Regresábamos de una isla de la Comarca Kuna Yala (archipiélago San Blas), llamada Uztupu-Ogobscún, en Panamá. Arribamos temprano al Aeropuerto doméstico de Albrook y había que programar algo para esa jornada, ya que teníamos comprados de antemano los tickets de bus a Bocas de Toro. Decidimos pasar el día en una playa cercana a Panamá City llamada Veracruz y a la que se accede en bus de línea por Usd0.25 el boleto.
Dos recomendaciones para viajar en bus urbano en estos pagos:
1) tener cambio para pagar justo el boleto.
2) No ocupar lugares de más en el asiento del bus con tu mochila viajera, porque el chofer te querrá cobrar doble cuando desciendas del bus (¡!)–.
Después de pasar un lindo día de playa, partimos a Bocas a las 8pm, rumbo al norte de Panamá por tierra. El viaje es eterno pero el bus era bastante confortable e hizo varias paradas para estirar las piernas, cenar a mitad de camino y comprar algo fresco para beber.
Al cabo de 9 horas de viaje, arribamos a un lugar en el que se suponía debíamos descender. Era la nada misma, todo oscuro, calles de tierra húmeda y el vapor de una camioneta doble cabina que estaba en marcha, como esperando a alguien. Apenas llegamos allí, los pasajeros bajaron y desaparecieron en la oscuridad, otros se subieron a la pick up y partieron. Nos miramos con Jime y nos preguntamos ¿y ahora?...
Esa misma pregunta repetía en inglés un americano que venía viajando con nosotras en el bus, pero nadie quería responderle porque era muy maleducado y agresivo. Por suerte, ahí estaba Candy, una jovencita panameña muy simpática y amigable. Al ver nuestras caras, se acercó y nos dijo: “paciencia, ya regresa el taxi a buscarnos”.
Esa camioneta era un taxi comunitario y cuesta Usd0.50 per cápita. Sólo hay uno y realiza hasta tres viajes, desde esa esquina oscura hasta el puerto de lanchas. Es bueno llegar temprano ya que la frecuencia es una barca por hora.
Nadie te da indicaciones, salvo Candy: gracias!! Hay que anotarse en una planilla de pasajeros y pagar. Guardar como oro el comprobante, para evitar problemas y armarse de paciencia para esperar hora y media –mientras llovizna y se escucha el agua de mar pegando debajo del muelle, en el que nos sentaron a ver TV– hasta que zarpe la lancha que nos llevará derechito a la isla Colón, de Bocas de Toro.
Llegó el capitán con una tranquilidad incorruptible, quitó las lonas y nos hizo señas para embarcar. Allá fuimos. Un viaje hermoso en la serenidad de la madrugada, de 40 minutos hasta llegar al embarcadero de Bocas. Que emoción, finalmente paró el motor, mientras amanecía nublado. Nos despedimos de Candy en la plaza y salimos a buscar hospedaje. Teníamos la referencia de un Hostel que conocía Clarita, del año pasado: “Mondo Tai Tu”. Allá fuimos.
La isla es pequeña y es fácil moverse a pie para buscar hospedaje, conociendo toda la oferta disponible. Los precios varían tanto como la calidad de los lugares: desde Usd5 hasta Usd100 en una misma cuadra. Es un atractivo turístico especialmente diseñado para gente joven y si sos surfer el paraíso. Al llegar a Mondo Tai Tu, era todavía muy temprano y nos recibió un muchacho rezando con un libro en la mano, parado, mirando al este. Con un gesto nos hizo seña que no avanzáramos más y aguardemos sentadas mientras él terminaba de orar.
Luego de su ceremonia, el surfer se quitó el chalequito y sombrerito de tela y nos dio la bienvenida al hostel con una sonrisa y un inglés trabado. Todo el lugar decía “buena onda”, además era muy barato. Pero la mugre pudo más, todo estaba inmundo, pegoteado y usado sin lavar. No sonó tentador y el muchacho insistió tanto que tuvimos que mentir: “ya venimos!”.
La oferta hotelera en Bocas es amplia y para todos los gustos. Conviene ir, recorrer y elegir el lugar que mejor se adapte a lo se necesite. Así, decidimos pagar un poco más y hospedarnos en un bonito lugar, cómodo, bien ubicado, limpio y con agua caliente las 24 horas. Era todo lo deseado! Bocas es la ciudad principal, pero los mejores paseos de playa se logran rentando una lancha en el embarcadero, que por algunos dólares te trasladan a playas cercanas como “Zapatillas” o “Red Frog”. Los precios por los traslados disminuyen a medida que se termina el día. Varían desde los Usd20 por persona a Usd5. En este lugar, todos negocian los precios con los dueños de las barcas y es una costumbre aceptada.
Para ingresar a la isla donde está la maravillosa playa “Red Frog” hay que pagar un pequeño impuesto en monedas y luego caminar por la selva unos diez minutos, hasta llegar a la arena, el mar turquesa, las hamacas rústicas en los árboles y un barcito para tomar licuados ricos. Esta isla no tiene hospedajes. Se puede ir y volver en el día, pero el regreso es responsabilidad de visitante. Nosotras le pagamos al lanchero Usd7 cuando nos dejó en la isla y la otra mitad a la hora pactada para el regreso.
Bocas es un lugar hermoso y vale la pena visitarla! |
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