Cómo tener un lugar así en tu propio país y no conocerlo? Me dijo mi voz interior el pasado verano. En realidad esa voz me venía persiguiendo desde hace tiempo y solo faltaba el empujón final: un amigo extranjero que quisiera conocer el este uruguayo. Y allá vamos! No nos esperes más!
Ubicada en el Departamento de Rocha, Uruguay, se la encuentra exactamente en el kilómetro 271 de la ruta 10. Su vida renace cada verano, entre los meses de diciembre y marzo y en invierno, duerme entre los increíbles arenales que hacen a más de uno sentirse en el desierto. Si el calor tortura, hasta es posible adivinar algún espejismo mientras intentas llegar al Cerro de la Buena Vista, entre los médanos y lejos de la brisa oceánica.
Es que Valizas tiene esa magia de combinar océano, médanos y campo en un solo golpe de vista. Si uno va distraído, hasta se podrá topar con alguna vaca queriendo disfrutar de la playa, esas que tímidamente se escapan hasta ella en una tarde de enero, dejando pasmados a los bañistas.
Se trata de un pequeño pueblo de pescadores, poseedor de una de las playas más bonitas que he visto en mi querido Uruguay. Amplia, acogedora, carismática, su playa se encuentra invadida en la parte sur por la desembocadura del arrojo Valizas, que cuando no da paso habrá que recurrir a algún bote para cruzarlo y así poder acceder a su zona más encantadora: la de los enormes médanos que esperan la subida infaltable de los visitantes.
Desde ellos se tienen inmejorables vistas, de esas que te dejan sin aliento y no solo por el esfuerzo físico que implica su subida. Sentados sobre ellos nos quedamos apreciando el poderío del océano, que rompe sobre las rocas llenando de espuma blanca el paisaje. Sus aguas son de respetar, por algo alguna vez se le llamó a este lugar el “infierno de los navegantes”.
A nuestras espaldas el paisaje opuesto: campo, vacas, caballos, ranchos, lagunas. Parece que el paisaje campestre, desértico y playero decidieron encontrarse una vez en Valizas y ya nunca quisieron irse. Conviven los tres en armonía absoluta, deleitando a los que por allí van de paso o al enamorado de la naturaleza y la paz que ha decidido hacer su rancho en este preciso lugar.
El más destacado de los protagonistas: el Cerro de la Buena Vista, que entre 1750 y 1777, en épocas de aventuras contrabandistas del pirata Etienne Moreau, oficiara de límite natural entre dos potencias: España y Portugal, ofrece vistas únicas del Cabo Polonio, la playa, el pueblo, la Laguna de Castillos y hasta nos invita a meditar y recorrer nuestro interior como parte misma del paseo.
Es que el ambiente relajado y desenfrenado que se vive en Valizas es digno de ser considerado cuando cargamos con el estrés de la ciudad y deseamos desenchufar nuestra rutina. Es un lugar que tiene un aire más hippie que su balneario vecino, La Pedrera y no tan snob como Cabo Polonio. Luego de la tan repentina movida joven que se ha generado en los balnearios de Rocha, Valizas aún conserva ese clima de siesta y relax, de natura a flor de piel, de desenchufe.
Allí encontraran un pueblo que no siempre cuenta con luz artificial en sus calles o sus casas. La mayoría la tienen pero para quien gusta de la vida a la luz de la vela, este es el lugar adecuado, sobre todo en los ranchos que se ubican sobre la costa.
Su calle principal, a la noche, se ve invadida por los artesanos que, junto a sus puestos de artesanías, prenden sus faroles (también artesanales, hechos con botellas de plástico) y convierten a este paseo en un tránsito místico y relajado. Al ritmo de algún tambor se podrá no solo pasear sin prisa por sus calles polvorientas sino sentarse a comer un plato de mariscos o pescado (no dejen de probar las preparaciones hechas con el típico “sirí” de la zona), una pizza, un chorizo al pan, buñuelos de algas y tantos otros platillos.
En Valizas no abundan los comercios ni los restaurantes pero los hay de buena calidad y ambientación. Si la opción es una comida rápida, no hay lugar a dudas: el Comi-Raje invita a los que pasen por allí a sumarse a este ambiente relajado e informal. Una recomendación ? el chivito uruguayo!, viene muy completo y a buen precio. Si lo que se busca es algo mas formal o mejor calidad en la comida vayan por Hipocampo o Doña Bella.
Valizas cuenta con un hostal de hospedaje económico que no siempre tiene plazas disponibles en verano y se ubica sobre su calle principal. Hay también pequeñas posadas que por $ 400 la noche ofrecen habitación para 3 o 4 personas, con baño y cocina compartido pero que cumplen con los requerimientos mínimos de cualquier visitante. Lo ideal es alquilar un rancho y quedarse al menos, una semana, para poder entregarse al lugar, vivirlo, disfrutarlo como se merece, y como uno merece (porque no decirlo?)
De día: playa, playa, caminatas, mas playa, lecturas, baños de mar, vida al aire libre.
De noche: sentir el silencio de la naturaleza, el mar susurrando, caminar por la arena y observar las estrellas que forman un manto blanco que arropa al cielo cuando se va a dormir. En noches de luna llena o cielo despejado, si se observan las olas desde la altura de algún médano, podrán verse las noctilucas brillar por el reflejo lunar, como si fuesen fosforescentes. Cuantas historias contadas en torno a las noctilucas!
Para los que buscan algo más movido también en el pueblo podrán encontrar algunos boliches donde escuchar música en vivo o bailar hasta altas horas de la noche, como en el Zorzal (ex Asterix). Si se busca trasnochar en una movida un poco mas agitada, siempre existe la opción de ir hasta Aguas Dulces o La Paloma, balnearios vecinos.
Valizas dista tan solo a dos horas de caminata por la playa de Cabo Polonio, lugar particular que no se puede dejar de conocer si vienen por aquí. El Cabo es famoso por sus pintorescos ranchos entre médanos, su reserva de lobos marinos, sus inmensas rocas, su inmensa y encantadora playa. Si se va caminando por la arena es recomendable hacerlo con poco equipaje ya que la misma es bastante blanda durante todo el trayecto dificultando más la caminata.
La otra opción para llegar al Cabo es salir a la ruta 10 y volver como hacia Montevideo unos pocos kilómetros. Allí encontraran varias empresas que los llevaran en sus jeeps o camiones especiales para atravesar los enormes médanos que separan la ruta de la playa del Cabo y que fueron declarados “Monumento Histórico Nacional”. Recomiendo especialmente la empresa de El Francés que lleva más de 20 años en este oficio y que en temporada alta trasladan turistas hasta el Cabo en forma permanente. Sus camiones salen cada pocos minutos y el costo del boleto es de unos $ uruguayos 120 (ida y vuelta).
Para quedarse, Cabo Polonio no es para todo tipo de viajeros. Allí no hay casi sombra, ni luz eléctrica ni agua corriente y muchas veces es ventoso. Pero a cambio de todo esto, posee un encanto mágico, las vistas desde las ventanas de los ranchos, sobre la playa, no tienen comparación y el agua de su playa es clara y turquesa.
Otro paseo imperioso al visitar Barra de Valizas es el Bosque de Ombués al que se puede acceder remontando el arrojo Valizas hasta la orilla de la Laguna de Castillos, paseo que permitirá el avistamiento de distintos tipos de aves (patos, garzas, teros, cisnes, cigueñas, etc) mientras se navega por el arroyo. Todo el paseo es muy disfrutable, en sus 5 kms de trayecto, desde que se toma el bote en la ruta 10 hasta llegar al bosque. El mismo cuenta con una zona privada y otra estatal.
En la rivera izquierda del arroyo, se encuentra la reserva dirigida por el guarda parque Juan Carlos Gambarotta y sobre la derecha se encuentra “Monte Grande”. Estos robustos árboles han inspirado a artistas como Blanes, Cúneo y Zorrilla de San Martín, y según la leyenda quien se interna en este bosque recuerda de pronto momentos lejanos de la infancia, esos que se creían ya perdidos en la memoria. El costo del paseo: $ uruguayos 250 por persona.
Pero más allá de los paseos que se pueden hacer desde aquí, bien vale la pena el hecho de permancer en este lugar, los días necesarios para sentirse en total comunión con la naturaleza, el aire puro, el rumor del mar, el canto de los pájaros, los pasos silenciosos sobre sus callecitas de arena y tierra, el repique lejano de algún tambor por la noche, las canciones de los grillos, el sabor a la sal del mar, del mate, de una rica caipirinha.....
Darse la oportunidad de comprobar como el hombre puede vivir en total armonía con la naturaleza y consigo mismo, es decididamente razón suficiente para visitar VALIZAS!!
Nota: algunas fotos fueron tomadas de www.cabopolonio.com |
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