LEON => RABANAL DEL CAMINO.-___71,40km.
30 de junio del 2006.
A hora temprana montamos las bicicletas después de “aprovecharnos” de un suculento desayuno que nos ofrecen las monjas del Albergue.- No tenemos un plan desarrollado para hoy pero pensamos llegar lo más lejos posible. El día se presenta estable, con sol y a la salida de León, aún en la parte urbana me detengo frente a la casa de Agapito, un señor que cada mañana deposita una cesta con frutas, galletas, caramelos y alguna fruta para los peregrinos que pasan por allí.
Hay un cuaderno con un lápiz para escribir impresiones, luego publicará un libro con ellas, es lo que me cuenta su mujer mientras sigue limpiando una ventana que da a la calle, quizás una ventana que ya está limpia, pero es un pretexto para comunicarse con el peregrino. Encontrar éstas cosas me llenan de gozo el alma, así es la gente del Camino, con humildad todo lo comparten.
En algún otro lugar también me detuve para conversar con el poblador que con la pala al hombro iba en la misma dirección. Así, como si nada surgía un ”pero mire usted... ” y una cadena de historias que a veces se me hacía complicado entenderles porque los acentos del Camino son notorios. Ya en Galicia, estaba el campesino sentado a la puerta de su casa con hacha en mano cortando los troncos para su cocina, su rostro marcado por el tiempo y unas manos que denotaban que nunca supieron estar quietas. El comienzo de la conversación fue _Buen día, cómo está usted? ... y si no ponía fin a éste diálogo con un _tenemos que seguir andando _el amable señor hubiese seguido contándome su historia y vivencias de la guerra civil española.
La gente del Camino no tiene prisa, los relojes están de más, todo se mide con la luz del sol como lo estábamos empezando a hacer.-
En Hospital de Órbigo nos detenemos, necesitábamos ver de cerca aquello. Primero entramos en la Iglesia de San Juan al lado del Hospital de Órbigo fundado por los Caballeros Hospitalarios del Camino y seguidamente cruzamos el famoso puente medieval del siglo XIV, que si bien no supera la elegancia de Puente La Reina sí lo hace en longitud, aunque de la construcción originaria solo se conservan cuatro bóvedas apuntadas, el resto es de épocas más modernas. -
La meseta toca a su fin, entramos en la llamada Maragatería, una comarca de lomas pardas y suelos pobres, ya no vemos las extensiones de trigo sembrado. Nos acercamos a Astorga, ciudad que observamos desde la explanada de Santo Toribio, lugar donde se encuentra una explanada con una cruz, provista de mirador, y que según la leyenda, aquí se detuvo Santo Toribio (un obispo del siglo V que había sido falsamente acusado de delito y obligado a marcharse de su sede) para mirar por última vez la ciudad de Astorga, al mismo tiempo sacudía sus sandalias y dijo resentido: - “De Astorga, ni el polvo.”
En desagravio la ciudad acabó nombrándolo su patrón. Aquí se celebra una romería el segundo lunes de Pascua.
Astorga, la Asturica Augusta de los romanos, colonia imperial, centro de las legiones romanas y capital de un convento jurídico como resultado de ser el nudo fundamental de las comunicaciones en el noroeste de la Península. Entramos a la ciudad por la Puerta Sol donde aún se observan las murallas romanas, nos detuvimos en el convento de San Francisco y seguimos hasta la Plaza Mayor, presidida por el fantástico edificio del Ayuntamiento del siglo XVII, coronado por el famoso reloj con dos autómatas con figuras de maragatos, que son los que dan las campanadas.
A nuestro lado derecho la Ergástula, un edificio abovedado romano. Seguimos por una calle marcada con las flechas amarillas, pasamos frente al Museo del Chocolate para llegar a lo que todos queremos ver en Astorga: el Palacio Episcopal, neogótico iniciado por Antoni Gaudí (1889-1893), en su día contratado por el obispo Grau Vallespinós, también natural de Reus, pero que nunca llegó a cumplir la función para la que fue edificado. En el año Santo Jacobeo de 1965 se inauguró en sus estancias el actual Museo de los Caminos.
Visitamos sus dependencias y salimos de allí como si fuera un sueño lo vivido.
La Catedral de Santa María está al lado del Palacio Episcopal, es un estilo gótico avanzado y su decoración tanto interior como exterior encontramos estilos gótico florido, renacentista y barroco. Eran las 2 de la tarde cuando pretendimos entrar a la misma, pero Dios había cerrado sus puertas y éstos dos peregrinos entendieron que Dios también tiene derecho a una siesta...
Compramos algunas cosas en un supermercado y para descender a la carretera nacional 120 hay que pasar por un parque que tiene un merendero. A la sombra de un árbol hicimos nuestro lunch para luego montarnos en las bicis y a seguir sudando la carretera.
Nos acercamos a Foncebadón, le llaman el techo del Camino Francés, pero esto es para los que no hayan cruza el Somport, no era nuestro caso, por tanto a sabiendas de la subida que se aproximaría no había que “forzar la máquina”, en nuestro pensamiento surgió la idea de hacer noche en Rabanal del Camino.
Para llegar hasta aquí nos detenemos en Castrillo de los Polvazares, un pueblo o caserío maragato, todo de piedra, incluso sus calles, que es una maravilla. Sólo encontramos una pareja de turista, el pueblo era para nosotros, parecía la escenografía donde se desarrollaría una película. El sol de justicia calentaba sus piedras y no era posible permanecer mucho tiempo en un lugar, todo quemaba. Y dónde está la gente? Era nuestra eterna pregunta...
Dejamos Castrillo de los Polvazares y el camino nos llevaba por subidas y bajadas en una zona no muy poblada, pasamos por Valdeviejas, Murias de Rechivaldo, Santa Catalina de Somoza, El Ganzo, en fin, nombres imposibles de recordar y a veces tan largos que cuando terminábamos de leerlo ya estábamos fuera del mismo.
Se nos aparece en lo alto de una subida: Rabanal del Camino (vaya suspiro!) Estamos a 1.140 metros sobre el nivel del mar, nos damos cuenta que ya hemos estado subiendo bastante, pero mañana será la fuerte.
Rabanal es pequeño, también sus casas de piedra y nos dirigimos al primer albergue que vemos a la entrada, nos damos cuenta que es privado y nos ofrecen pasar la noche por 7 € cada uno. Nicolás parece ya desmontar su alforja e instalarse, le digo que_ “quieto parao”_ Ya son varios los días que no pagamos más que la voluntad y ahora nos rompen el presupuesto? Ante todo somos peregrinos. Por tanto subimos un poco más y allí está el Albergue Gaucelmo, gestionado por la Confraternity of St. James en convenio con la asociación del Bierzo y el Obispado de Astorga, un lugar muy agradable con cocina y chimenea, desayuno por la mañana y un donativo del peregrino como contribución.
Lección para Nicolás: “nunca quedarse con lo primero que se encuentra.”..
Después de la clásica y reconfortante ducha de agua caliente hacemos un paseo, las piernas no dan para mucho, o sé que éste es lento y con pausas. Rabanal es encantador, descubrimos un restaurante donde casi no hay gente, tomamos un suculento menú del peregrino acompañado con buen vino del Bierzo. Esta vez no visitamos iglesias ni conventos, solo los observamos desde afuera.
En éste Albergue dormimos a pedal suelto, si hubo concierto de ronquidos no me enteré.
RABANAL DEL CAMINO =>VILLAFRANCA DEL BIERZO___54,47 Km
1 de julio del 2006.
Nos despertamos y todo el mundo está preparándose para la gran subida, no nos preocupa, nadie está esperándonos, ni tampoco nos darán un premio por ser los más rápidos.
A partir de Rabanal la curva y la cuesta serán una constante. La etapa transcurre por las soledades de los Montes de León, los pueblos muertos y abandonados, invadidos por la maleza y con sus tejados por los suelos.
Iniciamos la ascensión del monte Irago. A 1500 metros estamos en el puerto de Foncebadón o Puerto del Monte Irago, las piernas han aguantado y de vez en cuando nos moja alguna nube. A veces me temo que se aparezca un ángel sentado en una de ellas y nos mire al para, pero no.
La silueta de la Cruz de Ferro a la vista! Es un monumento muy simple pero muy conocido: una colina artificial de unos cinco metros de altura formada por infinidad de piedras arrojadas por los peregrinos y sobre ella un mástil de madera, de otros cinco metros, rematado por una cruz de hierro. Es también la línea divisoria entre la Maragatería y el Bierzo.
Arrojamos nuestras piedras, es una manera de evocar el paso por éste lugar. Luego leo por ahí que el tamaño de la piedra representa los pecados que hemos cometido. Bueno, mi piedra la portaba en un bolsillo.
Hay peregrinos descansando, son jóvenes que vienen de Alemania.
Desde aquí la panorámica sobre el Bierzo es vastísima
La bajada a Molinaseca es vertiginosa, más que una pendiente, revisamos frenos antes de emprenderla y tratamos de tomar distancia el uno del otro. El casco bien colocado y allí nos largamos.
Enseguida llegamos a Manjarín, una aldea casi en extinción y hasta El Acebo no paramos para comprar algo para un segundo desayuno. Es un caserío muy pintoresco, arquitectura berciana, paredes de piedra, escaleras exteriores para subir a la segunda planta y tejados de pizarra. Flores en los balcones. Una señora conversa con otra de balcón a balcón. Le comento que le envidio que viva aquí. La señora del supermercado me dice que los ciclistas tenemos que comer bien, nada de dietas, me vende un pan hecho con leña del pueblo. Todos tienen una palabra para decir.
Seguimos la bajada, a la salida de El Acebo hay un monumento que es una bicicleta entrelazada con el bordón, calabaza y venera, en hierro forjado sobre un pedestal de piedra, es en recuerdo a un peregrino alemán (Henrich Krausse) que se despeñó por éstos abismos en el año 1998. Yo pasé muy rápido y no lo vi, pero Nicolás se tomó el tiempo y le hizo una foto.-
Molinaseca, un pueblo encantador con un puente románico sobre el río Meruelo. Me tienta meterme en el río, un baño no estaría mal pero a las 10 de la mañana la temperatura aún no es la ideal. Hacemos un pequeño descanso en éste oasis de color. Las flores abundan y contrastan con los techos de pizarra negra.
Ponferrada (la capital dl Bierzo)a la vista!, su origen fue un puente sobre el río Sil, con barandillas de hierro (Pons ferrata)
Buscamos el Castillo de los Templarios, es lo que nos apetece ver. Una planta de 8.000 metros cuadrados que fue ocupado por monjes-caballeros desde 1185 hasta la disolución de la órden en 1312. Actualmente se encuentra en obras por un proyecto de montar allí un gran centro de cultura. Preguntamos si vale la pena visitar su interior, nos dicen que más vale verlo por fuera.
Estando en el Castillo descubro que la rueda trasera de mi bicicleta está descentrada, esto provoca que debo quitar el freno de la misma, pienso que es producto de la larga pendiente para descender Cruz de Ferro. Me pregunto si aguantará hasta Santiago. Pienso que sí.
Seguimos el Camino, estamos por entrar a Galicia y esto quiere decir que nos espera una nueva subida, por tanto hay que pensar en un buen reposo.
Compramos embutidos y hacemos un pic-nic en un área de descanso a la salida de Ponferrada, tenemos agua de una fuente y mientras comemos vemos pasar a los peregrinos con sus mochilas, caminar bajo los potentes rayos de sol. El calor aprieta.
Villafranca del Bierzo se nos aparece al final del día, intentamos quedarnos en el albergue municipal, pero está completo, una señora que vende cerezas en la calle nos aconseja ir a la Base de Acampada que solo abre en verano. Hay tiendas, colchonetas, baños y duchas, somos casi los primeros, los encargados nos cuentan que ayer ha sido el primer día de apertura. Tenemos una tienda para nosotros solos, desde la misma, sin levantarnos podemos ver los extensos viñedos del Bierzo. Zona de buenos vinos en España.
Villafranca del Bierzo es una bonita localidad en la confluencia de los ríos Burbia y Valcarce. Cenamos en una terraza de un restaurante en la Plaza Mayor, hay bastante gente, es tiempo de vacaciones y nos estamos acostumbrando demasiado al silencio de la naturaleza, por tanto el bullicio que produce la familia que está en la mesa vecina no me agrada demasiado.
Esa noche se duerme de maravillas, no me importaron los insectos que caminaban al lado de mi colchoneta.
VILLAFRANCA DEL BIERZO =>SAMOS.-_________________ 61,44 Km
2 de julio del 2006. -
Hoy nos espera una gloriosa entrada en Galicia, hay que reponer fuerzas, por tanto circulamos hasta la Plaza Mayor, una cafetería está abriendo sus puertas y es allí donde nos tomamos el tazón de café con leche y el suculento cruasán de mantequilla. Provistos de agua fresca de la fuente, dejamos atrás Villafranca y penetramos en un angosto valle, con el río Valcarce encajado entre altos montes donde se respira un aire húmedo y puro. La carretera por la que circulamos es prácticamente para nosotros ya que la nueva construcción de la autopista libera a los peregrinos al dificultoso trance de enfrentarse con los camiones. Es una gozada de momento pero poco a poco comenzamos a subir. Ahora el sudor empieza a brotar, si la subida es muy prolongada normalmente me bajo de la bicicleta y la empujo a mi costado. El paisaje es atrapante, por la altura los bosques van desapareciendo y gran cantidad de helechos llena las calzadas.
Es típico de éste trayecto hacerlo en compañía de la niebla, no es demasiado intensa pero de vez en cuando nos envuelve.
O Cebreiro se nos ofrece como un premio! Estamos en tierras galaicas! En la cima de los 1.296 metros todo es humedad, encontramos las construcciones típicas de Galicia: las pallozas, una de ellas funciona como museo y allí podemos ver la distribución de las habitaciones para sus moradores. La adeíta es de origen prehistórico, muy evocadora. Surgió como un refugio de peregrinos allá por el siglo IX pero en el 1072 recién se fundaron aquí una iglesia y un hospital para socorrer a los peregrinos.
La aldea cuenta con no más de nueve vecinos, la mayoría de las casas son pallozas, viviendas de orígen celta con planta elíptica, muros de piedra y techumbre a base de una especie de paja trenzada llamada bálago.
Pienso que es el lugar más famoso del Camino, del que todo el mundo habla, quizás del esfuerzo que provoca subirlo. Tomamos una buena taza de café con un poco de queso de oveja y miel en un lugar muy típico, suena una música celta-gallega que me hace tomar los datos del disco: LUA NA LUBRE, valió la pena comprarlo una vez en Santiago.-
Dejamos O Cebreiro con una bajada interesante que nos entusiasma, pero nos damos cuenta que no será así todo el tiempo, los ciclistas dicen que Galicia es un rompe piernas, y voy comprobando que es así. Aún nos toca subir el alto de San Roque y poco después el del Poio de 1337 metros. En Galicia las subidas y bajadas no nos van a faltar. Pienso que hacerlo en invierno a de ser fatal.
En Tricastela pensábamos dormir, nos dirigimos al albergue público que está a la entrada del pueblo, ocupa dos grandes pabellones y con algún premio en arquitectura, pero está lleno, por tanto seguimos la carretera hasta Samos, unos 11 kms. más de paisaje encantador.
Agradezco no haber encontrado sitio para dormir en Tricastela, porque Samos es como vivir en la época medieval. La Real Abadía de los Santos Julián y Basilisa de Samos nos da la bienvenida. Este monasterio, uno de los más poderosos e influyente de toda Galicia, se fundó en el siglo VI y viven en él monjes benedictinos que son los que dirigen el albergue de peregrinos.
Una vez ubicados visitamos el monasterio aprovechando que a las 18:30 la visita era guiada. El claustro del mismo es lo más destacable con la fuente de las Nereidas en su centro. Y por el mismo precio también pudimos entrar en la iglesia (siglo XVII) de fachada barroca presidida con imágenes de los titulares: los Santos Julián Basilisa. Dos grandes incendios devastaron a éste monasterio, uno en 1.533 y un segundo en 1951. Contó con un colegio de filosofía y en él impartió clases el padre Feijóo, que en su Teatro crítico universal escribió: ”tan recogido, tan estrecho, tan enterrado se encuentra éste monasterio entre cuatro elevados montes, que por todas partes no solo está cerrado, sino tan comprimido, que sólo es visto de las estrellas cuando las logra verticales”. -
Deambular por los alrededores ha sido un placer, personalmente me trajo recuerdos de la experiencia vivida hace dos años en el Monasterio de Rila (Bulgaria)
Nos dormimos con el susurro del río Oribio.-
SAMOS =>CASANOVA._______68,77km.
3 de julio del 2006. -
A hora temprana dejamos el monasterio de Samos, me entretengo observando a un peregrino francés que lleva una mula, le habla continuamente como si fuera un humano. La función del animal es solo llevarle el equipaje, se me hace que no sería capaz de montarla porque veo demasiado amor. Me abstraigo en la escena y me dejo llevar por la imaginación, seguro que se llama ...Philippe de unos 32 años, nacido en Toulouse y un día renunció a la compañía telefónica donde llevaba trabajando media vida y encontró a la mula que estaban por sacrificar en un matadero, la bautizó como Clarine y con ella emprendió el camino. Para ganarse el pan y comprar la avena para Clarine, Philippe tocaba la flauta, lo hacía debajo de las archivoltas de las iglesias, en las escaleras o plazas de los pueblos. Llevaba el atuendo típico del peregrino del medioevo (capa, sombrero de ala caída, sandalias y bordón). Nunca iba a misa pero cuando encontraba una iglesia donde nadie había: fumaba hachís y meditaba y meditaba. De noche tenía miedo de dejar sola a Clarine, temía que los lobos le hicieran daño _es que es tan inocente, tan fidèle_... Su hermano también peregrinaba, tres o cuatro días detrás de él, y viajaba con una cabra.
Era hora de seguir la marcha y sentí los pies sobre la tierra otra vez; me puse contento de no tener una cabra.
La carretera continúa con subidas y bajadas entre viejos bosques célticos, estamos en Galicia!
(El nombre de Galicia deriva de la misma raíz celta que Galia y Gales)
La etapa hasta Portomarín es muy agradable, discurre entre robles y castaños hasta el embalse del río Miño.
Cruzamos varias aldeas, en varias de las cuales han abierto tiendas y bares para los peregrinos.
Al llegar a Ferreiros podemos leer que falta 100 Km para Santiago.
Portomarín es un pueblo de la época de los romanos, pero lo que nos encontramos hoy día es de un nuevo Portomarín, ya que en 1962 quedó bajo agua al construirse el embalse de Belesar en el río Miño.
Previamente a construirse el embalse se trasladaron los principales monumentos, como las iglesias de San Juan y San Pedro, dos palacios del siglo XVI y XVII y la capilla de la Virgen de las Nieves.
Llegando a Hospital da Cruz cometemos un error, nos metemos en una autopista, parecía que acortaríamos camino y allí fuimos. En principio una estimulante bajada, pero luego volver a subir con el ruido de los camiones enormes que nos avanzaban. Finalmente llegamos a Palas de Rei, muy cansados y en búsqueda de albergue; en el público no había lugar, si queríamos podíamos elegir uno privado, pero seguíamos pensando que éramos peregrinos, por tanto nos planteamos seguir hasta el próximo pueblo llamado Casanovas, unos 6 kilómetros más; y valió mucho la pena porque además en lugar de seguir por la carretera tomamos el sendero de peatones, un poco más difícil pero transitamos por lugares mágicos hasta llegar a Casanovas que tendría unas cinco o seis casas.
Encontramos el albergue que funciona en la escuela de Mato-Casanova. Todo cerrado y nadie por allí, pero había un papel en la puerta con un número de teléfono para llamar. Así lo hizo Nicolás y una señora le preguntó “_son ustedes los que acaban de pasar en las bicicletas? _ O sea que ya nos habían visto, pero nosotros no habíamos visto a nadie.
Le señora se presentó a los cinco minutos con la llave de la escuela, nos dio las indicaciones del uso del edificio y al ver el dormitorio supimos que lo compartiríamos con una pareja de peregrinos que ya estaba descansando en sus camas.
Todo esto porque en Palas de Rei no había lugar.
Después de la ducha caminamos un kilómetro para tener una cena al aire libre en una masía rural, bien, no había mucha elección porque en el pueblo no había ni siquiera supermercado. Por tanto el menú de peregrino lo tomamos observando la puesta de sol, escuchando el bramido de las vacas, el canto de algunos pájaros y rodeados de naturaleza.
Regresamos al albergue para ir a dormir, queríamos disfrutar de aquel lugar, incluso cayeron algunas gotas como para hacer todo más acogedor. Pero no fue así. Nos visitaron unos diminutos insectos que al volar producen un zumbido y pican por llamarse mosquitos. Ellos se encargaron de no dejarnos casi dormir. Vaya, vaya!
Comienzo a sentir una extraña sensación al saber que ya falta poco para llegar a Santiago de Compostela, una sensación de no querer llegar, de que esto no se acabe, deseo que la rutina de éstos días vividos en el Camino se prolongue.
Es un poco el quiero y no quiero llegar.
A todos les ocurrirá ésta sensación?.....
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CASANOVA =>SANTIAGO DE COPOSTELA.-________________62,88 Km
4 de julio del 2006.
Amanece lloviendo de buena manera, esto me alegra por la tierra que lo necesita y por nosotros no, porque significa envolvernos en los plásticos para protegernos de la misma y consecuencia sudar al pedalear. Lógicamente a partir de Casanovas volvemos a la carretera asfaltada. Al pasar por Melide desayunamos, y la lluvia continúa siendo nuestra compañera, pedaleamos casi sin pensar, el objetivo es avanzar y avanzar, en mi caso sin ganas de llegar.
Los eucaliptos reemplazan a los bosques de pinos que veníamos observando, ideal para respirar hondo.
Arzúa se nos presenta con mucha gente peregrinando, grupos de escolares y demás. La lluvia deja de molestarnos y encontramos un supermercado donde nos proveernos de embutidos y demás, en la misma puerta tienen un espacio donde merendar y allí lo hacemos mientras vemos desfilar a los peregrinos.
Pensamos un poco en pernoctar o no en Monte de Gozo (ya a las puertas de Santiago), pero más bien es como que decidimos llegar a la meta ese mismo día.
Nos restan 40 Km!
Subimos a Monte de Gozo (368 mts.) En la cima tres toscas cruces, Nicolás sube hasta allí, yo me quedo hablando con el señor de la tienda de recuerdos y me comenta que desde allí arriba ya no se ven las torres de Santiago, los árboles han crecido y tapan la visual. Me comenta sobre la masiva concentración que hubo en éste lugar en agosto de 1989, con la visita de Juan Pablo II.-
Seguimos, y empezamos a entrar en Santiago, lo hacemos por el sendero de peregrinos, parece nunca acabarse y sigo con el deseo de que no se acabe.
Pero todo tiene un fin, y sobre las 17:30 hs. de éste día 04 de julio del 2006 pisábamos la Plaza del Obradoiro.
Tardamos un poco en encontrar la extravagante fachada barroca de la Catedral, una vez allí estábamos en medio de una multitud. Preferí no ingresar ese mismo día, me apetecía hacerlo al día siguiente a hora temprana cuando todo sería un poco más mágico. Ahora estaba lleno de turistas “locos de la foto”.
Pasamos por la Oficina del Peregrino para recibir la Compostela y desde allí nos dirigimos al Albergue, un enorme edificio que me hizo recordar a los construidos por “Ceucescü” en Rumania. Enormes escaleras hasta la tercera planta, luego caminar y caminar entre filas de camas hasta encontrar las que nos habían asignado. Aquello imponía, parecía un gran cuartel militar. Pagamos 5€ cada uno por noche. Luego la buena ducha caliente y a caminar Santiago que mucho tiene para ver.
El día 5 de julio lo pasaríamos allí, en principio ir a la Catedral. Le hice entender a Nicolás que éste era un día que lo quería un poco para mí, necesitaba dejarme llevar y así fue.
El sonido de una gaita nos indica el lugar, me dejo llevar...
Subí las escaleras de la Catedral y me detuve bajo el Pórtico de la Gloria. Esculpido por el maestro Mateo en el siglo XII, unas doscientas figuras bíblicas lo decoran y es una de las obras de arte románico más exquisitas que existen. Descubrí a Cristo y los apóstoles, los profetas, los veinticuatro ancianos del Apocalipsis y un ballet de ángeles, músicos y santos. En las archivoltas estaban talladas la promesa mesiática a Adán y Eva y el cautiverio de las tribus de Israel. Por un parteluz trepaba el Arbol de Josué, aquí todos los sentidos se confunden: la penumbra deja adivinar otros mundos y el tacto del alabastro al tocar el Arbol de Josué, sin soltar aquel rosario, (que alguien una vez me lo regaló) pasó por el Santo Sepulcro en Jerusalén, por donde nació Jesús en Belén, por el Vaticano y los monasterios del Monte Athos en Grecia, que llevé en algún bolsillo durante el Camino, ahora me hacía sentir como que se unían muchas cosas ante éste acto, que sin ser un creyente me hace pensar que hay un Dios pero a mi manera, un Dios que nunca cierra las puertas de su casa.
Tocar aquella columna, rozar los dedos por aquellos huecos gastados por el tiempo, pensando que una multitud de peregrinos lo había hecho antes que yo, me hizo sentir que el Camino había concluido físicamente, pero que lo esencial no es llegar, sino el Camino mismo y lo que él te transforma. Di las gracias en ese momento.
En el interior, la figura del apóstol estaba por todas partes: Santiago, el “Matamoros” posando con su espada desafiando a los usurpadores; Santiago el “peregrino” con su capa, su bordón y su concha de viera; y un Santiago “resplandecient” vestido en oro e incrustaciones de piedras preciosas presidiendo el altar principal. Hice cola con los curiosos y fieles para subir hasta él y tocarle, no me atreví a abrazarle, le rocé con el rosario, me hubiese gustado encontrar el Santiago del Camino: simple y con sandalias.
Debajo del altar, descendiendo por unas escaleras: otra cola para ver los supuestos restos del apóstol en un ataúd de plata, pero me sentí desconcertado, como si hubiese llegado al lugar equivocado, detrás venía una familia de franceses o belgas (qué mas da?) que con mucha impaciencia registraban la escena en un vídeo y me sentí como que yo estaba de más en aquella escena. En ese momento eché de menos el silencio del Camino, las pequeñas y rústicas iglesias que con una sola imagen en el altar me habían dado tanta paz y seguridad. Eché de menos las simples flechas amarillas que encontraba en el camino, pintadas sobre alguna piedra, un árbol o donde fuera posible, unas flechas que hacen que puedas seguir tu rumbo
Recorrí las capillas laterales, la catedral se iba llenando de gente y la misa de los peregrinos estaba por empezar. Encontré un rincón y pensé en los seres que quiero, quise que no quedara ninguno por recordar o por pensarlos, es una manera de tenerlos a mi lado y compartir la experiencia.
Recordé las caras de algunos peregrinos encontrados en el Camino y que me dejaron una señal, en aquella chica italiana que en Carrión de los Condes debía abandonar el Camino, su pié no se lo permitía y sus ojos estaban inundados. Pensé en mi sobrino Nicolás que por allí andaba enfrentándose con la realidad de hacerse él mismo y en todo lo que por su mente estaría pasando. Pensé en mi padre, porque en el Camino lo vi muchas veces, especialmente en aquellas extensiones de trigo en la zona de Castilla. Mi madre flotó todo el tiempo como una nebulosa. Pensé en todas aquellas personas que deberían hacer éste Camino, en las que se quedaron a 15.000 km. de distancia, en las que no lo están pasando muy bien y nuevamente di gracias por haberlo hecho.-
El butafumeiro comenzó a llenar de humo la catedral, había cánticos, mensajes, etc. Y me sentí un poco incómodo, no me apetecía ser espectador de aquel espectáculo, preferí perderme por las viejas calles de Santiago, sentarme en una terraza y saborear un buen café.
Por allí vi a Nicolás sentado en alguna parte escribiendo unas postales, una mirada cómplice sirvió para indicar que cada uno estaba en lo suyo.-
Esa noche cenamos algo más de lo normal, luego al albergue, sería la última noche y me quedé en las escaleras observando la puesta de sol sobre Santiago.
¿El Camino te hace mejor, o desde el Camino se ve mejor el mundo? . Sea lo que sea seguramente que las dos cosas.- Debo decir que lo disfruté mucho y de la misma manera al revivirlo paso a paso para poder escribir éstas líneas, no he intentado escribir un libro, ni tampoco una guía, hay muchas y muy buenas, mi intención fue escribir mientras lo revivía.
He pensado en volver a hacerlo, creo que me he quedado con hambre de repetirlo, pero hay dos condiciones, una es hacerlo solo y la otra es dedicárselo a una persona.
El regreso a Barcelona lo hicimos en tren, vía La Coruña, unas cuantas horas de viaje pero que no nos importaba.
Si decides hacer el Camino, abre tu espíritu, cálzate las sandalias de peregrino, cuélgate una concha por algún sitio y comienza a pedalear. Nadie te preguntará porque vas o qué quieres encontrar, si crees en Dios o en Buda; nadie desconfiará de tu buena fe, nadie se reirá de ti, respetarán tu silencio y te acogerán como a un amigo.
Este fenómeno único en el mundo es digno de ser vivido, al menos una vez
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