
Once upon a time in MEXICO (3ª parte)
México D.F. , centro y Costa Pacífico (Oaxaca y Bahías de Hu | 0 comentarios.
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DIA 9º - Domingo 20 de Julio
Hoy toca visita a Monte Albán, pero esta vez por nuestra cuenta, sacando el boleto en el Hotel Ribera del Angel con salidas cada hora y partiendo desde allí mismo en un autobús, todo ello por 24 pesos por persona, entrada al complejo sin incluir.
Como su propio indica es un Monte, y como tal hay que subirlo si se quiere contemplar en toda su amplitud. Mientras subíamos, nos salpicaban los puestos de artesanos que ofrecían sus diversos productos, uno de los cuales decidí adquirir, ya que según pintaba “el Lorenzo” y junto a que realmente era un objeto bonito además de útil, no hubiese sido lo mismo sin él; y ese objeto no era mas que UN SOMBRERO típico mexicano, hecho con palma y que ahora me acompaña colgado de unas de las paredes de mi habitación. María también compró otro y le sacó más provecho que yo en el resto de nuestros días en México.
Monte Albán no es magnifico sólo por su grandeza arqueológica, sino también por que desde allí (en la cima de un monte, aplanado primero y edificado después por los zapotecas con sus propias manos y sin ayuda de animales ni maquinaria) se contempla de Norte a Sur y de Este a Oeste, la belleza del paisaje oaxaqueño.
Foto 17. Paisaje Oaxaqueño desde Monte Albán
Monte Albán fue durante casi 1.300 años el mayor centro político, económico y cultural zapoteca de toda la región. Luego entre los años 750 y 800 d.C. fue abandonado inexplicablemente coincidiendo con otras culturas prehispánicas.
La zona ha sido saqueada en infinidad de veces y dejada de la mano de Dios, Alá, Mahoma, etc....hasta hace bien poco, unos 100 años que fue explorada por primera vez; parece increíble pero así es, imaginaos Monte Albán sin saqueos, si ahora es impresionante, entonces sería .......
Daros una y mil vueltas por la plataformas Norte y Sur, por la gran plaza y sus edificios que la rodean, ...... dejaros llevar por el instinto y la curiosidad, emborracharos de todo lo que aquel lugar transmite, perderos por sus celestiales laberintos, dar rienda suelta a vuestra imaginación, saciaros de su exquisita belleza y majestuosidad y sentiréis lo que yo sentí mientras por aquel lugar dejé parte de mi y donde crecieron más ganas de vivir para poder ver otros lugares tan especiales como éste; sin duda alguna volvería a México exclusivamente a rememorar aquellos exclusivos instantes.
Fotos 18 y 19. Algunas de las numerosas vistas de Monte Albán
Vuelta a Oaxaca a disfrutar de las pocas horas que nos quedaban y a reponer fuerzas porque al día siguiente partíamos camino de la costa, en una suburbans que salía a las 6 de la mañana y que no llegaba a nuestro destino, Bahías de Huatulco, hasta, en principio según nos dijeron, las 11 de la mañana; la realidad fue que llegamos a las 2 de la tarde, después de haber recorrido la Sierra madre, entre montañas y más montañas, curvas y mas curvas y un sinfín de paisajes que serán difíciles de olvidar.
Por cierto, fueron 8 horas de trayecto, para tan solo 250 Km. de distancia, pero aunque penséis que estoy loco, mereció la pena haberlo hecho, y ahora os iré contando porqué.
DIA 10º - Lunes 21 de Julio (Hoy hace justo un año que Olga y Raúl nos dejaron)
La citada suburbans la cogimos en una especie de estación de suburbans, en la C/ Valerio Trujano esquina con la C/ Victoria y que hacen trayectos hasta las bahías de Huatulco, Puerto escondido y Puerto Angel, por un precio aproximado de 140 pesos por persona y en el que no van mas de 6 personas en el viaje.
Al principio sueño y como aún quedaba aproximadamente 1 hora hasta recoger a un pasajero mas, decidí irme a la parte trasera y dormir algo, como os podéis imaginar, apenas logré cerrar los ojos 5 minutos.
Poco a poco iba amaneciendo y comenzábamos a salir de Oaxaca.
A las 2 horas de trayecto, el conductor paró en su cantina de siempre, puesto que ese recorrido lo hacía 3 veces por semana, y mientras él y el resto de pasajeros (en total 3), daban buena cuenta de los tacos y limonadas de la citada cantina, yo hacía alguna que otra foto a la vez que charlaba y jugaba con la hija pequeña (unos 6 años) de la dependienta; mientras, María visiblemente cansada, nos observaba.
Foto 20. Su mirada lo dice todo
Al rato, esto es, 30 minutos, vuelta al tajo y comienzo de la subida, interminable, de la Sierra Madre, por su cara interior, hasta la coronación de una de sus cimas y posterior descenso hasta la costa del Pacífico.
Recuerdo que a pesar de las miles y miles de curvas, el paisaje era como nunca antes había visto, bueno sí, lo había visto en películas de esas de aventuras por las selvas de Colombia, con autobuses destartalados, acantilados, precipicios, vegetación exuberante, etc....
Antes de coronar, el clima era más o menos seco, parecido al de cualquier sierra o montaña de nuestra meseta, pero según nos acercábamos a la cima, el calor comenzaba a ganar terreno y la humedad crecía por momentos.
Foto 21. Paisaje antes de comenzar a bajar la sierra
Es más, la flora antes de la cima era de tipo seco, con abundancia de pinos, Abies, castaños y robles y justo la cara enfrentada al mar, era a base de eucaliptos, algún que otro pino, yucas, plataneros, papayas, palmeras, ficus y sobre todo, y en la parte más baja de dicho bosque, de cafetales, tabaco y según nos comentó el conductor, coca y marihuana.
Foto 22. De camino hacia Huatulco. Foto desde la “suburbans”
Y llegamos a Santa María de Huatulco, último y casi único pueblo (bastante poblado), antes de llegar a la costa, en este caso, las Bahías de Huatulco.
Hasta allí llegamos, como ya dije antes, unas 8 horas después de salir desde Oaxaca y como es de suponer bastante cansados pero con el ánimo y las ganas de disfrutar del paraíso, intactas.
Previamente llamando desde una cabina de Oaxaca habíamos “reservado” una habitación en uno de los pocos hoteles o lugares donde aún quedaban habitaciones, concretamente en “La Crucecita”, aldea o pueblo meramente turístico a unos 500 metros de la playa, en el centro físico de todo el ancho de las bahías de Huatulco, que cuenta con tiendas, paradas de autobús, taxis, alquiler de todo tipo de vehículos, bares, restaurantes, agencias de viajes, etc... y con hoteles, moteles y pensiones algo más económicas que las que están junto a la línea de playa (alrededor de 800 a 1000 pesos por habitación doble), siendo en cambio el precio medio de las habitaciones que podéis encontrar en La crucecita de unos 300 a 500 pesos por noche.
Foto 23. La crucecita, desde la cubierta del Hotel
Pues bien, nuestro hotel era el “Busanvi I “ situado en la C/ Carrizal, 11 y que no os recomiendo porque después de haber reservado, eso sí verbalmente por teléfono, un precio (300 pesos por noche), cuando llegamos allí, la “muchacha “ de recepción, agridulce del todo, desganada y antipática como ella sola nos dijo que costaba 350 pesos y cuando nos identificamos y le dijimos que habíamos llamado el día de antes, que nos había dado un precio de 300 pesos, nos contestó que habían subido las tarifas, que eran órdenes del jefe; fue entonces cuando mas nos encendimos y le preguntamos que cuando habían subido esas tarifas y nos dijo, la muy cachonda, que esa misma mañana, con lo que (y ante la aparentemente imposibilidad de encontrar otro sitio y con las ganas que teníamos de soltar las mochilas y descansar), ya no queríamos más engaños y le dijimos que eso no era serio, que nos diese la habitación pactada y por el precio pactado...........
No sé si algo asustada o mas bien porque pensó que a nosotros no nos engañaba, que lo intentaría con los siguientes “turistas”, al final accedió y nos llevó a una habitación, y menuda habitación, tenía su ducha y lavabo limpios, así como el resto de la habitación, 2 camas grandes, pero ni una ventana, tan solo un hueco con lamas de esas abatibles a modo de ventana en una de las paredes que daban a un diminuto patio interior, en el que no corría ni gota de aire (¿porqué decimos “GOTA” de aire?).
Pero lo más gracioso fue que nos lo vendían como habitación con aire acondicionado, pero la realidad fue muy distinta, no os fiéis nunca, nunca, -subir y comprobarlo-, porque lo que allí había era el típico pingüino empotrado en una de las paredes y que lo único que hace es un enorme ruido, mover el aire “supercaliente concentrado” y que hace que no pegues ojo en toda la noche, pero, ahí no teníamos más remedio que tragar, aunque podríamos habernos ido a dormir a un hotel de la “zona cara”, en caso de haber habitaciones libres, .....¿realmente iban a ser mejores? y además, en principio no íbamos a quedarnos mas de 2 noches.
Comimos algo y nos acercamos andando hasta la playa más cercana, la de la Bahía de Sta. Cruz y os puedo asegurar que eso sí que fue magnífico.
Playa semivacia, aguas verde turquesa, temperatura del agua entre 29 y 31 º C, osea, relax total, y ya os podéis imaginar. Más tarde disfrutamos, María bastante más que yo, dando buena cuenta del coco y de su agua, bebiéndolo con popotes (pajitas), que un chaval de allí nos preparó después de partirlo con buenas artes.
Antes, he de deciros que las Bahías de Huatulco, están compuestas por 9 bahías y múltiples playas de dorada arena y aguas azules o turquesa, rodeadas de vegetación nativa selvática. Dichas bahías son, de suroeste a noreste, la de San Agustín (para mí y para muchos la mejor), Chahacual, Cacaluta, El Maguey, El órgano, Santa Cruz, Chahué, Tangolunda y Conejos.
El conjunto se localiza en la costa del estado de Oaxaca, en el sureste mexicano y abarca una extensión de 35 Km. de longitud y 7 Km. de ancho.
No contentos con aquello y ansiosos de ver más y más, paramos un taxi y previo mínimo regateo del coste, (casi obligado por aquellos lares), nos fuimos a la playa contigua a ésta, playa de La entrega, y que si no es por carretera no puedes llegar, porque para que os hagáis una idea, por un lado está el mar, por otro la playa, y todo aquello que no sea ni una cosa ni otra, es pura selva y aunque es posible acceder a alguna de ellas a pié, (dependiendo eso sí de las distancias), no os lo recomiendo sobre todo por que es bastante fácil perderse y porque los insectos y sobre todo la alta humedad (85%) no os van a dejar.
Foto 24. Playa de “La entrega”
Una vez allí, baño y posterior paseo en lancha, junto a otros turistas, por las playas allí cercanas, -isla de los pelícanos y El Bufadero-.
Los que quieran pueden alquilar un equipo de Snorkell (submarinismo pero a ras de agua) y disfrutar de los corales y peces de colores que rodean a dicha playa, si bien, según los lugareños, cada vez hay menos peces y corales y ya sabéis quienes somos los culpables.
Aunque el gobierno de allí debería preservar y ordenar mejor todo aquello para que la extinción no se produzca, pero ya se sabe, el dinero es lo primero.
Vuelta a la crucecita, cena en un restaurante del que no recuerdo el nombre pero que estaba situado en la calle perpendicular a nuestro hotel, llamada C/ Flamboyan y que por un buen precio, mejor servicio y buenos alimentos, dimos placer a nuestros vacíos estómagos.
Luego, a pesar del cansancio acumulado, apenas pudimos dormir algo, debido, como ya os comenté, al increíble calor y humedad allí acumulados.
DIA 11º - Martes 22 de Julio
Después de una deseada ducha y de haber comido algo, nos fuimos a la agencia de enfrente de nuestro hotel, para contratar uno de los múltiples viajes en barco organizados desde la bahía de Sta. Cruz y que según nos dijeron, te acercaba a por lo menos 5 de las 9 bahías, parando en 2 de ellas, una la del Maguey (donde existían restaurantes típicos de pescadores), y la otra la virgen y paradisiaca bahía de cacaluta , todo por un coste de 150 pesos por persona.
Pues bien, así parecía y así fue exactamente lo que nos dijeron cuando “nos vendieron” el viaje, además de barra libre en el barco, equipo de snorkell, etc....
Nos acercaron al puerto deportivo, montamos en el barco, salvavidas incluido y cual fue nuestra sorpresa, cuando a pocos metros del comienzo de la travesía, vemos que, mientras el típico fantasma explicaba lo que íbamos a hacer y e iba soltando las parrafadas típicas para que los ignorantes y turistas allí presentes (por cierto, el barco estaba lleno), creyéramos que lo que decía nos pudiera hacer pensar que aquello era mas maravilloso y alucinante de lo que realmente era, cuando lo que estaba haciendo era venderse y procurarse afectos posteriores; nos iban acercando a la playa de la entrega, justamente pegada a la de Sta. Cruz, punto de partida, y que resultaba iba a ser la primera parada de las dos previstas, la otra, claro, donde estaban todos los restaurantes.........
Una vez acabada la charla del citado sujeto, nos acercamos a él y le preguntamos que porqué parábamos ahí, y nos contestó que era la primera parada.
Nosotros indignados y engañados le dijimos que nos dijeron que paraban en Cacaluta y no donde estábamos, y él nos respondió que era imposible, que ningún barco lo hacía, a no ser de aquellos que se las pagaba el extra de acercarse hasta allí.
Bueno, tampoco íbamos a oscecarnos con el hombrecillo, con lo que esperamos pacientemente hasta que el resto de los turistas se bajaran, unos a hacer snorkell (al final no incluido en el precio, para más inri ) y otros a la playa, a esperar tranquilamente a que volviera el mismo barco, después de media hora, a recogerles. Por cierto, mientras estos disfrutaban de la playa, los “PIRATAS” del barco, volvían al punto de partida a recoger a la siguiente tanda de turistas y a volver a empezar, con lo que os podéis imaginar lo productivo del negocio, que hasta cierto punto no me parece mal, lo que me parece mal es que te engañen miserablemente, como así lo hacen.
Como nos negamos a bajarnos, se creó un ambiente un poco tenso, acentuado más aún cuando María no quiso desprenderse del chaleco salvavidas, hasta no recibir por parte del jefe o responsable, las pertinentes y convincentes explicaciones.
Y así fue como volvimos al punto de partida, 30 minutos más tarde y con cara de muy pocos amigos, porque ante todo y por encima de todo, dinero aparte, nos sentíamos engañados y humillados y no pararíamos hasta el final.
Por fin llegamos ante “el cacique” del pueblo, que manejaba casi todo y lo de los barcos no podía ser menos, justo el que 30 minutos antes nos había vendido “ los boletos del paraíso “ y nada mas acercarnos a él, lo que ocurrió mas o menos, fue lo siguiente: (también estaban presentes el capitán y otro hombre de la tripulación).
CACIQUE - ¿ Qué ocurre?
NOSOTROS – Ya lo sabe.
C – Sí, me han comentado que ha habido algún problema.
N –Pues sí. (Le comentamos lo que nos vendieron esa misma mañana en la agencia)
C – No se preocupen que iré a hablar con ellos y les pediré explicaciones, pero no se crean que en España no pasan cosas de estas, miren sin ir mas lejos, la semana pasada a mi mujer, que es de Santander, le robaron 2.000 dólares a punta de pistola en el aeropuerto de barajas.
N – Pues lo que debe hacer su mujer y cualquier persona en ese caso es denunciarlo y reclamar, como nosotros estamos haciendo ahora y aquí, y posiblemente no haya sido un español el que haya hecho eso.
CAPITAN – Sí, sí, claro, seguro que ha sido uno de la ETA, (el día anterior habían puesto una bomba en un Hotel de Benidorm)
N – Precisamente los de la ETA, no se dedican a eso y no se andan con atraquitos de tres al cuarto.
C – No lo sabe nadie, el caso es que esto ocurrió, tengan aquí su dinero y perdonen las molestias.
N – Muy bien, nos parece muy bien esto que está haciendo, es lo mínimo que podía hacer, después del disgusto y el engaño, pero el tiempo que hemos perdido nunca volveremos a recuperarlo, y de esta forma, engañando a la gente, pierden ustedes y el país, ¡¡¡¡ Por cierto!!!!!, lo de la barra libre es otra mentira como la copa de un pino, sólo pepsi, y cuando se acabó la fría ( que fue enseguida), a tomarse la caliente, y ni agua ni nada más.
C- Eso no puede ser así.
N – Pues si es así, es más, ese señor que está ahí, fue el que nos dijo que no tenían agua cuando la primera vez nos ofreció pepsi, pero no pasa nada, volvemos a lo mismo, SOMOS TURISTAS, NO GILIPOLLAS.
Hasta luego.
Foto 25. Comenzando el “famoso” tour
Entonces decidimos acercarnos a la Bahía de San Agustín, la más alejada de todas y como dije antes, una de las más bonitas de todas las que vi, 4 en total.
Tomamos una camioneta en la crucecita con dirección a Sta. María Huatulco.
En el trayecto charlamos con una joven mujer que viajaba junto a sus dos hijas y una amiga de esta.
Después de apenas diez minutos de viaje, nos bajamos en el cruce con la carretera que va al aeropuerto.
Foto 26. Una de las citadas hijas, y su amiga
Una vez allí, tenéis tres opciones, la primera y más pesada ir caminando hasta la citada bahía, por un camino terrizo (de arena), de 11 km. de distancia, la segunda coger uno de los taxis que allí esperan (80 pesos el viaje de ida) y una tercera opción, que fue la que nosotros hicimos, que es ponerte justo enfrente de donde están los taxis individuales, para esperar, primero a que llegue un taxi colectivo y después a que vayan llegando futuros pasajeros. Cuantos más mejor, puesto que cuantos mas monten en el taxi, menos paga cada uno, porque lo que el taxista quiere son sus 80 pesos, monte quien monte.
Foto 27. Esperando algún pasajero más
Después de esperar, María, el taxista y yo, unos 20 minutos, se acercó un pasajero y como ya no podíamos más, (tampoco el taxista), le dimos 60 pesos entre los tres y nos acercó al paraíso. A ambos lados del camino, había poblados y pequeñas aldeas donde vivían campesinos que cultivaban, entre otros, papayas, plátanos, etc..., los niños correteaban descalzos y semidesnudos por los caminos, las casas eran muy frágiles, pero se les notaba felices y contentos de lo que tenían, y no era para menos.
Al llegar a la playa, antes, justo antes de ésta, estaba todo salpicado de chiringuito-restaurantes, hechos con cañizos y que en ningún momento desentonaban con el entorno, donde por precios mas o menos asequibles, podías comerte un pescado asado allí directamente, una langosta, ostras recién sacadas del mar, así como pulpo y demás exquisiteces, pero aunque tiene todo muy buena pinta, os recomiendo que no lo comáis, puesto según nos dijeron amigos mexicanos que viven allí y que viven aquí, es fácil intoxicarse y ya sabéis lo que os espera, “cagaleras de la muerte”.
Foto 28. Pescados y mariscos, esperando su destino
Quiero aclarar este punto, porque aunque alguien se puede sentir molesta, lo cierto es que nuestros estómagos occidentales, no están acostumbrados a ciertos alimentos y no son inmunes a todo lo que ingerimos, distinto a los estómagos de los de allí, por ejemplo, sin ir más lejos, el que va a Kenia, tiene que vacunarse antes de Malaria, fiebre amarilla, etc., y en cambio los keniatas no lo hacen, su metabolismo ya está inmunizado, o el que va a Egipto, no debe comer alimentos como verduras y frutas sin pelar, puesto que el agua con la que los lavan, no es apto para nuestro organismo. Respecto a esto os quiero recomendar que vayáis donde vayáis, y aunque os parezca exagerado, toméis la vacunación contra el tifus.
No es nada complicado, vais a una farmacia, no hace falta receta médica, lo pedís y la farmacéutica os lo da (vende, sólo 8 Euros) y os explica la dosis; creo recordar que se compone de 3 cápsulas, que tenéis que tomar en días alternos y 10 antes de llegar al destino, además dura hasta 3 años; esto me lo recomendó mi amigo Javi, el hermano de Alberto, que de viajes y aventuras entiende un rato.
Foto 29. Niños junto a sus casas. Playa de San Agustín
Parece que me he despistado un poco, prosigamos con aquel día de playa y relax.
Después de hacer unas fotos por allí, -los tábanos y las moscas apenas te dejan tranquilo, sobre todo por la zona de playa deshabitada (ver foto adjunta)-, decidimos practicar el “snorkell”, a pesar de mi primitiva negativa y ante la insistencia de María que me llevó casi de la mano para que lo probara y que, cosas de la vida y de la ignorancia, hizo que al día siguiente repitiéramos.
Foto 30. Playa de San Agustín
Fue una experiencia que os recomiendo a todos, a niños y a mayores, para los de aquí y para a los de allí, para rubias y para morenas, para padres y para hijos, para rusos y americanos, para los del Betis y para los del Sevilla, en fin para los de la Coca-cola y para los de Pepsi.
Así que estuvimos viendo peces de colores, en un banco de corales, a pocos metros de la arena, sin apenas bañistas, durante aproximadamente 3,5 horas, llegando a ver mucha variedad de peces, recuerdo entre otros, erizos negros (estos son peligrosos pero solo si los pisas, claro, aunque suelen esconderse entre las rocas y corales), peces globo, erizos roca, mantas, y muchos más de distintos colores y formas que nos seguían continuamente. Llegamos a estar, en buceo a pulmón libre, a unos 4 metros de profundidad.
Foto 31. Erizo y peces diversos
Después de la sesión, nuestra piel, aunque previamente protegida, comenzaba a tomar color y cansados y sedientos nos tomamos un par de coronas en uno de los chiringuitos de allí, concretamente en “El Marlín”, del matrimonio Heriberto Jijon Moreno y Guadalupe Zamacona de J., especialidad en mariscos y pescados a la talla (al peso).
Foto 32. María y José, tomando una cerveza
Alrededor de las 7 de la tarde volvimos haciendo dedo, en la parte trasera descapotada de una “rubia”, observando el fabuloso atardecer que nos iba envolviendo, a través de campos de cultivo de papayas, aldeas y naturaleza medio salvaje.
Cuando llegamos a la crucecita, ducha obligada en el hotel y a dar un rulo por las tiendas de regalos que llenaban el pueblo, mas tarde cena en el Restaurante “El patio”, propiedad de Beatriz Zárate Vargas, en la C/ Flamboyan, 214.
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