Fué una experiencia inolvidable, de esas que se graban para siempre en nuestra mente y corazón. Era el año de 1995, en Lima hacia un frio terrible, quería buscar un poco de sol y decidí ir a unos 120 kilómetros de la ciudad, esto es a Canta, provincia andina que se encuentra a 2,980 msnm.
Aquí encontré por fin los rayos fulgorosos del astro rey, tambien mucha naturaleza, montañas y el río Chillón. Visité a doña Elena viuda de Camacho en su villa Nueva Aurora y me quedé hospedado allí para hacerle compañía, pues hacía un año había fallecido su esposo Don Filiberto Camacho (el poeta Labriego) y se encontraba muy sola y deprimida.
Me quedé una semana trabajando en su terreno, sembrando maíz, habas y rocotos, no dominaba mucho estas faenas agrícolas pero ponía de mi parte todo con tal que Doña Nena esté contenta. Ella me dirigía en el barbecho, en el aporque, en la cosecha y compartimos modestamente el alimento diario que Dios se ofrecía en brindarnos.
Un dia antes de mi retorno a Lima, estábamos con Doña Nena sentados en su balcón mirando el atardecer serrano, los colores atrás de las montañas se percibían espectaculares, poco a poco la oscuridad de la noche iba haciendose presente, serían casi las siete cuando de pronto vimos una luz suave saliendo en forma vertical detrás de la montaña, que está en el pueblo de Obrajillo, esa misteriosa luz se detuvo en el aire un instante e hizo un resplandor tan grande que ilumunó el valle y la quebrada y se apagó totalmente, súbitamente, como desapareciendo
¿A visto eso Don Carlos? me dijo doña Nena, por supuesto le contesté, ¿Que será? Voy a observar más cerca. Entonces me dirigí a campo abierto para ver exactamente lo que era, con paciencia y un tanto nervioso miré al cielo y ví una nave silenciosa que se movía lentamente, sin alas, de forma de puro que pasaba delante mio, que si no lo ubiese visto no lo hubiera creído.
Mi corazón palpitaba aceleradamente, había tenido por primera vez, un encuentro cercano con los extraterrestres, inmediatamente corrí para contarselo a Doña Nena y ella entre su sordera y su triste vida no comprendía nada, más yo si lo ví tan claro que no podré olvidarme nunca de este momento, ahora cuando miro y alzo los ojos al cielo, no solo miro, sinó observo cuidadosamente el espacio buscando la existencia real de los OVNIS.
Carlos Del Carpio Maticorena, Lima-Perú |
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