EL viaje a Malí fue el más improvisado de mi vida, mi novio y yo, teníamos planeado un viaje a Etiopía desde hacía meses y 24h antes de viajar, recibimos una llamada de un amigo diciendo: habéis visto la tele???
Etiopía acaba de bombardear el aeropuerto de Somalia, ha habido muertos y dicen que hay tropas de todo el país movilizándose, no se sabe cómo continuará el asunto, así que tras el estado de shock inicial, comenzamos a llamar a embajadas, discutir con nuestras familias y tras pasar muchísimos nervios decidimos cancelar el viaje, luchamos para que nos devolvieran el dinero de los billetes de avión, cuando nos confirmaron que así sería y como ya estabamos de vacaciones, en máximo 48h teníamos que salir hacia otro destino. Nos sentamos delante de un mapa del mundo y de Internet, tras varias propuestas fallidas, surgió.
Porqué no a Malí?
No sabemos casi nada de ese país, a parte de algunos datos como que el idioma oficial es el francés, que está considerado el segundo país más pobre del mundo, que la mayoría del territorio es zona desértica o semidesértica, gran parte del país está cubierta por la zona fina arena del Sahara, también sabemos que un número creciente y preocupante de malienses intentan llegar a Europa de formas a veces infrahumanas para labrarse un futuro, sin duda es un gran desconocido para nosotros... Pero recuerdo que hace tiempo vi un reportaje del país y pensé Guauuuu! Yo quiero ir ahí algún día! Pues ese día llegó.
Compramos nuestros billetes de avión, comprobamos que tuviésemos todas las vacunas necesarias y exigidas como la de la fiebre amarilla, cambiamos el destino en el Seguro de viaje, compramos la guía de lonely planet West Africa y con todo eso listo, nos pusimos manos a la obra! nuestros cerebros eran como dos esponjas, absorbiendo toda la información posible de lugares de interés, fotos, rutas, medios de transportes, experiencias de otros viajeros, sus gentes, historia,... y así a los dos días, un 28 de diciembre estábamos aterrizando en Bamako, la capital de Malí, teníamos un mes por delante y queríamos visitar también Burkina Fasso, un pequeño país fronterizo.
Llegamos de noche, en el aeropuerto nos hicieron un visado provisional de 5 días que hay que formalizar en la ciudad. No me gusta llegar de noche a ninguna ciudad, por muy confiado que seas, sueles llevar dinero encima y siempre acabas pensando...a dónde me estará llevando este taxista, tiene cara de secuestrador, seguro que es una encerrona, porqué no dice nada?....pero como siempre, te lleva al hotel que le has dicho, te cobra y se va.
El primer día la dueña del hotel, una francesa que vive en Bamako, nos aclaró un montón de dudas y nos informó que si no queríamos quedarnos en la ciudad unos cuantos días teníamos que darnos mucha prisa, era viernes, el sábado y domingo la embajada no tramita visados, el lunes es año nuevo (festivo) también es Tabaski o fiesta del cordero (ahora entendemos porqué el taxi que nos trajo del aeropuerto llevaba un cordero en el maletero), celebran que hace un mes que acabó el Ramadan, todo se paraliza en un país principalmente musulmán, ese día no funcionan ni los buses.
Así que había que correr, necesitábamos el visado de Malí y también el de Burkina Fasso, y cambiar todo el dinero, según la guía solo hay un cajero automático en el país!. Muchas cosas para solo una mañana.
En África el tiempo no es oro, tiene un valor diferente al que estamos acostumbrados, parece que la gente tiene todo el tiempo del mundo para hacer cualquier cosa, así que no se planteaba una misión fácil.
Después de rogar un poco en la comisaría y en la embajada de Burkina lo conseguimos en tiempo record, normalmente se necesitan dos días para ello. Necesitábamos alguien que nos llevara en coche para poder llegar a Djené el domingo y así el lunes ver uno de los mercados más famosos y coloridos de África y de ahí iríamos hacia Bandiagara para hacer un treking por el País Dogón y se necesita un guía, así que para ir más seguros decidimos contactar con un guía que alguien recomendó en el foro de Lonely planet, se llama Mamadou y la verdad fue todo un acierto, muy efectivo, honrado y encantador, por cierto, habla español perfectamente.
A las 6 de la mañana del día siguiente teníamos un coche en la puerta del hotel, sabemos que no fue nada fácil porque el chofer se perdería la fiesta del cordero, y ninguna mujer quería que el hombre de la casa faltase ese día!
El viaje empezaba ahora, no habíamos visto casi nada de Bamako, pero la verdad no nos gustan mucho las ciudades, Bamako me pareció bastante caótica, mucho tráfico, contaminación y un calor insoportable, a pesar de haber sido colonia francesa hasta que obtuvo su independencia en 1960 no es precisamente la típica ciudad colonial con encanto, claro que esto es una opinión personal después de haber pasado un día estresante corriendo de un lado a otro, nosotros teníamos ganas de descubrir las aldeas, pueblos, mezquitas y sobretodo a sus gentes, cada una de las diferentes etnias que sabíamos habitan ese gran país.
Al final de nuestras vacaciones, cuando todo se ve con otros ojos, destinaríamos unos días a descubrir la ciudad.
Djené
Salimos de Bamako, por fin conocemos el Sahel, situada entre el Sahara, al norte, y la sabana sudanesa al sur, es una zona de llanuras bajas con muy poca vegetación, realmente árida ,donde solo se ve de vez en cuando algún árbol de pan, algunos cactus y arbustos, el aire es muy caliente, casi cuesta respirar.
Cuando llevamos 4h. de camino, doy gracias por haber decidido ir en coche, aún nos quedan 4h. más, vamos rápido 60-80km/h, adelantando a todos los buses. Las carreteras están llenas de obstáculos, gente andando, bicis, burros y críos.
Teniendo en cuenta que la zona asfaltada es muy estrecha en algunos tramos y la manera de conducir de los malienses, llegar ya es una proeza.
Cada dos por tres nos encontramos con pequeños controles de policía que cortan las carreteras con algún bidón de petróleo y un tronco, allí suele haber un par de militares que le piden al chofer los papeles y le hacen dar una “propina” disimuladamente para que nos dejen continuar. Nada más salir de Bamako, el chofer nos dijo que si la policía nos preguntaba, éramos amigos y nos lleva a Bandiagara gratis...
Ya estamos casi llegando pero antes hay que atravesar el río Bani, un afluente del Níger, en Ferry. Hasta que no esté lleno el ferry no sale, y pienso que nos vamos a derretir en la espera, pero hay suerte, en una hora se llena y podemos continuar.
Djenné, habitado desde 250 a.c., fue una encrucijada comercial en la ruta de las caravanas del oro que atravesaban el desierto del Sahara. A partir del siglo xv, la ciudad se convirtió en un foco de difusión del islam.
Se han conservado cerca de 2.000 viviendas tradicionales (de adobe con ornamentos árabes) que fueron construidas sobre pequeñas colinas para ponerlas a salvo de las inundaciones en la estación de las lluvias y de las crecidas de los ríos Bani y Níger. Junto a la famosa Gran mezquita, situada en el centro de la ciudad, y considerada como el ejemplo más consumado de la arquitectura sudanesa, con sus minaretes y sus numerosas columnas forman un magnífico llamado a la oración, se trata de la mezquita de adobe más grande de Africa.
Djenné figura en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1988.
Tenemos suerte y al llegar vemos que hay muchísima gente en la calle, unos dirigiéndose hacia la mezquita a orar, otros simplemente reunidos, paseando y las mujeres charlando en los patios interiores de sus casas, podemos verlas porque todas las puertas están abiertas, los niños corretean de unas casas a otras con una especie de bolsitos pidiendo algo así como el equivalente a nuestro “aguinaldo” navideño, llevan monedas, caramelos y sencillos juguetes de plástico.
Todo el mundo está contento, vestidos con sus mejores trajes, sobretodo llaman la atención las mujeres por sus magníficos vestidos de estampados y colores increíbles que rematan con unos tocados a juego en sus cabezas, digno de ver. Allá por donde vamos nos reciben al grito de “Tubabs” (blanco), palabra que nos seguirá durante todo el viaje por Mali.
Afortunadamente casi todos los corderos han sido sacrificados ya, tan solo oímos algún balidos lejanos, pero podemos ver como a falta de alcantarillas, la sangre se desliza calle abajo junto a las aguas fecales por todo el pueblo, la verdad es que cuesta unos segundos acostumbrarse a esa imagen.
Nos alojamos en el hotel Campement, en nuestra básica habitación sin ventanas hay un millón de mosquitos, suerte que nunca olvidamos en casa nuestras mosquiteras, sin ellas hubiera sido imposible dormir.
Dormimos bien por el cansancio y a la mañana siguiente decidimos ir a pie a unas aldeas cercanas que habitan los Fula, una etnia de origen nómada famosa por los grandes pendientes de oro macizo en forma de plátano que llevan sus mujeres.
Pero no podemos llegar muy lejos, después de atravesar el río con una piragua y de acompañar a un buen hombre que nos iba contando un montón de cosas interesantesa mientras se dirijía a alimentar a su ganado, nos damos cuenta que en Mali sin un turbante no eres nadie.
Ha comenzado a soplar el famoso Harmatán, un fuerte viento procedente del Sahara que viene cargado de arena y hace que el aire llegue a ser irrespirable, así que nuestra visita se limita al primer poblado y a la vez el menos interesante, nos vemos obligados a volver al pueblo antes de que empeoren las cosas.
Así que pasamos el día esperando la noche, es Noche vieja, aunque he tenido la suerte de poder viajar a muchos sitios, ésta es la primera noche vieja que paso lejos de casa y de mi familia, así que la sensación es extraña.
Encima estamos en un hotel más cutre que el de ayer, (olvidaron decirnos que solo tenían disponible la habitación para una noche) tenemos agujero en el suelo comunitario a modo de WC y ratón en la habitación, pero al menos tenemos ventana, eso sí, sin cristal y el harmatan se ha encargado de llenarlo todo de arena.
Al menos podremos cenar bien, en nuestro exhotel han preparado un buffet especial de Noche vieja y en la maleta tenemos una botellita de cava y unas latitas de uvas para no perder la tradición!
Año nuevo, nos despertamos y no oímos nada, como puede ser? un mercado tan importante debe hacer mucho ruido! Bajamos corriendo y sorpresa: no hay mercado!!! Nos dicen que como ayer fue la fiesta del cordero y este año ha coincidido con año nuevo, pues no ha venido nadie.
Qué mala suerte, el único día que no ha habido mercado en...años? Y nadie lo sabía??? Nos quedamos bastante decepcionados y decidimos marcharnos para Bandiagara.
Ahora tenemos claro que no podemos perdernos el Mercado de Gorom Gorom en Burkina para resarcirnos.
Continuará con nuestra visita al País Dogón...
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