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París Francia  

La Torre Eiffel: Hermosa dama de acero

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París, Francia

Eiffel

París | 2 comentarios.

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gutogonz
18/07/2007


Llevábamos 2 horas en la autorruta tratando de entrar a París. Un tráfico gigantesco asemejaba un gran estacionamiento que nos iba retrasando el llegar a la ciudad más hermosa del mundo.  

Como las bellas damas, París jugaba con nuestro deseo. Nos hacía un guiño pero nos plantaba más obstáculos.  

Nos dio el acceso, pero nos terminó guardando las cosas más bellas hasta el esfuerzo final.  

Ya habíamos entrado a la ciudad, pero nos recibió el otro París, el de los suburbios. Sucio y agitado, sufriendo los estragos del grafitti y haciendo evidente que, aun siendo París, no deja de ser una gran urbe con todas las problemáticas y contradicciones que la envuelven. 

Eso era: tan sólo el envoltorio. El panorama fue cambiando conforme íbamos alcanzando el corazón de la ciudad. La París de las fotos, del romanticismo, de los ideales, de las leyendas y el estilo fue materializándose frente a nuestros ojos.  

Y, de pronto, apareció por primera vez. Erguida, sólida, metálica. Modelando sus curvas en la pasarela del paisaje. Emanando esa personalidad que es, en buena parte, la personalidad de París. La Torre Eiffel.  

El encuentro fue eléctrico. Dentro del auto todos reaccionamos al mismo tiempo. Llevábamos varios minutos urgiendo con nuestra mirada la presencia de la torre. Nadie había preguntado, nadie la había extrañado en público. Cada uno de nosotros, en la privacidad de su silencio y de su espacio, la anhelaba.  

Pero la electricidad de la primera vista rompió con el protocolo. Los gritos y la euforia colectiva se desataron. “¡Mira! ¡La Torre Eiffel!” y la señalábamos como si los demás no la hubieran visto y no la hubieran buscado. “Es hermosa…”  

Quizás fue porque la presencia de la torre nos hacía adquirir conciencia de que ya estábamos en la Ciudad Luz. Una meta de vida para el viajero, es como cuando un alpinista conquista una de las grandes cumbres. Eso era París.  

En lo personal, fue amor a primera vista. En ese momento iniciaba mi idilio personal con esa dama, sobria y coqueta, sólida y delicada, eternamente joven, eternamente vista y que nunca pasa de moda.  

Me tomó 10 horas en autorruta llegar a su encuentro. Me dio una recepción hostil con aquel mar de autos. Se escondió, me puso más obstáculos, me negó la vista y me exigió el esfuerzo final. Lo hice y me permitió verla. Me cautivó.  

Por los siguientes 7 días en París fui a su encuentro. La retraté desde todos sus ángulos, exploré todos sus rincones. La busque desde todas partes.  

Me di cuenta que es una maravilla del diseño arquitectónico, que es capaz de incrustarse armoniosamente en cualquier paisaje y cualquier vista de París. No se vuelve fácil poder decir qué estuvo primero, si la torre o su entorno.  

Las grandes divas de la historia no tienen edad. Viven eternamente jóvenes, y la Torre Eiffel no es la excepción. A sus 120 años sigue encontrando la forma de estar vigente y verse siempre a la altura de las circunstancias.  

Cómo olvidar el recibimiento al año 2000 y al nuevo milenio, cuando Eiffel se volvió el referente visual de Europa y tuvo uno de los despliegues de pirotecnia más espectaculares de que se tengan memoria, montando una majestuosa coreografía de luces, pólvora, colores y música que hizo estremecer al planeta.  

Así es Eiffel, un icono de la moda en una ciudad que, a su vez, es icono del estilo.  

El primer encuentro a sus pies es impactante. Cualquier persona la habrá visto en fotos o en televisión millones de veces, la habíamos convertido en un símbolo de París y poco más. Pero al estar a sus pies se vuelve mucho más impactante.  

Uno distingue en su estructura ese color cobrizo tan elegante que viste los detalles metálicos que van hilándose como en un gigantesco tejido. Ahí se percata uno de esa ilusión óptica que nos hacía percibir una curvatura en su perfil que, en realidad, es inexistente. Es el cambio en el ángulo de inclinación que hay entre sus 3 pisos lo que nos da la impresión de que sus columnas son curvas.  

Cuando recién fue construida en 1887 para la Feria Mundial, París la repudió. Ya antes Barcelona había rechazado que se construyera allí. Una vez terminada, todo mundo la evitaba. El novelista Guy de Maupassant comía todos los días bajo la torre porque, decía, es el único lugar en París desde donde no puede ser vista.  

En estos 120 años, los sentimientos hacia la torre han cambiado diametralmente. Sus peldaños y miradores han recibido a más de 200 millones de visitantes y probablemente sea el objeto más fotografiado del planeta.  

Por casi 50 años fue la estructura más alta del mundo. Con todo y la antena que corona a la torre, su altura es de 324 metros. Tiene 3 miradores, con restaurante, boutiques y servicios sanitarios.  

Vale la pena subir hasta la parte superior que está a una altura de unos 300 metros. Se puede subir a pie hasta el segundo mirador. Un esfuerzo que vale la pena hacer para apreciar mejor la estructura de la torre. Pero para ascender a pie o en el elevador hay que librar las largas filas de turistas para comprar boleto y que pueden durar horas.  

La torre es un franco desafío al vértigo. Los ascensores para llegar al mirador en la cúspide de la torre son panorámicos hasta en el techo. Uno puede ver París y la estructura a los lados, pero si mira hacia arriba, se puede ver a través de la ventanilla como la torre se va haciendo cada vez más delgada conforme se va subiendo en una sensación escalofriante.  

Uno puede sentir el sudor y el cosquilleo en las plantas de los pies. También llega el momento en el que comienzan las clásicas preguntas para sí mismo. “¿Estarán bien cerradas las puertas del elevador?” o “¿habrá pasado un accidente alguna vez?”  

Los elevadores generalmente irán repletos así que la falta de espacio tampoco contribuirá mucho a la tranquilidad. El elevador se detiene y la gente sale con calma tratando de reagrupar cada órgano de su cuerpo en su respectivo lugar.  

El mirador superior está dividido en 2 plantas. Una completamente cerrada con ventanas para ver hacia fuera y la otra al aire libre con rejas. La primera es bastante más tranquila, ideal para quienes padecen serios problemas de vértigo puesto que hay unos paneles con fotografías panorámicas y señalizaciones de edificios y monumentos para localizarlos a simple vista.  

Es el mirador al aire libre el que provee la aventura. Los pasillos son estrechos y la gente ancha. Mucha gente y todos caminando como si estuvieran espinados del Arco del Triunfo. Ya sabes, el vértigo te hace consciente de cada paso que das como pocas veces antes te había ocurrido.  

El enrejado tiene el tejido lo suficientemente abierto para que una cabeza de adulto de tamaño razonable pueda caber. Ver a la gente tomando fotos, con la cabeza por fuera me hace replegarme contra la pared y no moverme para nada. Estoy sufriendo una crisis de vértigo. En las paredes del mirador hay una serie de carteles alusivos a la historia de la torre y, en una de las típicas cosas que siempre me pasan a mí, quedo justo frente al que narra el incendio en esa misma parte del mirador. Creo que he perdido el estilo.  

Poco a poco, la gente va desahogando el lugar y puedo caminar de manera “segura”.   Toma un par de minutos recuperar la tranquilidad. Empiezas a admirar el Sena a tus pies. Localizas Montmartre, La Défense, Champs-Élysées. La belleza armónica de París y la simetría de sus boulevards te contagian una tranquilidad que te hace olvidar la altura a la que te encuentras. Comienzas a disparar una foto tras otra, y a recorrer con calma todo el mirador.  

Me acerco a la reja a disfrutar el panorama. Me impacta la armonía de esta ciudad. El Arco del Triunfo se ve gigantesco desde aquí y se puede ver que está construido sobre una glorieta que conecta 12 avenidas y boulevards, entre ellos Champs Elyseés.  

Desde esta parte de la idílica Torre Eiffel se puede admirar privilegiadamente la uniformidad de esta ciudad, que no fue por azar, sino por un ambicioso proyecto de modernización que vivió París desde 1852, cuando se construyeron amplios boulevards y se renovaron las fachadas.  

Las estrechas vías medievales quedaban atrás y se construyeron anchas avenidas que tenían que cumplir ciertas dimensiones. Las fachadas tenían un límite de altura en proporción a la anchura de la avenida. Por ejemplo, si la avenida tenía más de 20 metros de ancho, las fachadas tenían que estar a una altura máxima igual al ancho para guardar la proporción. Además, los pisos de cada edificio tenían que estar a la misma altura del edificio vecino y con el mismo estilo arquitectónico que, generalmente, era el Neo-Clásico. Fue esta renovación la que convirtió a París en la ciudad más hermosa del mundo.  

De ahí la prodigiosa armonía de París. Un edificio no era visto como algo individual, sino como parte de un paisaje urbano uniforme. Ese proyecto terminó por definir a París y es perfectamente visible desde aquí arriba.  

La grandeza de esta ciudad es tal que en la Segunda Guerra Mundial los alemanes invadieron París. Marcharon bajo el Arco del Triunfo en una humillación al pueblo francés, pero no tocaron la ciudad a pesar de que Hitler ordenó prenderle fuego cuando el ejército aliado iba acercándose, pero su orden fue desobedecida varias veces por el general alemán Dietrich von Choltitz. No iba a ser él quien destruyera la Ciudad Luz.  

Liberar París tuvo un alto costo para el ejército aliado. No era una ciudad estratégica y requería una gran cantidad de combustible. Alargó la guerra y ocasionó, en parte, que los ingleses fueran aplastados en Holanda por los alemanes. Ese era el precio de proteger y liberar París, la ciudad más hermosa del mundo. Y decidieron pagarlo.  

Desde acá arriba, se puede ver que la única razón que desafió la lógica militar era la belleza de París.

Pude vivir las entrañas de esta magnífica Torre y tener el privilegio que tiene esta hermosa Dama de Acero de tener a la ciudad más hermosa del mundo a sus pies.  

Compré, también, el infaltable recuerdo de la visita a la Torre Eiffel en la boutique del segundo mirador. Una linda torre de unos 15 centímetros de altura, en el mismo color cobrizo y que, en mi casa, podrá dominar el panorama de la misma manera que la original lo hace sobre París.  

Era el momento de regresar. El descenso es mucho más relajado, con una sonrisa en la boca luego de haber conquistado una cumbre más.  

Pude hacerle varias fotos más desde distintos puntos de París. Perdí la cuenta del número total de fotos que hice de la Torre Eiffel pero aquí incluiré una muestra de ellas.  

Mi amor por esta maravilla de la ingeniería, la arquitectura y el estilo ya estaba completo. Algún día regresaré.               

Videos de celebraciones con pirotecnia en la Torre Eiffel. Simplemente espectacular.

Celebraciones del Milenio
http://www.youtube.com/watch?v=_tcTC9OmgCY
http://www.youtube.com/watch?v=ZTwXQ15NUhs

Otra celebración espectacular
http://www.youtube.com/watch?v=NI67l9IhHwI
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Ultimos comentarios:

waltina dijo:

Hola Cesar, Muy bueno tu relato. Saludos, Tina

miércoles, 18 de julio de 2007, a las 16.07

tetraclinis dijo:

Te felicito por tu relato cargado de espectación y de psicología viajera. Y te felicito por la estrategia fotográfica, por los encuadres. Eres bueno. Yo estuve en París también y me identifico con tu magnífico relato. Antonio

jueves, 19 de julio de 2007, a las 02.46

Buffer dijo:

El relato es muy bueno, me dan mas ganas de ir (espero poder estar ahi para mayo del año que viene) pero las fotos son impresionantes!! estudio fotografia desde hace un par de años y la verdad que los tipos de encuadre, angulos de toma, y los detalles que captaste son increibles.. felicitaciones por todo.. por las fotos, por el relato.. y sobre todo por el viaje.. :D

viernes, 20 de julio de 2007, a las 22.34

gutogonz dijo:

Muchas gracias por sus comentarios. Fue un relato que a mi me emocionó mucho escribir porque parecía que lo estaba viviendo todo de nuevo. Agradezco también los comentarios a las fotos, pues la foto es una de mis grandes pasiones y valoro mucho sus elogios. Saludos! Y a viajar, escribir y disparar!

domingo, 29 de julio de 2007, a las 03.17

MARCEDIAZ dijo:

Genial el diario y las fotos....me hiciste revivir cuando estuve allí la 1° vez,para el día de la Primavera del 2000,fue de noche...pero la ciudad impactaba también con sus luces...además de la iluminación especial que tenia ese día la torre...y la luna impresionante que había..

martes, 31 de julio de 2007, a las 07.02

Pochitasssssss dijo:

Hola Cesar . Que relato tan bueno..... Te felecito por tu imaginacion. Yo como tu , vivi esa magia que tiene esa CIUDAD. Saludos.

viernes, 3 de agosto de 2007, a las 21.15

jhonnyga dijo:

No cabe duda, son las mejores fotos de Eiffel que he visto! amigo mio excelente diario!!! Felicidades y saludos!

miércoles, 5 de diciembre de 2007, a las 06.54

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