Tuve la oportunidad de viajar a Trujillo después de después de casi 20 años. La primera y única vez que había ido era solo una niña que no llegaba a cumplir su primera década. Esta vez estaba convencida de querer conocer y recordar más que las “resbaladeras” de la Plaza de Armas.
Lo primero que hice fue planear mi viaje en menos de una semana, sentarme con lápiz y papel y sacar un presupuesto para no más de tres días que era lo que el trabajo me permitía.
El viaje en bus duró casi 8 horas. Viajé por la noche del viernes para ganar tiempo y aprovechar al máximo los dos días que mi considerado jefe me había proporcionado. Llegué al amanecer del sábado, fui directamente al hotel a descansar un rato. Como estaba cerca de la Plaza de Armas, aproveché que no había mucha gente por la hora tan temprana y decidí salir a dar unas vueltas y tomar unas fotos.
Trujillo fue fundada por los españoles en el año 1534 y le dieron el título de Ciudad de Trujillo tres años después, convirtiéndose así en una de las principales y más prósperas del Virreinato. Como prueba de esto pude ver sus hermosas construcciones aun conservadas, como casonas alrededor de la plaza e Iglesias.
Más tarde, el guía me cuenta orgulloso que Trujillo fue la primera ciudad del Norte peruano que proclamó su independencia el 29 de diciembre de 1820, siete meses antes que los hiciera San Martín en el histórico balcón Huaralino.
Actualmente la ciudad de Trujillo es la ciudad más importante del norte peruano. Podemos llamarla de diversas maneras: Capital de la Marinera, ciudad de la Eterna Primavera o capital del departamento de La Libertad. De cualquier manera, estos nombres reflejan el gran valor peruano que se encuentra en estas tierras, su gente, su importancia política y sus atractivos.
Camino a Chan Chan, la primera excursión del día según el itinerario hecho con poca anticipación, el guía me habla de la cultura Chimú, o Gran Reino Chimú.
El Gran Reino Chimú abarcó una longitud de mil kilómetros y se calcula una población de 750 mil habitantes.
Su máxima expresión arquitectónica es la ciudad de barro más grande de América: Chan Chan, capital del Reino. Su construcción fue a base de adobe, con una división de 10 barrios en 18 hectáreas.
La ciudad que me muestra el guía, se ubica exactamente en el Valle de Moche, frente al mar y en la mitad del camino que une la ciudad de Trujillo con su balneario más famoso: Huanchaco. Que linda sensación la de estar ahí! La temperatura empieza a subir y nosotros continuamos nuestro recorrido.
La zona arqueológica de Chan Chan cubre más o menos 20 kilómetros. El centro está formado por 10 recintos amurallados, a los cuales se les llama ciudadelas. Sólo el centro tiene un área de 6 kilómetros.
La explicación de la fundación de Chan Chan y del gran Reino Chimú, se basa, como suele suceder en nuestro pueblo conquistado, en una leyenda, que hasta hoy circula entre la gente que hoy habita en las tierras norteñas. Nos cuentan que el primer gran soberano fue Tacaynamo, fundador de todo el Gran Reino Chimú. Sólo se sabe que llegó del mar. Este soberano tuvo descendencia, formando una dinastía de diez reyes. El último, Minchacaman, fue derrotado por los Incas, quienes dividieron la ciudad y destruyeron el Reino. La leyenda fue recogida de un cronista anónimo español del siglo XVII, sólo titulada “Historia Anónima”
Cuando los Incas conquistaron a los Chimú, aproximadamente en 1470, se piensa que destruyeron en parte la ciudad, ya que los Chumú por buen tiempo fueron grandes rivales de los Incas. Esto se sostiene porque hay documentos de la época de la Conquista que refirieron a Chan Chan como una ciudad en ruinas, con pocos habitantes, sin importancia política ni religiosa.
Por otro lado, hay quienes sostienen que el verdadero saqueo fue durante la época de la conquista y virreinato (1532 – 1821) cuando Chan Chan vuelve a ser conquistada, esta vez por los españoles. Los españoles tuvieron a su cargo la enseñanza de la Religión Católica. La extirpación de “idolatrías” fue un concepto que tal vez disfrazaba la intención de encontrar tesoros en las grandes construcciones. Aunque no hay datos oficiales que confirmen estos datos, se dice que muchas familias se enriquecieron encontrando grandes tesoros.
Después de un paseo por la historia del Gran Reino Chimú, me dirigí a Hunachaco, histórico balneario trujillano ubicado medio camino más de donde nos encontrábamos. Por las mañanas se pueden apreciar a los pescadores que aún usan los Caballitos de Totora como herramienta de trabajo. Uno de ellos me contaba que es pescador porque su padre fue pescador, y este fue pescador porque su padre fue pescador también… Las travesías de estos hombres de mar empiezan en la madrugada y con el pescado y los mariscos frescos se pueden preparar las más espectaculares comidas costeñas peruanas, donde el más simple pescado frito es una delicia.
Las noches de Trujillo son frescas, tranquilas y sosegadas… pero si es sábado las cosas pueden cambiar un poco. Las discotecas Bizarro y Mecano son las más concurridas, donde se respira un ambiente de juerga que dura toda la noche. Y para las personas que no quieren dejar de salir pero que no quieren bailar, definitivamente tienen que ir a Tributo Bar, un lugar donde se escuchan buenos grupos locales, se toman buenos tragos y la estadía puede ser tranquila y acogedora.
El domingo empezó con un sol radiante, propio de febrero. La temperatura de Trujillo en promedio anual es de 18° Centígrados. El guía del día me cuenta que el buen clima ayudó a que se formara la primera cultura de la zona: La Moche. Ahora nos estamos dirigiendo a la Huaca del Sol y La Luna. Esta Huaca fue el centro religioso de la Cultura Moche. La construcción, como la mayoría de construcciones de la costa, está hecha de adobe. Se formaron plataformas superpuestas que alcanzan una altura considerable, de donde se podía apreciar el Valle.
Los Templos del Sol y de la Luna están uno frente al otro. Estando ahí no es tan difícil imaginar lo que fue la vida en las épocas del Señor de Sipán. El pueblo moche fue un pueblo que vivió sometido a la voluntad de los jefes político - religiosos. Los Moches fueron una cultura Teocrática y señorial. Su diosa principal fue la Luna, llamada SHI. Además, veneraban a un dios creador denominado AIA – PAEC, al cual veneraban con sacrificios humanos.
El guía nos explica que esta cultura logró una extensión en parte de la costa norteña peruana, unos 20 mil kilómetros cuadrados, abarcando los valles norteños de Moche, Lambayeque, Virú, Chicama y Nempeña, donde dejaron manifestaciones de cultura en obras arquitectónicas como en La Huaca del Sol y de la Luna, demostrando que no edificaron ciudades extensas, pero si grandes templos piramidales. Pudimos conocer más esta cultura después del descubrimiento del Señor de Sipán, en 1987 por el arqueólogo peruano Walter Alva. El Señor de Sipán fue la figura máxima de los Moches, ocupando el grado más alto en la estructura social y política, dándole un carácter semi divino ante los habitantes Mochicas. Su tumba, en el departamento de Lambayeque, revela una muestra extraordinaria de la orfebrería Moche. La Cultura Moche se inició en el siglo III, con un alto desarrollo artístico, tecnológico y compleja organización.
Su desarrollado sistema de irrigación les permitió contar con excedentes agrícolas en pleno desierto y además complementar su alimentación con productos marinos. Pero es en la cerámica donde se destacaron. Se han encontrado huacos con escenas de la vida diaria y los más trabajados los Huaco Retratos, de impresionante realismo.
El ocaso se dio en el siglo VII D.C., tal vez por alguna inundación o algún fenómeno natural del cual no hay registro.
De regreso a la ciudad me quedo pensando en que sólo dos días bastaron para recorrer casi dos mil años de historia… y sólo fue una muestra de lo que realmente fueron capaces los antiguos peruanos.
Esa tarde me encuentro con un amigo trujillano que me cuenta de las fiestas de Trujillo.
Como en todo el Perú, las fiestas son muy importantes y variadas. Una fecha importantísima es el Festival Internacional de la Primavera, celebrado todos los años desde 1950 en la última semana de Septiembre y que congrega a reinas extranjeras y bastoneras norteamericanas. Los carros son demostraciones del arte popular y colorido propio norteño.
Otra fiesta, que a mi parecer es una de las más hermosas del Perú, es el Concurso Nacional de Marinera, donde todos los años concursan parejas que han practicado y aprendido a la perfección los mejores pasos del baile característico peruano, para lograr el preciado título de ganadores. Esto, origina al igual que el Festival Internacional de la Primavera una concurrencia masiva de visitantes.
Me despido de mi amigo prometiendo encontrarnos en un mes en mi Lima querida. Voy al terminal de buses y subiendo al que me llevará a la capital, tengo esa extraña sensación de conformidad. Es que sé, regreso a la cotidianeidad de mi casa, mi oficina y mi tráfico. Sentada en el asiento no dejo de pensar en el atardecer maravilloso de Huanchaco, el atardecer que tranquilamente puede ser uno de las mas hermosas puestas del sol del Continente. |
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