Siempre que pensaba en un viaje hasta el Norte, pensaba en Purmamarca, en el famoso y pintoresco Cerro de los Siete Colores, parecía una utopía el poder cumplir el sueño de estar allí.
Cuando entramos por la Quebrada de Humahuaca, comenzamos a ascender por la ruta bastante pareja, que renovaba sus curvas, tuvimos la sensación de entrar en lo desconocido, la satisfacción de lo que veíamos nos hacía más emocionante el viaje. Con mi esposo, después de recorrer desde San Salvador de Jujuy, capital de la provincia, unos 65 kilómetros hacia el norte, en nuestra Kangoo, y habiendo recorrido por la ruta 9 desde San Miguel de Tucumán, pasando por Rosario de la Frontera nos desviamos hacia el este por la ruta 52, aproximadamente 3 kilómetros.
Así, cerca del mediodía, y con el cielo salpicado de nubes bastante oscuras mezcladas con un cielo azul, llegamos. La curiosidad hizo que antes de recorrer la zona, contara los colores, cinco gamas del rosa, y dos de cemento, sin ser verde ni gris, así llegamos a siete, nos informamos un poco y supimos que la formación del cerro se produjo por la sedimentación de restos marinos y fluviales, hace millones de años.
Que emoción mirar hacia el Cerro y ver las calles de tierra, que suben para llegar al colorido cerro, y ver detrás Los Colorados, cuya formación de piedra muestra su tallado natural. Hacia allá se hacen excursiones de trekking, cabalgatas, y se puede recorrer el lecho del río Purmamarca, durante dos horas, admirando la belleza del despliegue de piedra y color.
Como no habíamos comido, decidimos buscar un lugar donde hacerlo, recorrimos algunos cuadras cerca de la plaza, y a pesar de descubrir muy buenos y renovados alojamientos, como El Manantial del Silencio, donde una habitación doble por día cuesta aproximadamente $ 800, seguimos averiguando y existen otros alojamientos para bolsillos más austeros. Era Octubre, y la temperatura a pesar del viento, era cálida, conseguimos un lugar donde atendían, comimos empanadas de carne y humita en chala , platos típicos del lugar, con una gaseosa.
Cuando salimos volvimos a la plaza central que cuenta con muchos puestos de artesanías, además de hermosos árboles verdes, cardones, álamos y coníferas, y cómodos asientos donde poder disfrutar de la paz de la tarde y la envidiable siesta del interior. Hacia un lado de la plaza, se encuentra la iglesia Santa Rosa de Lima, hoy declarada Monumento Histórico Nacional, y cuya construcción data del año 1648, un atrio al frente, el cementerio a uno de los costados, un patio donde habita el párroco, y todo está rodeado de un muro bajo en el que se ven dos arcos, uno hacia la plaza y otro hacia el cementerio, todo pintado de un blanco puro, en el costado de la misma se levanta el algarrobo histórico, bajo su sombra descansaron las tropas de Belgrano.
El tejido urbano son construcciones de adobe y techos de cardón con tortas de barro. En la esquina el bar, muy especial, bien de pueblo, donde Don Emilio nos recibió masticando coca, y con muchos recuerdos de los visitantes tan conocidos que tuvo, con el poco espacio que quedaba en su boca, nos contó que allí estuvo Lavagna, nos mostró con orgullo una foto con el ex Ministro y nos dijo- “vino para su cumpleaños”.
Nosotros cámara y filmadora en mano no salíamos de nuestro asombro ante tanta tranquilidad, caminar en la altura significa pasos cortos, ya que el oxígeno escasea, por la altura, 2160 metros sobre el nivel del mar, hay que regularlo, así recorrimos a ritmo lento la tarde en Purmamarca, donde todo huele bien, donde no hay apuro por volver. Nuestro viaje continuaba hasta Tilcara, donde teníamos reservado una habitación en la Posada Don Juan, regenteada por una porteña, que cansada de luchar se dedicó a levantar este lugar de alojamiento, cuyo precio en el año 2005 resultó muy barato, ya que recién comenzaba con su negocio, pagamos $ 80 la noche.
Caía el sol, nos despedimos de éste lugar mágico, pensando que seguramente en otra oportunidad, con más tiempo, podremos disfrutar del silencio y la quietud que tanta falta nos hace, para tener una mejor calidad de vida. |
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