27 de Agosto del 2007 Salimos hacia las 9 y media de la mañana del hotel, caminamos hasta el pueblo, y de ahí cogimos un taxi que nos llevó hasta "las cabañas Yambala", un pequeño hostal en medio de la montaña. Desde ahí, el plan era seguir un mapa que nos habían dado en el hotel, para encontrar una cascada.
Sinembargo, nos econcotramos con el guía que nos llevó al Podocarpus hace unos días, y nos dijo que si teníamos ganas de un poco de aventura, podíamos seguir por otro camino para encontrar otra cascada mucho más bonita. Nos explicó el camino (que no estaba dibujado en el mapa, sino sólo hasta una parte), y siguió trabajando en la minga. Decidimos ir, pues a esta otra cascada, y seguimos las indicaciones, que eran muchas y un poco confusas. Así, teniamos que atravesar en algún momento una plantación de café, pero no la primera, sino la segunda, en la que crecían, además, papayas, plátanos y naranjas.
Hacia el principio del camino, encontramos algo ASQUEROSAMENTE REPUGNANTE, que nos hizo desviarnos del camino e intentar buscar otra forma de llegar a la cascada... era un caballo muerto, en perfecto estado de descomposición, sobre una cama de eces, y con moscas volando por encima. Nos desviamos pues, en un principio, y bajamos por la primera plantación de café, pero no había salida; con lo cual nos tocó regresar, y armándonos de valor, nos cubrimos la cara con las chaquetas y pasamos corriendo por al lado del animal muerto (el sendero era muy estrecho y a penas quedaba espacio para pasar sin tocar esa inmundicia).
El olor era tan penetrante, que mi estómago saltó como si tuviera camaretas adentro. Me sentí medio enferma durante los próximos diez minutos, y luego se me fue pasando, mientras iba oliendo la naranja que había cogido de un árbol en la plantación. Poco a poco la idea de lo asqueroso desapareció, sobre todo cuando llegamos a un punto en el que aparentemente el único sendero a seguir era a través de unas plantas de moras enredadas. Ibamos sin machete, con pantalones cortos y yo con camiseta sin mangas. Pero a pesar de todo, logramos pasar y pronto estuvimos en un bosque magnífico, con altos árboles de cuyas ramas colgaban largas barbas de musgo. Además vimos de nuevo un pájaro como el que vi en el parque de Podocarpus, un ave gorda y grande, con plumas verdes en las alas y rojas en la panza... una maravilla. Además habían cientos de mariposas, y una capa de hojas secas en el piso.
Cada parte del río a la que nos acercábamos, era un lugar increíble. Daban ganas de meterse a nadar en cualquiera de esos sitios, pero esperamos hasta llegar a la cascada. Desde ese punto en el que vimos al ave ( que ya no me acuerdo del nombre), cruzamos la famosa "segunda plantación de café), en donde el Wolf tuvo un encuentro con una serpiente, y los dos se asustaron bastante.
Luego llegamos a la orilla del río y lo bordeamos hasta llegar a un lugar donde parecía fácil cruzar. En ese punto, el río bajaba con un poco más de fuerza. Cruzamos, y pensamos que el sendero seguiría del otro lado. (El guía nos había dicho que deberíamos cruzar el río en algún punto). Una vez del otro lado, escalamos una pared de roca siguiendo las raíces de un árbol. Al llegar arriba, parecía en efecto que el sendero seguía , pero pronto nos dimos cuenta de que no era así. Sobre todo cuando pasamos por debajo de una roca gigantesca y al subir por un costado, la maleza se cerraba definitivamente. Al darme la vuelta para bajar, vi las huellas de algún animal, quizás un puma, en forma de rasguño en un árbol que crecía ahí. Seguramente el animal dormía en ese sitio, bajo la pequeña cueva que formaba la gran roca sobre el piso.
En todo caso, aunque no soy experta en identificar la presencia de animales, era bastante obvio que esas líneas hundidas en la corteza eran la marca de unas garras. Fue emocionante, aunque cuando uno se imagina encontrarse de pronto con un puma, da una sensación de pequeñez... Decidimos regresar al río y sólo disfrutar ahí. Pero cuando bajamos nuevamente, me paré en una gran roca en medio del agua, y entonces escuché la fuerza con la que venía el río detrás de mí... tenía que ser la cascada, detrás del recodo del río. Así, a diez metros de donde habíamos escalado la roca, estaba la cascada escondida... no muy alta pero potente.
Y con una piscina circular de agua cristalina.
Obviamente el Wolf se metio de cabeza feliz, y yo, con más cautela, más por el frío que nada, pues había chispeado durante un buen rato, y no había sol. Además la cascada está en un encañonado angosto, bajo una cúpula de árboles, con lo cual el sol no pasa fácilmente a calentar el agua...
Así, pasamos un rato en el agua y decidimos regresar. De alguna forma que no comprendo, tomamos otro camino, que nos evitó pasar por la maraña de moras... pero no pudimos evitar pasar de nuevo al lado del caballo muerto. Sólo la idea me enfermaba... así que cogimos un par de naranjas de un árbol y, al llegar cerca del animal, incluso antes de sentir el olor, cortamos las naranjas por la mitad sin llegar a partirlas del todo y nos las pusimos en la nariz, como una pinza, así, la aplasté con fuerza para que no pasara ni un segundo ese olor nauseabundo, y corrí cuesta abajo, tratando de no ver siquiera el cadáver. Mientras corría, me imaginaba involuntariamente, cayéndome sobre esa porquería, y me daban ganas de vomitar. Por suerte pasamos sin caernos y llegamos así de nuevo al inicio del camino...
Una hora de caminata por una carretera lastrada, luego de todo eso, hasta llegar a Vilcabamba, y regreso al hotel a descansar.
Hoy, último día en Vilcabamba... mañana tomaremos el bus desde Loja y 12 horas después, más o menos, estaremos en Quito... Yupi! de nuevo a escuchar las alarmas y los pitos!!!!!!!
Queremos ver un poco de la ciudad de Loja que dicen esta muy bien. Veamos! |
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