Hola a todos los viajeros, recién terminadas mis vacaciones de verano quería compartir la semana que he pasado junto a cinco amigos navegando en un velero alquilado. La idea surgió hace ahora un año cuando un amigo nos comunicó que se iba a casar en agosto de 2007 y comenzamos a pensar ideas para hacer la despedida de soltero.
Surgieron muchas ideas (unas muchos más estrafalarias que otras...) hasta que uno de nosotros propueso lo de alquilar un velero para irnos una semana por las Islas de Ibiza y Formentera (conocidas como las Pitiusas) en Baleares. La idea nos pareció genial y empezamos a buscar por internet información para ver precios y el tipo de velero que estaba disponible. Al final, el octubre de 2006 contratamos con casi un año de entalación nuestro velero para surcar el Mediterráneo.
Así que estuvimos casi un año esperando a la gran semana que nos íbamos a pegar, un tiempo que aprovechamos para preparar un poco lo que queríamos hacer, rutas y demás (aunque luego improvisamos mucho, el mar no te deja hacer muchos planes...) y convencer a nuestras mujeres/novias de que nos íbamos a ir una semana seis amigotes en un velero de farra y fiesta...
Después de una larga espera llegó al fin el día 2 de agosto, día en que el íbamos a partir desde el puerto de Denia, en Alicante hacia Ibiza. Salimos de Valencia con los coches cargados hasta los topes, después de dejarnos 650 euros en comida y bebida (sobre todo bebida) en el Carrefour y llegamos a Denia para cargar el velero.
No podíamos creer que al final nos íbamos, llevábamos un año quedando todos los jueves para cenar con la escusa de hablar del viaje y al fin estábamos allí delante del Clipper Oceanis 493, al que bautizamos como nuestro Nautilus (sí, muy originales, y eso que el Nautilus era un submarino). El patrón, Pepe, tampoco se podía creer todo lo que habíamos comprado para una semana pero bueno, al final cupo todo en las neveras y armarios del velero, así que el barco estaba listo y nosotros también. Nos fuimos a cenar para conocer un poco al que iba a ser nuestro patrón y que nos contara un poco como funcionaba la vida en un velero ya que el espacio es reducido y hay que acostumbrarse, además de pensar en grupo.
Tras la cena y ya con unas copitas encima para intentar dormir toda la travesía (unas 8 horas de Denia a Ibiza) zarpamos en un estado bastante eufórico, nos esperaba una semana de fiestas, playas, chiringuitos, siestas... y nuestro gozo en un pozo, había cambiado el viento y soplaba bastante fuerte por lo que el velero se movía mucho y entre la cena y las copas pronto nos dimos cuenta que no iba a ser una agradable travesía, empezamos a marearnos y tras dos vómitos y sin esperar a que el resto acabara igual, Pepe, el patrón decidió volver y fondear en Moraira, un pueblo de Alicante situado al sur de Denia. Allí tuvimos que pasar el primer día hasta que amainara el viento, pero bueno, aprovechamos la playa que teníamos delante para bucear.
Por la noche amainó al fin el viento y zarpamos rumbo a Ibiza, a la que llegamos a media mañana, con un día de retraso pero con los mismos ánimos de fiesta. Antes de fondear en Ibiza paramos junto a la Isla Conejera para bucear y comer luego en el velero. Pasamos junto a Es Vedrà, un islote pegado a Ibiza muy puntiagudo y sorteamos otros islotes hasta llegar a San Antonio, donde fondeamos frente al famoso Café del Mar. Salimos por Ibiza ya que San Antonio no es precisamente bonito y cenamos junto a la ciudadela y las murallas del casco antiguo, que vale la pena visitar. Después bajamos junto al puerto donde está lleno de terrazas donde puedes beber lo que quieras y contemplar los relaciones públicas de las discotecas más famosas y si quieres comprar ya tu entrada, aunque los precios son caros, por no decir abusivos (Pachá, una de las más conocidas valía 80 euros...)
Después de un pequeño percance con la Policía Local continuamos nuestra marcha nocturna y acabamos en una discoteca-terraza que era ¡¡¡gratis!!! Tras bebernos hasta el agua de los floreros y cerrar la terraza a las 7 de la mañana volvimos en taxi hasta San Antonio para que Pepe, ya por entonces bautizado como el Capitán Memo, viniera a rescatarnos con la pequeña zodiac y llevarnos al velero. Increiblemente nadie se cayó desde la barca enana de camino al velero ningún día...
Al día siguiente, no recuerdo a qué hora, nos levantamos y nos dirigimos a una cala para fondear, nadar, bucear y comer, a ver si se nos iba la resaca. Fuimos a la cala de Es Bossa, muy bonita pero llena de gente y más barcos, demasiado escándalo para la resaca. Por la tarde partimos rumbo a Formentera, una travesía de unas 4 horas en el velero, que era más lento que el caballo del malo, así que aprovechamos que esta vez sí que era una apacible travesía y entre música de Bob Marley y Gin-Tonics se hizo muy corto. Llegamos a Formentera y fondeamos junto al puerto de la Savina.
De nuevo cena y fiesta, esta vez por San Francesc, pueblo situado en el interior de la isla que estaban de fiestas y luego a la zona de fiesta que descubrimos que era como una Litlle Italy, solo había italianos, Ses Pujols, una zona de Pubs y discotecas que parecía la pasarela Milán de moda... y nosotros con chancletas, bermudas y camisetas con olor a salitre, nunca nos habíamos sentido tan invisibles!!!
Al día siguiente, tras recuperarnos de la resaca a base de gazpachos, agua y un relajante baño fuimos a alquilar unas motos, la mejor forma de recorrer la isla puesto que son baratas (unos 30 euros por día las de 50cc). Recorrimos la isla de este a oeste, pasando por el Faro de la Mola, la parte más alta de la isla, nos dirigimos a la playa de Migjorn, al sur de la isla donde aprovechamos que estaba a punto de llover y paramos a comernos una deliciosa caldereta de bogavante en la misma playa junto con unas tapas marineras y unas botellas de vino blanco (total unos 35 euros por persona pero vale la pena, estaba todo delicioso). Por la tarde fuimos al famoso Blue Bar, también en la zona de Migjorn y estuvimos tomando unas copas con buena música. Luego devolvimos las motos y vuelta al barco para cenar y cambiarnos.
Por la noche, como nos habíamos quedado con ganas volvimos al Blue Bar, esta vez solo tres de los seis y de nuevo, música, fiesta, copas.... y vuelta al barco a las seis de la mañana.
A esas alturas ya estábamos habituados a dormir en el barco pese a los movimientos de las olas y sobre todo por el estado en el que nos acostábamos. Tras un baño reparador volvimos a alquilar motos para ir a las playas de Ca Saona y Ca Marroig, al oeste de la isla. La primera es muy bonita, la parte del medio de arena y los laterales de roca, pero estaba llena de gente, demasiado ruido para ir con resaca.
Ca Marroig es lo contrario, no había nadie, ideal para hacer nudismo y bucear, es zona de roca con entrantes y cuevas. Por la tarde fuimos a la playa que más nos gustó, la playa de Illetes, al norte de la isla, junto a las Salinas. Se llega por un camino de tierra y es una larga playa de arena blanca como si fuera del Caribe, el agua limpísima y con varios chiringuitos para comer o tomar copas, el más famoso es el Big Sur, donde a partir de las 7 de la tarde se llena de gente, incluso en la misma arena de fiesta hasta las 10 de la noche, cuando la gente empieza a irse para cenar o continuar la fiesta en otro lado de la isla. Nosotros llevábamos la neverita portátil bien cargada y seguimos la fiesta en la arena hasta bien entrada la noche, para variar...
Nuestro último día lo aprovechamos para recorrer toda la parte norte de la isla a pie, desde la playa de Illetes hasta el Paso, un pequeño estrecho que separa Formentera de la Isla de Espalmador, tan pequeño que se puede cruzar andando ya que el agua no te llega a cubrir. Hasta llegar al paso se recorre toda una serie de playas y calar casi vírgenes y solitarias (también es verdad que había llovido un rato antes y mucha gente se había ido a los chuiringuitos) hasta que se acaba la arena y ves la isla enfrente, a unos metros y cruzamos andando, no hay mucha corriente y lo más que cubre el agua es hasta el pecho, excepto a los bajitos que les llega al cuello...
Llegamos a la isla de Espalmador entre otras cosas porque queríamos llegar a un lago con barro, el mismo que salía en la película de Julio Medem "Lucía y el sexo" donde puedes embadurnarte y se supone que el barro tiene propiedades para la piel. Es fácil de encontrar puesto que hay una palmera solitaria que se ve nada más llegar a la isla, a modo de señal de tesoro escondido de película de piratas.
Lo malo es que la isla es más grande de lo que parece y después de lo que ya llevábamos de camino y las consecuencias de seis días de fiesta hacían que las piernas y las fuerzas ya fallaran, así que solo llegamos 4 al famoso barro.... y cuando vimos aquello, sinceramente si no fuese porque llevábamos todo el día andando nos habríamos ido, tenía un aspecto de cloaca horrible, era como una gigantesca alcantarilla llena de un barro con un olor espantoso, y unas pozas donde debíamos meternos y te cubría hasta el pecho y con las manos embadurnarnos el resto del cuerpo. Al final nos decidimos, bañadores fuera y a la poza, parecíamos la "Cosa" del Pantano de los cómics, además el tacto al caminar era un tanto asqueroso puesto que se te hunde el pie hasta el tobillo y no sabes lo que pisas... en fin, una experiencia... diferente. Luego tienes que volver a la playa con todo el barro para quitártelo en el agua, eso sí es placentero...
Después de nuestra incursión en el pantano y ya limpios de barro volvimos al barco a preparar nuestra última cena con el velero fondeado en la bahía de la isla Espalmador y de madrugada partimos hacia Denia, llegando al mediodía muy cansados pero habiendo pasado una semana para repetir, a ver quien es el siguiente que se anima a casarse....
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