Era mi tercer dia en Cuzco, estaba contento con todo lo que conocía, sus calles con adoquines de piedras, iglesias coloniales construídas sobre bases Incas, pinturas con motivos religiosos, el púlpito tallado de San Blás hecho en 1680, la piedra de los doce ángulos, el templo de Koricancha...etc.
Pero lo acontecido hoy me ha dejado perplejo y meditabundo, comencé esta experiencia en la calle procuradores, esquina con la plaza de armas, me dirigia a las ruinas de QUENKO, primero pasé por las impresionantes murallas de una sola piedra, las ruinas de Sacsayhuamán, el azul del cielo contrastaba con el verdor de la explanada mientras pastaban algunas llamas y alpacas alrededor mio, tanto que las podia acariciar.
Seguí la ruta de la carretera a pié hasta llegar a las enigmáticas ruinas, había una tranquilidad absoluta y en el ambiente se percibía el olor de la tierra fértil y fragancia de flores que al solo hecho de rozarlas, emitían su embriagante aroma. Parecía un anfiteatro de piedra, con una enorme roca en el centro, a un lado estaba el ingreso a la misma montaña, poco a poco me introducía por cavernas algunas oscuras que no se podía ver más allá, cuando llegué metros abajo de la montaña pude observar una gran piedra en donde cuenta la historia que allí se realizaban sacrificios humanos, habían tallado en la misma roca figuras de serpientes, felinos y cóndores dando un sentido mitológico a este lugar.
No continué el camino pues no se veía nada, estaba sumamente oscuro, entonces resolví salir de la cueva.....luego de esta vivencia quedé meditabundo y con interrogantes buscando comprender el significado de lo conocido aquí en QUENKO.
Carlos Del Carpio Maticorena, Lima-Perú. |
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