Un rincón de Moyobamba
Escondido en el oriente UN LUGAR ÚNICO PARA HACER TURISMO VIVENCIAL EN EL CORAZÓN DE LA SELVA. ESO ES LO QUE NOS OFRECE TINGANA Y SUS ALEGRES ANFITRIONES
Por Jimena Villavicencio
Aún existen en nuestro país muchos destinos que le tienen guardado a uno un mundo lleno de sorpresas. Y la Amazonía, hoy por hoy, sigue siendo una interminable caja de Pandora.
Recorrer estrechas vertientes, dejarse llevar por los misteriosos sonidos de la selva y apreciar la belleza de los recónditos paisajes son algunas de las tantas posibilidades que uno puede poner en práctica en un recorrido por las extensas carreteras fluviales de esta reserva ecológica que surca el río Avisado Tingana y que aún se mantiene intocable en el tiempo. Sin duda, una perfecta elección para los amantes de la naturaleza y de la ecología que no puede pasar desapercibida.
TIERRA DE TARZÁN
No se puede comenzar a hablar de Tingana sin mencionar a los Isuiza y, en especial, a Juan. A sus 52 años, este moyobambino de pura cepa es el iniciador de la preservación y el cuidado de esta reserva que él considera como suya. Sin zapatos que lo ayuden a caminar, intrépido como ninguno y multifacético por excelencia, él se torna en el guía ideal para la travesía.
Este personaje será quien le señale el rumbo en esos frondosos caminos acuáticos y quien, como un orgulloso y buen anfitrión, lo invitará a conocer parte de las más de 3.000 hectáreas de este paraíso de la selva. Un día con los Isuiza comienza a orillas del río Huascayacu, en el corazón de Moyabamba.
Una vez instalados en unas balsas a motor se da inicio a un camino fluvial de aproximadamente 25 minutos, durante los cuales uno se deja seducir por el paisaje entre tanta tierra fructífera, un cielo increíblemente azul y la presencia de los primeros animales que se aprecian durante la ruta. Esto matizado a su vez por los innumerables relatos, leyendas y mitos que Juan atesora consigo y que, a la usanza de un habilidoso narrador de cuentos, nos va logrando atrapar en un viaje alejado de los ruidos de la ciudad.
ACOGEDORA BIENVENIDA
Un pequeño embarcadero acompañado por un letrero grande y de madera da paso a la segunda etapa de la visita. Aquí uno es recibido por una comitiva ansiosa por brindarnos algunas viandas y bebidas de la zona y mostrarnos entusiastas la única área construida de Tingana, la cual de una manera rústica se encuentra en óptimas condiciones. Es desde este punto que se dejan atrás los últimos indicios de la tecnología: del bote a motor se cambia a una larga canoa y luego de un breve descanso se encontrará preparado para seguir surcando la vertiente del río Avisado.
Decir que los árboles caminan en el río es una costumbre para los colonos de la zona, y en su visita uno lo puede comprobar. Este bosque anfibio, como se le dice, es habitado principalmente por renacos, árboles que van dejando crecer sus raíces y cubriendo ambas orillas del río como si estuviesen dando pasos apresurados, los cuales amenizarán el trayecto, ya que la canoa tendrá que abrirse camino entre ellos y los pasajeros deberán esquivar esa suerte de extremidades vegetales.
Unos señoriales árboles con lianas naturales marcan el final del paseo en canoa. Aquí los más temerarios podrán lanzarse de ellas cual Tarzán y sentir esa experiencia que solo Juan la hace parecer como juego de niños. Los menos intrépidos, sin embargo, podrán recorrer la zona, apreciar la vegetación con sus altos aguajales y la fauna, con el mono fraile, el mono pichico, el martín pescador (una colorida ave) y otros más que forman una selección de talla mundial.
Una casita hecha de madera y construida en la alta cima de un renacal también es parte de los atractivos. Allí uno podrá darse cuenta de la inmensidad de la zona, para luego hacer el retorno al albergue, pero esta vez caminando.
ECOLOGÍA PURA
En Tingana, su gente y naturaleza impresionan. Lo ideal es quedarse a dormir en esta reserva, para por la tarde practicar pesca deportiva, por la noche descansar como un lirón y a la luz del alba hacer observación de aves. Las instalaciones son cómodas, ya que esta comuna ha acondicionado --con la ayuda de Cáritas-- una zona que funciona como complejo ecoturístico y que cuenta con cabañas con capacidad para 30 personas, además de una cocina de gran sabor, a manos de Jesús, esposa de Juan, quien con los insumos que ella cría y extrae de su selva hace gala de excelencia. Eso sí, un consejo: deje su celular en casa, pues felizmente, en Tingana, lo eléctrico no existe.
CONSEJOS
- Lleve ropa ligera y no se olvide de ponerse repelente.
- Para preservar intacta la zona, no bote basura al río ni durante las caminatas.
- Debido a que la zona es un bosque inundado, cuenta con dos épocas muy marcadas durante el año: la húmeda (de noviembre a mayo), y la seca (de junio a octubre). En ambas se podrá realizar actividades, aunque en la húmeda los paseos en canoa son más extensos.
- Lo ideal es hacer tours más grandes que incluyan otras zonas aledañas y así abaratar los costos.
ALLÁ VAMOS
Cómo llegar: Hay vuelos diarios Lima-Tarapoto (111 km al sur de Moyobamba, dos horas en auto) o vía terrestre (22 horas). Varias empresas ofrecen sus servicios (Móvil Tours, Civa, Cial, entre otras), a un precio que varía entre 80 y 100 soles. Desde Moyobamba, 45 minutos hasta llegar al río Huascayacu y luego navegar aproximadamente 25 minutos.
Dónde dormir: Uno se puede quedar en la misma comunidad, donde hay servicios de cabañas o, si no, regresar a la ciudad de Moyobamba, donde hay más posibilidades de conseguir servicios turísticos.
FUENTE: INFORMACIÓN OBTENIDA POR MENSAJE DE CORREO ELECTRÓNICO |
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