
Vista de una parte del pueblo
Villadrau | 1 comentarios.
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Me fui de Quito el 22 de Octubre pasado, a las 5:45pm. La despedida de los de la casa fue triste, sobre todo con mis sobrinos.
Una vez en el aeropuerto, otra vez despedirse, esta vez de los papás… “cuándo vuelves?” ha sido la pregunta de la temporada, desde que la gente que me conoce allá sabe que voy a vivir en Austria. “No sé…” ha sido la respuesta de la temporada.
Durante las dos últimas semanas y media en Quito, estuve asistiendo a cursos intensivos de alemán. De lunes a viernes, de 7:00 a 10:00 am. Por lo menos siento así que no llegaré en pañales a Austria que, aunque la gente hable su dialecto, podré comunicarles “algo” (dónde está la estación de bus?, quisiera una habitación doble por favor, cómo te llamas? Y conjugar varios verbos regulares, etc, etc. jaja)
En el aeropuerto, antes de poder acercarme al “counter”, un chico vestido de civil me dijo “Revisemos no más eh… esa maletita.” Así que me fui a donde los policías que hacen la primera revisión de la maleta, y caí en manos de un policía amable, que parecía estar contento porque vio que llevaba la preparación para la colada morada, y hasta el ishpingo, que se pone dentro del preparado. “Lleva explosivos?” Me preguntó. “Soy feliz viviendo, no me interesa volar en pedazos.” Le dije.
Me dio miedo de haber sonado pedante o irónica, pero el policía sonrió y revisó mis cosas superficialmente. Luego me dejó ir.
Ya en la sala de espera, y después de haber pagado sobre peso por las normas un poco absurdas que tienen algunas aerolíneas, llamaron nuevamente a casi todos los pasajeros, y nos llevaron en grupos de 5 hasta la zona de carga de las maletas para volver a inspeccionar su contenido. Como yo no llevaba ninguna cosa rara que fuera más allá del ishpingo y un cuerno de toro que usan los mapuches, regalo de Claudio para Wolf, no me sentí nerviosa en lo absoluto.
Y porfin, el avión despegó hacia Guayaquil, parada obligada… una hora de espera, cambio de pasajeros, y salida hacia Madrid. Una vez ahí, tres horas de espera y vuelo a Barcelona, donde me quedo unas semanas hasta llegar a mi destino final: Austria. Durante el vuelo, una mujer viaja sola con un niño de más o menos un año.
Está sentada en la misma fila que yo, pero del otro lado del pasillo… en algún momento cambia de pañal a su hijo y deja que éste tome el pañal y lo tire al piso… horas más tarde, pasa la azafata y para en seco, casi horrorizada: Esto es un pañal? Pregunta. La mujer solo la mira y le dice que sí… cosas tácitas por ser tan perturbadoras…
EN ESPAÑA
Castellar del Vallès es un pueblo a las afueras de Barcelona. Tranquilo, sin mayor cosa que ver, a parte de la familia. Así que aprovecho una semana y media para compartir tranquilamente, sin inquietarme mucho por hacer turismo.
VILADRAU
El domingo, salgo hacia Viladrau, donde me esperan días de caminatas y bosques mágicos. La casa en la que estuve es acogedora, con mucha madera y vista a la montaña. Los colores del otoño van apareciendo poco a poco, en árboles y plantas. Aunque uno haya visto antes esos colores, en vivo, o en fotos, no deja de asombrar la intensidad del naranja, el pardo, el rosa, el rojo y el amarillo en contraste con cielos azules y árboles todavía verdes.
Viladrau está situado en la comarca d´Osana, en el costado NE del masizo del Montseny tiene aproximadamente 800 habitantes, y le llaman “La Puerta del Montseny”. Su Patrimonio cultural consta de la Iglesia románica de Sant Martí de Viladrau (s.XI); el Santuario de Sant Regimon (s.XIV), la Ermita de l´Erola (s. XVI); la Capilla de la Pietat (s.XVII), además de algunas masías. Además tiene una escuela de naturaleza, una plaza central donde celebraban, cuando llegué, la última noche de la feria de las Castañas con música en vivo y puestos donde vendían varias cosas tradicionales, entre ellas, obviamente, castañas.
Paseando por el pueblo, se ven casas con fechas grabadas: 1870, 1756… y luego, casas de construcción más actual, pero no por eso menos bonitas. Calles estrechas, senderos que suben hacia los bosques, es un pueblo al que yo llamaría curativo, por su aire, su luz natural y sus alrededores. Hoy en la mañana aproveché de la soledad para salir a caminar y subir hasta la fuente más popular del sitio: Font de les Paitides. De esta fuente de agua pura, la gente llena botellas y botellas de agua para uso doméstico. Aunque el agua del grifo es buena, la gente prefiere la que sale de la montaña, y en algunos días es increíble la multitud que se reune a esperar su turno para coger el agua.
Un poco más arriba, siguiendo por el camino del bosque, hay un pequeño desvío, un sendero no muy largo, y que llega hasta otras dos fuentes naturales: Font del Ferro, y Font del Noi Gran. De esta última, se cuenta una leyenda, que, a grandes rasgos habla sobre un hombre muy pequeño que en algún momento se escapó a buscar agua, pues había una fuerte sequía en el lugar, y encontró esta fuente. Al beber de esta agua, se convirtió en un hombre grande y fuerte.
Existen muchos mitos y leyendas en la región, pero desgraciadamente no tuve tiempo de leer a más a fondo un pequeño libro que encontré en mi habitación. Entre las leyendas más populares de la zona, hay la de mujeres del agua que habitan en las profundidades de los ríos o en cuevas y que con su voz hechizan a los hombres. Además, existen leyendas sobre las supuestas brujas: mujeres que fueron perseguidas y ahorcadas hacia 1617 y 1627.
Sea como sea, al caminar por los diversos senderos, al pasar por un riachuelo, hechar un vistazo furtivo entre los bosques y los elechos, si se tiene un poco de imaginación, se quisiera de verdad encontrar un hada, un duende o un elfo paseando por los bosques, como si fuera lo más común. Pero no, no vimos nada de eso, y tampoco tuve la suerte de ver animales silvestres. Únicamente descubrimos huellas de jabalí.
El resto, a parte de las pequeñas aves, encontramos más bien gente esporádicamente, cosechando castañas, caminando tranquilamente o destrozando la paz del lugar con sus cuadrones.
Otro día fuimos a visitar un bosque donde está el famoso Castaño de las Nueve Ramas (aunque hoy en día ya no están las nueve, pues es tán viejo que se le han caído una o dos de las ramas)… cada rama es como el tronco de un gran árbol, y la base del castaño es hueca. Cerca de él hay más castaños, viejos y jóvenes, y en el piso alrededor, obviamente, castañas. Muchas castañas listas para ser cosechadas y tostadas y horneadas… Más arriba, un bosque con setas de colores intensos.
Entre caminata y caminata, aprovecho para salir a la plaza principal, donde hay panaderías y pastelerías en las que venden la famosa Coca del Montseny, un bizcocho con azúcar blanca encima, muy rica, y los panellets, pequeños, hechos a base de piñones, café, castaña, etc… riquísimos!! Sólo los preparan durante esta temporada. En la plaza, además, están un par de bares, una cafetería, un supermercado y un par de tiendas… Los niños y niñas juegan libremente las tardes de fin de semana que es cuando la plaza es únicamente peatonal.
En el libro que empecé a leer, el autor dice que, como en muchos pueblos actualmente, en Villadrau se han perdido muchos valores, como el sentido de la colaboración entre vecinos. Además describe el carácter de los “nativos” algo cerrado y osco, debido a la ubicación del pueblo y el aislamiento que sufrían durante los largos e intensos inviernos – por cierto, será que este año caerá nieve normalmente, o se notará de nuevo el impacto del cambio climático global? - .
Desde mi perspectiva de turista, en cambio, siento la amabilidad de la gente que saluda en la calle aunque no me conozca, de la forma amable de tratarme en las tiendas aunque no hable su mismo idioma, y pienso que, en relación a la forma de ser de la gente en Quito, o cualquier otra ciudad grande, en este pueblo todavía se conservan costumbres humanas básicas de amabilidad… es curioso lo que uno valora y rescata del comportamiento de los demás, según dónde haya vivido. Una semana más tarde volví por un par de días a Viladrau y conocí pueblos cercanos como Seva y Tona, repartiendo publicidad para un centro de Yoga y Tai chi en Vic... De aquí, quizás en febrero vuelva? Quien sabe, ahora voy a la recta final para Austria! |
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