Este es un pequeño relato de mi viaje a Palmira, Valle del Cauca, Colombia, visto desde la perspectiva de un joven mexicano (del norte de México, desde la Comarca Lagunera), esperando que esta síntesis sirva de algo para los próximos viajeros, aspirantes a visitar a aquel hermoso país latinoamericano.
Consideraciones previas: Pasaporte mexicano, visa norteamericana (si viajas desde Torreón, la conexión tendría que ser Torreón-Houston-Cali).
Duración estimada del vuelo: 8 horas. Costo del vuelo redondo en agosto 2006: $9,500 pesos mexicanos.
¡Vámonos!
Cuando decidí que quería visitar Colombia, los comentarios de amigos y familiares no se dejaron esperar: “¿Cómo es posible que viajes solo a un país tan peligroso?” “¿No te da miedo la guerrilla, la violencia?” Obviamente mi concepto sobre esta tierra maravillosa era más que una imagen amañada.
Yo sabía que Colombia era más que droga, más que inseguridad.
Por eso me aventuré a explorarla. Y no me arrepiento de haberlo hecho pues quedé marcado desde que llegué de aquella aventura (ya un año desde aquel viaje). Entré a una página y contacté a una chica, su nombre: María del Carmen Ramos, y ella desde el primer momento se mostró muy amable conmigo, me dio la confianza de agarrar mi mochila e irme a la aventura.
Desde que llegué, su familia y amigos me trataron de maravilla, como se le trata a un rey o a un presidente. Por eso les estoy infinitamente agradecido. Me brindaron confianza de una manera totalmente desinteresada. Hicieron que me formara una imagen y opinión de los colombianos como gente solidaria e intensa.
Estas fueron las ciudades que visité en 7 días: Palmira, Cali y Buga. Desde el primer momento quedé cautivado con sus mujeres, tengo que admitirlo. Chicas realmente muy guapas. Ya lo decía la gente: “Cali es el paraíso terrenal, aquí encuentras a las mujeres más hermosas del planeta”, y no resulta exagerada esta aseveración.
Yo no hallaba para dónde voltear, belleza tras belleza recorriendo las calles… ¡una delicia!
Palmira: Recorrer las calles de esta ciudad fue un encuentro directo con una cultura diferente. Era la primera vez que visitaba un país extranjero. Lo primero que me llamó la atención es que la mayoría de las personas se transportaban en motoneta: cientos de motos andando por las calles, pocos autos; muchas bicicletas también, por supuesto.
Los laguneros, cuando estacionamos nuestros coches, vemos ya muy común que se acerque un “viene, viene”, así le llamamos a las personas que traen su pañoleta roja y nos ayudan a acomodar nuestros coches, y cuando regresamos y abordamos el auto, es clásico que te digan “se lo cuidé, jefe”. Pues bien, en Colombia sucede lo mismo, pero con las motos. Puedes ver un ‘aparcadero de motos’, así le llaman ellos. Ver foto.
Algo que extrañé de inmediato fue el picante, la salsa mexicana. Pero aún y con esa ausencia su comida es riquísima. Su moneda es el peso colombiano y a diferencia del mexicano, éste usa todavía dígitos mayores a las 3 cifras.
Un ejemplo: 1 dollar equivale a algo así como 2600 pesos colombianos. Quizá les convenga un poco lo que hicimos los mexicanos en el año 1994, cuando el Presidente Zedillo le quitó tres dígitos a nuestra moneda; así, en lugar de tener 1000 pesos, lo redujimos a 1 peso. La telefonía celular aún no está en su apogeo, y se pueden ver en las tiendas del centro de Palmira, negocios que rentan teléfonos celulares. Así te puedes encontrar en plena calle gente con un cinturón con varios celulares en renta. “¡Hay minutos… hay minutos!”, grita una señora con un acento muy peculiar, ofreciéndote un minuto de tiempo aire para que hables a donde gustes. Eso sí, es muy económica una llamada de larga distancia, a diferencia de nuestra telefonía celular mexicana (con perdón de Telcel).
Hay que visitar El Paraíso, la casa Efraín y María, personajes que inspiraron la gran novela María, del escritor Jorge Isaacs. De ahí te vas a pie un poco más arriba y te bañas en los arroyos que cruzan la montaña. El centro de Palmira es interesante y muy cultural. Su casa de cultura ofrece a los palmiranos diversos cursos como música, literatura, pintura, teatro. Los amigos de Mary, al saber que yo soy cantautor, me invitaron a participar en un ensayo de su orquesta.
En verdad fue una experiencia agradable, la salsa y el merengue tienen un ritmo y saber tan especial que se mete de inmediato a la piel y te hace bailar las horas, gozando de su alegría e intensidad. La cumbia y el vallenato forman también parte importante de su sabor tropical.
Cali. Como lo mencioné anteriormente, Cali es el paraíso de las mujeres. ¡Cuánta belleza! Mulatas, blancas, negras, mestizas… ahí todas las mujeres son bellas y con cuerpos realmente espectaculares, perdón que me vea demasiado machista en ese sentido. Una vez que logré recuperarme del impacto visual, pude apreciar las calles y las maravillas del centro de la ciudad.
Lo primero que visitamos fue ‘San Antonio’, un lugar donde puedes adquirir artesanías, objetos representativos de la cultura colombiana, suvenirs, etc. Luego visitamos el centro. Monumentos, plazas, centros comerciales.
En un pequeño parte puedes comprar el equivalente para lo que nosotros sería un ‘raspado’, es decir, una nieve, con un sabor muy particular, muy buenas, he olvidado el nombre. En los centros comerciales, te encuentras muchos puestos de antojitos mexicanos, uno se llamaba ‘Monterrey’, ciudad norteña mexicana.
Buga. Para los laguneros que han visitado Parras de la Fuente, Buga les resultará muy familiar. Es una ciudad pequeña y colonial, con calles perfectamente delineadas, con iglesias, parques y muchos árboles. Es un lugar muy visitado debido a la catedral ‘El señor de los milagros’, que según cuenta la leyenda, hay un crucifijo que fue creciendo y creciendo milagrosamente hasta convertirse en una gran cruz, que es visitada por cientos de feligreses que le confían sus problemas esperando una ayuda.
Despedida. Por si fuera poco, después de tantas atenciones y fiestas y visitas a toda esta gente tan hermosa, a mis amigos se les ocurrió hacerme una pequeña fiesta de despedida. Lo disfrutamos en grande, tomamos cerveza Corona (les encanta), tomamos tequila, por supuesto, y brindamos por un nuevo encuentro en el futuro.
Esta es, a grandes rasgos, por supuesto (me quedo corto con todo lo que viví), mi visita a Colombia. Tuve la suerte de ser acogido por una familia colombiana y eso representó muchos menos gastos pues no pagué hospedaje ni la mayoría de las comidas.
Por todo, gasté algo así como $13,000 pesos, pero reitero, sin incluir hospedaje ni comidas. Así que tomen sus consideraciones pertinentes a la hora de planear su viaje. Espero no se les haya hecho aburrida.
¡Saludos a todos desde La Laguna, México! |
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