RELATO DE VIAJE
Uyuni, el salar más grande del mundo
La habitual reunión programada en un céntrico hotel de Salta la noche anterior a la partida reforzaba conceptos que por e-mail venían circulando desde hacía unos cuantos meses. Los “cartelitos” con los nombres y la respectiva posición dentro de la caravana para pegar dentro del habitáculo, junto con la entrega de la Hoja de Ruta y las calcos alusivas al evento para las puertas de las camionetas, se reportaban como la única novedad tangible de esta reunión de amigos que se disponían de buen talante a disfrutar del tradicional locro servido en la mejor peña de la ciudad, al final de cuentas, al otro día tendían permiso de levantarse tarde,.. y no serían muchos.
El hermoso y muy “paquete” restaurante de Purmamarca, puso en claro un detalle cuidadosamente estudiado por la Organización, la primera impresión en cuanto a hotelería y comidas es fundamental a la hora de encarar luego a Bolivia, donde los hermosos paisajes llevan la pesada carga de equilibrar los potenciales maltratos respecto a los servicios ofrecidos al turista. Inconvenientes como demorar casi tres horas para cruzar nueve camionetas por la aduana, se veían matizadas por las compras a precios de regalo de productos que ingresan desde el Paraguay o de Oriente, claro que con solo unas claras beneficiadas, las señoras del grupo, que en definitiva con diez matrimonios, eran nada más ni nada menos que el 50% del plantel de viaje!. Tomar contacto con el duro “calamina” boliviano, comienza a definir personalidades y habilidades dentro del nutrido grupo.
Escuchar y aceptar la opinión de la punta, da comienzo a una serie de pequeños consejos de manejo que se irían repitiendo a lo largo del viaje y que seguramente le serían de utilidad para futuras travesías.
Tupiza y Atocha, dos pequeñas localidades en los extremos de un hermoso y empinado camino de cornisa que por primera vez nos puso varias veces ante la sensación de tocar los 4200 m.s.n.m., fueron el singular preludio del maravilloso Hotel de Sal de Uyuni, la noche cargó aún más de singular misterio a la ya de por sí extraña atmósfera del lugar. Caminar sobre blanca sal, comer y dormir sobre bloques de tan extraño material de construcción resultó casi tan exótico como los lomos de llama servidos en la cena, los oscuros ventanales una espectacular visión blanca que hacía muchas horas intuíamos y que solo la hora del desayuno encargo de develar, era el tercer día de viaje y sabíamos que sería muy especial.
Setenta y cinco kilómetros a campo traviesa en ese mar blanco de sal era solo un número en las pantallas de los GPS, Incahuasi representaba aún mucho más, significaba la promesa de un espectacular ascenso a la cima de ese promontorio rocoso y que confirmó lo que ya era vox populi por la radio de VHF, “la vista debe ser espectacular!,..” y sin duda lo fue.
Darle de comer a 23 personas en medio del Salar de Uyuni una cuestión que premeditados “mensajecitos desde tierra” logro zanjar sin mayores inconvenientes, poner a los integrantes a exponer sus impresiones y sentimientos en medio de un “circulo de poder” bastante más difícil, pero que se podía hacer?,.. si en definitiva, misticismo y energía serían de aquí en más dos de los términos más populares en nuestro lenguaje cotidiano.
Turismo dinamitero
Las llamadas al único cuatro estrellas de Oruro con frivolidades tales como si era trucha o lomo la selección para la cena, contrastaron notablemente con el sándwich de pan y huevo que la empleada del puesto callejero en las afueras de Challapata vendía en la módica suma de 1 Boliviano (algo así como u$s0.10) y que tomamos como cena de esa noche debido a un fuerte piquete de mineros que cortaban la única ruta a pocos kilómetros de la ciudad y tal como lo hacen nuestros chicos para las fiestas de fin de año, utilizaban a los cartuchos de dinamita como medio para amedrentarnos y no intentar rodear el corte.
Si algo habíamos aprendido de viajes anteriores a la principal zona minera del país, era que el acceso a los cartuchos de dinamita es tan sencillo y sin restricciones como la compra misma de cigarrillos, pero también sabíamos que la mayor peligrosidad y poder radicaba en el hecho de que el cartucho debe ser rodeado por Nitrato de Amonio, cuestión que lo convierte en verdaderamente peligroso, cuestión ésta última que aquí no sucedía, pero el efecto sicológico y amenazante de ver volar los cartuchos bastó como para renunciar al confort del 4* y conformarnos con una económica pensión de u$s2 la noche.
Como casi siempre sucede en este tipo de países, un resultado final exitoso, depende en gran medida de una sumatoria de hechos casuales que seguidos por la intuición de quien guía llevan a buen puerto el objetivo del día. Esa mañana el buen conocimiento de senderos alternativos de un pasador de autos ilegales y la buena voluntad y ambición de un empleado vial llamado Miguel (al cual cargamos en una de las camionetas mientras su bicicleta era cargada en el techo de otra) resultó en un ocasional y bienvenido guía conocedor de los caminos de montaña que si no fuera por este singular conflicto, tengan por seguro que no hubiéramos conocido, en definitiva perder la visita a Tiwanaku fue un costo por demás “económico” para un atraso de casi seis horas en la Hoja de Ruta. La Paz como es habitual, caótica y ruidosa, una experiencia que no quisimos dejar de vivir a sabiendas de nuestro retraso.
Relajados y ya sobre pavimento a la fronteriza desaguadero, la febril inventiva del querubín del grupo –Matías, alias Matute-, lanzó la frase que le había anticipado al grupo en Salta que tarde o temprano aparecería por la radio de VHF y que se repetiría como comodín durante el resto de la travesía –siempre hay una- (en el viaje anterior fue la palabra “sagrado”, a todo le adosábamos “sagrado”, como valle sagrado, choclo sagrado, camino sagrado, etc., etc.).
Esta vez, liberando un poco de tensión y tal vez motivado por las opiniones sobre religión que se estaban escuchando por las emisoras (fue una caravana en donde participaron gente de varias religiones), se lo escucho decir: “Colo es mi pastor,... de Bolivia me sacará!”, ocurrencia festejada y potenciada con más insólitas variantes, propias de una clara descarga de tensiones de un “clásico” día de turismo piquetero.
El fuego del hogar en el hotel de Puno, era evidentemente mucho más pacífico y relajante que la quema de cubiertas en los caminos bolivianos. Una buena cena y mejor café, hizo borrón y cuenta nueva, el equipo cada vez más consolidado, estábamos ahora en Perú y eso se hacía notar. “Colo es mi pastor,... hotel y comida no me faltará!”
Uros, navegando el lago Titicaca.
Una breve ceremonia de transferencia de mando (Miguel sería ahora el encargado de llevar la tropa al muelle de embarque) y para mí otra situación repetida de viajes anteriores, la larga negociación con los capitanes del puerto por la selección de la mejor embarcación posible para nuestra esperada excursión a las islas flotantes de los indios Uros, tratando de consensuar el mejor destino (son una treintena de pequeñas islas familiares con particularidades bien diferentes unas de otras) y pactar el mejor precio posible para vivir esta magnífica experiencia de navegación en uno de los lagos más altos del mundo.
La cordialidad de Teresa –la matriarca de la isla- y la excelente explicación de Freddy respecto a los usos y costumbres de esta extraña forma de vida puso de manifiesto la bien ganada reputación de uno de los puntos fuertes del viaje, comer las ricas truchas frescas en el antiguo y recientemente restaurado barco metálico Coya, un toque de distinción bien merecido en nuestro cuarto día de viaje. Los casi cuatrocientos a la ciudad imperial del Cuzco, un trámite que nos puso a sabiendas bajo las amarillentas y tenues luces de la plaza de armas, circulando lento sobre lustrosos adoquines de piedra y angostas callejuelas. Magnífico y calculado golpe de efecto en el ombligo del mundo de la cosmología andina.
Cuzco, día libre... pero no tanto
La Hoja de Ruta del día marcaba una secuencia de siete lugares que debían hacerse en un claro orden de prioridades, las subidas y bajadas de sus calles como la larga lista de increíbles tesoros incas, no dejaba margen para improvisar, últimas recomendaciones al grupo durante el desayuno y los vimos partir por primera vez solos. Miguel y Yo teníamos “tarea administrativa” que nos llevaría toda la mañana, canjear las reservas electrónicas del tren a Machu-picchu por dinero en efectivo y coordinar con Joselo la contratación del bus y el guía para el Valle Sagrado nos dejo solo margen para un relajante masaje de casi una hora y media en el local de Dora de la calle Triunfo.
Conseguir lugar para que cenen más de veinte personas con vista a la plaza, resultó más sencillo que conseguir unas cuantas velas para festejarle el cumpleaños a Norberto (el piloto del L.R. “Perla Negra”) que seguramente se vio sorprendido por lo inusual del lugar para el festejo de sus cuarenta y tantos !
Valle Sagrado de los Incas,.. haciendo honor a su nombre
El cómodo y simpático bus amarillo de Joselo, daba un merecido descanso a los pilotos que hasta aquí ya habían conducido casi 4000 kms. desde Buenos Aires. Serían tres días a los cuales la Organización llamaba “stop de manejo”, muy bienvenidos por las señoras del grupo que ahora compartían las mismas actividades con sus respectivos esposos sin el estrés que significaba encargarse de la conducción o la atención de la radio VHF.
Sachsayhuamman, la feria artesanal dominguera de Pisac (punto fijo dentro del calendario de viaje), las ruinas homónimas y la maravillosa Ollantaytambo no hicieron más que confirmar lo especial del lugar. Gran ventaja para nosotros la progresiva aclimatación de nuestros cuerpos a la altura, subir y bajar empinadas ruinas e interminables escalones sin la permanencia previa a alturas de más de 3000 m.s.n.m. nos hubiera complicado tanto como los pobres turistas “voladores” que a solo dos horas de Lima aterrizan en Cuzco cargados de expectativas y con una abultada agenda de viaje, que en el mejor de los casos apenas pueden cumplir en parte,.. punto para nuestras camionetas !.
Machu-Picchu y el duro Camino del Inca
Un diminuto sendero por la quebrada del río Urubamba y aproximar con nuestros vehículos a solo 12 kilómetros de la ciudadela sagrada, nos confirió una importantísima ventaja estratégica que solo sería validada si los acuerdos con la gente de Peru-rail para que el tren se detuviera a solo 200 metros de nuestro hotel tenían éxito.
Era la primera vez que intentaríamos semejante maniobra, solo esperábamos que mas de medio vagón vacío y una multitud de argentinos sobre las vías a temprana hora en la mañana, detuviera la formación y así lo hizo. Alegría y la consabida muletilla de viaje “Colo es mi pastor,... tren a Machu-Picchu no me han de faltar!” se dejó oír por parte de Matute (el más joven y “zafado” de grupo) en medio de un silencioso vagón de asombrados extranjeros que poco a poco “enganchaban” con la onda del ruidoso grupo, que a partir de aquí y como en la popular de un partido de fútbol, ovacionaba con palmas al grito de “Huayyynaaaa-Pííícchu,.. Huayyynaaaa-Pííícchu”,.. nueva muletilla en clara referencia al desafío que significa el duro ascenso a la empinada cima del “cerro joven” o Huayna-Picchu –ese cerro a espaldas de la ciudadela, que destaca por su altura y dureza de sus empinadas escalinatas-.
Llegar al pie de la ciudadela casi 2 ½ hrs. antes que el resto de los turistas que llegan de Cuzco, brindó un marco de intimidad que es muy difícil de lograr para este destino de alcance mundial. Era hora del plan “B”, apoyados por la certeza de Julio nuestro guía local en cuanto a que nos era posible por la hora hacer 1/3 del Camino del Inca, once de los veintitrés del grupo decidimos vivir la experiencia de caminar por el famoso sendero, el plan inicial era llegar hasta la base del último pernocte tradicional (las ruinas de Winay-Waina), eran tan solo 1.5 kms. hasta el Inti-punku y de allí otros 7 kms. a las ruinas en donde encontraríamos un Puesto de Control e iniciaríamos nuestro descenso a las vías del f.f.c.c. y puente colgante mediante otros 5 kms. hasta el pueblo de Aguas Calientes.
Duro pero magnífico –prometimos no volver a intentarlo nunca más- sendero en medio de una tupida selva, el camino del Inca tiene bien ganada su fama mundial, grande fue la sorpresa al llegar al P.C. y escuchar la negativa de los empleados del consecionado camino a cobrarnos el derecho de pase y querer enviarnos de regreso a la ciudadela por no contar con la respectiva reserva anticipada (se requiere de casi un año de espera para poder circular el sendero), discusiones que como resultado nos ponen en un abrupto sendero de descenso casi vertical de más de 4 kms. otra vez al fondo del valle y las vías del f.f.c.c., el cansancio y el molesto ácido láctico fluyendo por las agobiadas musculaturas puso a prueba la resistencia del grupo, apoyándonos y dándonos fuerza mutuamente pasó por ésta difícil prueba de resistencia que quedará como anécdota de supervivencia, tal vez la más difícil que le haya tocado sortear a más de uno, ver el desnivel de más de 1000 mts. que acabábamos de sortear, nos hacía sentir especiales, la selva y la incipiente lluvia mudos testigos de una inesperada prueba de habilidad que bien podía haber terminado con la catastrófica pérdida de nuestros asientos en el tren al valle.
Comentar lo sucedido esa tarde en el camino del Inca durante la cena, tema excluyente de esa noche.
De la visita a la ciudadela, ya nadie se acordaba !
Las dos “M”
Un nuevo día en el espectacular Valle Sagrado, ésta vez para visitar dos destinos fuera de los circuitos del turismo convencional y que gracias a nuestras propias “movilidades” –como gustan llamar los peruanos a los vehículos- tuvimos la oportunidad de visitar, Maras y Moray, salineras e invernaderos incas respectivamente.
Si las energías y los misterios de la cultura Inca eran tema favorito de conversación, ver burbujear el agua en el centro de los grandes pozos de Moray, cambió de vereda a más de un escéptico del grupo. No hay que ser muy sensitivo para darse cuenta que ambos lugares tienen algo especial, amén de la visible característica de insistir con el hecho de no entrar en los cuadros de las benditas cámaras fotográficas.
Un inusual trabajo comunitario para levantar una escuela (más de 250 personas del pueblo) justo en el momento de hormigonar una losa de techo, hizo las delicias de los “técnicos” del grupo y como resultado un claro replanteo hacia nuestros adentros, interrogándonos por la última vez en que participamos de una tarea comunitaria, sin duda esta cultura milenaria no solo con monumentos de piedra transmite claros mensajes a futuro, también predica con el ejemplo.
Nazca,... a volar se ha dicho!
Ya cerca del medio-día y con 189 Km.por delante, al modesto restaurante de Anta nadie le ponía ni una sola ficha.
"Bife a la pobre,.." se me escuchó decir por la radio. Solo aquellos con espíritu aventurero se animaron a subir las escaleras del primer piso y ubicarse en las mesas entre los humildes parroquianos, grande fue la sorpresa cuando comenzaron a aparecer uno de los mejores platos de todo el viaje. Bife encebollado a caballo con papas fritas y arroz en donde la palta rellena y la banana frita competía por espacio dentro del plato y en nuestros estómagos,... se había aprendido una importante lección,.. en el Imperio, no todo lo que brilla es oro y las apariencias suelen engañar !
Cerca de las tres de la tarde y apesadumbrados por el abundante almuerzo, no quedó más remedio que enfocar nuestros dilatados estómagos en dirección a Abancay, una buena parada que corta bien las catorce horas que lleva cruzar la cordillera central peruana entre Cuzco y Nazca si lo hubiéramos querido hacer en un solo día.
Esta primera sección de la cordillera, es sin dudas una de las más bonitas y "vuelteras" de el viaje que enloquecía implacablemente a nuestro pobre GPS y particularmente al de nuestro querido amigo Fito, que neófito para éstas lides no dejaba de asombrarse (.. y transmitirlo por radio) cuando a cada retome del camino el aparato parecía incrementar la distancia a destino dando la falsa impresión de alejarnos cada vez más de nuestro objetivo.
Tan alto parecía estar la caravana entre los cerros que las luces de Abancay abajo forzaron el risueño comentario desde la primera camioneta que rezaba algo como: “… Damas y caballeros, les habla el Capitán,… en breves instantes comenzaremos nuestra aproximación a la ciudad de Abancay,.. rogamos ajustar sus cinturones y poner...”. Una rica sopa de verdura y los tallarines Alfredo a los que nos tiene acostumbrado el chef del hotel, pusieron término a un interesante día de viaje.
La mañana se presento despejada y agradable, era el día donde la caravana transitaría por un hermoso camino de montaña a más de 4500 m.s.n.m., pueblos, lagunas y manantiales parecían desafiar a cada paso al libro de los record, una impecable cinta asfáltica que tuvimos la suerte de inaugurar en el 2004 convertía al enlace en un maravilloso paseo muy cerca de las nubes y de las nacientes de fabulosos ríos como el Amazonas.
Llegar a Nazca a tiempo de visitar el Museo Antoninni, un resumen de información que bien nos serviría para los próximos días en la capital del territorio Nazca.
La proximidad del Pacífico se hacía sentir en los platos de langostinos bien servidos por Javier, nuestro amable mozo del hotel sobre la Panamericana misma, el video en pantalla gigante de las Líneas luchaba contra el sueño de algunos, que por lo visto el sentarse a mirar tele después de tantos días, resultó un eficaz tratamiento contra el insomnio.
El ruido de los motores de las avionetas despegando del aeropuerto nos recordó para que estábamos allí, tener prioridad en la lista de embarque y por ende poder disfrutar de las Líneas temprano, justamente cuando la posición del sol resulta más que favorable, una premisa que a nadie pareció disgustar, al contrario, el tiempo sobrante fue bien aprovechado en la visita a la casa-museo de María Reische y a los entretenidos artesanos del Oro y la cerámica Nazca según los métodos ancestrales.
La alternativa entre la siesta y las ardientes arenas de nazca para visitar las pirámides, dividió aguas entre el grupo que finalmente pudo volver a reunirse para la cena. La nocturna a los cementerios nazcas, pareció una de las mas entretenidas actividades para el grupo “Land Rover” que hacía ya rato venía pidiendo pista off-road, el uso del GPS y el manejo a campo traviesa parece haber colmado las expectativas, al punto de poner en jaque las pocas horas de sueño programadas para este día.
El Pacífico y las benditas compras de Iquique.
Tal como estaba programado, la obediente caravana a las 5.30 AM. estaba ya en marcha al sur por la mítica ruta panamericana. Una sucesión de acantilados y playas solo interrumpida por la búsqueda de alguna ocasional confluencia y los deliciosos chicharrones de mariscos en Camana.
El paso por la mejor bodega de pisco del Perú y la exigente aduana “caliente” de Tacna-Arica, marcaba el regreso "a la civilización” según opinión de algunos, comer en un Mc.Donald cerca del hotel, un hecho inesperado y avalado por el cansancio del más largo enlace del viaje, casi 900 Km. de excelente camino.
Dejar la comodidad del hotel de Arica a media mañana, solo fue posible bajo promesa de buenas compras en el Zofri de Iquique, apenas una corta visita al famoso Morro y la dilatada “pasada” por las oficinas salitreras de Humberstone que infelizmente no pudieron competir contra la prisa de seguir gastando dinero en compras. Las casi 7 horas que restaban al cierre, nos tuvieron (y asumo parte de la culpa!) varias veces yendo al estacionamiento “a descargar” y seguir comprando.
Comer y comentar los éxitos de cacería, fue tema excluyente durante la cena al borde del mar en la más bonita playa de Iquique, que por fortuna a unos pocos pasos del hotel nos vio llegar bastante tarde esa noche. En definitiva al otro día sería domingo y la hora de partida estaba fijada para pasado el mediodía. Solo 380 Km. nos separaban de Calama, nuestra base para conocer los famosos géiseres del Tatio.
El lujoso "Aguas del Desierto", por las sonrientes miradas, una bendición esperada que no me tocó disfrutar personalmente, ya que el turbo de la camioneta de Matute justo se le ocurrió decir basta a media trepada de Calama, echo que conspiró contra el horario de la cena de los guías, que con sarcasmo “refrescaron" al grupo el horario de partida para el próximo día que fue fijado para las 4 AM., argumentando cuestiones naturales y que solo son activos hasta que amanece y bla,bla,bla,...
Géiseres?,… que es un géiser?
Una nueva prueba de navegación nocturna con GPS y 120 Km. de montaña nos separaban del cráter a más de 4200 metros del volcán Tatio. Llegar a uno de los lugares más bonitos del viaje según algunos, fue una prueba de que más allá de ser el día número 14 de viaje, el grupo seguía con buen ánimo para conocer y divertirse sobre sus camionetas. Algunos refrescando las últimas materias en cuanto a la conducción en ripio y montaña (Jorge,.. la proxima pone la doble!), otros disfrutando de las calientes aguas de las termas de Puritama muy próximas ya al fabuloso desierto de Atacama.
San Pedro su capital nos recibe tan bohemia y extraña como siempre, salvo por su increíblemente rica pizza a la piedra, que tal vez por el echo de no haber probado una durante todo el periplo, sabía mejor que en Las Cuartetas.
El hermoso Paso de Jama y la confortable hostería de nuestro amigo Walter en Susques, nos vio esa noche tomando fuerza para despedirnos de esta hermosa travesía y mejores compañeros de viaje. El celosamente guardado “champú” supo ser testigo de promesas de asados y nuevos viajes compartidos, nosotros aliviados por la tarea cumplida sin grandes contratiempos y que si bien faltaba un día para terminar, esta emoción de cenar en la intimidad de la cordillera de Susques, en Salta ya no sería lo mismo.
La visita al viaducto Polvorilla y el inolvidable guiso de cordero en San Antonio de Los Cobres, nos vio despedirnos entre pocos, a fin de cuentas llevábamos casi tres semanas juntos y era hora ya de que cada uno siguiera con su vida “normal”, esa en que cada uno sabe al menos, en el día en que vive.
Algunos comentarios,....
Hola Colo
Queremos agradecerte las fotos y el relato es un recuerdo barbaro lo pasamos muy bien fue un viaje inolvidable te felicitamos por lo que haces ya que creemos que no es nada facil organizar todos esos dias, sorteando todos los inconvenientes
Nunca vamos a olvidar este viaje fue una experiencias inigualable para nosotros,te agradecemos a vos y a Miguel por el recuerdo y lo valioso de este viaje
Nos hubiera gustado mucho despedirnos de vos, de Migue y de Sandra igualmente les mandamos un beso grandeeeeeeeeee!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Cuando tengas otros viajes proyectados escribime asi nos enteramos y si podemos vamos
Muchas gracias
Lucy y Gerardo
El Colo es nuestro pastor,el nos guiara Pastor!!!!! como andas Colo?
despues de la extraordinaria experiencia de nuevo en la rutina!!!!
perdiste tu celu?.....,bueno peor lo de Matute!!!! la noche ultima ,nos reunimos para cenar ,en una parrillada en Salta( Gerardo y Sra.,Tano y Sra,Matute,Rosa y Yo) y al regreso nos encontramos con la desagradable sorpresa que le afanaron la base ,el GPS,el pasacasette a Matu..
Gracias por los momentos vividos,y muy bueno tu relato.
Un abrazo Rosa y Jorge Con respecto al viaje tengo y he recogido algunas opiniones, pero el resúmen al menos para mí, es que se trató de un viaje exigente, duro,
pero increíble e impensado.
Te felicito por la organización, aunque tiene cosas para corregir y mejorar, pero la geografía que se transita es difícil y por eso en
particular te felicito.
Desde ya te aviso que vamos a reunirnos en mi chacra de Zárate para comer un asado y compartir un día de sol, pileta y
caballos.
Un fuerte abrazo para Miguel y Sandra, otro para vos, y espero verlos en Zárate.
Atentamente
Jorge y Cristina "... realmente todo fué una experiencia inolvidable que es difícil contar con palabras" Saludos a todos.
Norberto
Defe 110 TD5 SW "El Perla Negra" |
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