Hacía varios años desde la última visita..., de aquellos veranos de mi juventud.... olor a hierbas aromáticas: romero, lavanda, tomillo...., tardes de calor y siesta, fiestas y zurracapote, noches de bodegas y madrugadas de sopas de ajo.
Pero esta vez, el paisaje era diferente, debido a las lluvias los campos estan inusualmente verdes, mezclas de diferentes tonalidades con algún que otro amarillo y las cunetas repletas de flores parecían pequeños jardines dándonos la bienvenida, está precioso.
La primera parada la hicimos en Castrillo de Duero, en la casa natal del Empecinado (1775-1825) hoy convertida en restaurante, personaje histórico que destacó durante la guerra de la Independencia (1808) y después como militar liberal. Con el nombre de empecinados se conocía a los naturales de Castrillo de Duero por unos arroyos llenos de pecina (el cieno verde de aguas en descomposición) que lo atravesaban. Este personaje transformó, sin quererlo, el significado de la palabra empecinado, ahora se dice empecinarse a obstinarse o empeñarse en conseguir un fin, tal y como él se empeñó en desterrar a los franceses.
Allí nos aprovisionamos de vinos de ribera de Duero y seguimos camino hacia Peñafiel, con su castillo situado en un altozano desde dónde se divisan los rios Duero y Duratón, su torre es el punto más alto de toda la provincia de Valladolid. Allí comimos su famosos lechazo, asado en horno de leña y su también famoso queso de oveja.
Paseamos por la judería y por la plaza del Coso, de origen medieval, original por ser cuadrada y formada por 48 edificios con dos únicos accesos, uno de ellos es un pasedizo por dónde entran los toros en los encierros (Agosto), la parte superior de estos edificios es toda decorada en madera. De allí a Arrabal de Portillo, tierra de ajos y mantecadas (¡¡ buenísimas ¡¡), en el castillo de Portillo estuvo arrestado Alvaro de Luna, allí fue juzgado y condenado para ser decapitado en Valladolid (1453). En Valladolid teniamos una reserva en el hotel Juan de Austria, aprovechando una oferta de fin de semana: 60€ la doble.
El domingo dimos un paseo por la rosaleda e hicimos la travesía en el Leyenda del Pisuerga, desde Las Moreras hasta Arroyo- La Flecha, el trayecto de doce kilómetros atraviesa siete puentes de la ciudad. Valladolid es una ciudad llena de historia y monumentos que merece la pena visitar, está muy bonita.
Coincidimos con el 9º concurso de pinchos y tapas, y mientras disfrutábamos del paseo por la parte viaja, disfrutamos también de las pequeñas delicias gastronómicas. Para que os hagais una idea: “La Flota”: Miloja de careta de cerdo iberico con pulpo, brotes de espinacas rojasy piñones de pedrajas. ¡¡humm¡¡ ¡¡buenisisisismo¡¡¡
Otro: Brocheta de pechuga de codorniz en escabeche de romero.¡¡¡super ¡¡
Otro: Calabacín y patata con crema de nata y crujiente de jamón sobre base de pimientos rojos y toque de naranja amarga. ¡¡¡super bueno ¡¡¡ Por supuesto acompañados de un ribera de Duero.
Y para terminar, excursión a Cogeces del Monte que despedia sus fiestas de San Antonio con un partido de pelota a mano. |
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