La República de Croacia (Hrvatska), es un pequeño país centroeuropeo que perteneció a la antigua Yugoslavia. Bañado por el mar Adriático, limita con Eslovenia, Hungría, Serbia & Montenegro, Eslovaquia y Bosnia & Herzegovina. Es un país con grandes riquezas naturales. Grandes lagos color azul turquesa, frondosos bosques y una gran biodiversidad. Fue el primer país en independizarse, junto con Eslovenia, de la antigua Yugoslavia. Un país que a lo largo del siglo XX, se vio involucrado en diversas guerras, la última de ellas hace apenas quince años y de las que aun no se han recuperado totalmente.
La idea de visitar Croacia surge del interés por visitar Ljubljana y Praga, así como de hacer un viaje en tren por otros lugares cercanos durante veinte días. Croacia terminó por ser el país donde pasaríamos el mayor número de días, ocho en total, viajando por toda la costa y parte del interior, en coche.
Llegamos a Pula desde Ljubljana el día tres de Julio. Pula resultó ser una pequeña ciudad repleta de turistas con el único afán de comer, relajarse y disfrutar de sus playas. Digo esto porque, como ciudad, arquitectónica y culturalmente no tiene mucho que ofrecer. Una arena bien conservada del exterior, una fortaleza con su museo de armas, una bonita “plaza mayor” y poco más.
El hostal donde nos alojamos fue sin duda lo mejor de Pula. Un poco alejado del centro y a un kilómetro de la parada de autobús más próxima, pero situado en un lugar envidiable a la orilla de una pequeña y tranquila cala.
El día cinco recogimos el coche en el aeropuerto de Pula. Lo alquilamos a la compañía Sixt por el precio de cuarenta euros diarios. Nos dirigimos hacia el norte siguiendo la costa de la región de Istra hasta llegar a Robijn. Personalmente creo que merece la pena parar un momento a disfrutar de las calles, terrazas, pequeños comercios, galerías de arte y vistas que este pequeño pueblo nos ofrece. Después de comer volvimos en dirección sur siguiendo la misma costa y después de descansar y refrescarnos algunas veces por el camino seguimos el camino hasta Rijeka.
Al entrar en Rijeka mi impresión fue del todo diferente a las que había tenido en Croacia hasta el momento. Por primera vez veiamos señales de guerra. Fachadas aun completamente agujereadas. Una ciudad gris, no enfocada al turismo. Allí pasamos solo una noche.
A la mañana siguiente partimos hacia KRK. Playas y paisajes para deleitar el sentido de la vista. Sin embargo, al poder acceder a ella en coche a través de un puente, es una de las islas más concurridas por los turistas. Después de KRK, ya al atardecer, nos dirigimos a Karlovac, en el interior, a unos sesenta kilómetros de Zagreb, con la intención de huir un poco del turismo y conocer algo más esencial de Croacia. Y vaya si lo conseguimos. Karlovac y lo que habíamos visto hasta el momento eran como el día y la noche. En algunas miradas pude ver que no estaban para nada acostumbrados a la presencia de turistas en aquella zona. No le dimos ninguna oportunidad de cambiar nuestra percepción inicial. Una cena y a dormir.
Por la mañana temprano llegamos a Plitvička Jezera, un parque natural también en el interior del país. Realmente merece la pena verlo. El agua emana de cualquier forma, por cualquier parte, por los recovecos más recónditos, entre una frondosa masa de árboles y sotobosque. Los únicos inconvenientes: no está permitido nadar en las limpias aguas color turquesa de los lagos y por otro lado, como siempre, el gran número de turistas que coinciden.
Hay varias rutas marcadas. Un amplio abanico para disfrutar del parque entre dos y ocho horas, incluso más, si uno consigue esconderse y no le importa pasar la noche al raso. Seguimos el camino hacia el sur, dirección Zadar. Es increíble lo que puede llegar a cambiar el paisaje de Croacia en tan solo unos kilómetros. Pero lo que nunca cambia son las numerosas paradas al borde de la carretera donde se vende queso, fruta fresca, miel y otros productos.
Zadar es una ciudad con otro color. El centro histórico está rodeado de una muralla y sus calles, empedradas con brillantes adoquines de un color claro por los que pasean centenares de turistas. Muy buen ambiente tanto diurno como nocturno. Alfred Hitchcock dijo de Zadar, que en ella se podía disfrutar de una de las puestas de sol más bonitas del mundo. Realmente es preciosa, pero sin ningún género de dudas pienso que Hitchcock no estuvo en Ston. Pero no adelantemos acontecimientos...
Por la mañana partimos hacia Split y pasamos todo el día haciendo pequeñas paradas para disfrutar de las infinitas playas de Croacia. Llegamos a Split por la tarde. Una gran ciudad con un acogedor centro medieval. El paseo del puerto es un lugar perfecto para tomar algo en una de sus numerosas terrazas, un helado nocturno en un banco con vistas al mar o de dar un tranquilo paseo. Merece la pena, aunque solo pasamos una noche para partir hacia Dubrovnik por la mañana, no sin antes hacer una parada en el estadio del Hadjuk Split.
En el camino hacia Dubrovnik realizamos numerosas paradas en calas y pueblos, como por ejemplo Makarska, donde disfrutamos de una cervecita en el paseo y un baño en una de sus playas. Próximos a la frontera, pensamos que sería una buena idea hacer una visita a la ciudad Bosnia de Mostar, que se encuentra a tan solo unos kilómetros de esta. Aunque Sarajevo, donde iríamos más adelante, fue la ciudad que más me gusto del viaje, voy a limitarme a escribir sobre Croacia y dejaré Bosnia y Herzegovina para un próximo diario.
De nuevo en Croacia decidimos visitar un pueblo llamado Ston, y unos kilómetros antes de llegar presencié una de las puestas de sol más bonitas que haya visto nunca. Ston es un pequeño pueblo minúsculo con una enorme muralla que se encarama a la montaña. En los alrededores, gracias a las condiciones que se reúnen, se cultivan ostras y otros moluscos.
El pueblo posee un gran encanto y merece la pena parar a visitarlo y cenar en uno de sus restaurantes. No se requiere demasiado tiempo y es un buen lugar para relajarse y disfrutar de la tranquilidad. Por la mañana seguimos en dirección a Dubrovnik, ciudad absolutamente imprescindible. Aunque muy turística, uno debe procurar olvidarse del reloj y perderse por las calles adoquinadas, escaleras y rincones de la denominada “perla del mediterráneo”. Merece la pena también pagar para acceder a la muralla que rodea el casco antiguo y desde la que uno tiene una perspectiva mucho más clara de la ciudad.
Aquel día la suerte estuvo de mi lado, ya que coincidió que el día diez de Julio era el día en que se iniciaban las fiestas de la ciudad con un precioso espectáculo pirotécnico el cual pudimos disfrutar desde uno de los miradores de la carretera que va al aeropuerto. Por la mañana devolvimos el coche en el aeropuerto y cogimos un autobús de vuelta a la ciudad, desde donde cogimos otro que nos llevó a Sarajevo. Fue un pequeño descanso de tres días de nuestro viaje por Croacia que finalizaría en Zagreb.
Zagreb es una gran ciudad, con grandes y lujosos edificios y parques, gente muy diversa, vitalidad y mucha vida nocturna. A mi personalmente, no me gusta perder el tiempo en este tipo de ciudades, ya que estoy más interesado en la cultura y forma de ser de las gentes de un país y las grandes ciudades no son precisamente el mejor lugar para conocerlas.
En resumen, Croacia es una delicia para los sentidos y un gran destino para cualquiera que busque cultura, naturaleza, descanso, grandes tiberios o un poco de todo. |
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