
El alcalde de Popayan recibe a los atletas de la paz
Ciudad de Popayán | 0 comentarios.
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UNA AVENTURA ATLETICA POR LA FE Y LA ESPERANZA DE PAZ EN COLOMBIA
POR: Alonso Moreno Sáenz (Noti Mundo)
Siguiendo la pista a la osada iniciativa que lanzo el Alcalde de la ciudad de Guadalajara de Buga Colombia, Jhon Harold Suárez al pretender cumplir en persona con la primera maratón de relevos que buscaba convocar la fe y la esperanza por la paz de Colombia, saliendo desde la Basílica del Señor de Los Milagros de la ciudad de Buga hasta el Santuario de las Lajas en Ipiales, frontera con la hermana República del Ecuador, fue cuando El Trotamundo registró los principales momentos, algunos de los cuales estuvieron matizados por el temor y el desconcierto, como cuando pasando el valle del Patía en los limites del Departamento del Cauca y Nariño, los atletas tuvieron una insólita recepción, pasando en medio de ranchos desolados y heridos por los proyectiles de la muerte, pudiendo allí recibir tan solo entre el fantasmal silencio, el invisible aplauso de los que se fueron.
El encuentro fue muy temprano, eran las seis de la mañana del lunes 23 de mayo, los atletas con la comitiva y el Alcalde de Buga, hincando su rodilla ante el Señor de Los Milagros de Buga, recibieron la orden de salida hasta su primer destino en el Municipio de Santander de Quilichao.
La primera etapa se cumplió con toda la intensidad, pues la idea era arribar a la ciudad de Popayán (Capital del departamento del Cauca) al día siguiente.
El día miércoles fuimos recibidos en la Capital del Cauca, allí nos preparamos para emprender la marcha hacia el municipio del Bordo, se estaban corriendo 80 Kms. diarios. El trayecto se corrió con una temperatura elevada, cercana a los 32 grados centígrados, no faltaron los principios de insolación en algunos atletas que estaban corriendo como mínimo siete Kms, habiendo quienes llegaban a correr los 15, 20 y hasta mas. Pero alguien pregunto en la vía: ¿”y a estas donde esta el Alcalde de Buga, fue que se quedó”?, Nadie respondió.
En uno de los autos acompañantes un hombre joven con el equipo de un reportero grafico completo, seguía la ruta, de pronto detiene su marcha y baja de su auto para descolgar su cámara, despojarse de la sudadera y empezar a correr. En la vía con insistencia alguien vuelve y pregunta: ¿”Pero y donde esta el Alcalde, fue que no aguantó el ritmo”?
En otro de los vehículos grita José Giraldo, uno de los reporteros gráficos, ¡no hombre véalo allí, era el que tenia la cámara! Así pasando de incógnito entre quienes no lo conocen, como un fotógrafo mas, Jhon Harold Suárez avanza siete Kms, en los que humanamente dejo ver la fatiga ante la inclemente temperatura.
10 Kms antes del Bordo la gente había salido para unirse a la maratón, llegamos a la población a eso de las 4:30 de la tarde, una multitud nos esperaba con banderas y pañuelos que batían. En verdad que esto sorprendió.
La salida al otro día fue muy temprano, allí estuvo el Alcalde del Bordo, un hombre joven de raza negra, Iván Ordóñez, que a pesar de no medírsele al esfuerzo, por lo menos si mostró todo el entusiasmo para contagiárselo a los atletas.
Otros 80 Kms. se estaban corriendo hacia el corregimiento de Remolinos en el Departamento de Nariño, se veían al frente caras conocidas del atletismo como: Jacinto Navarrete, veterano atleta y campeón en varios certámenes dentro y fuera del País, también estaban con él, Jairo Correa campeón mundial de montaña y Juan Carlos Gutiérrez, campeón nacional de élite en Colombia, detrás de ellos otros intentaban seguir su paso. Entramos así al valle del patia, la tensión se reflejo en cada uno, sobre todo en quienes iban en los vehículos escoltando a los corredores, sobre vuelo de helicópteros y presencia de uniformados se veían a lado y lado, hasta que al fin dijo alguien de los acompañantes: ¡tranquilo hermano que es el ejercito o por lo menos con un uniforme muy parecido!, jajajaja, todos soltamos a reír y eso como que nos bajo los nervios.
La buseta del imder (Instituto Municipal del deporte) se adelanto para hacer este relevo, llegando hasta un punto intermedio entre el Bordo y Remolinos. La vegetación se apreciaba reseca, los cultivos se veían abandonados, en la ruta contemplamos varios ranchos destejados con las puertas abiertas, pero no precisamente para acogernos, pues sus paredes estaban heridas con los proyectiles de la muerte. Allí los atletas tan solo pudieron recibir entre el fantasmal silencio, el invisible aplauso de los que se fueron.
La llegada a Remolinos se dio a la 1:30 de la tarde del día jueves 26, en realidad fue el trayecto mas rápido, pues como dijo algún desprevenido: "el susto del plomo hizo correr hasta el mas lento". El record se dio en cinco horas. Ya descansando, nos sentamos con el grupo en un restaurante a eso de las 2:00 de la tarde, pero inmediatamente alguien se paro en actitud alerta y dijo: "uf algo paso ahí”.
En ese instante una camioneta se detiene al otro lado frente a nosotros, se bajan tres niños y junto con ellos dos adultos mayores descienden con un ataúd y lo dejan sobre la vía. Inmediatamente me puse en marcha para ver que era lo que pasaba, los tres niños venían con su abuela desde una vereda muy lejana, la habían traído en ese ataúd y la estaban velando ahí porque no tenían con que pagar su entierro. En este conmovedor cuadro, todos allá vimos reflejado el drama de la pobreza y abandono que a causa del cruel conflicto viven nuestros hermanos campesinos Colombianos, en medio de la desprotección del mismo estado. Afortunadamente la solidaridad afloró y fueron muchas las monedas que llegaron a sus manos para al fin poderle darle al cabo de tres horas una digna sepultura al cadáver de su abuela.
Pasamos allí la noche y ya en nuestro sitio de descanso irrumpió alguien diciendo: “buscan al Alcalde de Buga” ¿donde esta? Todos nos quedamos callados, nadie atinaba a saber quienes eran los que lo buscaban y cual era su motivo. De esta forma volvieron a insistir: ¡tranquilos!, nada de pánico, al hombre lo busca la gente de Ipiales! Todos salimos a la calle y vimos en efecto un bus con el nombre de la Alcaldía de esa ciudad, allí estaban los atletas jóvenes que venían a unirse con nosotros en el recorrido.
De remolinos salimos al otro día a la 8: 30 de la mañana, el paisaje varió, la aridez cambio por un intenso verdor, la cuesta comenzó a exigir las piernas de los corredores quienes tuvieron en el atleta Jacinto Navarrete, el héroe de la jornada, pues inspirado corrió sin detenerse durante 45 Kms. hasta llegar a las goteras de la capital Nariñense donde entrego su relevo, pagando su duro esfuerzo con el quebranto de su salud.
Entrando a la ciudad de Pasto, divisamos el Galeras, "parece que el volcán nos saluda con sus humarolas", decía uno de los atletas, claro que no faltó otro quien dijera: "que el coloso del sur prendía su antorcha, porque él también corría la maratón" y lo cierto es que durante la ruta nunca lo perdimos de vista con todo y miedo a que se prendiera de verdad y ahí si a correr carajo.
Descendimos hacia la ciudad de Pasto (Capital del departamento de Nariño), y a pocos Kms. del perímetro urbano, la gente salió, encabezaba la caravana el personal de la policía de carreteras que junto con los bomberos nos abrió el camino. El primero en pisar la meta en la ciudad fue el atleta Bogotano Juan Carlos Gutiérrez quien corrió en solitario durante diez Kms, la hora de arribo se dio a las 3:00 de la tarde. El recibimiento fue multitudinario y las principales autoridades Pastusas también se presentaron para dar la bienvenida a la caravana atlética.
Muy temprano el día sábado a las 8:30 de la mañana el grupo se encontró en la plaza de Nariño para arrancar la otra etapa, al frente se puso el destacado atleta Nariñense Hugo Leonsio Jiménez, esta fue una mañana lluviosa, distinta a las anteriores, sin embargo el clima no detuvo la marcha,.La subida a Ipiales fue dura y fatigosa, cobrando sus primeras victimas, como se dio en el caso de Tatiana, una joven atleta de la ciudad de Ipiales de escasos 14 años quien le dio un susto a todo el mundo, cuando se desplomó ante el rudo paso del resto de corredores y al que si le toco correr aquí fue al medico Cesar Bolaños, quien venía como cuota del hospital Divino Niño de la ciudad de Buga. Pero la calma volvió al grupo y de esta forma llegamos al corregimiento del Pedregal para el siguiente relevo. El entusiasmo parecía inundar a los deportistas que ya sentían cercana la meta.
Cinco Kms. antes, el Alcalde de Ipiales, Luís Fernando Villota con parte de su gabinete y una nutrida comitiva se unió a la caravana pedaleando con otros tantos ciclistas que se integraron al grupo. Ipiales esta a la vista, el recibimiento fue en verdad sorprendente, un nutrido grupo de personas, con pañuelos blancos, pancartas, banderas, entre aplausos nos recibió. Aquí salto un fotógrafo, para decir: "hay que tomar la fotito porque si no en Buga nos dicen mentirosos".
Sin embargo había que seguir porque todavía nos faltaban siete Kms. hasta Las Lajas donde nos esperaba la Virgen, creo en realidad que fueron los mas cortos del trayecto, pues era tal la energía de la gente al lado y lado de la vía que los atletas parecían no sentir el cansancio y avanzaban con mas fuerza, hasta que al fin se divisa el Santuario; estábamos a menos de 300 metros y se apreciaba una pancarta que decía: "Bienvenidos atletas de la paz".
Un mar de gente nos abrazo, las lágrimas de emoción brotaron en muchos rostros, uno de ellos era el del Alcalde de Guadalajara de Buga Jhon Harold Suárez. Se habían cumplido con 508 Kms. de recorrido durante una semana desde la Basílica del Milagroso de Buga hasta el Santuario de la Virgen de Las Lajas.
A mí lado estaban Jhon Jairo Cifuentes, director técnico de los atletas y Carlos Humberto Soto, coordinador general, quienes alzaban las manos, "La misión se cumplió", era lo que se interpretaba. Ya dentro del Santuario ante la imagen de la Virgen, el Alcalde de Buga, a nombre de todos lo que corrieron y con el templo colmado de personas, entregó la antorcha de la fe y la esperanza con la que se corrió, buscando encender con su llama la vida de cada Colombiano que sumido en la oscura desesperanza ha olvidado que no importa la fatiga, cuando se corre creyendo y esperando llegar a la meta final por la paz de Colombia.
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