EL MEJOR VERANO DE NUESTRAS VIDAS. TÁNGER
Se programan viajes de aventura a rincones recónditos del mundo, en otras ocasiones gustamos en ir a la búsqueda de alguna maravilla arquitectónica monumental, algunos dominados por instintos fornicarios proyectan viajes con objetivos poco claros y otros viajan donde las agencias amigas le ofertan económicos precios.
Me gusta viajar y los tiempos que corren son propicios para ello. El último viaje en Abril del 2007 fue a los confines de Egipto, a Abu Simbel, gocé del soberbio espectáculo que aquellos gigantes de piedra ofrecen impávidos y silenciosos resistiendo temperaturas saharianas. Este verano he comprobado que hay vacaciones peculiares, que yo las denominaría como: “Vacaciones de onegé” o “Turismo altruista” o “Turismo humanitario”. Os cuento, os relato. Bajé por Algeciras a Tánger a la boda de un familiar de mi amigo Abdul, llegué a la hermosa bahía de esta ciudad cosmopolita el dos de agosto de 2007 a las 15,15 horas. El bueno de Abdul me dio la bienvenida con su peculiar sonrisa que hace que te sientas de inmediato bien acogido. Intercambiamos besos, abrazos y protocolarias palabras:
-As salam alaikum. La paz sea contigo.
-Alaikum as salam. Contigo la paz.
-¿Labas? ¿Bien?
-Bijair, al jandu lilah. Bien, gracias a Dios. -¿Ua anta? ¿Y tú? -Al jandu lilah. Gracias a Dios.
-¿Kaifa al aaila? ¿Cómo está la familia?
-Al jandu lilah. Gracias a Dios.
Y Abdul fue el que me puso en contacto con un grupo de quince jóvenes españoles, de los que él iba a ser su guía, que acababan de llegar a Tánger el día anterior para realizar un turismo alternativo de verano.
Os trascribo en brevedad la conversación que mantuve con uno de ellos –Carlos- sobre los motivos de realizar este turismo alternativo de ayudar al prójimo, de hacer algo por los demás, me dijo: -Quería realizar algo distinto que me dictaba el corazón hace algún tiempo, ayudar, viajar a algún lugar de África con una oenegé para entregar mis capacidades en pro de gente sin posibilidades.
En google busqué alternativas, campamentos, campos de trabajo, bomberos solidarios, enfermeros mundi, enseñantes sin fronteras, ayuda al SIDA, etc.
>>Dando vueltas por las distintas webs aterricé en una oferta de campo de trabajo en Tánger (Marruecos) para ayudar al cuidado de enfermos psíquicos a los frailes de la cruz blanca, estar con jóvenes en un reformatorio y prestar apoyo en una guardería de niños de madres solteras gestionada por las Hermanas de la Caridad de Teresa de Calcuta; tal oferta de campamento lo organizaban los misioneros de África, Padres Blancos y había que costearse los gastos de los 22 días de estancia con 360 euros más el viaje.
>>El 2 de Agosto de 2007 me encontré con catorce jóvenes en el ferri que cruza el Estrecho desde Algeciras a Tánger, catorce “chalaos” que, como yo, habían optado por un turismo vacacional alternativo y altruista. Me sorprendió saber de sus empleos, estudios y lugares de origen: Dos ingenieros de caminos, dos abogados, un urbanista, una médica, un ingeniero de telecomunicaciones, dos psicólogos, un maestro, etc., de Madrid, Bilbao, Pamplona, Murcia, Valencia, Málaga, Cádiz, etc.
Estos sus nombres: Coral, Ricardo, Mariana, Antonio, Valle, Cristina, Mikel, Eva, Fátima, Itxaso, Manu, Elena, Mario, Oscar y Javier. Llegamos a puerto a las 17,15 horas de España, allí nos esperaba un sacerdote –padre blanco- llamado Manolo, cincuentón, de pelo grisáceo y de graciosa sonrisa sarcástica, que nos condujo trepando desde el puerto por las calles de la medina hasta un antiguo colegio de monjas para hijas de españoles, construido cuando Tánger se encontraba bajo el subprotectorado español o protectorado francés, conocido actualmente por casa Riera.
En las paredes aún colgaban las fotografías de aquellas adolescentes estudiantes de bachillerato, como reliquias de un pasado colonial vivido por unas niñas ajenas a los avatares políticos de la época (fue en 1956 cuando el Reino de Marruecos obtiene la independencia de Francia y de España). Esto es un extracto de mis charlas con Carlos. La medina de Tánger es preciosa, paseando por sus calles y su mercado los olores y la diversidad de colores te invaden con una fuerza indómita, es como si las descripciones del contexto cultural de las “Mil y una noches” se hiciesen realidad poco a poco y conforme caminas, observas: decenas de tiendas especializadas en su micro oferta, puestos de venta de hortalizas frescas, montones de cebollas rosadas y lustrosas, naranjas ordenadas en pirámides compactas, sandías eróticas de verde amarillento, sacos de especies e hierbas picadas de mil elixires desparramados, berenjenas lilas mostrando sus volúmenes en simetría natural, pollos desnudos y gallinas degolladas y vacías de sangre, lívidos y con los pescuezos en paralelo en una hilera de sentenciados guillotinados, quesos frescos de blanca nata obtenida de las ubres de cabras montesinas del Rif cubiertos de palmitos brillosos y verdes, telares de madera con ruecas de brujas medievales, orfebres de plata y estaño trabajados al fuego.
Calles intricadas en un laberinto reticular de anárquico orden en donde la belleza y la suciedad y el color y el olor compiten con las voladoras cucarachas y las plateadas palomas de los tejados de mampostería, bajo bellísimos arcos de herradura. Un aguador con adornado sombrero de paja y vestido a la usanza pregona su presencia y oferta líquida a los transeúntes, mendigos amputados y mujeres abandonadas limosnean como pilares necesarios para que el sencillo musulmán o el berebere convertido practiquen la limosna y la caridad. El Muecín llama a la tercera oración. “ Allah akbaruu...” (Dios es grande).
Tánger es un Manhattam africano ubicado en lugar estratégico a la entrada del Mediterráneo, vigilante como un farero sobre su castillete de piedra dando luz a los navegantes aventureros. Gracias a su sobresaliente emplazamiento, Tánger, estuvo poblada desde tiempos ancestrales (en ella se han encontrado vestigios arqueológicos de antes del 750 a. C. Los años y los siglos de historia cosmopolita han hecho de Tánger una ciudad turbamulta de culturas, pueblos, religiones y colores.
La inmigración del sur que escala los desiertos y las selvas de África para colarse a Europa , paraíso de los pobres; los residentes extranjeros que desde principios del siglo pasado asaltaron Tánger para establecer sus cubiles literarios o sus casas de perversión y juerga o sus palacios de espionaje; y el incesante turismo americano y europeo que acude a la ciudad a llenar sus tarjetas fotográficas de una cultura medieval y ancestral que convive de tú a tú con una modernidad absoluta y contemporánea. Mucho antes de que el gran Moulay Ismail hiciese de su puerto marítimo el más importante del Magreb pasaron: fenicios, griegos, romanos, árabes, tunecinos, portugueses y británicos.
El Protectorado francés de Tánger se estableció cuando Casablanca centralizó y tomó toda la organización del comercio marroquí. Desde 1923 hasta el año de la independencia, 1956, estuvo bajo administración internacional; España participó activamente en la gestión de la ciudad y pueblos de la franja costera atlántica(aún se pueden ver hospitales de tuberculosos, asilos de ancianos, antiguos colegios religiosos de monjas y hermanos maristas, cuarteles del ejército, bellas casas coloniales de la época, cafés y comercios). La boda estuvo soberbia y divertida durante los tres días de festejos. Conocí la realidad cruda de muchachos que viven en las calles de Tánger, acaricié y di de comer a hombres nacidos enfermos de por vida, quedé asombrado de la labor que las hermanas de la caridad prestan a las madres solteras en un mundo machista que las preña y luego las repudia.
Y he conocido en Marruecos a personas de un corazón tan hermoso y tan grande como su país y su Dios (Allah akbaru). Sin duda ninguna que fue el mejor verano de nuestras vidas. |
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