Mi viaje empezó poco después de volver de un interrail por europa central: Verona, Venezia, Ljubljana, Croacia de norte a sur, Sarajevo, Graz, Wien y Kraków. En los dos meses siguientes mi mente estuvo en todo momento en Suecia, muy al norte, dentro del círculo polar. Quería asistir al espectáculo natural de la Aurora Boreal, empaparme de cultura Sami y de naturaleza en estado puro. La bicicleta iba a ser mi única compañera de viaje.
El viaje quedó programado para la semana del 17 de Septiembre.
Día 1
Partí hacia Stockholm el día 19 por la mañana. En la maleta la bicicleta, las alforjas y toda la ropa técnica que había ido adquiriendo las semanas anteriores. Al llegar, lo que había sido una maleta de dimensiones inéditas se convirtió en un calvario. Recorrer los quinientos metros hasta el Lodge32, hostal donde pasaría la noche, fue un suplicio. Por la tarde salí a pasear por el centro de la ciudad. Realmente es una ciudad preciosa. (Nota para mi: Volver a Stockholm)
Día 2
Vuelo a Kiruna. En el aeropuerto, despliegue de piezas y herramientas. Hay que montar la bicicleta lo antes posible para llegar al centro de información turística antes de que cierren.. Ocho kilómetros hasta el centro. El centro de información ya está cerrado. Un hombre muy agradable me recomienda su camping para pasar la noche. Es una buena idea. Después de todo, no puedo partir hacia ninguna parte hasta visitar la oficina de turismo. Después de montar la tienda en el camping, salí a pasear por la ciudad. Una cena rápida y unas cervecitas en el sportsbar. Unas chicas me comentan que en el cielo se puede ver algo de aurora boreal.
Aun no habían acabado la frase y ya estaba de camino al camping. A toda prisa! Cuando estuve a salvo de la contaminación lumínica de Kiruna, miré al cielo. La Aurora era muy débil. Decidí tomar una cerveza más en el bar del camping, para hacer tiempo. Más tarde seguro que es más intensa, pensé. Desde luego, el espectáculo fue increíble. La alegría me desbordaba. Tenía ganas de reir y llorar. Quería mantener aquello que estaba viendo por siempre en mi recuerdo. Poco a poco la Aurora fue perdiendo intensidad de nuevo. De repente me di cuenta del frío que hacía. Ya en la tienda intento dormir.
Es bastante difícil. La tienda está helada, y el saco, y la ropa... Al fin consigo conciliar el sueño, pero no por mucho tiempo. A las doce me despierto con las cuencas de los ojos doloridas. El interior de la tienda tiene una fina capa de escarcha. ¿Qué hago aquí? La ansiedad se apodera de mi. El material del que disponía no era adecuado. Por suerte esquivé la novatada durmiendo en el interior de la casa de servicio, en el suelo de la cocina. A quien se le ocurre...
Día 3
El día se despierta gris. No se ve más allá de 2 metros. La niebla es espesísima. Busco un hostel para pasar la noche y a pesar del tiempo adverso, me preparo para una ruta a Jukkajarvi. Hotel de hielo, campamento Sami, iglesia. Precioso. El pueblo se encuentra a orillas del río Torneälven. Un lugar idílico. Da la sensación de haber viajado atrás en el tiempo. No muy atrás, pero quizás un siglo o dos. Vehículos antiguos, pozos de agua, niños jugando en la calle.
El sol se está poniendo y aun tengo que recorrer veinte kilómetros hasta Kiruna. Suerte que las puestas de sol por estas latitudes son prácticamente eternas aun en esta época del año. En el hostal conozco a un chico alemán. Simon. Él también planea subir más hacia el norte, hasta Abisko, pero viaja a pié. No en bicicleta. Hubiera sido un agradable compañero de viaje. Un saludo Simon!
Día 4
El autobús hacia Abisko no sale hasta las dos del mediodía. Breve ruta hacia el norte en busca de Mattarahkka, un museo de artesanía Sami, sin éxito. Las vistas a la mina de hierro son muy bonitas desde este punto. Los trenes no dejan de pasar arriba y abajo cargados de hierro en dirección a Narvik, Noruega. En su camino, van dejando un rastro de polvo negro. Aun tengo tiempo de visitar la iglesia de Kiruna, construida completamente de madera. Es simple pero rebosa belleza y en mi opinión resulta mucho más atractiva y acogedora que cualquier iglesia de cemento y piedra, cargada hasta los topes de columnas y esculturas.
Quizás fuera católico practicante si viviera en Kiruna! La gente en Kiruna y alrededores habla de una forma muy peculiar. Algunos no solo hablan mientras expiran, sino también cuando inspiran aire. Los sábados algunos de ellos juegan a baseball, y otros venden ropa, juguetes y diferentes objetos de segunda mano en el parking de la escuela. “ Los niños se hacen grandes y hay muchos juguetes que ya no utilizan, así que venimos aquí y los vendemos para que puedan jugar con ellos otros niños para los que estos sean más apropiados para su edad”. A las dos parte el bus hacia Abisko. Una carretera preciosa que recorre la orilla del Torneträsk, un impresionante lago de más de sesenta kilómetros de longitud. A los lados de la carretera, los pies de las montañas están en llamas.
En esta época del año las copas de los árboles estallan en centenares de tonos entre el magenta y el amarillo. Colores cálidos para un tiempo frío. Después de dejar mis cosas en la habitación del hostal, decido recorrer parte del Kungsleden (camino real), que recorre más de cuatrocientos kilómetros de norte a sur, hasta la aldea de Hemavan. Dieciséis kilómetros de camino, sin mucho desnivel, pero tremendamente técnicos. La tarde no dio para más.
La noche empezó a perseguirme, al ver que me entretenía tanto en admirar la belleza natural y en fotografiarla. Al llegar a la habitación conozco a Renee, una chica alemana, muy agradable y guapa también. Compartimos habitación, cena y lectura en los sofás al calor de la lumbre. A pesar de que había una fiesta en el bar, por el fin de temporada de verano, nos fuimos a dormir. Aquella noche no hubo Aurora, ni polvo de estrellas. Día 5 Por la mañana me despido de Renee. Ella sigue su camino hacia Finlandia. Yo me quedo un día más en un albergue en Abisko.
En realidad parece más una casa particular que un albergue. Los propietarios crían huskies. Hay fotos de perros y trineos pegadas por toda la cocina. Una vez listo inicio una ruta por el Rallarvägen, si cabe, más técnica que la del día anterior. No me cruzo con nadie en el camino. Ni a pié ni mucho menos en bicicleta. El rallarvägen fue, alrededor de 1900, el camino de suministro de material para la construcción de la vía que uniría Kiruna con Narvik. Y a mi me costaba recorrerlo únicamente con el peso de mi bicicleta!
El agua emanaba por todas partes, del suelo, de las paredes de roca, del cielo, de debajo de mis pies. Treinta kilómetros por el interior de aquellas llamas que había visto desde el autobús. Ya en el hostal, una ducha, recarga de hidratos de carbono y a dormir pronto, no sin antes preparar la alarma para despertarme un par de horas más tarde, para ver si la Aurora nos visitaba aquella noche. No hubo suerte.
Día 6
El autobús que me llevaría de vuelta a Kiruna estaba como un clavo a las seis y media en la gasolinera de Abisko. A medio camino un reno de color blanco vino a despedirse de mi, cosa que agradecí enormemente. Una vez en la estación de autobuses de Kiruna, ya solo me quedaban por recorrer los ocho kilómetros que separan el centro del aeropuerto. Tardé un par de horas en tenerlo todo listo.
La maleta ya estaba preparada. Después de facturar aun me quedaba una cosa por hacer. Probar la carne de reno! Altamente recomendable. La describiría como una carne tierna a medio camino entre el sabor suave de la carne de cría y el fuerte de la de caza. Una vez en Stockholm decidí coger el autobús hasta el aeropuerto de Skavsta y pasar allí la noche. Mi avión saldría a las siete de la mañana, y eso suponía despertarse a las cuatro, por lo que no merecía la pena dormir en un hostal.
Dormí todo el camino de vuelta, y por lo visto traje algo del frío del círculo polar en mi maleta. El día estaba gris y fresco a mi llegada. Muy diferente al tiempo que había dejado al irme. Este viaje ha sido un encuentro con la naturaleza en su estado más puro y un encuentro conmigo mismo.
Como se podía leer en aquella roca en el Kungsleden: “Den längsta resan är resan inåt”. “El camino más largo está en tu interior”, y yo durante esa semana recorrí algunos cientos de kilómetros más. |
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