Siendo las 9:30 pm llegamos al puerto sobre el mar Caribe llamado Almirante.
Lo primero que hicimos fue pedir información sobre donde había un hotel, nuestro plan era dormir en esta ciudad y en la mañana ir hacia la isla Colón (Toda esa zona de islas es Bocas del Toro). Las personas de la ciudad nos respondieron que solo había un hotel, y nos ayudaron a encontrarlo.
Después de ver el hotel y algunas calles de la ciudad, decidimos tomar a cualquier costo, la lancha para llegar esa misma noche a isla Colón.
Con ayuda de un joven, llegamos hasta el embarcadero y ohh sorpresa, había más personas en busca de transporte marítimo para llegar a las mismas islas. En estas circunstancias pudimos negociar un precio justo y salimos muy alegres acompañados de una hermosa luna que estaba en el cenit vía Isla Colón. Éramos 11 personas, nosotros colombo-peruanos, unos colombianos-españoles, unos italianos y otras personas que no sé de donde eran. Felices nos tomamos un vino en medio del mar y brindamos por el magnífico paseo que habíamos tenido y por los días que faltaban.
Debo anotar que aunque somos descomplicados, por alguna razón llevábamos 10 paquetes, cada uno llevaba un morral o mochila, dos paquetes en las manos y una maleta. Era sorprendente vernos tan encartados.
Una vez llegamos a Isla Colón, la realidad nos golpeó fuertemente. Eran días festivos en Panamá y por lo tanto todos los hoteles y hospedajes estaban llenos, todos. No había un solo cuarto, ni decente ni indecente, no había. Así que nos dejamos llevar por los consejos de los habitantes de esta isla. Nos dijeron "Vayan a isla Bastimentos, allá hay hospedajes muy buenos y hay sitio disponible". Después de mirarnos decidimos ir. Tomamos otra lancha y después de 15 minutos de travesía, en medio de la noche, llegamos a un lugar de rumba caribeña, sin detenernos nuestro guía nos llevó por un pequeño camino pavimentado (luego sabríamos que era la vía principal del pueblo) y cruzamos una pequeña puerta, subimos unas escaleras en tierra hasta llegar a una casa de madera, donde nos recibió un Señor inglés y su esposa, una colombiana de un pueblito de Antioquia, mas paisa que yo.
Este fue el lugar donde nos quedamos.
Una cabañita de dos cuartos, techo de palma, y madera, levantada del suelo 1,80 metros, cimentada en la ladera de la isla. Rodeada de vegetación, como metida dentro de un gran jardín, estaba nuestra vivienda.
Quiero anotar que en esta isla no hay agua dulce, por lo que el baño, el lavamanos y todo lo relacionado, no tiene tanta agua como uno quisiera. Así que teníamos que aplicar el lavado del gato.
A la mañana siguiente, nos fuimos en lancha a recorrer varios sitios del archipiélago, lugares para hacer snorkel, playas hermosas, olas gigantes.
Al día siguiente nos fuimos caminando a una playa cercana Playa Wizard. Para llegar allá caminamos por la vía principal de la isla, hasta el final, allí subimos por un camino de lodo, donde resbalarse era algo constante y normal, luego, en el mismo lodo, seguimos caminando adentrándonos en las zonas boscosas hasta llegar al otro lado de la isla, donde apareció de una forma magnífica una playa hermosa, de unos 10 Km. de largo con olas gigantes que se formaban crestas altísimas y durante mas de 40 metros antes de llegar a la playa. Es un sitio para surfeadores, las olas son grandes, fuertes, indómitas.
Luego de esta playa, regresamos por el mismo camino, con lodo hasta las rodillas, hasta llegar a nuestra vivienda temporal que dejaríamos en unas horas.
El regreso era inminente, no podíamos perder las lanchas de medio día para llegar al continente, por que debíamos estar en Ciudad de Panamá antes de las 9:30 de la noche y el camino era largo.
Nos apresuramos a hacer maletas, y salir de esta pequeña isla rumbo a isla Colón, de donde salían la lanchas para Almirante, que salen cada hora excepto a medio día, donde salen después de las dos de la tarde. Yo sólo supe esto luego por que mi esposa me llamo asustada por que no estaba en el trabajo (era lunes, festivo en Panamá) cuando intentábamos llegar al muelle y descargar todas las maletas.
Como era de esperarse llegamos tarde, el cupo estaba lleno y tendríamos que tomar las lanchas de la tarde, con lo que nuestro plan se retrasaba. En ese momento Fanny salió corriendo a otro embarcadero y consiguió milagrosamente 3 cupos para la lancha de las 12 que ya estaba saliendo, John Jairo y yo corrimos con nuestras maletas y logramos salir de forma inesperada a tiempo. Nuestro regreso empezaba bien.
Llegamos al puerto de Almirante, fuimos por nuestro vehículo y reiniciamos nuestro regreso ahora por vía terrestre. Como íbamos con el tiempo justo para llegar (era la 1 de la tarde y teníamos que llegar antes de las 9:30, presupuestamos una hora de demora por la congestión al ingresar a Panamá, teníamos 7 horas y media para regresar lo que significaba correr un poquito). Así que corrimos un poquito, pusimos a Juanes y admiramos cada una de las curvas de la carretera que nos llevaba de regreso.
Llegábamos contentos, llenos de energía, dispuestos a todo, admirados de la hermosura de Panamá y deseosos de regresar a ver lugares que no miramos.
Esa noche dormí bien. |
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