- ¡Tuxtla Gutiérrez!
El desproporcionado alarido con el que se nos informó que algunos ya habíamos llegado a nuestro destino, me despertó sin apenas haber dormido una calurosa mañana de mediados de septiembre.
Tuxtla Gutiérrez se presenta como una ciudad moderna donde se combinan las leyendas, dialectos y tradiciones de los diferentes pueblos mexicanos con la riqueza del legado prehispánico y colonial. A pesar de ser Tuxtla una de las ciudades más grandes que visité, se sabía poseedora del encanto de los pueblos y del aroma zapatista que desde la Lacandona contagian aquellos que anteponen la dignidad de su espíritu a una vida de humillaciones.
Esta vez fue el hotel quien que me encontró a mí, casi dos metros de indiscreción homosexual se aproximaron para proponerme pernoctar en su negocio, necesité unos segundos para aclarar que la oferta no lo incluía a él, por lo que tras eliminar tan magna intimidación acepté que concluyese con su oferta. Resultó ser tan grande como malo en los negocios, por lo que le perdí el respeto al momento y fue al ver la habitación cuando lo deleité con mi sensual regateo.
Lo cierto es que a pesar de lo emocionante de este viaje, estaba resultando del todo agotador, pero no quise dejar de saborear ni un solo segundo ese momento tan dulce que estaba viviendo, por lo que con más ilusión que fuerzas me aventuré a la calle a seguir dando forma a mis recuerdos.
A pocas cuadras del hotel se levantaba la elegante Biblioteca Nacional de Tuxtla, una ostentosa construcción colonialista que supo seducir mis inquietudes culturales. Ante mi se presentaba abierto en una elegante encuadernación de piel, una reproducción del emotivo texto en el que los indios de la selva de Lacandona se rebelaron contra el poder dictatorial de este país. Quiero citar algunos extractos que he resumido de tan emocionante declaración.
“HOY DECIMOS
¡BASTA!
Al pueblo de México :
Hermanos mexicanos, somos producto de 500 años de luchas, primero contra la esclavitud, en la guerra de Independencia contra España encabezada por los insurgentes, después por evitar ser absorbidos por el expansionismo norteamericano, luego por promulgar nuestra Constitución y expulsar al Imperio Francés de nuestro suelo, después la dictadura de Porfidio nos negó la aplicación justa de leyes de Reforma y el pueblo se rebeló formando sus propios líderes, surgieron Villa y Zapata, hombres pobres como nosotros a los que nos han negado la preparación más elemental para así poder utilizarnos como carne de cañón y saquear las riquezas de nuestra patria sin importarles que estemos muriendo de hambre y enfermedades curables, sin importarles que no tengamos nada, absolutamente nada, ni un techo digno, ni tierra, ni trabajo, ni salud, ni alimentación, ni educación, sin tener derecho a elegir libre y democráticamente a nuestras autoridades, sin independencia de los extranjeros, sin paz ni justicia para nosotros y nuestros hijos.
Pero nosotros HOY DECIMOS ¡BASTA!, somos los herederos de los verdaderos forjadores de nuestra nacionalidad, los desposeídos somos millones y llamamos a todos nuestros hermanos a que se sumen a este llamado como el único camino para no morir de hambre ante la ambición insaciable de una dictadura de más de setenta años, encabezada por una camarilla de traidores que representan a los grupos más conservadores y vende patrias.
Son los mismos que se opusieron a Hidalgo y a Morelos, los que traicionaron a Vicente Guerrero, son los mismos que vendieron más de la mitad de nuestro suelo al extranjero invasor, son los mismos que trajeron un príncipe europeo a gobernarnos, son los mismos que formaron la dictadura de los científicos porfiristas, son los mismos que se opusieron a la Expropiación Petrolera, son los mismos que masacraron a los trabajadores ferrocarrileros en 1958 y a los estudiantes en 1968, son los mismos que hoy nos quitan todo, absolutamente todo.
PUEBLO DE MÉXICO, nosotros hombres y mujeres íntegros y libres, estamos conscientes de que la guerra que declaramos es una medida última pero justa. Los dictadores están aplicando una guerra genocida no declarada contra nuestros pueblos desde hace muchos años, por lo que pedimos tu participación decidida apoyando este plan del pueblo mexicano que lucha por trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz. Declaramos que no dejaremos de pelear hasta lograr el cumplimiento de estas demandas básicas de nuestro pueblo formando un gobierno de nuestro país libre y democrático.
INTÉGRATE A LAS FUERZAS INSURGENTES DEL EJERCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL”.
La anciana responsable del legado cultural en este estado me recordó sutilmente que a pesar de su avanzada edad, aún existían cosas que le motivaban más que pernoctar en esa antigua biblioteca, me dedicó una dulce sonrisa y me invitó a marchar.
Entre Zapata, Villa, Marcos y algún que otro ilustre mexicano, pasó la tarde sin avisarme de que el día ya se había muerto, me di por cenado en una pequeña taquería que se cruzó en mi camino y con la interesante cópula de dos coleópteros que protagonizaban la emisión de Discovery me uní a Morfeo en su batalla contra el estrés.
La mañana siguiente fue hipotecada en su totalidad a la visita de esta preciosa capital. En sus calles se dan cita el pasado y el presente para presenciar el deambular de turistas y nativos vestidos de bordados y alegres coloridos. Las mujeres “mames” lucían sus típicas faldas azules y sus blusas de seda entre las elegantes túnicas largas y anchas de las lacandonas, las calles de Tuxtla son un hervidero de gentes que se unen y se separan formando una conmovedora coreografía que se mezcla con el sonido de las marimbas y el aroma de las flores que crecen por todos los rincones.
Llegó la noche sin pedir permiso, por lo que decidí no privarme del protocolo que ignoré el día anterior, otorgando a la cena, el tequila y el baile la prioridad que merecían. Las cuatro nubes que amenazaban no restaron prioridad a la visita que programé para esta mañana, más de 22.000 hectáreas de abruptas paredes marcaban el recorrido del majestuoso Cañón del Sumidero y su selvática vegetación, Chiapas de Corzo fue el destino del colectivo que me recogió en el hotel y el lugar de donde partiría la canoa que me transportaría entre japoneses y leyendas, por las kilométricas paredes que limitaban el territorio de las sucias y tranquilas aguas del río Grijalva.
Contemplaba el infinito sin mirar nada, cuando el agrio pesar de la razón me hizo descubrirme como una ridícula fracción de la infinita cadena sin sentido que nos lleva generación tras generación a pasear por un mundo que no entendemos. Pensaba en los millones de personas que durante siglos se habían sentido igual de intimidados que yo ante esta maravillosa exhibición de la naturaleza, encontré una estúpida pérdida de tiempo el buscar un sentido para todo en lugar de conformarnos con la vida tal y como se nos presenta cada día.
Navegué entre cocodrilos en un Grijalva lleno de mierda que me transportó a un mundo de reflexión del todo traumático, el trayecto duró muy poco a pesar de lo largo que fue y de nuevo me encontré compartiendo las inquietudes que no había censurado con mis grandes amigos de esta semana.
Fueron cinco días los que dediqué a esta preciosa capital, cinco días de emotivas vivencias y agotadores paseos, de bastante tequila y más conversación, cinco largos días que terminaron sobre un viejo colectivo que se ofreció para acompañarme a San Cristóbal de las Casas. La carrera contra reloj en que se convirtió el último tramo de este viaje me hizo pasar por este bonito pueblo colonialista sin poder disfrutar de la paz que presumen las gentes que lo habitan.
En una precipitada decisión opté por sacrificarlo en detenimiento de Palenque, por lo que sin deshacer las mochilas me cobijé de la fría noche en una económica pensión que ofrecía sus servicios a pocas cuadras de la estación.
Me instalé en Palenque a cuatro días de la fecha en que había reservado el billete que me tendría que llevar de San Luís Potosí a Puerto Vallarta, por lo que no quise demorar ni un solo segundo en conocer las tan idolatradas Cascadas de Agua Azul. Un complicado camino que se abría entre la imponente selva resultó ser la única opción de saborear ese conjunto de rápidos, caídas y remansos que se aparecían entre la más deslumbrante y rica vegetación. Poseído por el embrujo de esa tierra, me dejé acariciar por las gélidas cortinas de agua que se precipitaban bajo los calizos desniveles dorados, que transformaban el cristalino líquido en un grueso manto de espuma blanca.
Un lugar perfecto para jugar con los sueños y disfrutar de una paz sólo alterada por algún escandaloso guacamayo que me recordaba que no estaba en mi territorio. Hice de Palenque mi cuartel general, dedicando los últimos días de ese espectacular viaje que me llevó casi un mes y en el que recorrí lo más bello de la costa del Pacífico y las más impenetrables selvas del corazón de Chiapas.
Un error en la administración de mi “riqueza” me llevó a afrontar el viaje de vuelta con la más angustiosa incertidumbre, con el dinero exacto del boleto me vi forzado al ayuno, así como a descuidar la higiene y el descanso.
Me encontraba a 1500 kilómetros de mi destino, por lo que tras maltratar mis neuronas decidí comenzar mi particular éxodo en Tabasco, donde en un momento de lucidez deduje que la combinación de camiones sería la más sensata, la combinación existía pero el horario se hizo del todo insoportable. |
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