Es muy fácil llegar al estado de Sonora por carretera. El límite más largo es la Sierra Tarahumara, que se extiende por su lado Este, en donde pueden apreciarse el cambio en la topografía, vegetación y - si hay tiempo y poca prisa -, los cambios en nuestra lengua.
La entrada es evidente. Los matorrales y el clima de desierto, la resequedad y el viento caliente por la proximidad del mar provocan cierto aspecto de somnolencia en todos los sentidos de cualquier viajero. La sinuosidad horizontal y vértices de la sierra han hecho de las suyas. Entramos en la llanura recién agitados por las montañas. El camino ahora es recto: constantemente solitario.
Ciudad Hermosillo se encuentra asentada en un plano más o menos regular, unos cuantos cerros en el rededor -el “de la Campana” es muy simbólico para sus habitantes- y un río seco. Es ciudad grande, moderna y traficada con velocidad. Calles limpias, la catedral, etc. Pero más allá, -hacia el Oeste-, comienza el ámbito del verdadero tiempo en esta zona. Calor seco combinado con el mar. El mar salvaje y virgen, repleto de tiburones, delfines, aves innumerables y algas esparcidas en todas las playas. Rocas también, "cerro prieto" es una belleza natural que se esculpe como acantilado poroso, adecuado para imaginar sinfín de formas en sus toneladas.
Los cactus hacen de vida en el ecosistema. Isla de Alcatraz, en la Bahía de Kino, muestra una capa blanca sobre su superficie, ahí no hay cactus, solo exceso de estiércoles avícolas que la infertilizan. La mayor parte de los habitantes de Hermosillo hacen en esta bahía sus recreos. Al sur se ubica San Carlos. Pero los habitantes de Kino "viejo" tienen las características del entorno. La piel se ha vuelto gruesa y oscura para vivir en el sol. Las casas son de tal manera que permiten durante el día la circulación del viento tenue en las habitaciones, y por la noche, la asimilación del frío diario. Las calles son anchas y polvorientas. Casas de cartón curtido, tejabanes de hoja de palma y troncos blancos. Aveces se ven señoras haciendo la comida al aire libre, bajo los tejabanes. Y hacia la costa se asoman las puntas de las embarcaciones pequeñas, pedazos de redes desusadas, restos de aletas de pescados, señas de la actividad que sostiene a todo el pueblo. En Kino “viejo” se encuentra la salida a Punta Chueca, el territorio de los indios Seris, larga terracería que se pierde por la costa al norte – hay un letrero que demarca la entrada a otro país, leyes independientes, gobierno soberano, protección de especies bien establecida – para llegar tuvimos que caminar 18 kilómetros hasta que pasó una camioneta hacia ese rumbo; el regreso fue igual, solo que a bordo de unas cajas de pescados.
Es un pueblo chico y pesquero, además de sus otras actividades dentro de la isla del Tiburón, que se ve como cadena de cerros azules a un kilometro del mar. La marea baja permite el acceso -un poco difícil- a través de algunas rocas que sobresalen en el nivel del agua, cierto que abundan los “payasitos” carnívoros e infinidad de pequeños moluscos venenosos, caracoles, etc., pero la pena vale. Las mujeres Seris hacen collares con la gran variedad de caracoles que recolectan en la playa. Los hombres pescan, cultivan y cuidan para ellas. Los ancianos son muy respetados, tienen privilegios extras como el recibir a los viajeros y divertirse hasta altas horas de la noche con ellos (estuvimos danzando alrededor de una fogata, bebiendo, cantando). No hay panteón, característica intrigante. No hay sanitarios, cosa graciosa cuando se ven hombres y mujeres circular durante todo el día del desierto al pueblo, salir de detrás de los cactus. Otro fenómeno interesante es que esa cultura acepta el consumo de la marihuana entre los hombres, que por supuesto, también tienen el derecho a casarse con mujer foránea, si así lo prefieren. El gobierno del estado de Sonora les construyó casas tipo habitaciones de colonia popular, las cuales utilizan muy desahogadamete, con descuido. Nos decían que el cuidado del borrego cimarrón es fundamental para la economía, permiten el acceso por aire a la isla durante determinado tiempo, con el fin de caza; vencido el tiempo el helicóptero debe retirarse sin o con festín, dada la regla impuesta por los nativos.
Unico consejo para realizar este viaje: respeto hacia los habitantes. |
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