El 6 de enero de 1535, Ruy Díaz, Juan Tello de Guzmán y Alonso Martín de don Benito partían desde el santuario de Pachacamac, en el valle del río Lurín, comisionados por Francisco Pizarro, hacia el norte. El mandato era directo: encontrar un buen lugar donde fundar la capital del futuro virreinato del Perú. Así, llegaron hasta el valle del río Rimac ("el hablador") y encontraron el Valle de las Pirámides, el mayor de todos los conocidos en la costa. Escogieron ese lugar para fundar Lima, la futura gran capital del virreinato, por encontrarla llena de todas las bondades que se necesitaban: "buen viento, buena agua, buena hierba, buenos bosques".
El 30 de Septiembre del 2007 yo hacía el mismo recorrido pero a la inversa: desde el valle del Rímac hacia el valle de Lurín y no precisamente por querer buscar un lugar para fundar una ciudad sino más bien para huir de la que ya se había fundado y con la esperanza de encontrar precisamente lo que aquí ya casi no hay: "buen viento, buena agua, buena hierba, buenos bosques".
GRIS, EL CIELO DE TUS OJOS
Es invierno en Lima y estos meses son, para muchos, interminables (Julio – Noviembre, más o menos). La llovizna cae eterna, con sus gotitas que nunca llegan a ser lluvia, caen sobre tu cara incesantes, como miríadas de mosquitos, persistentes. Llena los huecos de las pistas: pequeños espejos reflejando el cielo sin cielo de Lima, inmenso en su tono grisáceo, sin una sola nube que altere esa plomiza homogeneidad. Techo infinito sobre el mundo, colores sucios, estéril de destellos. Luego, la neblina sube desde el mar, atraviesa los acantilados y como una serpiente transparente constriñe con su húmeda piel a la ciudad. Penachos blanquísimos sobre los más altos edificios y guirnaldas de melancolía colgadas en balcones de casas siempre vacías. La vida en apariencia pasa lenta y abúlica. Somos como fantasmas corriendo entre las calles viejas, apenas alumbrados por los farolitos del centro que traslucen su luz difusa entre la gasa de niebla. Respiramos humedad (a veces llega al 100 %) como anfibios que vamos por allí, perdidos en medio de nuestra pecera de locura.
Sin embargo, así como esta neblina hace posible que crezca esa melancolía tan típica en los corazones limeños permite, también, y desde hace muchos miles de años, el milagro del verdor en medio del color arena interminable de las costas peruanas, uno de los desiertos más áridos del planeta, dicho sea de paso. Estos espacios podrían ser consideradas como "islas" o como "oasis nacidos de las brumas": Las Lomas.
UN MILAGRO VERDE: LAS LOMAS
Pero… ¿qué son las Lomas?, ¿cómo es que nacen estos bolsones de verdor? Dejemos que la gran Barbara d´Achille lo diga: "Por efecto de la condensación de la neblina que viene del mar (esa que tanto le deprime a los limeños), la cual, llevada por los vientos alisios, asciende por las pendientes andinas. Al encontrase con las ráfagas que descienden de los altos picos, la capa de nubes descarga su humedad en el desierto" permitiendo de este modo que la vida sea posible en este lugar.
Esta vegetación es estacionaria, es decir sólo podrán ver su esplendor si van entre Agosto a finales de Octubre, justo los meses mas "grises" de la costa peruana. Si van en verano lo único que observarán es desierto, piedra y tierra. Al tapizarse de ese verde delicado, estos cerros empiezan a llamar la presencia de pumas, guanacos, venados, palomas, picaflores, perdices, cardenales o turtupilínes y el pajarillo de pecho rojo y cresta negra, los cuales llegan hasta aquí atraídos por esa riqueza, si bien, efímera, no por ella menos ubérrima. Así, la vida llama a la vida.
Hubo un tiempo en que casi toda la costa peruana tenía abundancia de estos espacios manejados racionalmente por los antiguos habitantes. Se sabe que en estos lugares podían obtener yucas, achira, camotes y hasta una especie de papa y caracoles. Se beneficiaban de los recursos de Lomas cuidando de no exterminar las especies, por eso es que duraron tanto pues se sabe que su ocupación vendría desde los 5 a 4 mil antes de Cristo.
Es posible que los señores yungas (los de la costa), al igual que los serranos, organizaran en las lomas los famosos chacos, es decir, cercaban una zona e iban gritando y avanzando de a pocos para reducir el espacio hasta que podían coger los animales de manera muy fácil. Mataban a los machos, soltaban a las hembras y si eran vicuñas pues las esquiaban y las dejaban en libertad.
Pero lamentablemente las lomas sintieron el impacto en sus frágiles sistemas con la llegada de bestias de carga pesada y ganado caprino traídos por los conquistadores que sobrecargaron las posibilidades de pastoreo y por el uso frecuente que se hizo de estos espacios para adquirir leña y forraje (aún hasta hoy) lo cual casi los condena a la total extinción. Sin embargo esta depredación no se ha detenido, al contrario, se acrecentó y se acrecienta cada día más.
EL VALLE DE LURIN: EL ULTIMO PULMON DE LIMA
Lima es voraz. Siempre he pensado que es una ciudad "vegetariana": verdor que ve se la traga. Muy a tono con esa tendencia moderna a destruir lo que de naturaleza nos queda y convertir todo en un gran espejo de cemento: reflejando lo peor de nosotros mismos.
Los tres valles que cruzan Lima metropolitana son: el del Rimac, el Chillón y el Lurín. Los dos primeros están casi pérdidas por la contaminación de sus aguas y la desaparición de cientos de sus hectáreas en los últimos años. El valle del Rímac está urbanizado en un 98 % y la del Chillón en un 68% aproximadamente. Modernidad que le llaman.
El valle de Lurín ha sufrido los embates del "desarrollo" en un 16% y además de ellos tiene alrededor de 15 establecimientos industriales en sus terrenos. ¡Cuidado!, Lima busca nuevos espacios donde satisfacer esos ímpetus voraces que les contaba.
Pese a eso dicen que este valle es el último pulmón que le queda a Lima y yo decidí cerciorarme y conocerlo. Si bien el valle es extenso y sólo su parte baja y media cuenta con caminos incas y casi 300 restos arqueológicos, grandes espacios para la práctica de la bicicleta de montaña, el parapente y el rapel, voy a concentrarme, sobre todo, en uno de sus mayores atractivos: Las lomas de Lúcumo.
Para llegar a este valle y apreciar todos sus encantos y misterios sólo es necesario un viaje de 45 minutos que nos permitirá apreciar cómo es que todo cambiará radicalmente, como sí uno se hubiera ido a otro espacio, a uno imposible de concebir en medio del desierto.
Para ello es necesario tomar en la carretera Panamericana Sur uno de los buses de la ruta SM – 18 que van a San Bartolo, (3 soles) y que en 40 minutos, y luego de haber pasado cerca al famoso Santuario de Pachacamac y las no menos famosas y contundentes chicharronerías de Lurín, te dejan en el cruce de la antigua Panamericana Sur con la avenida Paul Poblet (Paradero "Cruce"). Allí mismo salen las combis que por 0.50 céntimos te llevan en 10 minutos al bonito y tranquilo pueblo de Pachacamac. Te dejan en la misma plaza por lo que es una buena manera de empezar a conocer sus encantos.
PACHACAMAC PUEBLO
Ya desde la época colonial este pueblo era muy reconocido, el veedor Miguel de Estete dijo que "este pueblo de Pachacamac es gran cosa", refiriéndose a las grandes construcciones que en aquella época había. Hay que pasear por sus callecitas, sentir la comodidad de tanta paz y silencio y olvidarse de que se está a menos de una hora de la gran ciudad. Me senté a hacer unas de las cosas que más me gusta en estos pueblos: disfrutar el silencio de la plaza, a mirar la bonita pérgola de madera que la adorna. El eco del llanto de algún bebé a lo lejos, las sonrisas de unos niños juguetones más cerca, las risotadas de los viejos que van hacia la misa, el gorgojear de los pájaros acurrucados entre las ramas, todo lo hacía perfecto. Al frente está la iglesia de San Salvador que data del siglo XVIII, hecha en adobe, con bóveda de cañón corrido, de una sola nave y dos torres, encantadora: marco perfecto para tan sosegado cuadro. Muy cerca está el santuario de Pachacamac, el más importante de toda la costa peruana, adorada incluso por los mismos señores incas. La gastronomía en este pueblo es variada y deliciosa: pachamancas, pollo, conejo, cuy, todo bien acompañado de unos buenos vinos y piscos que producen, entre las marcas de las que he oído hablar más están el SANTA ELENA y el CAVAS DE PACHACAMAC, cuyas bodegas se encuentran en las afueras del pueblo, incluso la municipalidad ha abierto el "Museo del Pisco", que no pude visitar pues a esas horas estaba cerrada.
Luego de este pequeño recorrido, bajé por la calle de Lima (a espaldas de la plaza) para dirigirme a una placita más pequeña desde donde salen unos mototaxis que por 2 soles y en 7 minutos te llevan hasta el poblado de donde empieza todo el circuito de las lomas: Quebrada Verde.
QUEBRADA VERDE
Pueblo pequeño y de casas sencillas. De entrada me recibió un olor a leña que agradecí, el mugir de algunos animales a lo lejos y el cantar del algún gallito trasnochado. El pueblo se dedica a la agricultura y ganadería, pero también han empezado a producir quesos y yogurt.
Llegué hasta "la tranquera" y pagué los 3.50 soles (5 soles si deseas acampar) de la entrada. Lo primero que te encuentras es la pequeña plazoleta (en forma de laberinto) que el pueblo ha construido y que irán adornando con mosaicos representando la leyenda de CAVIYACA y CUNIRAYA HUIRACOCHA. Por ahora, sólo se puede ver una pared representando el inicio de la historia: la doncella CAVIYACA, bajo la sombra de un lúcumo, come sin querer una fruta que ha sido fertilizada por CUNIRAYA, quien se había convertido en pájaro para lograr su cometido, y la tragedia empieza…
Un grupo de amigos que aún estudian en el instituto donde me gradué estaban con su profesor así que me ahorré el guía, que lo pueden contratar por 25 soles. Así empezamos por el camino de 6 kilómetros, que entre subidas y bajadas te permite tener unas vistas espectaculares del valle. La primera parada se hace en una especie de "Monumento al caracol", cosa importante puesto que se sabe que estos animales abundaban en las lomas y eran muy requeridos en la dieta diaria de los pobladores, lamentablemente este recurso ha sido sobre explotado y ahora el pueblo tiene sus propios criaderos en las cuales se puede comprarlos. Los peruanos no estamos muy acostumbrados a comerlos pero cuando pregunté me dijeron que sobre todo lo comen los extranjeros. Cosa extraña, en qué momento habremos perdido la costumbre de comerlos me pregunto. Se sabe que hay ceramios mochicas representando a personas recogiendo estos moluscos, indicio suficiente para saber que ya desde hace mucho las consumíamos.
Seguimos y llegamos a un "abrigo rocoso" en cuyo interior, no muy espacioso, se podían ver, como si estuvieran tallados por una mano diestra, figuras de animales, el más claro y evidente era la silueta de un toro, sorprendente. Luego avanzamos hasta el "Refugio de pastores", un recinto de piedra, abandonado, que supuestamente era usado por los pastores desde tiempos remotos para protegerse del frío.
Hay una bifurcación, el camino de la izquierda permite un rápido paseo, si eres de los que le encanta caminar mucho en medio de la naturaleza pues toma la derecha y adéntrate en este mundo de neblina.
Empieza la subida, los resbalones por el fango acumulado en los senderos, las risotadas por caminar a lo Michael Jackson, siempre para atrás. Hasta que llegamos a " La Cruz" una gran piedra en la que se ve una cruz que se cree era una señal pintada por los negros esclavos que al huir de sus amos tenían a ese dibujo como una referencia de que iban por un buen camino: hacia la libertad.
El camino sigue en ascenso y empiezan aparecer rocas de formas caprichosas, nos avisan que estábamos frente a la "Cara del Inca" pero no lo pudimos ver porque la neblina estaba tan cerrada que sólo era posible ver a pocos metros. Y dicen que hasta se puede ver "La cara del español", mira tú, la historia los separa, la naturaleza los junta. Avanzamos hasta que llegamos a "La mina", y para verlo es necesario entrar en una especie de desfiladero muy estrecho que se me antojaba una especie de puerta hacia una dimensión desconocida, es que lo que se veía salir de allí eran sólo vaharadas misteriosas. Decidimos entrar y nos topamos con tres socavones. Los que tenían linterna entraron al más hondo, yo entré a uno más pequeño, donde empecé parado y terminé arrastrándome porque se va achicando conforme se avanza a la salida.
Continuamos con la subida y llegamos al punto más alto de todo el recorrido: 420 metros sobre el nivel del mar. La humedad casi se te mete por los poros, de pronto paredes de niebla cierran el camino y el paisaje es de un surrealismo fascinante. Árboles de ramas retorcidas, caminos que se abren hacia un más allá sin fin conocido, sólo falta que aparezca por aquí un enano o por allá una hada y la cosa sería perfecta. El vaho de misterio que nos envuelve se disipa y después de una corta espera seguimos camino. La sensación de humedad es patente cuando en tu rostro sientes gotitas de agua. Desde este punto ya es imposible ver abajo el pueblo, la árida costa, el desierto que se ha tragado casi todo.
Lamentablemente no pudimos ver el lúcumo, fruto que le da el nombre a las lomas, porque ya está casi desaparecido pero al menos vimos grandes pastizales, musgo, algunos líquenes y mucho tabaco silvestre y abundantes flores amarillas conocidas como "amancaes".
Llegamos a otro "abrigo rocoso" y encontramos algunas pequeñas pinturas rupestres pero sobre todo el espacio en la que estaban porque era notoria la destrucción y atentados que han sufrido: han ido con combas y cinceles a sacarlas para venderlas. Con mil maldiciones en la boca salimos de las cuevas a empezar el descenso. Hasta que llegamos al lugar que a mi parecer es el más impresionante del circuito: "El Farallón", al que se accede luego de una hora y media de camino. Verdadera mole rocosa al borde de un gran precipicio y que es, para los amantes del rapel, una verdadera delicia. En uno de sus perfiles Alejandra observó la silueta de una "comepiedra" o "tragapiedra" (¿cómo le dijiste?) personaje de la "Historia sin fin", nunca vi la película, pero si lo dice ella, que tiene una imaginación desbordante, yo le creo. Las fotos de rigor y empezamos el descenso observando el brusco cambio que esta naturaleza puede dar, de la vegetación más profusa hacia unos pastos pequeños hasta llegar al pueblo, un poco más seco.
Llegamos, como salidos de un sueño o de un lugar de fantasmagorías, a Quebrada Verde, nos fuimos a la "Casa de guías" donde encontramos a Eric Tribut, gerente de Desarrollo Económico y Comunidades del Programa Valle Verde, que lleva adelante un buen programa para conservar y explotar los recursos turísticos de este lugar. Estaba hablando con unos extranjeros y explicando, con su forma algo apasionada y lúdica, sobre este lugar al que le dedica mucho de su tiempo, estaba departiendo unos ricos platos hechos por María Guillén, lideresa del pueblo que atiende a los visitantes con una prestancia sin igual. Ella junto a los pobladores organizan la inauguración de la temporada de lomas el primer fin de semana de agosto y la cosa es bastante atractiva, con ferias gastronómicas, artesanales, música, danza y hasta una ceremonia mística nocturna. Si se animan a ir a este lugar pregunten por ambos y estoy seguro que les atenderán muy bien.
Eric nos "jaló" en su camioneta hasta el pueblo de Pachacamac en donde los domingos hay una feria gastronómica muy animada. Compramos picarones, vasitos de mazamorras y yo unos vinos ("pal camino") bastante agradables que pensaba traerme a Lima pero se acabaron el bus que regresábamos! Evaporación que le llaman.
Ya el cruce de la antigua Panamericana con la avenida Poblet decidimos ir con unos amigos a visitar al barrio de artesanos de Lurín. Tomamos uno de los buses que llevan hasta San Bartolo y por un sol nos dejaron en el paradero " La Cruz". Desde allí caminamos 8 cuadras por la calle Independencia hasta la Loza Deportiva Sector 1 donde se ubica la Asociación de Artesanos Ichimay – Wari. (éstos son nombres de dos culturas pre – incas que dominaron la zona y tuvieron mucho respeto por el oráculo de Pachacamac).
Esta asociación reúne a varios maestros artesanos de todo el Perú que vinieron a Lima buscando mejores oportunidades o huyendo del terrorismo. Aquí se puede visitar el Eco Museo donde se puede aprender y observar "in situ" cómo es que estos artistas elaboran estas piezas del arte popular tan bonitas y hechas con tan buen gusto. Hay varios especialistas en retablos, cerámicas, textiles, etc. Nos atendió don Alberto quien nos dijo que lamentablemente a esas horas (5 de la tarde) los artistas estaban haciendo arte pero con la pelota en la canchita del barrio y es que trabajan mucho toda la semana, merecido relax. Igual, no invitó a entrar a la tienda QORI MAKI (Mano de oro) para ver todas las piezas terminadas de los maestros: angelitos, retablos, iglesias, bolsas, bolsones, tapices y todo lo que una imaginación tan luminosa como la de estos artistas pueda crear. Sí eres un fanático(a) de las artesanías, y adoras poner en tus casa esos adornos y en tus delgadas muñecas todo tipo de pulseras y demás cosas, pues este sitio es para ti. Había una buena cantidad de turistas franceses que preguntaban y se fascinaban por todas las piezas que vieron en el lugar, así poco a poco este lugar se está haciendo un importante polo turístico.
Tengo una amiga de estudios que está capacitando a los muchachos del pueblo para que ellos mismos se encarguen de guiar y explicar a los visitantes sobre todo lo que allí se puede ver, se llama Mirna y el teléfono a donde pueden llamar para contactar es el 430 3674, www.ichimaywari.com y el correo es: ichimaywari@hotmail.com.
Prometimos regresar para conversar con los artistas cuando estén en sus talleres, por ahora, hay que dejarlos aprovechar su domingo. Regresamos a la antigua Panamericana Sur para tomar el bus de regreso a Lima. Nuestros ojos habían adquirido otro matiz, el verde de las lomas se nos había metido en el alma, los mil colores de los trabajos de los artesanos nos encendieron la llamarada de la alegría en medio de este invierno que mata, sí, pero que mata a quien se deja matar y no sale a buscar por un día esos colores, esa paz y alegría que en la ciudad se hace difícil hallar. Y sí, aquicito nomás.
Pablo (Wari) |
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