Después de nuestra visita a Antigua, la vieja capital de Guatemala, decidimos tomar rubmbo hacia la costa caribeña. Teníamos buenas referencias por parte de aquel amigo español que conocimos en la frontera de Panamá y Costa Rica.
Teníamos provisto visitar el parque de Tikal y decidimos primero viajar a la costa y luego desde allí tomar rumbo hacia el norte del país. Llegamos por tierra a Puerto Barrios y gracias a los consejos del chofer del bus, ahorramos algunas cuadras para caminar con nuestras mochilas. Llegamos minutos antes que se llenara la lancha que debíamos tomar para trasladarnos a Livingston, con plaza para 24 personas -muy apretadas-. No hay lugar para el equipaje, por lo que tuvimos que colocar el equipaje encima nuestro para ocupar sólo una plaza, de lo contrario, pueden cobrrte doble el precio del boleto.
Llegamos a Livingston, después de un viaje rápido y muy lindo recorriendo la costa de Guatemala por un mar cálido y azul. Realmente ansiábamos llegar a este municipio, nos habían comentado lo pintoresco que era y estábamos con muchas espectativas. Una vez que amarra la lancha en el puerto, es difícil evadir a quienes se acercan para vender servicios, alquilar vehículos, transportar tu equipaje, ubicarte en un hotel o conseguir tikets para otro viaje a cambio de dinero. Nada absolutamente nada de lo que te ofrezcan es gratis, ni una palabra, un consejo, la hora misma. Nadie, de todos ellos, tiene intenciones honestas. Es muy estresante lidiar con estas personas que constantemente quieren aprovecharse del turista. No aceptan un “no” como respuesta y es imposible confiar en cualquier dato o referencia que te proporcionen.
Lo mejor y más aconsejable en Guatemala son las oficinas de Atención al Turista, identificadas en la señaléctica, mapas y carteles con una letra “i”. Este servicio es impecable, confiable y sumamente útil. Ellos te asesoran sobre hoteles, tarifas, medios de traslado y movilidad, restaurantes. También nos han prestado el teléfono para realizar averiguaciones y reservas desde las mismas oficinas de turismo. Destacable su trabajo.
Finalmente, estábamos en Livingston, que tanta propaganda nos habían hecho... y honestamente no nos gustó tanto. Quizás se deba al cansancio de nuestro viaje o a la abrumadora jornada, pero esperábamos otra cosa. Nos habían dicho que era una de las ciudades más pintorescas de la cultura garífuna, con una identidad propia y muy bonita para pasear. Bien, no logramos conectar. Fue una odisea cambiar dólares en el único banco del lugar y no aceptan billetes de USD100. Sólo cambian montos menores a ése.
Estos factores, incrementaron nuestra frustración por lo que decidimos tomar un taxi desde allí mismo que nos traslade al hotel más lejano del lugar, sobre la playa. Queríamos descansar, escribir, tomar sol y bañarnos en el mar. Así fuimos a parar al “Hotel Ecológico Juan Salvador Gaviota”. Que de ecológico tenía poco... (la hora ecológica para tirar los fluidos contaminantes como jabón, detergentes y aceites era a las 5.00 am, media hora antes del amanecer, por un desagüe que daba derecho al mar, debajo del hermoso muelle de las fotos). El lugar hermoso y muy barato! Fueron algo así como 10 dólares por persona. La estructura del hotel era completamente de madera y estaba situado en un sitio alejado y muy exclusivo, a escasos 10 metros del mar. A la noche cenamos mirando las estrellas, con una fresquita brisa de mar que entraba por las ventanas del salón.
Todo fue tranquilo hasta que un grito mío logró poner nervioso a todo el mundo... un murciélago salió de la cocina y rozó mi cara en un vuelo rasante, para quedar dando vueltas en círculos hasta encontrar una salida. Casi me muero del susto, no le tengo miedo a los bichos... pero los murciélagos me quitan la respiración! que va a ser es la ecología. |
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