
Raquel Drachenberg en abrigo rocoso
Sierras del Amambay | 0 comentarios.
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A partir de los años 40 del siglo XX pasado, sagaces e intrépidos aventureros han descubierto en diferentes puntos orográficos del Paraguay, petroglifos, extraños arabescos pétreos, sitios pétreos sagrados, inscripciones grabadas en piedra, en paredes de abrigos rocosos, casas-cuevas con inscripciones, algunas de las cuales hasta hoy día son custodiadas celosamente por los aborígenes del lugar, (Pay Tavyterä del Amambay, del tronco guaraní), como es el sitio sagrado Jasuká Vendá o Cerro Guasú, llamado por ellos mismos como “el ombligo del mundo”.
Actualmente pocos expertos internacionales en epigrafía estudian dichos vestigios y casi ninguno en Paraguay. El tema está muy politizado. ¡Qué increíble! Estos petroglifos han suscitado toda clase de especulaciones sobre su origen. Pero, para salir de dudas, desde el año 1992, en que escuché por primera vez del tema, decidí visitar los sitios arqueológicos.
Al comienzo, viajé solo, como podía; luego me uní una fundación experta en rescate audiovisual. Con los señores, Raúl González Allen, de “Ecocultura” y Armando Barrios, de “Fundahi", recorrimos el Paraguay cazando petroglifos. La Fundación Ecocultura produjo documentales valiosos al respecto. Posteriormente me acompañó mi esposa, Raquel Drachenberg, desde que nos casamos en 1994. Ella, hasta ahora es una entusiasta de la prehistoria del Paraguay. Con el correr del tiempo y con el entusiasmo a flor de piel recorrimos el Amambay, mi esposa, mi hijo Hanns y yo. El Parque Nacional Cerro Korá, los petroglifos y el camping en al selva nos unía.
Hace 10 años, organizamos una expedición al Amambay, con el señor Manuel Cuenca y el señor Vicente Caballero, ambos del “Sistema Nacional de Televisión/canal 9”, para el Programa “Magazine”. Nos acompañaban además, mi esposa Raquel y nuestra amiga alemana, Johanna Murmylo. Manuel y Vicente, produjeron un documental de 30 minutos sobre la historia del entorno y los enigmáticos petroglifos del Amambay.
Recorriendo en estos 15 años las serranías del Amambay, departamento político al noreste de la región oriental del Paraguay cuya capital es la ciudad de “Pedro Juan Caballero “, he observado miles de inscripciones en rocas y albergues cubiertos. Al presenciarlas, no pude evitar sentir gran asombro y reverencia. Uno se sitúa frente a las leyendas del pasado, y al mismo tiempo frente a la realidad reflejada en las piedras de tal vez miles de años de antigüedad, preguntándose desde cuándo estarían allí, cuántas generaciones las esculpieron y las conocieron. Al visitante ocasional o al interesado, aún le parecerá como estar en un túnel del tiempo.
Desde mis primeras expediciones, he visto que la selva virgen y su entorno silvestre han cambiado bastante. De ser un lugar inhóspito, se ha transformado en monocultivos extensos de soja, praderas implantadas para ganadería y devastación de los bosques primigenios. Es una lástima esa destrucción natural. Sin embargo, no ha perdido su encanto, magia ni misterio. Gracias a ese misterio he conocido la geografía nacional buscando y conociendo el Paraguay prehistórico y desconocido, en medio de selvas aún vírgenes y sitios montuosos inaccesibles.
Los indigenistas y/o americanistas, opinan que serían representaciones culturales guaraníes; estudiosos franceses opinaron que serían runas vikingas; estudiosos modernos, como la Universidad de Harvard, a través de expertos en Epigrafía, llegaron a conclusiones sorprendentes para el mundo académico de la prehistoria americana, diciendo que parte de lo relevado (aclararon que no todo) pertenecerían a “ideogramas o signos alfabéticos” pre cristianos, ibéricos y del Asia Menor, sugiriendo científicamente la venida de navegantes del Viejo Mundo en viajes precolombinos, actualmente ignorados o no reconocidos.
Se pueden observar petroglifos repetidos uniformemente, petroglifos extraños y diversos, “py poré” o grabados de huellas de pié humano, descalzos o con contornos parecidos a suelas de sandalias, y grabados de huellas de animales, etc. Se han tejido muchas conjeturas respecto a estas “escrituras” precolombinas, unos negándolas y otros aportando sus conocimientos. Así, algunas de ellas tienen su “clon” en otras “idénticas” halladas en Francia (que datan de hace 30.000 años hasta 15000 A.C.), en “La Ferrasie”. Los modernos antropólogos (ejemplo, Bratislava Súsnik) acuerdan en que sus ejecutores no fueron ciertamente los modernos guaraníes.
A mi parecer, estas inscripciones, parte del patrimonio cultural paraguayo, de valor arqueológico mundial, son manifestaciones artísticas - rituales milenarias (como los símbolos de la fertilidad), que representan por lo menos a un grupo humano cuyo nivel intelectual era superior al de los demás habitantes de la zona, con estructuras sociales definidas y sedentarias.
Pero lo llamativo o fantástico es que, representan en gran medida a caracteres alfabéticos del Asia Menor, Europa mediterránea precristiana y otras derivadas de las mismas en estado de evolución, según los estudios del afamado Dr. Barry Fell, profesor emérito de la Universidad de Harvard, y los estudiosos Jim Woodman y Erik Reinert.
Por extraña coincidencia que parezca, el idioma guaraní posee varios vocablos sugestivamente similares al nórdico moderno (por ejemplo: el sueco) y el germánico (alemán). Obs.: El Cerro Guaive Og o “Cerro Hogar/casa de la Vieja/Anciana” se encuentra en el límite sur del Parque Nacional Cerro Korá junto al Cerro Tuja Og o “Cerro Hogar/casa del Viejo/Anciano”. Curiosamente, en alemán moderno weib o weibe (vocalizando se dirá vaibe) significan mujer (femenino); la “w”(v doble) en alemán se lee como “v” corta, y se lee como “gu” en español o guaraní, por lo que weibe sería gueibe o gueive (guaraní), las letras “ei” en alemán se leen “ai”, por lo que weibe del alemán se leerá guaibe o guaive, en guaraní que representan al rasgo idéntico del género femenino en ambos idiomas: weibe (vaibe) = waibe=guaive.
Contextualmente, es imperativo que toda esta riqueza cultural de miles de años de antigüedad sea preservada y conservada como patrimonio cultural de la humanidad, porque constituye toda una humanidad inexplorada en lo que se refiere a investigación científica, posibilidades de estudio con nuevos enfoques históricos e implementación de tecnología de punta para la detección de su edad, o para hallar otros sitios arqueológicos, o para determinar sus innumerables detalles y constituir herramientas para una Educación Superior. Podría cambiar la historia de América y el mundo.
Mi hipótesis: Al estudiar las inscripciones, puedo creer que representan una cronología exquisita, de visitas periódicas, de otros pueblos más avanzados y cultivados, con más tecnología, extra americanos expertos en el mar como podrían ser los púnicos – íberos - célticos; Cristóbal Colón y la conquista.
En resumen, tenemos en Paraguay un capítulo pendiente con el estudio serio de nuestras raíces culturales ancestrales paleolíticas y neolíticas americanas y extra americanas; de diferentes grupos étnicos, raciales y culturales, visitantes de varios continentes y en oleadas migratorias constantes. Yo ya he recorrido más de 20.000 km fotografiando los enigmáticos petroglifos del Paraguay oriental; tal vez recorra otros kilómetros más.
Hasta la próxima carta.
Desde aquí mi agradecimiento, en estos 15 años de aventura, a mi esposa Raquel, mis hijos Hanns, Helga y Heidi; a mis padres José Marcos y Teresa; a mi hermano Guillermo Dávalos-Knoop; Johanna Murmylo; Manuel Cuenca y Vicente Caballero; Benjamín Fernández Bogado; Raúl González Allen y Armando Barrios; Damián Orué; Joe Weaver; Miguel Arriola; José Rivarola; Karl Rothbacher y Julio Rodríguez; Delio Orué; Carlos Colombino; Juan Niz; Leonor Fernández; Guarda parques del Parque Nacional Cerro Korá; Oscar Mazó; la lista sigue… Blas Antonio Knoop |
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