delante. En mi caso siempre esbocé una sonrisa al ver estas escenas, quizás porque era un privilegiado de contar con todo el tiempo por delante para saborear éstos lugares. Lugares que han de visitarse varias veces porque depende de la hora del día es como que nunca se hubiese estado antes.

El Puente Carlos (Karluv most) se terminó de construir en el 1.400 y a ambos lados posee 31 estatuas que lo decoran. Dos grandes torreones en sus extremos, el de Malá Strana (ciudad nueva) y el de la Staré Mestro (ciudad vieja). Las vistas panorámicas del castillo son únicas, a cualquier hora del día, sentir éste puente bajo los pies bien vale la pena. Pasé muchas horas allí, observando diferentes escenas y siempre teniendo cuidado con mi cartera, los hay muy expertos por allí.

La mayor parte de las estatuas fueron esculpidas a partir de una suave piedra arenisca, por tanto la mayoría han sido reemplazadas por copias. La dos que más me atrajeron fueron el Crucifijo, del 1657, bronce dorado con una invocación en hebreo que dice :”santo, santo, santo es el Señor”, financiada por la sanción impuesta a un judía que se había reído de ella.

La otra es la de San Juan Nepomuceno, del 1683, bronce, santo patrono de los checos. Según cuenta la leyenda ilustrada en la base de la estatua, Wenceslao IV ordenó que lo vistieran con su armadura y lo lanzaran por el puente en 1339 por negarse a desvelar las confesiones de la reina (San Juan era su confesor) aunque la verdadera razón tenía que ver con el conflicto entre Iglesia y Estado; cuentan que las estrellas de su halo, siguieron a su cadáver por el río. Si se toca o frota la placa de bronce significa que quien lo hace volverá algún día a Praga.- Hoy, el santo está enterrado en la Catedral de San Vito.

Los días siguientes fueron soleados, de una temperatura agradable, los rincones iluminados por un sol casi otoñal que beneficiaron a las fotografías tomadas.

En el extremo opuesto del Puente Carlos, entré en la bulliciosa plaza de Malá Strana (barrio chico) que sirvió de mercado en el siglo XIII. Aquí se destaca el edificio de la iglesia de San Nicolás, es imponente, pero no visité su interior, pedían una entrada para poder hacer la visita a la casa de Dios, mi fanatismo religioso no llega a tal extremo, por tanto seguí mi camino bajo unas arcadas hasta la calle Nerudova que sube hasta el Castillo. Es una calle estrecha con mucha pendiente y la panorámica que se obtiene desde la cima compensa el sacrificio.

La calle recibe el nombre por Jan Neruda. Jan Neruda, nacido en 1834, era el hijo del cantinero de unos cuarteles militares. Tras recibir una buena educación se convirtió en periodista y adquirió fama por ser un incisivo crítico literario. Escribió prosa y poesía. En su libro de relatos “Cuentos de Praga” describe la vida bohemia que llevó en la calle Nerudova. Murió en 1891 y Pablo Neruda, el escritor chileno, no tuvo relación alguna con Jan Neruda excepto tomar como seudónimo el nombre del escritor checo a quien tanto admiraría.

En el número 17 de la calle está la Casa de los Dos Soles donde a mediados del Siglo XIX vivió Jan Neruda.

Antiguamente, los artistas de la ciudad solían venir a vivir aquí, hoy está lleno de cafés y cervecerías. Las fachadas con los símbolos de identificación de algunos edificios ocuparon gran parte de la mañana para descubrirlos, pero pude encontrar de ésta forma el “águila roja” en el nº 6, “tres violines” nº 12, “copa de oro” nº 27, “león rojo” nº 41, “cangrejo verde” nº 43, “cisne blanco” nº 49 y “herradura de oro” nº34 que debe su denominación al relieve de sv. Václav (San Wenceslao) encima del portal (se contaba que su caballo tenía herraduras de oro).

Mucho me llamó la atención el Palacio Morzin (en el nº 5) donde funciona la embajada rumana, en su fachada puede verse un balcón sostenido por dos forzudos moros y muy cerca de allí (nº 20) el Palacio Thun-Hohenstein que es la cede de la embajada italiana, muy fácil de identificar por las dos águilas esculpidas que sostienen el portal.

Paralela a la calle Nerudova corre la calle Italiana (Vlasská ulice), su nombre hace referencia a la comunidad de artistas y artesanos italianos que trabajaron en diversos proyectos que se llevaron a cabo en toda la ciudad, como la construcción del Castillo. Esta zona es objeto de gran demanda para el rodaje de películas.

Hice varias veces éste circuito y un día especialmente para encontrar el soberbio Palacio Lobkowitz donde funciona la embajada alemana. Me interesaba conocer éste palacio por el acontecimiento de la famosa invasión de alemanes del este en septiembre del 1989, que mientras el imperio soviético se desmembraba y las dictaduras comunistas se tambaleaban, Checoslovaquia pasó a ser la ruta de la huida preferida para los alemanes del este que escapaban de su país. Miles de ellos acudían a la embajada de Alemania Occidental, en el Palacio Lobkowitz, para pedir la ciudadanía de la entonces RFA, a la que siempre habían tenido derecho.

Los jardines del palacio pronto se convirtieron en un cenegal, familias enteras saltaban los muros y acampaban en sus tiendas. La embajada estuvo al borde del colapso hasta que la caída del muro de Berlín provocó la unificación de Alemania.

Para mí, observar aquel jardín me hizo transportar en el tiempo de lo que habrá sido la desesperación de aquella gente, algo que estamos viviendo cada día con las pateras que llegan desde África.

El Castillo de Praga parece más un complejo de edificios, casas, palacios e iglesias que un castillo en sí. La vista que se observa de la ciudad es inmejorable. Y desde la ciudad se puede observar un gran bloque neoclásico que rodea la Catedral de San Vito. Lo visité en dos oportunidades, la primera vez fue para entender que debía estar allí a hora temprana para evitar las largas colas; el problema de Praga es la gran cantidad de turismo.

Por tanto, la primera visita fue un paseo para tener una idea a lo que dedicaría más tiempo en el futuro.

La entrada al Castillo está flanqueada por unas enormes esculturas que representan a dos gigantes luchando, debajo de ellas los guardias que son centinelas que van vestidos con unos trajes azules realizados por el diseñador del vestuario utilizado en la película Amadeus. Al mediodía se realiza un cambio de guardia.

No voy a describir el Castillo, no fue uno de mis objetivos, sino que me interesaba lo que me iba a encontrar en el tercer patio: la Catedral de San Vito, la más grande del país. Su existencia se debe a Carlos IV y se comenzó en 1340, pero nadie hubiese pensado que se iba a terminar pasada la segunda guerra mundial. Por tanto la fachada este es de estilo gótico y la oeste es neogótico.

El interior posee unas dimensiones sobrecogedoras, vale la pena hacer la espera para ingresar. Las vidrieras son espectaculares y merece especial atención la tercera capilla lateral que representa a San Cirilo y San Metodio, realizada en 1931 por Alfons Mucha.
Hay 22 capillas laterales y en uno de los pasillos se encuentra la tumba de San Juan Nepomuceno, apreciada por los que gustan de los excesos. Es una construcción barroca que contiene dos toneladas de plata y es el resultado de la campaña jesuita a favor de la canonización de Juan, concedida en 1729, tras la cual el cuerpo del santo fue exhumado y colocado aquí.

En una bandeja, junto a la tumba, puede verse la que se supone que fue la lengua del santo, en honor a su discreción: dice la leyenda, Carlos IV mandó a ejecutarlo porque se negó a revelarle qué le había dicho la reina en confesión.

En Praga, San Vito está por todas partes, aunque se sabe muy poco de su vida, excepto que es venerado como mártir. Según la leyenda, carente de pruebas históricas, fue asesinado durante la persecución de Diocleciano. Posteriormente, ha sido invocado para la cura de diversas enfermedades, sobre todo la epilepsia y el corea (también conocido como baile de San Vito). Fue muy popular en Alemania, desde donde su leyenda se extendió hasta Bohemia. Sus símbolos: el gallo y el perro, pueden verse en la estatua del puente Carlos y en los tejados de la Catedral.

Subir a la gran torre de 96 metros de altura bien vale la pena, se hace por una escalera caracol de 297 peldaños, algo claustrofóbico pero una vez arriba se obtiene el premio de sentir Praga a los pies. Creo que la mejor panorámica de la ciudad sin pagar una sola corona checa.

Las grandes catedrales siempre imponen un gran recogimiento, a parte si creemos o no en la religión a la que está dedicada. La impresionante arquitectura gótica, con sus arcos elevados, largas columnas y como que todas las líneas van dirigidas al altar, hacen que el observador se sienta pequeño. Si a esto le unimos una música de órgano o algún coro, se produce un recogimiento ante cualquier espectador. El color de las piedras y la luz del sol al filtrarse por los ventanales, ayudan.

No me apeteció visitar el Palacio Real al saber que aún madrugando debía soportar la larga espera para entrar. Hay lugares que mucho se disfruta con el placer del silencio y sin prisas, no sería éste el caso, entonces caminé por los diferentes patios del Castillo, encontrando y escuchando a guías en diferentes lenguas, de vez en cuando me detuve ante alguno donde pude rescatar datos interesantes. Me llamó mucho la atención, una señora checoslovaca guiando a un grupo en japonés.

Detrás de la Catedral está la Basílica de San Jorge, a pesar de su fachada barroca su interior es de estilo románico. Una acústica espectacular, cuando entré estaba ensayando un coro para una próxima actuación.

El callejón de Oro merece la pena visitarlo siempre y cuando no haya turistas, es decir es casi imposible. Está formado por una pintoresca hilera de casas pequeñas construídas en el siglo XVI, de vivos colores, para alojar a los guardias del castillo. Luego se utilizaron como talleres de orfebrería y en los siglos XVIII y XIX fueron ocupadas por personas sin techo, más tarde por artistas y entre ellos el escritor Franz Kafka que vivió en la nº 22(que era de su hermana), de 1916 a 1917. Actualmente éste callejón es una trampa para los turistas, está llena de tiendas de recuerdos y artesanías, una verdadera lástima.

Salí del Castillo por la puerta este, en vez de descender las escaleras giré a la derecha para caminar y perderme en el hermoso Jardín de la Muralla (Zahrada na valech) Es un jardín muy bien cuidado y está lleno de lugares donde se puede descansar gozando de las vistas de la ciudad de Praga.

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Los días siguientes fueron días que aproveché desde hora temprana por la mañana hasta casi medianoche, cuando regresaba al albergue para dormir. Siempre me movía con tranvía o en Metro, el encanto del tranvía era más que un medio de locomoción, duranrte cada viaje siempre observaba escenas que hacían que mi imaginación volase muy lejos.

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La visita al barrio judío de Praga, Josefov, me llevó una tarde entera.

Por la mañana subí otra vez al Castillo y desde allí bajé hasta cruzar el río y encontrarme frente al Rudolfinum en la plaza Jan Palach, que es la sede de la Orquesta Filarmónica Checa. Es un edificio levantado durante el renacimiento nacional checo del siglo XIX. Se contruyó en 1884 y originariamente fue un centro de arte, y posteriormente, antes que los nazis lo cerraran, fue la sede del Parlamento Checo. Durante la Segunda Guerra Mundial los nazis lo ocuparon como oficinas administativas.

El techo del Rudolfinum está decorado con estatuas de célebres compositores y en la época que lo ocuparon los nazis, se ordenó la retirada de la estatua de Félix Mendelssohn porque era judío.

En "Mendelssohn está en el techo", una novela de humor negro sobre la vida en Praga en tiempos de guerra, el escritor judío Jirï Weil teje una historia divertida aunque siniestra en torno a éste acontecimieno de la vida real: los dos obreros checos encargados de retirar la estatua no saben cuál era de las dos docenas de figuras es Mendelssohn y su capataz checo, que recuerda sus lecciones de "ciencia racial", les dice: _"el que tenga la naríz más larga es judío"_

De modo que los obreros identifican la estatua con la naríz más grande: "¡Mira! Ese que está ahí, con la boina, ninguno tiene la naríz como la suya!."

Cuando el jefe se acerca para ver el estado de los trabajos, se queda boquiabierto con gesto de terror al ver a los obreros derribando la estatua del único compositor que reconoce, Richard Wagner, el compositor favorito de Hitler.

Miré los programas sobre los conciertos anunciados, pero no encontré un programa que me entusiasmara para comprar entradas.-Seguí caminando hacia el Museo de Artes Decorativas para llegar a lo que realmente yo quería ver: El Antiguo Cementerio Judío.
Durante siglos, los judíos de Praga han tenido que soportar los prejuicios y la opresión de sus vecinos cristianos.

Encerrados en su propio gueto y sujetos a estrictas leyes, no obtuvieron cierta libertad hasta 1784, gracias a las reformas de José II (de allí que el barrio se llamó Josefov en su honor). Lo que hoy queda del antiguo Josefov logró sobrevivir a la erradicación de viviendas insalubres llevada a cabo por autoridades de la ciudad en la década de 1890, cuando buena parte de la zona que no poseía alcantarillado, fue arrasada y sustituida por mansiones modernistas para los ricos.

Al igual que ocurrió en toda Europa, los judíos de Praga fueron víctimas del terror nazi. Durante la ocupación alemana de la ciudad, unos 36.000 judíos fueron trasladados al gueto especial de Terezín y de allí a los campos de exterminio, donde fueron aniquilados.
Las antiguas sinagogas y el cementerio de Josefov sobrevivieron gracias al macabro plan de Hitler para conservar el viejo gueto de Praga como museo de una raza extinguida. Todavía existe una pequeña comunidad judía y algunas sinagogas aún se utilizan como lugar de culto.

Para acceder a la visita del cementerio me piden el pago de una entrada equivalente a 4 € y que incluye la visita a tres sinagogas, las cuales no habían despertado interés en visitarlas, pero debí comprarla ya que era la única manera de acceder al cementerio.
Probablemente no hay otro cementerio con una densidad tan elevada de lápidas como el que visité. Duante 600 años, hasta finales del siglo XVIII, fue el único cementerio de la comunidad judía de la ciudad. Miles de lápidas decoradas con grabados e incliadas por el paso del tiempo se apiñan en un suelo irregular. Pueden haber hasta 12 cuerpos por lápida, se calcula que hay unas cien mil tumbas apiladas en diferentes capas de tierra debido a la falta de espacio.

Caminar por el camposanto hebreo más viejo de Europa me produjo una reflexión, lo caminé lentamente pisando aquel suelo húmedo, sabía que estaba poniendo mis pies sobre miles y miles de historias de personas que habían tenido un destino trágico por el hecho de tener una manera diferente de pensar. En muchas tumbas estaba escrito el nombre del fallecido, la fecha de su muerte o de su entierro, en otras algunos textos poéticos, bajorrelieves muy elaborados indicando el linaje del desaparecido. En algunas, los visitantes depositan pequeñas piedras y escritos con deseos como muestra de respeto.

Luego visité las Sinagogas, pero mi mente siguió con la imágen del cementerio.Estando en aquel lugar me vino a la memoria aquel film de Anna Frank que hace tantos años había visto, las escenas de la película se repetían sin cesar,en blanco y negro. Las botas de los soldados arrastrandose por las calles de piedra, las interminables sirenas de las patrullas anunciando el toque de queda, en fin, cosas que en la infancia había tenido conocimiento y ahora podía caminar por los lugares donde habían sucedido.

De las tres sinagogas que visité he de decir que la que me impactó fue la Sinagoga Española, en la calle Vèzeñská, su estilo morisco es atrayente, me sentí un poco como en la Alambra de Granada.

Uno de los lugares que recomiendo y que en mi caso visité más de un par de veces, es la isla de Kampa. La isla de Kampa es conocida como la "pequeña Venecia". Es un lugar que está debajo del puente Carlos IV, un refujio de paz en el centro de la ciudad, hay tres molinos de agua, un parque y una plaza muy tranquila. Antes de la canalización del Moldava, en los años cincuenta, Kampa se inundaba a menudo. Las escaleras que suben al puente se construyeron como vía de escape. Kampa viene del latín campus que significa campo. Aquí se pueden tomar excursiones en pequeñas embarcaciones que a uno le llevan por el Moldava obteniendo vistas de la ciudad desde otro punto de mira.

Tomé una buena comida a la sombra de unos árboles junto al molino de agua que aún funciona, fue un lujo saborear aquel gulash escuchando el sonido de los pájaros y el murmullo de una cascada. Una vez terminado el postre la camarera me indicó como llegar hasta el Muro de John Lennon.

Antes de 1989, cuando el régimen comunista prohibía casi toda la música pop occidental- se encarceló a algunos músicos checos por tocarla- éste muro era un cento de reunión política para la juventud de Praga. Después de su asesinato, el 8 de diciembre del 1980, John Lennon se convirtió para muchos jóvenes checos en un héroe pacifista. Se pintó su imágen en el muro, junto con grafitos políticos y letras de los Beatles; la policía secreta nunca consiguió mantenerlo limpio durante mucho tiempo.

El deterioro posterior a 1989 y los grafitos de tono ligero la despojaron de los mensajes e imágenes políticas, hasta que quedó poca cosa de la imágen de John Lennon, excepto su cara. Desde 1998 se ha blanqueado la muralla en sucesivas ocasiones, con el cantante en su centro, pero no tarda en volver a cubrirse de grafitos de los turistas, del estilo "estuvimos aquí".

Coincidí con unos jóvenes que le estaban encendiendo un cigarillo a John, fue un buen homenaje.

Cerca de allí el Museo Kampa dedica sus salas a exposiciones temporarias de arte moderno, ésta vez se podía observar una de Andy Warhol, y una exposición permanente de Frantisek Kupka, un pionero del arte abstracto y del escultor cubista Otto Gutfreund.
Lo mío no es el arte abstracto, ni cubista, son obras que respeto pero ante las cuales no me detengo demasiado.

Mi preferencia es la pintura tradicional, la de los grandes clásicos, por tanto me reservaa para visitar la Galería Nacional que se encuentra en el Palacio Sternberg, muy cerca del Castillo. Dediqué una mañana para recorrerlo, pero debo decir que me decepcionó, no era lo que yo esperaba, tal vez es que aún recuerdo la visita al Museo Kunsthistorisches en Viena, ya sé que las comparaciones no son buenas y nunca hay que hacerlas cuando se viaja, pero me es imposible borrar el recuerdo de aquella visita.

En el Sternberg, un palacio del siglo XVIII, encontré arte europeo de los siglos XIV a XVIII, hay pocas obras de Goya, Rembrant, Rubens, Breughel, Durero (mi preferido), Van Heemskerk y una cabeza de Cristo del Greco. Hay un lienzo ambiguo y erótico de Ernst Klimt que resulta interesante.

A la salida caminé en dirección contraria al castilo para llegar hasta el Monasterio Strahov, que recientemente ha vuelto a funcionar como monasterio, además como museo, fundado en 1140. Allí funciona la biblioteca más extensa de Bohemia, tiene 800 años de antigüedad y hay dos salones que merecen su visita: el salón Filosófico que alberga libros procedentes de un monasterio clausurado de Moravia. Es una sala impresionante de la que emana un olor a castaño de sus enormes estanterías en estilo barroco y el cuero de sus libros magníficamente forrados. Atrae la atención el fresco de la bóveda de medio cañón, titulada "La lucha de la humanidad por alcanzar la sabiduría". Y luego el salón Teológico, que es más íntimo, con frescos realizados por uno de los monjes y decoraciones en estuco, hay varios globos astronómicos del siglo XVII. En ambas salas disfruté del profundo silencio.

La iglesia del monasterio es un edificio muy barroco y tiene un interior muy luminoso y espacioso.

Luego me encontré con la Capilla de Loreto, éste conjunto de edificios es uno de los lugares de peregrinaje más visitados de Bohemia desde 1626. Aquí se encuentra una reproducción de lo que se supone que fue la Casa de la Virgen María.

Frente a la Capilla de Loreto está el Palacio Cernín, el más grande de Praga. Es de aspecto robusto más que elegante, y se destacan sus 30 columnas corintias.
Este barrio se le llama Hradcany, vale la pena andar por él, encontrando todos éstos magníficos edificios, no entré en todos, pero cabe mencionarlos: Palacio Salm (SXIX), Schwarzenberg (de 1563, alberga el museo militar), Palacio Toscano (de 1691), Palacio Martinic (con una fachada de esgrafiados),

Praga es una enciclopedia viviente que contiene mil años de arquitectura europea. Su centro histórico no tiene comparación con ninguno del resto del continente, ya que ha escapado de los estragos producidos por la Segunda Guerra Mundial y no ha sido necesario ralizar una renovación a gran escala. Ofrece al visitante fachadas barrocas que encierran edificios góticos asentados sobre sótanos románicos.

Los barrios Malá Strana (barrio chico), Staré Mesto (ciudad vieja) y la Nové Mesto (ciudad nueva) forman parte del Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1992; supera las 3.500 edificaciones y más de 1.500 están consideradas monumentos culturales.

Por tanto en Praga encuentro ejemplos de la arquitectura románica, gótica, renacentista, barroca, art nouveau, cubista, moderna y post 1989. Es la ciudad ideal para quien le interese éste tema.

Una mañana fuí a visitar uno de los ejemplos más idiosincrásicos y seductores de la nueva arquitectura y me refiero al Tancici dùm (edificio danzante, 1992-96) Se le apoda "Fred and Ginger" debido al parecido a un par de bailarines. Se construyó sobre un hueco vacío que dejó una bomba norteamericana extraviada de la Segunda Guerra Mundial y supongo que ha recibido numerosas críticas por la parte de la generación más anciana de los checos. En mi punto de vista lo ví más como una lata de Coca-Cola aplastada. Idea de dos arquitectos, uno praguense: Vlado Milunic y otro americano Frank O. Gehry. Está muy cerca del río y la visita bien vale la pena.

La Colina Petrin, en la zona oeste de Malá Strana, es el espacio más verde de la ciudad y los habitantes suelen acudir a él para pasear e ir de pic-nic. Es una boscosa e empinada ladera de unos 318 metros de altura, se obtienen fantásticas vistas de la ciudad. En mi caso subí a pie por unos senderos entre árboles frutales, pero también se puede utilizar un funicular que en principio funcionaba con agua. Los dos vagones, situados cada uno en un extremo opuesto de la vía, estaban equipados con tanques de agua que se vaciaban al pié de la colina y se llenaban en la cima, de manera que el vagón más pesado, al descender, hacía subir al más ligero. Después de 1914, se electrificó la línea, el funicular fue cnstruído para la exposición de Praga de 1891.

En lo alto de la colina visité los restos del Muro del Hambre, un muro construído por órden de Carlos IV, acabado en 1362, que era para crear empleo a los pobres durante una hambruna.

La Torre de Observación, de 60 mts. de alto, está basada en la Torre Eiffel de París, se puede subir a ella y disfrutar de una hermosa panorámica.

Algo que dejé para el último día fue la visita al Teatro de los Estados, construído en 1783. Se encuentra en la Cuidad Vieja, habré pasado muy cerca de él pero no lo había visto. Quería dedicarle un tiempo, es uno de los mejores edificios neoclásicos de Praga y en él Mozart estrenó Don Giovanni y La Clemenza de Tito, y 200 años después se rodaron allí algunas escenas de los interiores de la película Amadeus (dirigida por el checo Milos Forman), y volver a ver aquel lugar para mí resultaba ser muy especial. En realidad, Praga es un gran plató de cine al aire libre.-

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En cuanto a la música, Bohemia ha dado al mundo a compositores como Dvorák y Smetana. Mozart, cuando visitó Praga se enamoró de la ciudad. Hoy, la estrecha relacion que siempre ha mentenido Praga con la música no ha disminuido en absoluto y abarca los estilos más diversos, desde la música clásica hasta la étnica. Es impresionante el programa de actuaciones musicales.

A pesar de la creciente inmigración, la capital checa continúa siendo bastante homogénea y casi todos los praguenses son de procedencia checa. Existendos minorías: eslovaca y romanó. Con éstos últimos son los que suelen tener algunas confrontaciones de racismo. Los romanó es una comunidad pequeña (gitanos) y que normalmente viven en zonas más humildes y separados de la capital.

Praga es una ciudad cara aunque lo es mucho más para los checos que para los extranjeros, me cuentan que el salario medio es de unos 900€ (29.000CKZ coronas checas). personalmente comprobé que lo más económico en Praga me resultó ser el transporte, la comida y la entrada a algunos conciertos.

Pude observar que la mayoría de los praguenses son apacibles, con buen sentido del humor y apego a los valores tradicionales. Observé también una adicción al alcohol un poco descontroada, pero también a algún cabeza rapada, de aspecto un poco violento, que le ofrecía un asiento a una señora mayor mientras viajaba en un tranvía.

La pivo (cerveza) checa está entre las mejores del mundo. "Není pivo joko pivo", "no hay cerveza como la cerveza" (tal como se dice en checo) La república Checa ha sido durante muchos años la primera nación consumidora de cerveza del globo. Las probé de muchas marcas, algunas veces rubia y otras morenas.

Como broche de oro a mi estada en Praga, siendo domingo 23 de septiembre, decidí pasar el día visitando uno de los tantos castillos que hay en el país. Me dirigí al de Karlstejn, a unos 28 kms. al sudoeste.

Tomé un tren en la estación de Smichovské y a los 45 minutos estaba en el pueblo de Karlstejn.

Un día soleado me acompañó y comprobé una vez mas lo amante de la naturaleza que son los checos. familias enteras haciendo senderismo, bicicleta y pic-nics en plena naturaleza. Desde la estación había que caminar un poco hasta llegar al castillo, rodeado de colinas boscosas, una fortaleza que domina un valle desde una altura de 319 metros. Se dice que Karlstejn es el castillo más hermoso de Bohemia. Fue construído entre 1348 y 1355, para guardar las joyas de la corona, por el emperador Carlos IV, que residió en él a menudo. Hice la visita al mismo y después volví al pueblo para deleitarme con un buen "gulash".

El lunes 24 regresaba a Barcelona, contento por lo que había vivido.
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Ultimos comentarios:

trinaquia dijo:

Muy bueno tu diario Andras!!!.Yo visité Praga, pero fué al estilo( tour de Gila) y claro, te pierdes mucho.Tu me has ayudado a rememorarla, para mi es mágica.¿Eres maestro relojero? toda una lección, cuando vuelva la sigo al pie de la letra.¿Y las fotos? me gusta ver las ciudades con otros ojos, si puedes las cuelgas.SALUDOS

martes, 20 de noviembre de 2007, a las 12.36

catalinao dijo:

Hola Andras, increible tu diario, me emociono mucho el leerlo, puedes creer que el 17 de Septiembre, andaba por esos mismos lugares,con la misma lluvia,gracias por recordarmelo, Praga es un museo, tienes razòn es una ciudad simplemente hermosa. Un abrazo y felicitaciones eh catalina

martes, 20 de noviembre de 2007, a las 18.54

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