Para poder desarrollar un proyecto realicé dos viajes en fechas importantes, una de ellas fue semana santa y la otra fue el día del padre. Además de mantener contacto vía e-mail con personas que me trataron muy bien.
El primer viaje que realicé fue partiendo desde Lima y llegando a Huancayo para poder tomar el famoso Tren Macho del cual me habían hablado tanto.
Fue una experiencia única ya que nunca me había subido a un tren, este tren sirve de transporte entre las personas de Huancayo y Huancavelica, pero más que todo es un tren comercial y de uso cotidiano por las personas ya que es más económico y seguro que los buses, demora 6 horas aproximadamente, le dicen el tren macho ya que es invencible, incluso soporta huaycos, y la gente le tiene gran admiración, incluso han creado muchas canciones en alusión al tren.
Durante mi estadía en el tren pude haber disfrutado de un hermoso paisaje, y de los productos que ofrecían como pancitos con queso, emolientes, papas (En Yauli tienen 400 variedades) con huevo, además de compartir momentos con las personas, risas y juegos en el paso por los túneles, y la cordialidad predomina ya que ven que me visto diferente y hablo distinto, la pregunta era “amiga de donde eres “, yo gustosa respondía “soy de Lima”, y me daban la bienvenida. A la llegada, una señora me esperaba para ofrecerme su casa-hospedaje, que recién la había habilitado, bajando a la plaza Santa Ana vi un cielo tan perfecto, unas calles tan limpias, orden, seguridad, y miradas curiosas.
La gente con el típico color serrano, las caras marcadas por el frío y el calor. Empecé a pasear por las calles, la lluvia caía pero yo estaba muy feliz de sentirla y mojarme sabiendo que me podía enfermar, comí alpaca fue increíble ya que encontraba platos por un sol. La familia de la casa-hospedaje fueron muy amables en todo momento incluso cuando volví en la segunda oportunidad y no encontré alojamiento me ayudaron. Comprendí que Huancavelica lo tiene todo, solo que falta promoción, es una ciudad rural pero obtiene recursos de la ganadería y agricultura, y lo importante es que mantienen sus costumbres.
Tuve la oportunidad de ir a un mirador que en esas fechas estaban realizando una feria vendiendo diversos productos, como ropa y comida, también habían otras ferias como y una corrida de toros. También fui a unas formaciones geológicas que fueron se originaron por un terremoto, la entrada costaba un sol y el paisaje era maravilloso. No me podía ir de Huancavelica sin conocer la Laguna de Choclococha, había visto unas fotos estupendas en Internet, y empecé a preguntar como podía llegar, los carros salían de 2 a 4 de la mañana, y me animé a ir, una experiencia más con el pueblo, todos hablaban quechua, pero el chofer y cobrador sabían muchísimo sobre Huancavelica, y tenían su identidad bien clara, fue curioso y sorprendente porque fueron las personas más instruidas que conocí de este lugar, también el chofer del tren era muy culto, y estaba muy orgulloso e identificado con su ciudad.
El circuito de lagunas se encuentra en la provincia de Castrovirreyna, carretera a Ayacucho, son unos paisajes a más de 4000 metros donde se puede observar diversidad de auquénidos como llamas, alpacas, también se observan viscachas, ovejas, caballos, los picos de los impresionantes nevados, la gente y sus vestimentas, la ternura de los niños muy abrigados jugando con sus alpacas, las mujeres con sus polleras, los hombres con sus sacos y gorros, las personas no hablan español y es difícil que te entiendan, otras te enseñan palabras como “ima sutiqui”( ¿cómo te llamas?).
Llegando al poblado de Choclocoha alrededor de las 7 am, entre a una pequeña bodega a desayunar, lo único que tenia la señora era pan duro, huevos, y muña, pero fue deliciosa la experiencia. En este poblado se encuentra la laguna más grande que he visto en mi vida, rodeada de montañas, un silencio impresionante y la soledad de este paisaje, el pastor llegando con sus 190 alpacas porque “es poquito mami”, los niños se asoman cuando pasa un carro, juegan en las calles, comen algún dulce que sus mamás preparen. Una mamacha me atiende y me dice como puedo llegar a la zona.
Caminando alrededor de las lagunas encuentro casas abandonadas debido al terrorismo. Después de 2 horas de desconectarme del mundo globalizado, llega el bus de Rumichaca para regresar a Huancavelica, 4 horas más en un bus, pero esta vez no encontré sitio así que me voy sentada en el motor de un bus camión, hablando con otras personas, éramos 8 personas adelante, de todas las edades, riendo y hablando, compartiendo experiencias de lo que es ser limeño y lo que es ser huancavelicano, hacíamos parodias del “provincianito” y del limeño.
Llegamos a Huancavelica seguidos de una carrera de caballos donde la máxima apuesta era de 400 soles. Amaneció un día más, fuera del cielo gris de Lima, y teníamos que partir a Huancayo en el tren para luego partir a Lima, en el tren tuve otra experiencia diferente ya que era época de lluvias y había gran cantidad de huaycos en toda la semana, el acceso era imposible, no pude llegar a Huancayo, me quedé en el tren angustiada durante 10 horas, me unía más a la gente, hablaba con ellos, me contaban de sus vidas, se sentía orgullosos de ser de Huancavelica, pero les gustaría tener más oportunidades de desarrollo, que el gobierno se fijé más en ellos, que realicen proyectos coherentes respecto a sus necesidades.
Pude llegar a Lima después de un fin de semana agitado, y desconectado del mundo, llegué contenta y confirme lo que tanto pensaba, que a pesar de ser el lugar más pobre del Perú, la riqueza de su gente es muy grande, tiene índices de pobreza porque no hay una distribución justa de los ingresos. Mi segundo viaje lo realicé con un grupo de franceses, partiendo desde Lima a Huancayo en el Ferrocarril Central, fue una experiencia, un turismo de lujo. En Huancayo tomamos el Autovagón a Huancavelica, es un poco más caro que el Tren Macho, pero es más rápido, al igual que en la otra oportunidad, subían las vendedoras a ofrecer sus ricos productos entre bollos de calabaza, maíz, y papa con ocopa.
En el auto vagón conocimos al dueño de la única agencia de viaje de Huancavelica y nos ofreció un paquete para visitar nuevamente Choclococha pero era algo más vivencial ya que era el día del padre, y nos harían una fiesta con pachamanca y huayno. El señor llamado Alberto, nos instruía de todo lo que se puede hacer en Huancavelica y que el gobierno no presta atención. Por ejemplo, nos comentaba, que Huancavelica abastece a Ica, Pisco y Chincha, pero que ellos no pagan nada, y a las ganancias son recibidas por estas ciudades de la costa. Llegamos a Choclococha pero esta vez nos esperaban un grupo de personas, con vestidos típicos, muchos niños hermosos y con la inocencia, y el encanto de sus dulces rostros con chapas rojas por el frío.
Tuvimos la oportunidad de ver la preparación y comer pachamanca con ingredientes de la zona, como alpaca, humitas, variedad de papas, camote, trucha, etc. El representante de la comunidad nos llevó a un mirador, y nos mostraba las plantas medicinales, y nos contaba las creencias del pueblo, por ejemplo que en agosto hacen una fiesta patronal ya que la montaña toca una especia de campana.
Paseamos en bote, y finalizando la jornada nos enseñaron a bailar huayno, bailamos con los pobladores, tomamos cerveza, compartimos nuevas experiencias, nos tomamos fotos y veíamos como la tarde caía. De regreso a Huancavelica, riendo y cantando, sorprendidos por el encanto y amabilidad de la gente, una vez más, felices de habernos escapado de la vida moderna de la capital. Nuestro carro salió a las 8 con destino a Lima, atrás se quedaban esos niños tímidos ante los extraños, esos platos de comidas a un sol, esas cervezas en estado natural, esos huaynos huancavelicanos, esos emolientes, y ponches de maca, esos panes y paisajes serranos, esas artesanías de la municipalidad, esas señoras curiosas por saber quienes éramos, pero lo que seguirá son los buenos recuerdos y las experiencias, y la promoción y alegría con la que recomendaré conocer Huancavelica y pensar de una manera diferente. |
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