Agosto 2007 El día de la caminata por la reserva de Wilco en Vilcabamba, vimos a un hombre super viejo en una calle, con unos diez gallos parqueados de un lado y otro de la calle, y con uno que le hacía pasar entre las piernas, como jugando. Nos acercamos y total, les estaba preparando para la pelea del sábado en un pueblo cerca de aquí: Malacatos. Vimos todo el proceso de preparación de los pobres gallos: les despluman las patas, les dan masaje, les limpian el esófago con unas plumas para sacarle la saliva que supuestamente le podría ahogar durante la pelea por lo espesa... después, le da de tomar unas gotas de limón puro "para cortar la saliva", y el pobre gallo se tuerce cuando le dan eso! Después le meten unas bolas de panela que se traga feliz, y que sirven para que el gallo no se maree durante la pelea, o algo así... También le sacuden como a bandera para que le entre más oxígeno, y esa especie de baile entre las piernas del señor es para que el gallo tenga más agilidad. Le dije que ni Rocky se entrenaba tanto y el señor se reía con ganas. Nos explicó que les ponen una como garra postiza hecha con carey o con huesos de pescado ( de un pez del oriente como el que me atacó cuando fui a San José, jajaja), en las patas y que con eso les saca la madre a los otros gallos. Parece que a veces, según las reglas de la pelea, les ponen también unas cuchillas. Todo ese proceso les hace a todos los pobres gallos cada ocho días, y este sábado hay una pelea grande, así que nos dijo que vayamos... a mí no me agrada la idea de ver a los animales masacrándose, pero vamos a ir más por verle al señor y a sus gallos. Ayer salimos temprano del Hotel, caminando por la carretera hacia el pueblo de Malacatos. Hubiera sido bueno caminar realmente todo el camino, pues el paisaje es lindo y además habíamos tomado un desayuno GIGANTESCO, con lo cual, un poco de ejercicio nos venía bien. Pero el calor era matador, así que caminamos quizás una hora (la mitad del camino, aprox.), en ese tiempo, mi lección diaria de alemán; esta vez, conjugar verbos regulares... ya no me sale tan mal. Y después de una hora, pasó por fin el bus, y llegamos a Malacatos, entre Loja y Vilcabamba.
Nunca había oído hablar de este pueblo; no tenía idea de que era tan grande y bonito. El parque central bien cuidado, las calles limpias, y que conserva todavía muchas casas tradicionales y en buen estado. Tiene un centro recreacional con canchas, juegos y piscina; un parque con árboles y el río al lado... un pueblo de lo más agradable.
Como llegamos temprano, nos dimos una vuelta, tomamos una cerveza, nos sentamos junto al río, vimos una parte de un partido de fútbol, en el que era chévere ver a los jugadores corriendo en una cancha de básket, con zapatos Venus de tela, sin ninguna protección... nada que ver con los jugadores de los "grandes equipos" que se mandan a hacer zapatos de piel de canguro nuevos para cada partido y se protegen hasta los dientes.
Por fin, llegó la hora de la pelea de gallos. Habíamos estado en la gallera más temprano, para averiguar la hora, y el dueño del sitio nos hizo pasar, nos explicó más o menos cómo funciona. En un costado, a la entrada, hay unos casilleros, unos con malla y otros con puertas de madera, en las que los competidores dejan sus gallos hasta la hora de pesarlos y prepararlos. Cuando fue la hora de la pelea, los hombres tomaban cerveza, y el dueño dellugar nos brindó "Guarapo con trago": es un trago de caña de azúcar, fuerte, con puntas, pero rico. Pesaron a los gallos, buscaron gallos del mismo peso... los dueños prepararon a las pobres aves: "Sólo peleamos con sintéticas!" Es decir, que los gallos no pueden entrar a la arena con espolones de carey o de hueso y peor con cuchillas, sino con unas de material sintético. Una vez se confirmó que el oponente tenía ese tipo de espolón, pasaron a ponerlas en las patas de los gallos. Se le envuelve las patas (por separado obviamente), con cinta adhesiva negra, se pone una como boquilla de metal en donde va a ir "el arma", luego le ponen algo como cera y se embona el espolón. Así, el gallo está listo para pelear. Durante la pelea, los expectadores ponen el alma. Le animan al gallo: "dale chico, dale carajo!", y comentan haciendo gala de sus conocimientos técnicos. Habíamos tres mujeres en el graderío de madera (las mujeres no pagan entrada, los hombres sí), una, era una mujer con su hijo que parecía no apreciar mucho lo que veía. La segunda era yo, observanod a los demás, y la tercera, una señora que sí sabía lo que hacía ahí, con sombrero de vaquero y expresión seria. A la segunda pelea, tuvimos suficiente (pues eso seguiría de largo hasta las 2 de la madrugada, entre guarapo y cervezas), y nos fuimos de regreso a Vilcabamba.
Aunque el espectáculo, evidentemente es cruel, es verdad que hay cosas mucho más crueles en el mundo relacionado con los animales: como la cacería indiscriminada de tiburones por las aletas, la de los rinocerontes por el cuerno, o como el tráfico de animales exóticos, la venta de tortugas de dos cabezas, las peleas de perros, o como las pobres gallinas ponedoras de grandes compañías, o los pobres cerdos que crecen en espacios súper limitados, para que la carne no se haga dura, o las peleas de perros, o el pobre mono encadenado en el parque de Malacatos... un pobre mono vestido con el uniforme del equipo de fútbol del lugar, con una cadena y arnés. Su dueño, un chico jóven, no paraba de molestarle tirando de la cadena y de la cola del pobre animal... |
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