nunca he tratado de contar mis experiencias. son parte de mi que viven dormidas en mi recuerdo. a veces camino por la calle y me rio recordando algun momento en especial.
En febrero del año anterior, hicimos campamento en Pucón, una ciudad en el sur de chile, (no tan al sur, eh?) pequeña. su calle principal O´Higgins si mal no recuerdo, esta plagada de turistas extranjeros, muchos idiomas, inlés, alemán, portugues, frances, mucha gente en un pueblo chiquito. hasta las calles estan hechas de madera en Pucón. muuuuuuuuchas artesanias en madera, increíbles. cuando llegamos pensamos que era un pueblo desertico. pero claro, en Pucón, la vida arranca tarde, y termina tarde, muuuy tarde........... muy buen ambiente, buena gente, con ese acento chileno alucinante.
Bien, pero a lo que fuimos, fue a concretar un gran sueño. crusar la cordillera de los andes.
seria mas que extenso este mail si contara dia por dia, y muy dificil para mi tambien.
las sensaciones son extraordinarias. por mas de 4 dias, sin ver otras personas mas que mis compañeros, durmiendo poco, comiendo poco, sin la contaminacion que existe en el resto del planeta. en uno de esos dias, no recuerdo bien cual, llegamos a la frontera. un pie de hierro pintado de anaranjado que se montaba sobre alguna pequeña montaña........ pequeña, porque a su izquierda se alzaba el gran Lanín, poderoso, con su pico nevado siempre, con su fuerza casi incontenible, tratando de seducirte para que hagas cima en él. pero ese no era nuestro proposito, al menos esta vez, y tuvimos que soportar la tentación. crusamos por el Hua-Hum, uno de los caminos por el cual la cordillera amablemente te permite atravesarla.
hay muchas cosas que no recuerdo, pero existe un momento particularmente, que quedo grabado para siempre en mi cabeza.
Un lugar.
Muchas horas hacia que veniamos subiendo, por un bosque con árboles eternos, sin ningun camino por seguir, solo nuestra brújula y un precario mapa. las ampollas estaban pidiendonos a gritos parar, pero debiamos seguir. y eso no fue lo peor. al salir del bosque nos esperaba ansiosa, una montaña aun más alta, imposible de evitar. caminar por alli, fue bastante dificil pues las piedras se nos metian constantemente en las zapatillas, bastante molesto por cierto. mucho calor, poca agua, pleno mediodía. fue cuestion de unos minutos pero parte de un paisaje muy singular. al llegar a lo alto de la montaña, no hubo palabras. nadie dijo nada.
Alejandro se habia caido y venia quejandose hacia un par de metros. Pero no se escucharon mas sus lamentos.
A nuestra derecha se alzaba una cadena de montañas repletas de glaciares. En febrero, pleno verano aqui en el sur, los glaciares no pueden soportar el calor del verano y comienzan a derretirse. miles de caidas de agua, miles de cursos de agua pura, que, a pesar de los kilómetros que nos alejaban de estas montañas, nos regalaban el ruido silencioso, el sonido majestuoso, que nos llenaba de paz a torrentes, y formaba, casi a nuestros pies, un lago inmenso que no existe en invierno, pues no es para nada profundo, y evidentemente debe evaporarse toda el agua antes de que llegue a conjelarse alli.
Un paisaje para el cual no tengo palabras, y espero algun dia volver, pues, a veces las palabras no sirven para revivir esos momentos. allí, pude sentir que el paraíso, es parte de nuestra propia vida. allí me di cuenta que solo depende de nosotros ser feliz.
jeje, pero este viaje no terminó alli....... otro dia les cuento! |
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