Viaje realizado del 26 al 30 de Julio de 2007. Con la intención de ganar tiempo al tiempo y aclimatarme lo más posible tomé el bus-cama del miércoles por la noche, durante el trayecto fui víctima de una artera exposición a armas químicas cortesía de mi compañera de asiento, traté de neutralizarla pero pensando justamente en el viaje comí ligero y en consecuencia mi respuesta no fue competencia para -asumo- su tacutacu relleno con mariscos montado con huevo de avestruz y harta cebollita.
Llegué a Huaraz a las seis de la mañana, recogí mi mochila y fui a buscar alojamiento, en el camino me interceptó Reina, la dueña del hospedaje El Farolito... "¿Agua caliente? ¡Sí! Entons te sigo..." Me instalé y luego busqué alguna actividad como para aclimatarme, conocí a Marco de Galaxia, un local de alquiler de equipos, me ofreció una cleta en cincuenta luquitas por un par de horas, para mi suerte Marco se animó a salir y me guió por una ruta en los alrededores de Huaraz...
Empezamos a subir por una cuesta súper empinada y paff!!! golpe con la realidad, lo entrenado durante dos meses en Lima no alcanzaba para seguir el paso al Huarasino que decía no montar en meses... ¡Uy curuju! Trepamos por la trocha durante dos horas y me di cuenta que después de todo no estaba tan mal, el pata me dijo que habíamos subido rápido.
Para la bajada me ofreció un downhill buenazo y cumplió, un single track técnico tipo cañón o callejón con paredes a ambos lados con un metro y pico de ancho. No pudo estar mejor. Almorcé y regresé al hospedaje, un buen baño con el agua caliente prometida, salí al Café Andino, la vista que tiene de los nevados es espectacular y motivadora, el ambiente es inmejorable. Así esperé la llegada de mis compañeros de travesía: Chino Wong, Master Injoque y su esposa Melanie. Sonó mi celular, eran el Chino y Master Injoque que acababan de llegar, Melanie llegaría a la mañana siguiente. Comimos algo y a dormir.
El viernes AM llegó Melanie, nos reunimos en el lugar de Richard Hidalgo (¡tremendo escalador peruano con experiencia en el Himalaya!) nos prestó parte del equipo, el resto lo alquilamos en Galaxia con el amigo Marco. Chapamos un taxi, compramos las últimas vituallas y enrumbamos hacia Cebollapampa (3900 msnm), contratamos arriero y subimos al campamento Pisco (4600 msnm), la subida tomó dos horas y media... ¡como si nada! fue un paseito por Larcomar... je je.
Armamos carpas, preparamos el almuerzo/comida y a las siete de la noche a dormir, me esperaba una noche larguísima teniendo en cuenta que nunca me acuesto antes de las once PM, ni modo... Empezó a nevar como a las siete y treinta hasta la media noche y luego nuevamente de forma intermitente en la madrugada. Me desperté veinte veces, no podía acomodarme en esa delgada colchoneta a 4600 msnm, el corazón se me aceleraba tanto que me despertaba a ratos, no sé si por la altura o por la expectativa, miraba el reloj y la hora no avanzaba, carajete ¡que primera noche!
Ya en sábado por fin amaneció, todo estaba blanco por la nieve ¡el paisaje era espectacular! Sacamos la nieve de la carpa, desayunamos, desarmamos campamento, mochilas a la espalda y a subir hacia el refugio, por ahí va el camino ascendente. ¿Viste que bacán se ven los gringos con sus tremendas mochilas a la espalda? Claaaaro, súper aventureros...
¡Carajo! Cómo pesan esas mochilas, entre carpa, botas para nieve, crampones, piolet, cocina, ollas, comida, abrigos, sleeping bag, linterna, pilas, mochila de ataque y demás huevaditas varias ¡tienes como veinte kilos de peso! ¡Vaya con la parafernalia, se ve tan chévere en las tiendas!
Subí los primeros diez minutos hasta el refugio y me di cuenta que mi aventura estaba a punto de terminar casi en el punto de partida, sería imposible caminar con las dos mochilas (la de ataque en el pecho y la grande a la espalda)... nos encontramos con el quinto elemento: Martín, pata de Master Injoque que había llegado antes y muy inteligente durmió en el hermoso, cómodo y caliente refugio, el que puede ya sabes y el que no aplauda.
Bueno, nos saludamos y a seguir... ¿seguir, con ese peso? "Muchachos, creo que no los voy a poder acompañar les dije, no puedo con tanto peso" -intentando poner cara de gato de Shreck- me miraron y ni se inmutaron... Pensé en todo el tiempo y sacrificio que había invertido durante dos meses saliendo a caminar a Ticlio en la Carretera Central los fines de semana, las levantadas en la madrugada para nadar y hacer spinning, el alejamiento de la vida social y de sus respectivos pisquitos, vinitos, chelitas y parrilladas...
Ya había invertido demasiados recursos así que caballero, hice de tripas corazón, amarré la mochila de ataque en la mochila grande y empezamos la trepada, el bulto se bamboleaba de un lado a otro en la subida, el camino era angosto y cada paso era una angustia horrible porque el peso me jalaba casi sin control por las botas de nieve que andaban amarradas colgando de la mochila, así estuve trepando una hora y tantos hasta que llegamos a la primera cima para encontrarnos con una bajada súper vertical, mismo Costa Verde por un caminito de unos cuarenta centímetros de ancho...
¡Ah carajo! dije, por aquí no bajo de ninguna manera, me regreso... de repente la guerrera Melanie empezó a bajar y qué remedio pues, la dignidad antes que la vida... Amarré bien las botas de mier...coles y empecé a bajar... ¡Ay! si me viera mi jermu... Así medio temblando pude bajar, bromeando para disimular el miedo, que digo miedo, ¡el terror! Por fin pasó el peligro y entramos a la morrena, teníamos que saltar de piedra en piedra, algunas se movían y con las mochilazas en la espalda era muy jodido andar. Atravesar esta parte tomó más de una hora.
Salimos de la morrena y retomamos el camino de herradura nuevamente cuesta arriba, ya los hombros reclamaban como obrero de construcción civil, se hacía casi imposible seguir subiendo por el dolor, tuve que concentrarme para hacerme creer eso que dicen: "el dolor no existe, es un estado mental" y ciertamente funcionó... ¡pero por cinco minutos! Ya en ese momento tenía que parar a cada rato para apoyar el costal de plomo que tenía en la espalda, pero como había una mujer cargando proporcionalmente el mismo peso, tenía que darle no más... Ya sabes, la dignidad...
Por fin llegamos a la laguna objetivo pero no había espacio para que todos acampemos y tampoco estaba el gringo que solitario nos había pasado en la morrena, eso indicaba que habría un lugar más adecuado arriba... a seguir subiendo, en ese momento era la mejor opción, sacarse el ancho subiendo ese día para tener menos que escalar el día D. Por fin y literalmente ya casi muerto del cansancio llegamos a una explanada, una lagunita seca protegida del viento.
Perdí el habla hasta que el Master Injoque preparó el menú del día... otra vez sopa Ramen... Esta vez le aplicamos una variación: ¡cabanossis! Como a la media hora recuperé el ánimo, estuvimos payaseando y tomando fotos; preparamos las mochilas y todo lo demás para partir a la madrugada siguiente. Al poco rato dieron las siete de la noche y a la carpa. Otra vez, dormir en ese adefesio de colchoneta a 4800 msnm, difícil tarea incluso con el cansancio acumulado.
Dieron las dos AM del domingo y todos despertamos, alistamos nuestras cosas y arrancamos la caminata ¡a las tres AM! el clima no podía ser mejor, cero viento, una luna gigantesca iluminando los nevados, estrellas fugaces y... ¿qué son esa lucecitas en la nieve? Eran gringos que ya estaban trepados en el glaciar, ¡algunos marcianos de esos suben solos! ¡están locos! Bueno, mejor aún, eso ponía el ambiente andinista, no éramos los únicos y el camino estaría bien marcado.
Llegamos al glaciar pasadas las cuatro AM, quise tomar un poco de Gatorade de mi camelback y la manguera... ¡estaba congelada! Felizmente por el frío sentía poca sed, quise morder el Powerbar que llevaba dentro de mi mochila y era una piedra, bueno más tarde será... nos pusimos los crampones y a trepar, acostumbrarse a caminar con esos artefactos en los pies toma su tiempo y el recibimiento del glaciar no pudo ser mejor... una cuesta de hielo de unos sesentaicinco a setenta grados... y de noche, carajete!!! Subimos con miedo y dificultad (mis nuevos compañeros) y ahí no más una pequeña pared de hielo con un metro setenta de alto aprox...
Bueeeeeno, ya caminé con las botas especiales, ya usé los crampones, ya toqué la nieve, ya utilicé el piolet, ya me tomé foto, muy lindo todo, ya nos vemos pensé... Cuando de nuevo veo y Melanie estaba siendo asistida por su marido Master Injoque para subir la pared...Y otra vez la bendita dignidad, brota en los momentos en que uno menos quiere, si parece que tiene voluntad propia... ¡No hay vuelta atrás pensé! empecé a sentir la adrenalina y… ¡vamos carajo! ¡Esta paredcita de M no es ni M @$%&//=?@$"@!#! Subí con ayuda del piolet clavándolo en el hielo como punto de apoyo, mismo Discovery Channel y de repente sentí la colaboración del Master Injoque empujando mi posadera, bueno pensé... así será la asistencia entre andinistas... Igual me quedó la duda así que desde ahí de lejitos con el Master Injoque... just in case, you know je je...
Empezamos a caminar por el hielo, la vista era im-pre-sio-nan-te... Con nuestras linternas frontales iluminábamos el camino marcado en el hielo por los marcianos que habían caminado antes que nosotros y le fuimos dando, pasaban los minutos, el físico era óptimo, el ánimo fuerte...
Seguimos dándole y como el camino estaba marcado, seguí a mi ritmo, después de media hora me separé del grupo sin querer, decidí esperar y en cinco minutos empecé a sentir el frío en la piernas, caray ¿y ahora? ¿regreso? ¡No way José! Caballero no más, le di despacito para no seguir perdiendo temperatura hasta que al rato me alcanzaron, reagrupamos y seguimos escalando, el sol empezó a salir y como estábamos rodeados de picos iluminaba por sectores, con diferentes tonalidades ¡a-lu-ci-nan-te!
La temperatura empezó a subir, todo se empezó a encender y el ánimo mejoró, empezaron a verse las famosas grietas de hielo... te caes en una y si no mueres del golpe, quedas en inmejorable estado de conservación para ser estudiado por futuras civilizaciones...
A las siete y treinta AM ya veíamos la cumbre más cerca, pero el cansancio se apoderó de Melanie y Martín. Ojo que todo lo sube tiene que bajar así que como personas sensatas desistieron en su intento de hacer cumbre, pero que tales gallazos, que tal esfuerzo el que hicieron. A la orden del Master Injoque dejamos las mochilas de ataque para ir más ligeros, él llevaría la única mochila con el Gatorade y nosotros (Tito y Yo) nuestros bastones y piolets.
Seguimos y la cumbre ya no se quería acercar, caminábamos, caminábamos y nada... Subíamos una empinada cuesta y aparecía otra tras de otra ¡carácter! ¿Cuando termina esto? ¡Ya no hay vacilón! respirar era muy yuca a esa altura (5500msnm) daba veinte pasos y paraba, seguimos dándole con Master Injoque a la cabeza y el Chino segundo, mi espíritu competitivo me decía que no podía llegar tercero, le seguí dando, pasé al Chino luego de darle ánimos, después de algunas cuestas alcancé al Master Injoque y seguimos escalando juntos, me dio unos tips en el uso del piolet para subir las partes muy empinadas...
Ya los veinte pasos seguidos se convirtieron en diez, luego en cinco... increíble como en cada metro que subes el oxígeno va desvaneciéndose... Llegamos a la grieta más brava, de unos ochenta centímetros de separación con su huecazo más al fondo... ¡Ups! Unos veinte metros de profundidad... esta había que saltarla... No quise mirar (el hueco lo vi luego del saltito de regreso), esperamos al Chino, llegó al rato y Master Injoque saltó primero, yo segundo y el Chino tercero, un pequeño rush de adrenalina y risas...
La cumbre estaba a cincuenta metros, ¡AJÚÚÚÚÚA! ¡Ya que michi si el corazón revienta, dale carajo que quiero ser el primero en llegar! ¡IN-CRE-Í-BLE! ¡HICE LA CUMBRE! Yo que soy emotivo casi me pongo a llorar, llegó Master Injoque, le di un abrazo fuerte de agradecimiento y disfruté mi momento de gloria... llegó el Chino, las felicitaciones, fotos de rigor y a regresar.
El camino de vuelta es otra historia, igual de dura. Vimos las grietas que pasamos de noche, el hielo se derretía y se pegaba en los crampones formando una especie de zapatos suecos haciendo peligrosa la bajada pues se pierde el grip... cada dos pasos había que golpearlos con el piolet para que la nieve caiga, una joda caminar así... un Powergel, Gatorade de mi camelback descongelado y a seguir.
Terminó la nieve y nos quitamos los crampones ¡por fin! Ya estaba muerto otra vez, sin habla, una mandarina, un Powergel, Gatorade y a seguir, llegamos al campamento morrena, desarmamos todo, estibé mi mochilón (de la manera correcta esta vez) otro Powergel, fruta seca, Gatorade y a seguir...
Avanzamos por la morrena que comenté arriba, medio que nos perdimos porque a pesar que seguimos las pircas veíamos la pared del acantilado y no se veía por donde subir, llegó Master Injoque miró por un par de minutos y empezó a caminar sin decir nada, no lo seguí para ahorrar pasos por si acaso él equivocaba el camino pero de repente, después de veinte minutos empezó a trepar... lo que pasaba es que esa bajada/subida en el acantilado era tan empinada y angosta que a la distancia no se dejaba ver. Me puse mi mochilón nuevamente ¡como la odiaba! y a seguir, llegué a la empinada cuesta ¡uy! que miedo, ahí te caes y no sales ileso...
Subí agarrándome con uñas y dientes hasta que llegué a la parte más alta, desde aquí ya sólo había que bajar y por un camino "decente", ese mismo que a la ida me pareció estrecho. Detrás mío venía el Pichón Málaga (otro bravo como Richard Hidalgo) y me dijo "Qué tal mochila, no te envidio para nada, un par de veces hice esa locura pero nunca más"... al toque saqué pecho, je je y empecé la última bajada, el refugio se veía abajo muy cerca... ¡llegué a las cinco y treinta PM!
¡Estuvimos caminando por catorce y media horas! Que placer soltar la mochila, comer tallarines caseros, tomar una gaseosa sentado en una mesa, sin guantes, sin casacones, sin frío, lo máximo. Comí y me fui a dormir.
Al día siguiente, Lunes, me bañé con agua tibia ¡sensación tan buena! Desayunamos y le dimos nuestras mochilas al arriero, bajé sin nada de peso, era como una pluma, así que me di el gusto de bajar corriendo literalmente, lo que subí en dos horas y media lo bajé en menos de una hora, que placer!!!
Llegamos a Cebollapampa, chapamos bus y de regreso a Huaraz. Nunca me imaginé que sería capaz de hacer un esfuerzo tan grande... Todos podemos.
Saludos desde Perú.
Cococho. |
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