Después de ferias cargadas de bohemia porteña, estadios llenos de pasión argentina y un San Telmo milonguero de día y de noche, quisimos conocer mucho más de esta ciudad que encanta con su carácter.
Dejamos el barrio y nos mudamos a casa de Vanessa (amiga de Rocío desde el colegio). Nada mejor para comenzar que una casa después de tantos hoteles y una compañía y hospitalidad inmejorables.
Lastimosamente, o no, depende del punto de vista, no pasabamos mucho tiempo en la casa. La ciudad es grande, llena de historia y rincones casi mágicos. Empezamos por La Recoleta y su tan afamado y tan de alcurnia cementerio, ahí donde descansa Natalio Ruiz el hombrecito del sombrero gris.
Parece una ciudad dentro de otra sólo que ésta no tiene el bullicio de Buenos Aires por obvias razones. Mausóleos impresionantes adornados por esculturas monumentales, tumbas talladas milimétricamente. El arte consagrado a la muerte.
El barrio es uno de los más exclusivos de la ciudad, con grandes parques arbolados, jardines bien cuidados, mansiones elegantes y, claro, los infaltables paseadores de perros. La feria de los fines de semana también tiene lo suyo.
Palermo es otro de los barrios y el pulmón de la ciudad. Casas exclusivas, palacios afrancesados que ahora sirven de embajadas, extensos bosques hechos pensando el los jardines franceses: Un lujo a cualquier hora del día si lo que se quiere es huir un poco de la vida agitada del centro.
El centro con la plaza de Mayo, la Casa Rosada, la tumba de San Martín, el Obelisco, el teatro Colón, la avenida de Mayo, el palacio del Congreso, la avenida Corrientes. Todos monumentos al buen gusto y, como no, al dinero gastado en cantidades en su construcción.
Mención a parte merecen los bares porteños que forman parte de la historia de elegancia de esta Nuestra Señora de los Buenos Aires: El Tortoni es de los más emblemáticos y razones no le faltan. No dejen de tomar la sidra o comerse un maravillosos flan con dulce de leche. Fueron Silvia y Andrés los que nos llevaron y por ello y su gran compañía les estaremos eternamente agradecidos. Otros bares infaltables son el bar Sur, el Bar Dorrego, El Viejo Almacén, etc Todos contribuyen con su porción de historia y anécdotas en medio del melodioso tango que nunca se deja extrañar.
Puerto Madero es un ejemplo de como los lugares que se pensaron abandonados a su suerte pueden ser rescatados y elevados a su máxima expresión. Un paseo entre los viejos galpones y el Río de la Plata es imprescindible si nos queremos llevar algo del ambiente de esta ciudad. Y si la compañía es buena el paseo no tiene cuando acabar aunque la excelente comida puede servir de broche de oro.
Gracias Vane y Matías por los excelentes días en Buenos Aires y por mostrarnos algo de está maravillosa ciudad.
Pero como todo lo bueno se tiene que acabar, es hora de continuar viaje no sin antes darnos una vueltita por el zoológico de Temaikén.
Al otro lado del río Uruguay nos espera. |
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