Hace trece años atrás, con la incertidumbre de iniciar la vida laboral y el temor de afrontar nuevas obligaciones y responsabilidades propias de la carrera que elegí, se dio inicio a esa bella etapa que duraría un año de mi vida.
El lugar elegido fue Yuracmarca, pequeño pueblo al norte del cañón del Pato, se dedica al cultivo de frutas como la lima y el mango, ubicado a los pies de la cordillera blanca a 1400 msnm., Yuracmarca es el Distrito de menor densidad poblacional de la Provincia de Huaylas, Departamento de Ancash, eso quiere decir que la población existente se encuentra separada por varios kilómetros de por medio y debido a lo agreste del terreno, sin vías accesibles con transporte mecánico (llámese auto, moto u otro similar), por ello, utilizamos el principal medio de transporte, aquel que nos ha dado la evolución: nuestros pies.
Como comprenderán, para alguien “citadino”(pero con espíritu viajero) acostumbrado a utilizar la mano para poder viajar (claro, uno estira la mano para abordar el bus, colectivo o como se le llame en los diversos países), resulta difícil y muchas veces extenuante el recorrer los kilómetros necesarios para llegar a un destino, sobre todo si se tienen que emprender subidas de más de 2000 o 3000 mts, para luego bajarlas y volver a subir. Sin embargo, tal esfuerzo no sería en vano, ya que permitiría apreciar una belleza sin igual, y por sobre todas las cosas compartir momentos con personas amables, desinteresadas y lo más valioso: limpias de alma, ajenas a esa contaminación que implica la ciudad.
Amigos viajeros, no sé si ustedes lo habrán vivido, pero por lo general siempre he recibido más de las personas ” humildes”(económicamente hablando), quienes compartieron conmigo lo poco que tenían, ya sea un plato de papa cashqui (sopa de papa), Shacui (sopa de harina de arvejas) o sencillamente una taza de “café” de cebada quemada o una infusión de salvia. A ellos está dedicado este pequeño diario, a los pobladores del Perú profundo, de los Andes, pueblo maravilloso y trabajador.
Como les contaba, el “centro de operaciones” era Yuracmarca, de allí partíamos cada cierto tiempo a recorrer los diversos pueblos que estaban a cargo, algunos implicaban pocas horas de caminata como San Pedro (2 hrs), Pachma Bajo (3 hrs); algunos otros de 5 a 8 hrs como Pampa la Libertad, Callhuash, Colcap y Aymar; mientras que los más distantes se encontraban de 8 a 20 hrs tales son los casos de Pachma Alto, Champará, Puente, Secci, Quitaracza y Alpamayo, estos últimos ubicados en la Cordillera Blanca, donde el recorrido se presentaba más exigente, pero a su vez con paisajes más bellos.
Muchas veces es difícil describir en palabras lo experimentado, las sensaciones que brotan después de un camino en subida con 14 kg de equipaje, pasar de los 1400 a los 3800 msnm, llegar a la cima, tener la vista de un hermoso nevado… ver que todavía faltan muchos kiómetros por llegar. Emprender un descenso que toma 2 hrs, descansar un rato para luego retomar el camino, nuevamente de subida, volver a bajar y seguir el ascenso.
Uno de mis primeros viajes largos, fue a Quitaracza, luego de varias horas de recorrido y cansancio a cuestas, pregunté a Samuel (mi compañero de trabajo y amigo) Cuanto falta?... - Les contaré que acá en el Perú, cuando los “citadinos” viajamos a provincia, solemos preguntar a la gente del lugar por tal o cual dirección, por lo general la respuesta es: aquisito nomás…- Bueno, les contaba que luego de varias horas, extenuado, preguntaba a Samuel: Cuanto falta?, la respuesta era: falta poco, ve esa lomita?, detrás de eso está. Seguía caminando, subiendo, , pasábamos la lomita y nada, 15, 30, 45 minutos y nada.
Cansado, tiraba mis cosas al suelo, descansaba, Samuel me repetía que ya faltaba poco, aquisito nomás… reiniciábamos la caminata y se volvía a repetir la misma escena. Por fin llegamos, que satisfacción!!, luego de unos minutos le increpé a Samuel el por qué me decía que faltaba poco!!! Su respuesta con una sonrisa entre labios : si le decía que estábamos lejos, seguramente se tiraba al suelo y no querría seguir… y a decir verdad eso es lo que hubiera pasado.
Otra salida larga tuvo como destino el pueblo de Alpamayo, inició a la 1 am. Salida en auto hasta cierto trecho, luego esperar que amanezca para emprender la subida, esta vez a caballo. Inicialmente escogí uno que no era muy manso que digamos ya que terminé en el suelo y al borde del abismo, luego de cambiar de caballo y tras varias horas a cuestas pasamos por la laguna de Culicocha, hasta el momento la más bella que he visto, colores que variaban desde el azul oscuro al turquesa, el nevado reflejado en sus aguas, el frío que irritaban mis fosas nasales…
Luego continuar subiendo, pasar los 5000 msnm, partes a caballo, otras caminando por lo accidentado del terreno, las bajadas por lo general a pié (bajar a caballo lastima muchas veces las partes íntimas) y luego de más de 10 hrs llegar al destino. Un soroche tremendo(mal de altura), nauseas, malestar general, cosas que con el descanso respectivo desaparece. La mañana siguiente y luego de realizar el trabajo encomendado partimos a conocer el nevado Alpamayo,( catalogado como el más hermoso del mundo), pero luego de varias horas sólo pudimos acceder a verlo a lo lejos, ya se hacía tarde y teníamos que regresar.
De retorno participamos en una actividad comunal con el ganado, intentamos cogerlos con lazos, corriendo a más de 3000 msnm, obviamente causábamos risas entre los pobladores… y en nosotros también.
El último viaje largo tuvo como objetivo recorrer diversos pueblos y brindar la atención necesaria. El primer tramo llegamos hasta Quitaracza (salimos a las 02.00 y llegamos a las 21.00), pernoctamos 2 noches allí y luego partimos rumbo a Coyota, que para variar nos habían dicho estaba a unas cuantas horas. Finalmente luego de 12 horas a caballo, llegamos, encontrándolo completamente vacío, todos los pobladores habían ido a una actividad en Pomabamba.
No pudimos realizar el trabajo programado, quedando solamente la satisfacción del recorrido. Ya de noche continuamos avanzando hasta llegar a pocos metros de una laguna, decidimos pernoctar bajo una formación rocosa a manera de cueva. No contábamos con carpa alguna, así que dicha formación nos sirvió de refugio.
Cortaron abundante ichu (una gramínea común de la puna) que nos sirvió de colchón y luego de ponernos todo el abrigo con que contábamos nos metimos a unos costales (a manera de bolsa de dormir). La verdad es que fue una de las noches más frías que pasé, a menudo me despertaba tiritando, felizmente el cansancio ayudó a descansar. Al amanecer y luego de un tramo corto, nos despedimos de nuestros acompañantes y continuamos el trayecto a pié.
El objetivo era llegar a Pomabamba, la mejor ruta de retorno, allí encontraríamos un bus que nos retorne a Yuracmarca. Luego de 9 horas de caminata, felizmente de bajada, llegamos a Pomabamba, habíamos atravesado la Cordillera Blanca, todo un logro para un “citadino” como yo.
Estos son algunos de los recuerdos que guardo en mi memoria, seguramente he descartado los que resultaron desagradables, pero como todo en la vida quedan sólo los buenos, aquellos que nos hacen añorar, que invitan a la melancolía.
Hace unos meses me llegó la triste noticia de que Artemio, uno de los compañeros de viaje, había fallecido víctima de un cáncer… Vienen a mí aquellos momentos agradables compartidos con él.
Bueno amigos viajeros, esto no es un diario de viaje sino el resumen de muchos de ellos, y más que viajes conforma el conjunto de experiencias vivenciales que me tocó durante el primer año luego de terminada la universidad. |
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