
La basura es un problema en todas las regiones pobladas y urbanizadas. En esta fotografía, tomada en Tarija, se observa la contaminación que provocan
tarija | 0 comentarios.
|
Bolivia, con sus 1.098.591 km2 de extensión, está ubicada en el centro de Sudamérica. En sus nueve departamentos existe una variedad de atractivos turísticos dignos de visitar, pero sin duda la vertebración caminera continúa siendo una de sus debilidades más sentidas. De ahí que visitar algunos lugares, como Uyuni, en la región noreste del departamento de Potosí, resulte una aventura larga y costosa para el visitante nacional o extranjero.
La única vez que llegué a la localidad de Uyuni, situada a pocos kilómetros del salar del mismo nombre, fue en un tren de la Empresa Ferroviaria Andina (FCA), en tránsito a la localidad fronteriza de Villazón. Esta empresa efectúa el recorrido de Oruro a Villazón en algo más de 12 horas, con escala en Uyuni, Uncía y Tupiza, que son las estaciones más importantes. No recorrí el mismo trayecto en empresas de transporte terrestre, pero quienes sí lo hicieron me comentaron que no es una de las mejores rutas, por el precario estado del camino y la calidad deficiente de los buses. Sin embargo, el recorrido durante las horas del día resulta atractivo.
No soy proclive a visitar el altiplano y las cordilleras, pero las pocas veces que lo hago regreso a mi punto de partida con el alma en paz, pues la altiplanicie boliviana ofrece el espacio apropiado para mirarse a uno mismo, en lo más profundo de su ser. Las sinuosidades que las montañas van formando, sumadas a las depresiones esporádicas y la relativamente uniforme meseta que el visitante tiene ante sí invitan a la meditación y la paz, sobre todo cuando el viaje es prolongado, como el que discurre entre Tupiza y Villazón.
El agreste panorama se ve interrumpido por esporádicas manadas de llamas y ovejas, guiadas por los pastores de corta edad. Si se tiene suerte, se puede observar vicuñas, que actualmente son protegidas de la cacería por leyes del Estado y algunos guardianes comunitarios. También con algo de suerte se puede ver cóndores planeando a baja altura, aunque la única vez que hice el recorrido precitado no tuve la suerte que hubiera querido.
Tupiza es una de las ciudades más importantes del pasado histórico en el sur de Bolivia, sobre todo por la participación de sus habitantes en las revueltas que conformaron la Guerra por la Independencia, allá en el primer cuarto del siglo XIX. La urbe en sí es un lugar bastante tranquilo, y la gente parece ser cordial y hospitalaria. Por no ser mi destino durante aquel viaje, no recorrí sus calles serenas por más de una hora, pero quedó en la breve visita el deseo de retornar pronto.
Villazón llama la atención por su dinamismo y empuje. Sus habitantes, notoriamente influenciados en su forma de hablar por sus vecinos del norte argentino, presentan los rasgos fisonómicos típicos de la cultura aymara. Es un importante centro del comercio boliviano-argentino, pero por lo que pude observar son los argentinos quienes más necesitan de los bolivianos, al contrario de lo que se podría pensar. Villazón, como dije antes, se caracteriza por su comercio, y también por ser el nudo articulador de la ruta al norte argentino y el sur boliviano.
Se destacan en el norte argentino Jujuy, Salta y otras ciudades del territorio que antes de la Guerra del Pacífico fuera boliviano. Llegar allá no resulta nada barato para un bolsillo boliviano, sobre todo por los riesgos de asaltos que se dan en manos de los gendarmes argentinos. Evitaré referirme con más detalles a mi corta estadía en el lado argentino, para no distorsionar los propósitos de este testimonio.
De Villazón se puede llegar en ocho horas de viaje hasta Tarija, la denominada Andalucía boliviana (sí amigos, la Colonia perdura hasta nuestros días, sólo es cuestión de prestar atención a ciertas expresiones locales). Tarija, con sus 37.623 km2, es el departamento más pequeño de Bolivia, pero incluso esta pequeña porción de territorio es apreciable si la comparamos con, por ejemplo, el desarrollado país de Cercano Oriente que es Israel, de apenas 21.000 km2. Sirva el dato como reflexión.
Tarija es una de las ciudades más hospitalarias y tranquilas. El recorrido que hice de Villazón a Tarija lo efectué durante la noche, razón por la cual sólo pude observar el cielo estrellado y las siluetas de los árboles y las casas de campiña emplazadas en los bordes del camino. No pude observar en detalle a la luz del día los contrastes y características generales del paisaje. Sé que en este departamento hay varias zonas desérticas, que a la postre se convierten en un atractivo turístico para quienes saben apreciar estas formaciones del paisaje, pero yo no pude verlas, ni de ida ni de vuelta.
Llegué a la referida ciudad a las 2.30 am, y en los dos hospedajes en los que presioné el timbre para que me alojaran no me atendió nadie. De todas formas, en la terminal ya había movimiento, y los anuncios de dos destinos de los que había oído pero que no estaban en mi plan original de viaje: Yacuiba y Bermejo. Pregunté por el costo de los pasajes y el tiempo de llegada, además de la hora de partida de ambos destinos, y al final opté por Bermejo. Esta otra ciudad fronteriza con la Argentina, está ubicada a siete horas de Tarija. Ignoro la distancia exacta en kilómetros entre ambas ciudades, pero mi mapa de referencias indica 207. Sin embargo, aprendí a desconfiar de los mapas casi tanto como lo que me gustan.
Bermejo, al igual que Tarija, tiene una vocación manifiesta por la paz. No obstante aquello, en los últimos años se escuchan cada vez más incidentes de manifestaciones de protesta, bloqueos y similares por alguna reivindicación regional, generalmente ligadas a la producción hidrocarburífera y sus beneficios para las provincias en las que se encuentran los pozos más importantes. Bermejo, además, cuenta con actividades económicas importantes, como el ingenio azucarero del mismo nombre. Su posición de ciudad fronteriza la coloca como paso obligado para los emigrantes estacionales al norte argentino, dedicados a las cosechas de aceitunas y otras más.
Hace algunos años, no recuerdo exactamente cuál, hubo una prohibición de ingreso para los ciudadanos bolivianos a la Argentina que llegaban en busca de una oportunidad de trabajo. Esto se debió, desde luego, a la visión xenofóbica retrógrada que, a mi modo de ver, no está ausente en ningún país, ni siquiera en el mío. Los resultados fueron simplemente catastróficos para la agricultura argentina. Los industriales levantaron su voz de protesta, y desde luego no le quedó más remedio que anular dicha medida al gobierno federal (aunque en Argentina la división política no se da por estados sino por provincias, lo que ayuda a entender la mentalidad provinciana). Ahora los campesinos del sur de Bolivia vuelven a las plantaciones argentinas durante tres meses, y retornan con dinero que no podrían hacer en el país. Ésta es una de las contradicciones infaltables en la economía de las regiones deprimidas, pero ésa es otra historia.
Volviendo al tema de los paisajes, Bermejo se parece a muchas pequeñas localidades del oriente boliviano, con avenidas donde aún se puede ver caballos y carretas. Intenta sumarse a la modernidad con sus vías asfaltadas, pero aún le faltan las contradicciones de las grandes ciudades, y el hecho de estar rodeada por una exuberante naturaleza le hacen sentir a uno que está en medio de una aldea algo crecida, pero nada más.
Sus vías principales, como mencioné antes, están asfaltadas o cementadas, y son en general limpias. En su mercado artesanal adquirí sólo dos llaveros (tacañería boliviana), pero dado que había viajado con muy poca ropa, compré no sé cuántas poleras (llamadas “polos” en Perú y “playeras” en Argentina), además de dos pantalones cortos y un par de zapatos, por que en la frontera argentina de la Quiaca los tiranos gendarmes argentinos me obligaron a arrancar las plantillas de mis zapatillas deportivas, al parecer ilusionados con encontrar un polvo blanco parecido al talco, pues varios de ellos me dieron la franca impresión de ser adictos a algún tipo de estupefaciente.
Teniendo el río Bermejo entre ambas poblaciones fronterizas (Bermejo y Aguas blancas), el paisaje está completo. Topográficamente, la región se caracteriza por sus elevaciones y por ocupar una extensa planicie. Su clima es semitropical, o así lo sentí, con fuertes vientos fríos del sur en los meses de invierno. Existe una importante variedad de flora y fauna, y supongo que su nombre se debe al color rojo de su tierra, aunque no sea la única región con tierra de ese color. Al pasear las calles de las zonas alejadas, se advierte que la ciudad creció en las últimas décadas, pues muchas construcciones son relativamente nuevas y aún hay muchas calles sin pavimento.
La gran esperanza de los nacidos y los radicados en Bermejo parece estar puesta al otro lado del río, en las poblaciones argentinas, y aquella es una realidad que preocupa y también deprime. Bolivia tiene muy buenas condiciones para que se desarrollen la industria y los servicios, y los bolivianos debemos aprender más a mirar hacia adentro, sin cerrarnos de ninguna forma a la grata experiencia de visitar otros países, siempre y cuando los ciudadanos de esos otros países aprendan a tratarnos con dignidad, pues no son ni menos ni más que nosotros.
Al retornar a Tarija, un día después, tuve la oportunidad de pasear por las que consideré sus principales calles. No me di modos para ingresar a la Casa Dorada, que se encuentra dibujada en los billetes de Bs 20, pero sí la fotografié. Por razones de la vida que no viene a cuento, perdí esa fotografía. De todos modos, acompaño a este testimonio las imágenes de otros puntos, como el mirador del Sagrado Corazón, desde donde se tiene una vista panorámica de esta ciudad, caracterizada, como mencioné anteriormente, por su hospitalidad, aunque en honor a la verdad no tuve el suficiente tiempo para disfrutar de la misma.
Retornando de Tarija, tuve que pasar por Potosí, ciudad que tampoco conocía ni tuve el suficiente tiempo para recorrer en buena ley. De todos modos, la hora y media que esperé la partida del bus fue suficiente para capturar unas instantáneas, y lo que me quedó pendiente desde entonces es una visita programada al Cerro Rico de Potosí, famoso en el mundo entero por sus inmensas cantidades de plata arrancadas por la colonia española para alimentar el capitalismo de Europa, y que diera nombre a lugares argentinos tales como Ciudad de La Plata, Mar del Plata, Río de la Plata, e incluso a un equipo de fútbol de la primera división, cosas que, no lo dudo, los referidos en cuestión desconocen por que su misión en la vida es ignorar lo valioso, simplemente por que es su naturaleza.
Si algo me gustó de todos estos lugares fue su tranquilidad, ausente por completo en la sede de gobierno, donde mi madre me hizo la mala broma de darme a luz, pero que es donde ya tengo mi vida hecha y ya no la puedo cambiar. De todos modos, esta expedición me permitió apreciar las grandes diferencias entre el campo y la ciudad, entre el bullicio, el desorden y la paz, y me abrió la puerta a una visita posterior, que se dio dos años después.
El relato que acabo de exponer se origina en noviembre de 2004, y regresé una vez más a Tarija durante la primera quincena de marzo de 2006, y en mayo del mismo año llegué hasta otra localidad fronteriza, Yacuiba, pero por la ciudad oriental de Santa Cruz, ya que por Tarija la ruta es más larga. No ingreso en detalles sobre este último viaje por que en honor a la verdad hallé muy poco digno de mención, pero eso no resta el deseo de visitar en otras oportunidades diferentes localidades del sur del país.
Datos técnicos para el viajero:
El ferrocarril parte de la ciudad de Oruro hacia Uyuni, Tupiza, Uncía y Villazón cuatro veces por semana. Aunque tienen días y horarios programados, es mejor consultar en la misma para no tener sobresaltos. Existen dos servicios: Wara Wara del Sur y el Expreso del sur. El costo varía de Bs 85 a 120 o más, dependiendo de la temporada y la disponibilidad de plazas, entre otros factores.
Como mencioné anteriormente, no tuve la oportunidad de viajar en bus, pero los mismos parten tanto de Oruro como de La Paz y Potosí hacia las referidas ciudades. El costo varía de Bs 60 a 120, dependiendo del destino y la temporada. En los últimos meses, no hay grandes sobresaltos por un decreto que regulariza el sector, e impide que los costos sean excesivos. Aunque ésta es una buena medida para el consumidor, desincentiva la inversión en un sector importante para el turismo, como es el transporte. El costo del pasaje de Tarija a Potosí y viceversa generalmente es de Bs 30 a 50, pero se pueden hacer consultas a larga distancia para despejar la incógnita. El costo completo del pasaje de Tarija a La Paz no excede los Bs 120 en temporada alta, y llega en menos de 24 horas.
Otro punto débil de los destinos precitados son los alojamientos. Aunque su costo es razonable, no tienen todas las comodidades, y no todos tienen ducha caliente en temporada de invierno. |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|