Este es un pequeño avance de un diario que completaré dentro de poco, en recuerdo de un viaje a esta remota y enigmática isla, junto a mi hermano. Mi primera impresión al bajar del avión en el mes de septiembre, fue el aroma en el aire,a flores.....puro encanto.
El viaje duró un poco más de 5 horas desde Santiago de Chile, ya que la única aerolínea que llega a la isla es Lan, que parte desde el aeropuerto de la capital. Los pascuenses recelan un poco de los chilenos del continente, pero son muy alegres y amables, además de que es admirable como viven sus tradiciones.
Nos hospedamos en el Hotel Hanga Roa, pero hay innumerables hospedajes y casas de familia, donde se vive la real experiencia. Rantamos un jeep para recorrer la isla. Fuimos a la hermosa playa de Anakena, donde nadamos en aguas tranquilas, junto a palmeras y moais. Fuimos también al Maunga Terevaka, el monte más alto de la isla, donde puedes apreciar el oceano en 360°. Bajamos a oscuras cavernas, acampamos en la playa, miramos puestas de sol increibles.
Conocimos a un grupo de brasileños que buscaban portales magnéticos. yo no vi ninguno, pero participamos de una fiesta típica pascuense, con una comida preparada en un agujero lleno de piedras calientes. Visitamos innumerables lugares arqueológicos: los Ahu son las plataformas donde se ubican los moais. En el volcán Rano Kau, con sus laderas cubiertas de moais sin terminar, se encuentra la cantera en la cual los fabricaban....y aun está el misterio de como los trasladaban.
También está la aldea ceremonial de Orongo, lugar donde se desarrollaba el ceremonial del Tangata Manu, en que el primero en regresar a la isla con un huevo intacto de gaviota Manu Tara, que anida en un pequeño islote frente a la aldea, se le revestía de atribuciones especiales. En febrero se celebra la fiesta típica, Tapati rapa nui, llena de actividades, juegos, bailes, cantos y comidas tradicionales.
En la actualidad los turistas repletan la isla para esa fecha, por lo que conviene recervar todo con anticipación. Espero volver algún día, a recorrer nuevamente sus caminos y ser parte de su encanto y misterio. |
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