La moto como vehículo cultural, y cuando digo vehículo no me referiero a la máquina en sí, sino como al medio que permite la realización de una actividad tan enriquecedora como es el viajar, sin importar el tipo, la marca, el modelo ni la cilindrada de la motocicleta.
Disfrutar de cada kilómetro, de cada lugar, de cada paisaje, en fin, de cada rincón por el que se pasa. Creo que existe una diferencia relevante entre el viajero y el turista.
El turista es mas bien un cazador de lugares al que sólo le importa hacerse la foto al lado del “trofeo”,sin interesarle excesivamente la historia, ni la arquitectura, ni la gente del lugar. Básicamente es un cazador de puntos turísticos de folleto de viaje.
En cambio, "el viajero" es todo lo contrario del turista, sin prisa, pero sin pausa, con frío, calor, viento o lluvia al viajero le gusta ir mas allá de lo que se puede ver en una postal. De exultante independencia disfruta del contacto con los lugareños, y de las carreteras locales.......se siente parte integrante del paisaje y percibe sus colores y olores ...todo ello sin dejar de disfrutar de la moto.
Prefiere un pequeño hostal de pueblo a un lujoso hotel de cinco estrellas o a un complejo turístico, y no por economía precisamente en la mayoría de los casos, sino por el ambiente y el trato que se encuentra en ellos.
En Moto los horarios y las dietas a menudo pasan a un plano distinto en detrimento a poder ver aquella puesta de sol.....aquella plaza que se queda solitaria al mediodía..etc. Cada viaje se convierte en una aventura y experiencia única, que sólo la gente que viaja en moto conoce.
Prefiero estar en una roca sentado con los pies en el agua mirando como cae el sol, ver los pájaros, o ver el ir y venir de la gente en un mercado rural que estar sentado en un bar y dejarme de perder todos estos pequeños acontecimientos cotidianos, aunque siempre hay un momento para todo. |
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