Publicado por www.diarisdebicicleta.cat
Playas inmensas plenas de bañistas, calor, la mata atlántica que baja del morro de Corcovado mezclándose casi con los edificios, el Pão de Açúcar que custodia la ciudad como un inmenso centinela de piedra... Pero también, asaltos, balas perdidas, prostitución...
Todo ésto y mucho más es Río de Janeiro. Entramos en la ciudad por la mañana, para evitar malentendidos. Enseguida fuimos hacia Copacabana a través de la ciclovia. Allí viven los tios de Leo, que nos recibieron muy amablemente. La tarda-noche del 7 de julio se celebró en la playa de Copacabana el concierto “LIVE EARTH” que organiza el señor Al Gore, también en otras ciudades del mundo. La diferencia es que aquí era gratuito.
El objetivo del espectáculo, es crear conciencia ambiental entre las masas y presión política en los dirigentes, ya que el tiempo para ir arreglando las cosas se va agotando. Tras salir de Rio, la siguiente cita era poder visitar Ilha Grande, de la cual nos habían hablado muy bien. Situada a unos 180 km al sur de Río de Janeiro, Isla Grande había sido durante mucho tiempo refugio de piratas y durante la época de esclavitud sirvió de punto de cuarentena para los esclavos que venían de África.
Estos hechos, junto con su escarpada orografía interior han hecho que a día de hoy este lugar se conserve prácticamente virgen. No hay ninguna playa urbanizada exceptuando las que ocupan las dos únicas poblaciones: Abraão i Dos Rios. Pero este paraíso ecológico no está exento de problemas: las presiones de las constructoras cada día son más fuertes, al norte hay un polígono petroquímico y al sur una central nuclear. Hasta cuando resistirá intacta la isla de los piratas????
En principio, los bomberos nos dieron alojamiento, pero enseguida nos dijeron que no podría ser. Entonces tuvimos que recurrir al alcalde, que tras hacernos una pequeña entrevista y explicarnos algo la situación de la isla, nos ofreció una “pousada”. El primer día lo aprovechamos para pasear por los caminos llenos de altibajos y descansar en sus playas de arena fina y agua azul turquesa. Pero al día siguiente empezamos a sentir que ya no nos encontrábamos al norte del Brasil, pues entró un frente frío que nos obligo a abrigarnos después de haber pasado 5 meses seguidos de calor.
Al salir de Isla Grande conseguimos alojamiento en el cuerpo de bomberos de Mambucaba, algo que no era ninguna novedad, pero, sí el hecho que por la noche, dentro del cuartel, se celebró una misa. Según nos explicó el sargento es una costumbre que se viene repitiendo cada año desde hace un tiempo. No es una misa convencional, sino que hay música, pasteles, baile, en resumen es una fiesta religiosa. Yo pienso que todos los estados, igual que sus instituciones, deberán ser laicos.
Aquí, en Brasil, muchos funcionarios de instituciones públicas como bomberos o la policía, tienen una marcada tendencia religiosa, cosa que en mi opinión acaba afectando su independencia a la hora de realizar su trabajo. La última ciudad del estado de Rio por la que pasamos fué Paraty. Ciutat, con un gran patrimonio histórico, nos recibió con un ambiente de fiesta: calles engalanadas, música y todos los comercios a máximo rendimiento. Un hecho que me sorprendió fue observar que muchas calles próximas al canal que estaban inundadas.
Resulta que cuando la marea sube las calles se llenan de agua, igualmente que Venecia. Incluso hay unas pasarelas instaladas para poder cruzar algunas calles. Con entrada al estado de São Paulo, un país de dimensiones continentales, empieza a rendirse ante el coraje de diarios de bicicleta...
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