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Murchison Falls Uganda  

La violencia del Nilo (2)

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Murchison Falls, Uganda

bebiendo vida del río

Murchison Falls N.P. | 0 comentarios.

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Byiringiro
21/08/2007


Navegación hasta la base de las cataratas (13 de septiembre, 2005).  

Desde el mismo embarcadero que utilizamos para pasar a la ribera norte del río, la Uganda Wildlife Autorithy opera un par de lanchas que realizan diariamente la travesía subiendo por el curso del Nilo Victoria hasta las Cataratas Murchison. 

Un recorrido de tres horas de duración que no sólo permite apreciar la magnitud de las sobrecogedoras cataratas desde la base de las mismas, sino que también ofrece la posibilidad de realizar un fascinante safari para contemplar la gran concentración de vida salvaje que se distribuye a lo largo de la ribera.   

Al mando de ambas embarcaciones hay un timonel asistido por un marinero de cubierta y un guía de la UWA que, además de dar la oportuna información sobre las cataratas, advierte durante la travesía de la presencia de fauna y ofrece una breve pero práctica explicación sobre las características principales de cada especie.  

Las lanchas son familiarmente conocidas como Kiboko y Shoebill, tienen una capacidad para 45 y 15 pasajeros respectivamente y realizan dos salidas diarias (de 09.00 a 12.00 h. y de 14.00 a 17.00 h.), cubriendo los 12 kilómetros que separan el embarcadero de las cataratas.  Hay también una barca más pequeña, Mamba, con capacidad para 8 personas, que suele utilizarse para la pesca deportiva de tilapias, siluros, barbos y percas del Nilo.   Para evitar sorpresas por la limitación en el número de plazas, Baka nos conduce al embarcadero con suficiente antelación a la hora de partida, él mismo nos había aconsejado también reservar la hora del almuerzo en el restaurante del campamento antes de partir de safari al amanecer.  

Una vez en el embarcadero, pagamos los 15 dólares de tarifa y subimos a bordo del Kiboko.  Somos los primeros pasajeros en embarcar.  Cuando tomamos asiento, una de las personas de la tripulación, la más veterana, insiste en que nos cambiemos al lado de estribor para disfrutar de las mejores vistas.   

Las recomendaciones vienen de Francis Oyoo, timonel del barco y toda una leyenda en el parque.  Desde que ingresó en 1963, Francis ha vivido tanto la época de esplendor del parque -finales de la década de los 60 y principios de los 70- como los momentos más difíciles durante los mandatos de Idi Amín y Milton Obote.  La vieja Kiboko es una de las doce lanchas que realizaban la ruta a finales de los 60.   

La embarcación es muy básica, con una cubierta a nivel de superficie del agua en la que hay dispuestas hileras de bancos con respaldo para dar asiento a los pasajeros y un techo que, además de proteger de los rayos del sol (e inclemencias meteorológicas), hace también las funciones de cubierta -sin asientos- mediante una escalera en la parte de popa que permite el acceso a la parte superior.   

El puesto del timonel está en proa, junto a una pesada figura en ébano con forma de hipopótamo que viene a ser el emblema de la embarcación (kiboko es la denominación en swahili de hipopótamo). 

A un lado de Francis se sienta la guía, una joven ranger vestida con uniforme de la UWA, que dirige una cálida bienvenida a los pasajeros, a la vez que recomienda el uso de los llamativos chalecos salvavidas que hay sobre los asientos.  

A los veinte minutos de haber embarcado, la lancha está ya con el pasaje completo y dispuesta para zarpar.  Las primeras maniobras dirigen la embarcación hasta la ribera norte del río, donde sacian su sed un pequeño grupo de elefantes (Loxodonta africana) con la matriarca en primer plano cubriendo el flanco de aproximación.   Para no causar nerviosismo, ni alterar la actividad de los animales que se acercan a la orilla, Francis reduce la velocidad de los motores cada vez que realiza una aproximación, de forma que la única incomodidad apreciable en los animales es la propia curiosidad que muestran hacia las personas que viajamos en la embarcación.  

En estas condiciones, cada vez que la guía observa en la distancia cualquier animal, tanto si es mamífero como ave, Kiboko se aproxima a la ribera conducido por las expertas manos del timonel.    

Tras una aproximación a un grupo de cobos acuáticos (Kobus ellipsiprymnus) que tímidamente se habían acercado a la orilla, pronto comienzan a emerger a la superficie los primeros hipopótamos (Hippopotamus amphibius), apareciendo al principio como islotes aislados junto a la orilla.  La guía recomienda tener preparadas las cámaras.  

Durante la travesía vemos cientos de ejemplares: en grandes grupos con crías, en manadas más reducidas, algún viejo macho solitario.  La mayoría de ellos observa el paso de la embarcación con actitud pasiva, mostrándose recelosos los que menos.  Cuando la barca se aproxima en exceso, los hipopótamos se limitan a sumergirse volviendo a salir a la superficie una vez ha pasado la embarcación.    

Subiendo el curso del Nilo, tenemos oportunidad de contemplar varios ejemplares de búfalo cafre (Syncerus caffer) acercarse a la orilla del río a saciar su sed.  A diferencia de las agrupaciones numerosas de búfalos vistas durante la navegación por el Canal de Kazinga (Queen Elizabeth N.P.), en esta ocasión se trata de machos solitarios que ante nuestro paso se limitan a levantar la testa en actitud desafiante.  

La guía nos muestra también un par de escurridizos guerezas o colobos de Abisinia (Colobus guereza) ocultos entre las copas de los árboles, primates inconfundibles por el largo pelaje blanco que nace de los costados y cubre también parte de la cola con un denso mechón final.   

Como en otras reservas naturales lacustres o fluviales de Uganda, la riqueza ornitológica de Murchison es fascinante, es muy fácil encontrar diferentes especies de aves alimentándose entre los papiros de los márgenes del río, como ejemplares de cigüeña de pico amarillo (Plegadis falcinellus), garceta común (Egretta garzeta), jacana africana (Actophilornis africanus), avefría espolada (Vanellus spinosus), garza real (Ardea cinerea), martín pescador pío (Ceryle rudis), martín pescador malaquita (Alcedo cristata) y un  largo número de aves que forma parte de las 450 especies registradas en la reserva. 

En uno de los pequeños acantilados sobre el río, la guía nos muestra una gran cantidad de pequeños orificios que sirven de nidos comunales para el martín pescador.   En varias ocasiones durante la travesía, tenemos ocasión de ver en las copas de los árboles algunos ejemplares de pigargo vocinglero (Haliaeetus vocifer), unas águilas características de zonas húmedas, denominadas así por su peculiar grito.  Se alimentan de peces que capturan espectacularmente tras otearlos desde árboles utilizados como atalaya junto a la orilla del río. 

Son aves muy territoriales, no dudan en defender vigorosamente su área de pesca.   

Desafortunadamente, durante el trayecto no tenemos ocasión de ver ningún ejemplar del conspicuo Picozapato (Balaeniceps rex), ave de gran tamaño con un pico desproporcionado que le da nombre, tan característica de la zona como díficil de ver.   El mayor espectáculo animal, junto con los hipopótamos, lo proporcionan los abundantes cocodrilos (Crocodylus niloticus). 

Unos centenares de metros antes de llegar al punto donde la embarcación se detiene para contemplar las cataratas, Francis dirige Kiboko hasta las proximidades de un banco de arena frecuentado por estos grandes reptiles.  En la ribera, grupos de cocodrilos adultos descansan plácidamente, sólo algunos ejemplares asustados o simplemente atraídos por la curiosidad se adentran en el agua ante nuestra presencia.

Debido a la hora de insolación en la que realizamos la travesía, la mayoría de ellos mantienen la boca abierta como medida de termorregulación. 

A medida que la lancha se aproxima, un gran número de ejemplares comienza a rodear la embarcación, aflorando a la superficie tan sólo los ojos y fosas nasales.  Ver nadar un ejemplar de cocodrilo a unos metros de distancia impone y justifica el temor que siempre ha inspirado.  

Conforme nos aproximamos a las cataratas, el cauce del río se estrecha y la fuerza de la corriente comienza a ganar en intensidad, arrastrando consigo densos bloques de espuma blanca, testigos mudos de la violencia a la que es sometido el Nilo para poder pasar todo su volumen de agua por una estrecha hendidura rocosa de no más de 7 metros de ancho.  Muchos autores describen este hecho como el suceso más dramático que le ocurre al río desde su nacimiento en el Lago Victoria hasta su desembocadura en el Mediterráneo.  

Los primeros europeos en contemplar el espectacular salto fueron Sir Samuel Baker y su mujer, Florence von Sass, en el transcurso de la misma expedición que les había llevado a descubrir el Lago Alberto apenas un mes antes.   

Con fecha 3 de abril de 1864, Baker escribía en su diario:   

"Al doblar un recodo del río con nuestras canoas, una magnífica vista apareció de repente ante nosotros.  A ambos lados del río habían riscos bellamente arbolados con rocas sobresaliendo entre un follaje de verde intenso;  irrumpiendo en una brecha abierta en la escarpadura, el río se precipitaba con una enérgica corriente por una garganta de apenas 15 yardas de ancho (...). 

Esta era la mayor catarata en todo el curso del Nilo y, en honor al distinguido Presidente de la Royal Geographic Society, le puse el nombre de Murchison Falls". 
   

Desde su descubrimiento, las cataratas han recibido su actual nombre en honor al geólogo escocés Sir Roderick Impey Murchison, miembro fundador y presidente de la Royal Geographic Society, corporación que financiaba la expedición.  Sólo durante el mandato de Idi Amín, las cataratas cambiaron su actual denominación, al ser renombradas como Kabalega Falls en honor a un antiguo rey local, figura fundamental en la resistencia durante los primeros años de colonización europea.

Próximo a las cataratas uno piensa con cierta satisfacción lo poco que ha debido cambiar el entorno desde la primera navegación de Baker.  El safari pasa a un segundo plano, y es que, como si se tratara de una transición escénica, los animales van perdiendo protagonismo frente al dramatismo natural de las cataratas.

Atrás quedan búfalos, hipopótamos, cocodrilos y elefantes, incluso el característico grito del pigargo no puede competir con el abrumador rugido del agua rompiéndose en la angosta garganta y fraccionándose en millones de gotas en suspensión.  Cada segundo que pasa, trescientos metros cúbicos de agua son estrellados contra el rocoso declive buscando franquear el desnivel de cuarenta y tres metros que separan la cumbre de las cataratas respecto al curso natural del río.

En el clímax de la travesía, Francis dirige la embarcación hacia un pequeño recodo en la ribera sur del río, un remanso frente a un islote rocoso en un punto conocido como The Fang (el colmillo), donde es amarrada Kiboko para dar oportunidad a su pasaje de inmortalizar en carretes fotográficos, tarjetas digitales y retinas tan sobrecogedor escenario.             
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Ultimos comentarios:

margee dijo:

Sin dudas Africa es belleza exuberante ..y que belleza poder estar frente al segundo rio mas largo del mundo...hermoso relato y hermosas fotos!!

miércoles, 22 de agosto de 2007, a las 00.56

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