Ecuador un país salpicado de volcanes ¡más de cuarenta! muchos de ellos activos y curiosamente, en su mayoría, ubicados en la bautizada por el conocido explorador alemán Alexander von Humboldt como la Avenida de los Volcanes. ¿Los más conocidos? Sus dos rascacielos: el Cotopaxi y el Chimborazo. Pero existen otros y entre ellos me voy a quedar con el VOLCAN QUILOTOA.
Lo primero ¿Cómo llegar? Pues si estás en la capital ecuatoriana se debe tomar un bus desde la terminal quiteña hasta LACATUNGA, son dos horas y el precio 1,5 dólares. Luego hay que tomar otro bus a QUILOTOA PUEBLO, pero ¡ojo! solo existen autobuses directos en la mañana, si llegas por la tarde, como fue mi caso, tienes que ir primero hasta Zumbahua por 2 dólares y otras dos horas y desde allí un carro por unos 5 dólares hasta el pueblo, ¡5 dólares! demasiado para solo diez minutos, como veis mas vale madrugar y llegar en la mañana.
Las dos horas de paisajes por la sinuosa carretera entre Zumabahua y Quilotoa pueblo son un auténtico placer, no tienen desperdicio, un privilegio para mis ojos los valles, montañas, ríos, nieve, deshielos, escarcha, atardecer, niebla, llovizna … y encima Ctaja y yo las únicas turistas en un autobús que iba llenito de indígenas lo cual convertía todo en mucho más especial. No podía dejar de observar sus facciones, sus gestos, sus ropas, de escuchar su para mi ininteligible quichua, me sentía como en otro mundo, tan cerca (100km) pero a través tan lejos (años luz) de la supuesta “civilización”(Quito) y sin máquina del tiempo, estaría soñando o quizá viendo un documental del national geographic, pues ni estaba soñando ni estaba viendo la televisión, era la realidad y yo estaba allí.
Sin darnos cuenta pasaron las dos horas y llegamos a Quilotoa. Llovía levemente, estaba oscureciendo pero aún así intuimos que este remoto pueblo no era más que unas pocas sencillas casas, lo cual no le restaba encanto sino todo lo contrario. Buscar alojamiento fue fácil, en la misma entrada nos alquilaron una cabañita lindísima decorada rústicamente con colchas y cortinas de coloridas rayas, destacando una pequeña chimenea y una escalinata de madera que te lleva al segundo piso donde también había una amplia cama desde la que se podía ver la oscuridad de la noche por una ventana estratégicamente colocada en el techo y todo ello por un precio increíble, 3 dólares la noche, mas un dólar por cada comida, da gusto darse cuenta que a veces el paraíso está también al alcance del bolsillo del mochilero.
Catja estaba congelada y muerta de cansancio pero yo no podía encerrarme en la habitación y dormirme sin antes echar un vistazo a la laguna, me mata la impaciencia, y solo eran apenas 50 metros. Tomé mi gorro, mis guantes, mi bufanda, el poncho imperniable y me aventuré cuesta arriba mientras mis pantalones se iban salpicando con los charcos, mis pies se hundían en el barro y mi cara notaba el frío cortante y las gotas de lluvia; hacía frío, estaba a casi 4000 metros de altura, no había nadie en la calle, solo silencio, intuía a los escasos habitantes refugiados en sus casas alrededor de una humeante vieja chimenea viendo quemarse los leños...
Hasta aquí todo muy poético pero tuvo que cruzarse un perro en mi camino, o más bien yo me cruce en el suyo, la cosa es que ladraba como un loco, y yo que tengo pánico a los perros tratando de mentalizarme en aparentar normalidad, tranquila Pili no vaya a ser cierto eso de que los perros “huelen el miedo” e intentado recordar las recomendaciones leídas en la Lonely Planet para estos casos (buscar una piedra y probar puntería, ¿sería eso?). Felizmente fue solo un pequeño susto, que ahora cuento como anécdota, porque al final se cumplió el dicho de que perro ladrador poco mordedor y pude seguir tranquila ¡y entera! mi camino. Cuando llegué al mirador de la laguna, la bruma lo envolvía todo y caminaba torpemente en medio de la tiniebla, pensé que no iba a ver más que eso, bruna y oscuridad, pero me equivoque.
La visión de la laguna fue sobrecogedora, sentí algo dentro, un revolcón de toda mi fibra sensible, allí aparecía imponente e impactante como si las adversas condiciones climatológicas no le afectasen, como si gozase de un microclima propio, recuerdo el brillo especial de sus majestuosas aguas y los perfiles del cráter volcánico que la custodian dibujados en el horizonte, una sensación muy extraña de vértigo, de atracción fatal ….. sin duda uno de los sitios más mágicos en los que he estado. Ya con la luz del día, tempranito para evitar las nubes del mediodía esta vez con Catja fuimos de nuevo a la laguna para bajar por todo el cráter hasta la misma. Se me ha olvidado decir que la laguna esta dentro del cráter de un volcán que según me contaron erupcionó por última vez en 1797 y desde entonces no ha vuelto a molestar.
La bajada es muy fácil en media hora se hace pero la subida es bien diferente, bastante dura, y se tarda como una hora y media y la altitud se nota bastante aunque se puede optar por pagar 5 dólares y subir en mula. Nosotras, ya no por cuestión de tacañería, sino de amor propio preferimos subir a pie y genial porque cuando llegas arriba te sientes muy bien contigo misma y mas yo que no soy nada deportista y en este viaje me estoy sorprendiendo con cosas que jamás pensé que mi resistencia física lograra.
Con la luz del día la laguna se muestra igualmente hermosa, las tonalidades de sus aguas turquesas contrastan con el gris de las paredes del cráter, los distintos verdes de la escasa vegetación, el blanco de las numerosas y acechantes nubes y todo ello quedaba retratado en la cristalina laguna como si de un espejo se tratase … todo era perfecto, no fallaba nada, había ovejas, llamas, vacas, unas pastora … y catja y yo; nos separamos, queríamos disfrutar cada una de este momento, me siento, me emociono con el paisaje que es la definición exacta de la palabra belleza, pienso en mi vida, en mi familia, en mi futuro, y dejo de pensar porque solo siento un gran paz interior.
Pd: Para otros viajeros contarles que existe un circuito por esta zona, quizás el paisaje andino mas bonito del Ecuador, que tiene su punto de salida en Lacatunga y recorre los pueblitos de Pujili, Zumbahia, Quilotoa, Chugchilan y Saquisili.
Desde de Quilotoa y madrugando se toma un bus a las 4.30 de la mañana los días que hay mercado indígena de SAQUISILI, tardando tres horas y el precio pues tres dólares (dejo fotos). |
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