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Vietnam (II): Nha Trang, Hoi An y ruinas de My Son

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Nha Trang | 0 comentarios.

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26/10/2007



Vietnam (II), Nha Trang, Hoi An y las ruinas de My Son

Diario de viaje, continuación de Vietnam I.-


Nha Trang
Nuestra idea era recorrer Vietnam de Sur a Norte por medio de bus y un poco de tren (El Tren de la Reunificación). Siempre es más fácil por bus, hay un sistema que consiste en un bono (cuesta 20 dól.) y con él se puede viajar desde Ho Chi Minh hasta Hanoi en bus, parando en las principales ciudades y continuando con el bus siguiente el día que uno lo desea. Nos pareció una buena oportunidad y no lo dudamos a la hora de comprarlo. Por tanto pensamos en hacer nuestra primera parada en la ciudad de Nha Trang, un centro turístico con playas que nos invitaba a hacer un pequeño descanso en nuestro intenso itinerario.

Viajamos esa misma noche, no se pudo dormir demasiado en aquel autobús con asientos que casi no se reclinaban, además tuvimos que improvisar alguna almohada para evitar sufrir una tortícolis en el futuro. Durante el trayecto se hicieron varias paradas y era el momento en beber y comer lo que había en el lugar, casi siempre encontrábamos cosas interesantes.

La llegada a Nha Trang se hizo por la mañana temprano, el autobús se detuvo en un Guesthouse en la calle Tran Hung Dao y muy cerca de allí vimos que estaba la playa bañada por el Mar de China. El precio por la habitación doble, con dos amplias camas muy duras y espacio suficiente como para dictar una clase de baile era de unos 10 dólares. Un señor vietnamita nos llevó las mochilas, luego regresó para decirnos en secreto que si nos apetecían unas "ladys- massage" se lo hiciéramos saber. Luego no insistió porque no le demostramos ningún interés al respecto.

Después de la noche de viaje, apetecía un buen sueño, pero decidimos ver ésta hermosa ciudad de playa. Nos gustó mucho. La playa municipal se encuentra a unos cinco minutos del hotel y se extiende a lo largo de la ciudad. Un buen desayuno a la sombra de unas sombrillas hechas con hojas de palmeras. Luego un baño en las cálidas aguas como bautizo.

Son varios los restaurantes que se encuentran en ésta zona, algunos un poco demasiado turísticos para nuestro gusto, pero disfrutamos de una buena pizza en un italiano ("Salve!") que creo que se llamaba algo así como "Sorrento", lleno de fotos de Italia que contrastaban con la cultura en la que estábamos viviendo.

Pero es la solución para muchos turistas que visitan países como Vietnam y necesitan encontrar lugares que les haga recordar del de donde vienen.

Si bien nuestro plan era descansar, esa tarde caminamos como unas cinco horas a lo largo de la ciudad hasta el río Caí que desemboca en el mar y hay un puerto pesquero con barcas de gran colorido.

Nha Trang tiene su atracción en su playa, observamos que durante las horas de fuerte sol las playas están desiertas, éramos pocos los que nos bañábamos. Todo cambia después de las cinco de la tarde, es cuando los vietnamitas acuden a ella. Se bañan casi vestidos y aquello de broncearse la piel no entra en sus cánones de belleza. La mujer se cubre con su sombrero cónico, tal vez algún paraguas, guantes y una mascarilla para cubrirse el rostro. Esto nos llamaba la atención, y nosotros a ellos, supongo, al vernos con un simple bañador caminando sobre la arena caliente bajo los potentes rayos de sol.-
Por la noche caminamos otra vez, mucha gente, nos daba la impresión de que era la fiesta mayor, o algo así. Un enorme escenario con una orquesta y motos y bicicletas atestadas de gente.

Solíamos encontrarnos con alguien que llevaba una máquina para pesar y medir la altura de la gente (por unas monedas), un aparato inventado tal vez por algún japonés y para llamar la atención emitía una música que era un clásico de Kenny G (lo vimos en muchos lugares del Vietnam, algo muy surrealista)

Cenamos muy bien en un lugar al aire libre, del picante ya éramos adictos, cuando la comida no era fuerte la reclamábamos.

Al siguiente día alquilamos una moto en el mismo hotel y nos marchamos a la espléndida playa de Doc Let, a 38 kilómetros al norte de Nha Trang, adivinando un poco el camino ya que las señalizaciones casi no existen, al menos para que las entendamos nosotros; todo se solucionaba preguntando cada vez que el camino se bifurcaba. Pasamos por varias poblaciones y en uno de esos tantos puestos que hay cerca del camino donde se pueden comprar bebidas, paramos para hacer fotos a un campesino que secaba el arroz sobre el asfalto del sendero, algo muy común en todo el país.

Doc Let es la receta ideal para un día de tranquilidad y descanso. Los pinares y las arenas blancas con el azul del mar. Descubrimos unos bungalows en los que se podría pasar varios días (será a tener en cuenta para la próxima vez)

Después de una comida iniciamos el regreso, a lo lejos veíamos cómo se formaban unas nubes espesas y grises - azuladas que prometían un buen aguacero. Nos dio tiempo a detenernos en un salitral. Nos acercamos para hacer fotos a aquellas mujeres que transportaban la sal en sus canastos suspendidos en una barra sobre los hombros. Eran como hormigas, una tras otra repitiendo el mismo viaje. Totalmente cubiertas para protegerse del sol y los pies empapados de trabajar en el agua.

Observamos que los trabajos más pesados están a cargo de la mujer.

Ver aquellos sombreros cónicos moverse con pequeños y rítmicos pasos, o agachadas en los arrozales trabajando con sus manos, es todo un clásico de los panoramas en Vietnam.-

Llegamos a Nha Trang con el cansancio lógico de la aventura.

Hoi An
Otra vez un autobús con dirección a Hoi An, viajamos de noche, pero ésta vez teníamos un poco más de espacio, estaba lleno de turistas. Llegamos a temprana hora de la mañana, un horario donde el diálogo no es demasiado intenso, solo nos dedicábamos a observar. Sube un chico al autobús y nos explica que pararemos en tres hoteles donde nos ofrecerían habitaciones y podíamos decidir si quedarnos o no. Siempre he estado en contra de éstas imposiciones, me gusta llegar y buscarme la vida por mi cuenta.
El primer hotel era de cinco estrellas, no nos interesaba. El segundo hotel se lo veía muy nuevo, algo retirado del casco urbano; por curiosidad me bajé del autobús para mirar lo que nos ofrecían. Ocho dólares la habitación (aire acondicionado, nevera, mosquitera, baño privado, muy limpio y decorado con buen gusto) Paco me esperaba y se adaptó a mi decisión, allí nos quedamos.

"Phuong Nam" Hotel, 16-17 Bac Son Phong.- Hoi An- Quang Nam.
phoungnamha@dng.vnn.vn

La atención era inmaculada. Ahora queríamos descubrir Hoi An.

Era temprano aún, nos encaminamos al centro urbano, la ciudad se estaba desperezando con la sensualidad del trópico. Las mujeres con los sombreros cónicos haciendo sus actividades.

Sobre las aguas del río Thu Bon se levantaba una bruma y detrás de las palmeras se escondía el Mar de la China Meridional. Las calles de Hoi An aún estaban tranquilas, era una sensación de dejarnos atrapar por el tiempo perdido de éstos edificios de madera de teca y tejados ondulados.

Los farolillos de aceite hacía no mucho que habían sido apagados. Es una ciudad mágica que me hacía mucha ilusión conocer.

Hoi An es uno de los lugares de Vietnam que flota el aroma de otras épocas, de los tiempos en que era uno de los grandes emporios comerciales de la costa del sudeste asiático. A su puerto (al fondo del estuario del río) llegaban barcos de los mercaderes de Japón, China y Siam, y luego de Portugal, Francia, Holanda e Inglaterra. Barcos empujados por los vientos alisios que soplan con regularidad. Los mercaderes se instalaban durante meses en las casas al borde del río, para negociar con sus mercancías (seda, porcelana, laca, marfil, té, pimienta, nueces y azúcar). Después del verano, cuando cambiaban los vientos, los comerciantes volvían a sus países.
Las riquezas fluían por las calles de Hoi An y se establecen colonias permanentes de extranjeros que compiten con la construcción de nobles mansiones de madera para mostrar con orgullo su posición social, y elevaban templos y pagodas en agradecimiento a los dioses que velaban por su prosperidad. Todo por disponer de un puerto tan seguro al refugio de las tormentas.
Hoi An conserva la arquitectura de ese tiempo, recorrer sus calles cercanas al río que a medida que avanzan las horas crece el bullicio que caracteriza a las ciudades del Vietnam.. No está permitido el tránsito de coches en el casco antiguo, pero sí las bicicletas y motos. Nos causa asombro ver a las muchachas conducir, parecen flotar, vestidas con el típico ao dai - el vestido tradicional vietnamita, de seda blanca semitransparente-, con sus melenas negras hasta la cintura circulando con su espalda recta sobre la bicicleta.

Fai Fo es el nombre primitivo, y el atractivo está en que ésta ciudad no fue dañada durante la guerra con los franceses y los americanos, por tanto allí podemos encontrar una arquitectura original.

Visitamos la Pagoda Thien Hau (la diosa del mar)- protectora de pescadores y navegantes- allí la gente da limosna a los monjes y suelta pájaros a cambio de monedas. El olor a incienso es muy penetrante.

Caminamos a la vera del río y llegamos al puente cubierto japonés que sirve para cruzar un arroyuelo que vierte sus aguas en el río Thu Bon. Fue construído en el siglo XVI por la comunidad nipona para unir su barrio con el de los chinos, su forma semeja un joyero de piedra y cerámica colocado sobre pilares de madera. Lo curioso es que su ancho permite el paso de cualquier persona que cargue sobre sus hombros un poste de bambú con dos cestas en los extremos ("nanh"). Atravesar éste puente no sólo es cruzar un río, sino sumergirse en un mito. Se cuenta que está construído sobre la vértebra más débil de un mounstro dragón legendario cuya cabeza está en la India y la cola en Japón. Cuando el mounstro se agitaba, los desastres ocurrían sobre Vietnam, pero el puente siempre consiguió aplacar a la bestia debido a su peso.

Toda la zona que bordea el río está plagado de viejas casonas construidas hace dos o tres siglos por ricos comerciantes. Muchas de ellas están habitadas por sus descendientes y en algunas es permitida la entrada al comprar un ticket en la oficina de turismo.

Nos decidimos en visitar la casa Tan Ky que es un ejemplo de una combinación de tienda y casa de dos plantas de finales del siglo XVIII, donde se fusionan las influencias vietnamitas, chinas y japonesas en un estilo arquitectónico de Hoi An. Fue edificada por un miembro de la segunda generación de la familia Tan Ky, quien huyó de China como refugiado político a finales del siglo XVI. Nuestra visita coincidía con un grupo de chinos guiados por una atractiva guía vestida con un hermoso ao dai de color rojo. Nos dimos cuenta que los dueños estaban habitando la parte posterior de la casa, se encontraban tumbados frente al ventilador, como dejando pasar las horas o viendo transcurrir la vida.
Históricamente la población china de Hoi An se organizaba de acuerdo a su lugar de origen y cada grupo mantenía su propia sala de asambleas como centro de la comunidad y lugar de culto. Visitamos la sala de asamblea Cantonesa, que tiene una alegre entrada arqueada y que ha sido restaurada recientemente a semejanza de la sala original de finales del siglo XVII, construida por los inmigrantes procedentes de
Guangdong. Nos resultó un lugar atractivo por su patio lleno de plantas decorado con un dragón y tallas de carpas.-

(La carpa simboliza prosperidad, éxito y, en ésta forma en que se metamorfosea el dragón, nos recuerda que en la vida nada es fácil.. Para convertirse en dragón , y así conseguir la inmortalidad, un pez debe pasar a través de tres puertas, igual que un erudito tiene que superar tres exámenes para convertirse en mandarín.-)

El altar principal está dedicado a Quan Cong (de cara roja) un general chino de la dinastía Han venerado por su lealtad, honestidad y comportamiento ejemplar.-

El mercado de Hoi An merece una visita, conserva su ambiente tradicional y la mejor hora de visitarlo es a hora temprana de la mañana. Los mercados en Vietnam fueron nuestros puntos preferidos, disfrutamos mucho perdiéndonos en ellos. Nos dejamos llevar hasta el río donde un jóven nos incitó a que le siguiéramos saltando de barca en barca mientras se comercializaba el pescado recién traído. Él se sentía feliz de poder guiarnos y nosotros otro tanto de poder estar en el medio de aquel "mogollón" de gritos que no entendíamos. Casi nadie se molestó por nuestra presencia, todo el mundo estaba inmerso en su tarea de vender el pescado; haciendo equilibrio nos dedicamos a hacer buenas fotos. Algunas barcas llegaban impulsadas por remos cruzados que siempre manejan mujeres descalzas, con sus sombreros cónicos y algún pitillo en la boca. Las cestas llenas de pescado fresco.

Hay una variedad interesante de restaurantes y se pueden probar las especialidades locales. Por la noche todo está iluminado con farolillos que ponen su punto de color mágico junto al río.

Probé el cao lau, un plato famoso de aquí, son fideos finos elaborados con harina de arroz, brotes de soja y tostones de pan con cortezas de cerdo en una sopa ligera condimentada con menta y anís, coronado con finas lonchas de cerdo y servido con galletas saladas de harina de arroz a la parrilla.-

Una noche cenamos en un local muy pequeño, que tenía un par de mesas sobre la calle y estaba regentado por un joven matrimonio que nos atendió de maravilla. Cenamos allí un pescado del que no quedó más que sus espinas, la cerveza venía de barril ( a menos de 1/4 de dólar el vaso). Los vietnamitas son muy atentos y curiosos, generalmente éramos observados en todo lo que hacíamos.

Indudablemente que Hoi An es un lugar especial para hacer compras, las artesanías en tallas de madera, la fabricación de faroles y sobre todo nos llamó la atención los talleres de pintura, vimos cosas muy originales y de buen gusto.-

My Son
Lo ideal, para recorrer la ciudad es la bicicleta, también se puede uno desplazar por los alrededores como visitar la blanca extensión de la playa Cua Dai, que no visitamos porque preferimos dedicar un día completo a My Son, donde se encuentran restos de la antigua cultura champa. ( a unos 40 kms. al norte de Hoi An). Para ello alquilamos una motocicleta, a una vietnamita que en plena calle nos la ofreció, no nos pidió ningún tipo de documentos, ni nombres, sólo saber en qué hotel nos alojábamos y fijó el día y la hora de ser entregada. Pagamos por adelantado y nos marchamos. Así son los negocios en Vietnam.

El camino a My Son, como siempre, lleno de sorpresas, pero bastante bien señalizado, sólo preguntamos un par de veces por algún cambio de dirección.

En realidad, nosotros no sabíamos nada a cerca de los cham hasta que comenzamos a leer algunas cosas durante el viaje. Nos habíamos provisto de buenas guías y recortes de artículos que trataran de todos los aspectos de los lugares que visitaríamos.
Una vez que llegamos a My Son aparcamos la moto y nos dirigimos a la taquilla para adquirir las entradas

Había un mini-bus que traslada a los visitantes los dos kilómetros que faltan para comenzar a ver las ruinas. Estas están esparcidas en grupos señalizados por letras con senderos que las comunican; en una hora se pueden visitar. En todo éste espacio solo existe la naturaleza y los restos arqueológicos, algún "chiringuito" que vende bebidas y refrescos y que servirá para resguardarse del sol.

Podemos hacer ésta excursión deteniéndonos en los mínimos detalles entrando en la historia de ésta cultura, pero no era nuestro caso, nuestro interés era de observar lo que había quedado, una contemplación.

La primera mención escrita sobre la cultura cham ó champa ocurre por el año 192. Según las leyendas, un viejo brahmán Kaundinya lanzó una flecha a los cielos, para determinar dónde debía edificar su capital. Después, se casó con una princesa, hija del rey de los nagas, las míticas serpientes habitantes de las aguas, y de éste matrimonio desendieron todos los cham.

La historia cuenta que los pobladores de la zona central de Vietnam -los cau, procedentes de las zonas montañosas del norte, y los dua, de las regiones costeras - se agruparon para formar un único pueblo, se sublevaron contra los chinos y fundaron un nuevo estado.
Muy influenciados por la cultura India, los cham adoptaron el sánscrito como lengua escrita. Su historia está plagada de luchas contra los poderosos vecinos chinos y contra los javeneses, con los que, paradójicamente, mantenían importantes relaciones comerciales. Más tarde, también se enfrentaron con los viet e incluso con los jemeres camboyanos.

Ya en el siglo XV, los cham fueron asimilados definitivamente por los vietnamitas.
Actualmente, son una de las más de cincuenta minorías culturales del país. Conservan su lengua, su escritura y viven sobre todo de la agricultura y la artesanía. Sobre su capacidad agrícola, da prueba la gran cantidad de canales y sistemas de riego que construyeron en la zona central de la península de indochina. Eran también hábiles marineros, y llegaron a controlar el comercio marítimo de la seda entre los mercados de China y Occidente, siendo entre los siglos VIII y X cuando su imperio alcanzó el esplendor más grande.

El arte es la muestra más importante de la cultura cham. Paseando por los innumerables restos de My Son, se comprueba que el ladrillo, no la piedra, fue el elemento principal de su arquitectura.

Los templos son sencillos, armónicos y se reducen a una torre-santuario llamada kalam.
Como muestra de la influencia India, un pequeño lígam o falo, que representa al dios Shiva, ocupa el centro de todos los tejados de los templos. Estos se consagraron a los dioses hindúes, mientras que los edificios construidos a partir del siglo VII están dedicados a Buda, ya que en ese siglo los cham adoptaron el budismo como religión oficial

Los dioses tienen una gran importancia para la cultura cham. A cada punto cardinal le corresponde un dios protector:

Vayu, montado sobre un caballo, es el cuidador del norte.

Yama, el dios de la muerte, que se representa montado sobre un búfalo, le corresponde el sur.

Agni, con su rinoceronte, le corresponde el este
Indra, con su elefante, protege el oeste.-

Como ocurre con muchas culturas clásicas, la cham también plantea numerosos enigmas e interrogantes. El que más me llamó la atención es su sistema de construcción. Se cree que cocían los ladrillos a fuego lento, para darles una resistencia mayor, y más tarde los ensamblaban usando una especie de resina, de la que aún no se han identificados todos sus componentes. Una vez levantado el edificio, se encendían hogueras a su alrededor durante varios días. El propósito era que la resina, al calentarse, se introdujera por los resquicios hasta convertir la construcción en un bloque sólido, compacto. Finalmente, se embellecía y decoraba.

Si bien Hoi An (declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad) fue respetada durante los bombardeos de la guerra no lo fue así My Son, donde hemos podido observar cráteres dejados por las bombas e impactos de balas sobre las piedras. Se dice que la gente de ésta zona es muy patriótica y pese a su amabilidad y su bondad son muy nacionalistas. Lo demuestra el hecho histórico de un niño vietnamita que actuó contra los norteamericanos porque ellos mataron a sus padres. El niño se acercaba todos los días a la base americana para estar junto a los soldados y ganarse su confianza. Ellos lo aceptaron porque les caía simpático y no lo consideraban peligroso. Por ello le dejaban pasar libremente a la base. Un día el niño se empapó de gasolina todo el cuerpo, entró en la base militar, se prendió fuego y se tiró al tanque de combustible más grande que había y todo el campamento ardió. Por eso en ésta tierra le llaman Kampran.-

El ambiente en My Son era muy tranquilo, relajado, casi no había turistas y veíamos cómo unas nubes cargadas de tormenta comenzaban a decorar el cielo, ya sabíamos lo que vendría. En el momento en que terminábamos de caminar entre los restos del último grupo nos vimos apurando el paso a uno de los refugios donde vendían bebidas y objetos de recuerdos como reproducciones en terracota de estatuas.

Allí disfrutamos de la hermosa lluvia monzónica que se hizo presente con toda su fuerza. Aquel lugar se transformó en más mágico. Una pareja más de turistas y un par de jóvenes vietnamitas, que en varias oportunidades no habían ofrecido "hierbas para fumar", éramos los únicos allí presentes; no podían entender que con nuestro aspecto no las consumiéramos, e insistían cada tanto

El mini-bus vino a buscarnos para llevarnos a la salida, pese a la intensa lluvia. En el momento de iniciar el regreso, con la moto, la lluvia cesó, pero en el camino volvió a intensificarse, serían las 17 hs. sin haber comido nos refugiamos en un lugar donde pensamos que podríamos conseguir algo de comida. Pero no fue así, sólo podíamos tomar café(con sabor a chocolate). Toda la familia se reunió a nuestro alrededor, éramos el punto de atracción, estábamos rompiendo la rutina de un día en la vida de ésta gente. La conversación se reducía a las cuatro palabras que ellos podían pronunciar en inglés, el resto cada cual en su idioma, el tema era hablar y reir. El abuelo tendría unos 84 años, toda una figura. Del lunar que tenía en su mentón, colgaban tres o cuatro pelos largos, que según la tradición china no se han de cortar.

Cuando la lluvia no fue tan fuerte, nos montamos otra vez en la moto para continuar el regreso a Hoi An.

Para quienes hemos visitado Ankor, en Camboya, My Son no nos llega a impactar, pienso que no hay nada que pueda superar a las ruinas de Ankor. Para los insaciables que quieran profundizar más sobre la cultura cham, pueden visitar también otros de sus vestigios en Vietnam:

Thap Bac, 18 kilómetros al norte de Quy Nhon
Binh Lam, 25 km al noroeste de Quy Nhon
Nagar Nha Trang, a 2 km de Nha Trang.
El Museo Cham de Danang, contruído en 1915, muestra los mejores restos arqueológicos para conocer ésta cultura.

"Les ruinas cham. A la recherche d´une civilisation éteinte". Tran Ky Phuong. Editions en Langues Etrangéres. Hanoi, 1993; en francés.-

"Catálogo del Mueseo de Escultura Cham de Danang". Tran Ky Phuong. Danang Foreing
Languajes Publishing House. Hanoi. 1987; en inglés.

http://mcel.pacificcu.edu/as/students/cham/history.html

Etimológicamente, Hoi An significa "pueblo de fiesta tranquila" y Faifo, como se la llamaba antiguamente "pueblo a la orilla del mar". Personalmente es un lugar donde me quedaría a vivir si se me propone una elección.
Continuamos nuestro viaje, seguimos utilizando el "open bus ticket" hacia Hué.- En una agencia hemos comprado un vuelo Hué-Hanoi para el día 20 de agosto, coincidimos que continuar viajando por tierra hará que nos perdamos algunas cosas por visitar, hay que apurar caminos y el avión es la mejor solución. Consejo: dos semanas para Vietnam no son suficientes, dedicar al menos tres semanas.-

Día 18 de agosto 2003.- Viajamos durante el día, partiendo a temprana hora, el autobús nos pasa a recoger por el hotel. No va lleno, pero cuando nos ubicamos me doy cuenta que me falta el pasaporte, me pongo nervioso y lo busco enloquecidamente, le pido al conductor que no inicie la marcha y baje el volúmen de la música que la tenía a tope (una costumbre generalizada) Paco aún está en recepción, le dicen que el agua embotellada que hay en la nevera es de diferente marca que la original, por tanto le piden que pague la diferencia porque la que hemos dejado es más barata (si lo sabía le hubiera hecho un pis en ella). Bien, cosas de los hoteles.
Encuentro mi pasaporte, estaba donde debía estar, pero cuando uno se pone nervioso las cosas no se encuentran. Nunca he perdido la documentación en ninguno de mis viajes, creo que es lo más catastrófico que nos puede ocurrir. Consejos: llevar (pasaporte, cheques de viaje, tarjetas) en una cartera pegada al cuerpo (cintura, torso) mientras se esté viajando; cuando se está en un lugar no llevar nada de ésto consigo mismo, dejarlo en el hotel, llevar fotocopias de todo y guardarla en lugar diferente.
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Continua la aventura en Diario Vietnam III,.
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Ultimos comentarios:

jehane dijo:

También yo fuí a My Son en motocicleta y queda para el recuerdo como uno de los mejores momentos del viaje.Disfruté muchísimo con tu relato!

miércoles, 31 de octubre de 2007, a las 04.07

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