CAPANGOMBE: RUTA DE LA COLONIZACIÓN Y LA ESCLAVITUD ENTRE NAMIBE Y LUBANGO.
Mukanda de Capangombe Neste lugar d´ África instalei o meu altar: neste lugar ouço o silêncio de estar a sós com Deus.
De mim perdido, agora neste lugar me encontro.
(Zé Kahango).
La vida es un continuo viajar. Puede ser por la Geografía del mundo, o por las profundidades de la imaginación humana. Todos siempre estamos viajando, porque todos necesitamos encontrar algo, y para encontrar, primero hay que buscar. Puede que no necesitemos buscar algo, en ese caso, la necesidad de perder lo indeseable es igualmente un buen pretexto para viajar.
En estas estoy, filosofando, cuando me llega la invitación de parte del arquitecto Mitendo, angolano que hizo sus estudios en Cuba, compañero de recorridos anteriores y conocedor de mi espíritu de explorador: “prepárate que mañana, bien temprano, salimos para Capangombe”.
¿Capangombe? Me pregunto, y comienzo a buscar por mi cuenta las respuestas. Si se busca “Capangombe” (o “Kapangombe”) en la Enciclopedia Encarta instalada en mi ordenador es sólo un punto perdido en el mapa a la mayor escala posible y con la letra más pequeña, casi perdido. Buscando información, me llama la atención la Guía Turística de Angola y dentro de ésta, la parte correspondiente a la ciudad de Namibe: “Fortaleza de Capangombe- se encuentra en el municipio de Bibala, servía para la concentración de esclavos antes de ser embarcados para las Américas”. Bueno, ya esto promete algo. Ya estoy motivado, y mi curiosidad aumentando.
Y llega el viernes. La primera parte del recorrido ya me va resultando muy familiar: la conocida carretera que va de Namibe a Lubango, la mejor de toda Angola. Debemos avanzar por la misma hasta el kilómetro 110, y allí, entrar a la derecha unos 7 kilómetros más, allí está Capangombe (o Kapangombe, que esta grafía también es utilizada para designar al lugar).
Aprovecho los kilómetros a recorrer para ilustrar al lector en relación al medio y sus características. La provincia de Namibe, la más septentrional de las 17 que componen Angola, tiene 5 municipios: el principal (del mismo nombre de la provincia), Tombwa (segundo en importancia, al sur), Camucuio, Virei y Bibala, éste último con una extensión territorial de 7 612 kilómetros cuadrados y una población estimada en 45 mil habitantes, cuyo centro administrativo se encuentra a 160 kilómetros de la ciudad de Namibe alberga la comuna de Capangombe, dependiente administrativamente de otra comuna, Munhino, ubicadas ambas en el Valle de Bumbo, uno de los dos consejos que formaban el Distrito de Moçamedes en la época colonial. Geográficamente hablando, Capangombe se encuentra en los 130 08´ de longitud oeste y los 150 06´ de latitud sur, en la base de las próximas sierras de La Leba y de Chela, de donde descienden los numerosos riachuelos que irrigan la región, y que constituyeron el fundamento del desarrollo agrícola emprendido por los primeros pobladores de la zona, venidos desde la ciudad de Moçamedes, la actual Namibe, en el ya lejano año de 1850, encabezados por José Leite de Albuquerque.
La composición de los pobladores de la región tiene dos orígenes. Una parte, la primera en asentarse, proviene de las dos primeras colonias que se establecieron alrededor de la bahía, las cuales estaban compuestas por portugueses establecidos en Pernambuco (actual Recife), Brasil, y que debieron salir de Sudamérica en virtud de no querer aceptar la ciudadanía brasileña, y que terminaron por fundar el distrito de Moçamedes en la aceptada fecha del 4 de agosto de 1849.
De otra parte, llegaron cien portugueses desde Luanda, autorizados por el Gobernador General de Angola Calheiros e Meneses, llegados allí el 26 de mayo de 1861, año en que se funda la “Colonia de Capangombe”, no obstante encontrarse poblada la región desde aquel año de 1850, y tener desde el año de 1857 importantes producciones de maíz, fríjol, batatas, harina de mandioca, azúcar y aguardiente.
La región fue explorada por notables científicos y naturalistas. En 1866, por esta zona, el Padre de Espíritu Santo, Carlos Duparquet, sube a la Sierra de Chela y comienza la exploración de las tierras altas, en misión científica y evangelizadora. Por allí también pasó el notable naturalista José de Anchieta: en 1866 estuvo en Capangombe, donde recolectó valiosas especies de mamíferos, aves y reptiles. En agosto de 1880 la región fue igualmente explorada por Francisco Newton.
Una vez llegados al kilómetro 110, giramos a la derecha, y nos incorporamos a un camino de tierra que afortunadamente, por no ser época de lluvias, se encuentra perfectamente seco, serpenteante, angosto por momentos, surcado por causes secos más o menos profundos... hay que aminorar la velocidad de continuo, y no pocas veces, descender del vehículo, instante aprovechado para las imprescindibles fotos. A ambos lados, matorrales y arbustos desde donde alzan vuelo a nuestro paso numerosas aves.
A lo lejos se dibuja la imponente imagen de la Serra de Leba con sus bruscos cortes casi verticales, desprovistos de vegetación. Así avanzamos hasta que se interpone en nuestro camino un riachuelo que desciende desde las cercanas lomas. ¿Cuál será, entre todos esos que mencionan los documentos consultados durante nuestra investigación previa? Para escoger están los nombres de Bumbo, Tampa, Naconge, Gimba, Moholo, Molombe, Bruce… debe ser el primero de ellos, que le da nombre al valle que se extiende hacia el oeste. Nuestro vehículo puede superar sin dificultades el lecho poco profundo del riachuelo, mas para evitar alguna dificultad, descendemos todos excepto el conductor, por supuesto, y realizamos las primeras fotos del entorno, donde crecen árboles de buen tamaño, favorecidos por las aguas que corren desde las lomas. Saltando de piedra en piedra cruzamos el pequeño cauce del riachuelo, y ya estamos en la orilla más cercana a Capangombe, el camino se hace más ancho y al final nuestra vista es saludada por la fortaleza, Patrimonio Histórico Cultural de la provincia.
La fortaleza fue construida en 1862. Consiste en un cuadrado de 88 metros de lado y unos 10 metros de altura, con trincheras en todo el perímetro y puestos de observación en cada ángulo. Desafortunadamente, no es mucho lo que se conserva de la construcción original. Incluso, en el interior se realiza la construcción de una escuela para internos, a fin de que los hijos de los criadores de ganado, que se trasladan por toda la zona en busca de zonas de pasto para sus animales, puedan estudiar.
También será construida una escuela de artes y oficios con 10 salas y capacidad para más de cien alumnos. Para favorecer el paso de los camiones cargados con materiales de construcción, se ha abierto un enorme boquete en el lado este del muro periférico. Ciertamente, habrá que hacer un buen esfuerzo para localizar estructuras originales de la fortaleza.
No pierdo mi tiempo, me dedico a recorrer el interior de la fortaleza, las trincheras, las rampas de acceso a los puestos de observación… a pesar de lo poco conservado del lugar, hay lobreguez, misterio, hasta creo escuchar ruidos de cadenas y lamentos de moribundos, sobre todo, asomado al boquete del, así dicen, foso de castigo para los revoltosos. La advertencia, allí hay cobras.
Minutos después, corroboro la información: me muestran un ejemplar que habían recién matado. He sido advertido de que puedo recorrer todo el entorno de la comuna sin peligro alguno, mas recelo y no me alejo de los alrededores de la fortaleza, mientras no dejo de realizar fotos. En esas estoy, cuando se me acerca un nativo algo mayor, que luego supe que se trataba del administrador de la comuna, bien vestido con ropas occidentales, y de manera no muy cordial me pregunta quien soy y que hago allí. Como no se establece de primer momento la adecuada comunicación, respondo algo entre dientes, y mi interlocutor sigue insistiendo. Nuestro asistente, que ha visto el lance, se acerca y conversa con el hombre, yo no espero el resultado y regreso al interior de la fortaleza, con la intención de permanecer allí hasta el final de la visita. Sin embargo, ocurre la feliz coincidencia de que se produce una visita de las autoridades provinciales, llaman a mi amigo el arquitecto para que los acompañe en un recorrido por la comuna, y me incorporo a la comitiva.
Para mi sorpresa, se me acerca nuevamente el administrador, esta vez muy amistoso. En el ínterin se ha enterado que soy cubano, él mismo me comenta que estudió en Cuba la enseñanza media, y me dice que puedo andar libremente por toda la comuna, que él personalmente se ha encargado de garantizar que pueda hacerlo sin el menor riesgo. Esas garantías me permitirán hacer algunas fotos más del entorno y tener testimonio de las condiciones de vida de los nativos.
Me conmuevo, por ejemplo, al contemplar la escuela primaria, rústica y primitiva donde las haya. Me consuelo pensando que aun en esas condiciones, en medio de tanta pobreza, hay un maestro que enseña y unos niños que aprenden. Ya más confiado, me alejo del centro, y me dirijo a una zona donde se levantan numerosos hornos de carbón, construidos al estilo brasileño.
Esa es una fuente importante de ingreso para numerosas familias las cuales en parte por su limitada instrucción y en parte por la necesidad de sobrevivir, no pueden conocer que esa actividad está poniendo en peligro la flora de la región, el hábitat de numerosas especies y el ecosistema en general. Varios niños juegan entre los hornos de carbón, sonrientes y descalzos. Les hago fotos, y se divierten cuando les muestro las imágenes recién tomadas.
Me dirijo en otra dirección, y veo las relativamente confortables viviendas de los colonialistas de antaño, no muchas realmente. Una de ellas es el puesto médico de la comuna, bien pintado, limpio, y con un enfermero permanentemente. Recorro la vía principal de la comuna en sentido contrario a la salida rumbo a Namibe. A mi izquierda, una tienda. ¿Qué venderán allí? ¿Frutas exóticas? Me acerco, y espero encontrarme productos naturales, vegetales frescos… no, nada de eso, allí pueden comprarse alimentos enlatados y empacados vistosamente, los mismos que pudieran comprarse en Barcelona, en Madrid, incluso de las mismas marcas, lo que aquí unas tres o cuatro veces más caros. Ah, veo huevos, huevos frescos… importados desde África del Sur, cerca de dos euros la media docena. Las personas con que me cruzo, con excepción de algunos mucubales que exhiben sus típicas ropas de colores, visten camisetas occidentales, que anuncian eventos, establecimientos, equipos deportivos… hasta aquí ha llegado, cómo no, el comercio de ropa reciclada, extendido por toda África y que en varios países ha puesto en peligro algunas industrias locales.
Un poco más adelante, también a la izquierda… el cementerio. Entramos. Observo añosas tumbas, cubiertas por la pátina del tiempo. No me resulta difícil imaginar que allí descansen algunos de aquellos osados colonos, algunos de los cuales no escaparían de las condiciones propias del insalubre clima de la región, consecuencia de los numerosos pantanos que se formaban en la época de las lluvias y que hacían proliferar el paludismo en todas sus formas. No obstante, ellos lograron que la región alcanzara su máximo esplendor alrededor de 1874, por la exportación de algodón, favorecida por la crisis de los algodoneros de los Estados Unidos, afectados por la Guerra de Secesión.
Hoy de allí no sale un grano de café, ni una mota de algodón, ni un litro de aguardiente. Sí se ven muchos cultivos de mandioca, que aquí es de agradable sabor y de fácil cocción. Continuamos, encontramos otra tienda, de iguales características que la anterior. Ya debemos regresar al Fuerte. Anochece. De continuar por el camino, unos 8 kilómetros más, llegaríamos a Bruco, el punto por donde pasaba la primera vía que enlazaba a las antiguas Moçamedes y Sá da Bandeira, otro remoto punto de la geografía angoleña. ¿Llegaremos allí en la siguiente oportunidad? Quién sabe…
Esplanada da Chela
Frondosa seria a murilahonde
onde a sombra nos deleitaria
a fresca tarde em Kapangombe,
ouvindo as cascatas da serrania...
(Zé Kahango). Ao Maneco de Capangombe
De Capangombe os bardos trouxeram
Sonoro e angolano, nome tão badalado;
Com grande descaro tão seu o erigiram
Que logo o Maneco rugiu, afrontado.
Fosse tal ousadia malvada afronta,
De lesa-magestade safado crime,
Vassalagem dos bardos seria pronta
Como pronto será o que se estime.
Pedecabra lesto veio lançar repto
A este nóvel dueto, nada inepto:
"Vejam como descalçam a bota!
"Nós que não gostamos de batota,
Ao melindrado a bola devolvemos
"Capangombeiros? Quais, veremos!" |
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