
Basílica de Guadalupe - contrates
D.F. | 0 comentarios.
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Este diario, es la tercera y última parte de un viaje realizado en el 2005, que comenzó por Cancún (ver diario http://www.viajeros.com/diario-3437.html ) y continuó por Mérida, Chiapas y Oaxaca (ver diario http://www.viajeros.com/diario-3517.html), hasta llegar a la capital de México, el Distrito Federal.
Sabíamos hacia donde íbamos y eso nos hacía galopar el corazón. Mientras nos acercábamos por bus, desde Oaxaca, a la gran metrópoli mexicana, pensaba en su pasado signado por las profecías.
Quienes vivieron por el 1300, cuentan que los aztecas (o mexicas) guiados por su Dios, Huitzilopochtli, desde Aztlán, buscaban donde fundar su ciudad. Pero no sería en un lugar cualquiera sino donde, según el mismo Dios había indicado, encontraran un águila devorando una serpiente sobre un nopal.
Y así lo hicieron, sobre una zona lacustre, en el antiguo lago de Texcoco, lo que hoy es el valle de México. Y tal fue el ingenio de los mexicas, que le fueron ganando tierra al lago hasta convertirse en la ciudad mas poderosa de Meso América, hasta su destrucción en manos de Hernán Cortes, allá por el 1500 y tanto.
Día 1 - Sábado
Pisamos este suelo el sábado 9 de abril de 2005, en horas de la mañana, más precisamente en la terminal de buses oriente (TAPO), donde nos esperaban nuestros amigos con quienes ya habíamos compartido quince días inolvidables en Cancún. Ni bien nos subimos al taxi y comenzamos a transitar la ciudad pudimos notar que no en vano es la segunda gran aglomeración urbana, después de Tokio.
Transitar en ella no es fácil ni mucho menos rápido. Hay que armarse de paciencia! Pero bien lo vale....
De todas formas, no tardamos tanto en arribar a nuestro hostal, en pleno centro histórico de la ciudad: el Hostal Catedral (http://www.hostelcatedral.com/).
Por unos U$S 26 teníamos reservada una habitación privada, con baño (incluyendo desayuno), la cual hay que decir, era pequeñísima! tanto así que casi no entraba la valija y tuvimos que ubicarla en el baño, bajo la mesada.
Pero eso no fue problema para nosotros ya que encontramos en este hostal muchas cosas positivas. Primero que nada: su ubicación.
A tan solo una cuadra del Zócalo cuenta con hermosas vistas desde su terraza, tanto en el día como en la noche. Asomarse a ella y poder ver el zócalo en toda su extensión, con la Catedral enfrente, bien vale la pena.
El hostal cuenta con muchos servicios, como contratación de tours, cafetería y restaurant, conexión a internet (no es gratis), cocina para huéspedes, terraza bar, etc.
Nos pareció un poco ruidoso ya que tiene un pozo de aire al que dan sus habitaciones, cuya base da directo al bar de entrada y eso hace que las voces suban hasta tu dormitorio e interrumpan algún sueño reparador.
Pero que va! Viajando, uno se acostumbra a todo... Ni bien dejamos nuestra valija en el hostal, nos fuimos a caminar la ciudad los cuatro juntos.
La primera gran impresión: La Plaza de la Constitución, más conocida por los mexicanos y resto del mundo como: el Zócalo. Por algo es la plaza más importante de México y la cuarta más grande del mundo. Simplemente imponente!
Ubicada en donde era el principal centro político y religioso de Tenochtitlan, rodeada por la Catedral Metropolitana y el Palacio Nacional, mira desde su esquina noreste hacia el Templo Mayor, descubierto en la década del 70 por funcionarios de la Compañía de Luz realizando excavaciones para cableado.
Mas tarde supimos que todo el centro histórico de la ciudad está repleto de ruinas aztecas, bajo el suelo que pisábamos, y como no estarlo? si los conquistadores españoles construyeron sus iglesias, sus casas, su ciudad, sobre las ruinas que dejó la conquista. Es increíble ver como la historia surge desde las entrañas mismas de la tierra que uno pisa.
Lo primero que llama la atención cuando uno se para en medio del Zócalo es ver la Catedral literalmente hundiéndose. Esa gran mole arquitectónica parece que se va perder en una grieta. Es que justamente, al haber construido esta enorme ciudad sobre agua, hoy la misma ha presentado hundimiento en varias zonas y es un rasgo que distingue a este lugar.
Cuando uno recorre por dentro la Catedral se puede ver las estructuras de apuntalamiento que la sostienen de posibles derrumbes, cosa que claro está, no colabora en nada al apreciar su belleza interior.
No entramos en esa oportunidad a la Catedral sino que nos fuimos directo al centro de la plaza, al pie de una enorme bandera mexicana que flamea allí, haciendo sentir aún mas la fuerte presencia del zócalo como un elemento de identidad nacional.
En el Zócalo pudimos ver la danza de los “Concheros”, quienes practican la típica danza religiosa, vestidos con sus llamativos atuendos: taparrabos, brazaletes, penachos, tobilleras con cascabeles que al danzar producen un peculiar sonido junto a los tambores. Sin duda, una forma de reivindicar el pasado prehispánico en los tiempos de hoy y en su mayoría, una forma de ganarse la vida mientras retoman el contacto con las antiguas tradiciones indígenas.
Luego de detenernos un buen rato, boquiabiertos, en este imponente centro histórico, nos dirigimos hacia el Palacio Nacional, cruzando la Plaza. Allí supimos que este edificio se ubica en el mismo predio que fue el Palacio de Moctezuma, donde Hernán Cortés se instaló luego de conquistar México.
Lo que más impacta de este sitio son los hermosos murales que adornan las paredes alrededor del gran patio central. La escalinata central está presidida por un mural que Diego Rivera pintó en plena revolución y que refleja su visión personal de la historia mexicana.
Su lectura es muy simple y uno puede ir descubriendo a personajes tan conocidos como Emiliano Zapata, Benito Juárez, Miguel Hidalgo, Porfirio Díaz, La Malinche, Cortés, Cuauhtémoc (el último emperador azteca), así como también varias escenas de la turbulenta historia mexicana: la conquista española, la evangelización de los indígenas, la inquisición, etc etc.
Cuando uno lo mira detenidamente nota una clara división entre “buenos”(pueblos precolombinos, revolucionarios) y “malos” (conquistadores, capitalistas). Allí nos quedamos un buen rato admirando la obra de este gran artista nacional que no deja de sorprenderme.
Recorrimos su patio central, tomamos algunas fotos y luego nos fuimos hacia la Av. Madero, por la cual, caminando lentamente para disfrutar de todos los detalles de la ciudad, llegamos a la Casa de los Azulejos, una antigua construcción revestida por completo en azulejos de color azul y blanco, estilo decorativo típico de Puebla. Hoy en día el edificio cuenta con varias tiendas y un gran restaurant en su segundo piso, donde definitivamente, nos quedamos a almorzar.
El servicio del restaurant es bueno y pudimos disfrutar de una típica comida mexicana a precios razonables. Recomiendo que conozcan este lugar y si puedan almuercen aquí ya que permite admirar con más detenimiento la arquitectura del edificio, si eso motiva vuestro interés.
Luego, pancita llena y corazón contento, continuamos nuestra caminata por la Av. Madero rumbo al Palacio de Bellas Artes, ubicado frente a la Alameda Central, pasando por la Torre Latinoamericana (una torre de 44 pisos que no visitamos pero es recomendable hacerlo, por lo que nos han contado sobre ella, sobre todo por su vista de la ciudad).
Ese día solo entramos a la tiendita del Palacio de Bellas Artes pues estaba cerrado el acceso a las salas y simplemente pensamos: ya volveremos! Y así lo hicimos en los días siguientes. Uno ve el edificio desde afuera y es sin duda un disfrute para los ojos. Presidido por una hermosa plaza con canteros floridos y farolitos, es sin discusión el edificio histórico mas bonito de la zona.
Luego de caminar por la Alameda y conocer algunos rincones de esta linda ciudad, terminamos en una cafetería tomando un café con pastel y charlando sobre nuestra experiencia vivida durante el viaje desde Cancún hasta el DF, experiencia que habíamos vivido nosotros dos solos, sin los amigos que nos acompañaban ahora nuevamente. Como ya se acercaba la noche y estábamos muy cansados, sobre todo luego del largo viaje desde Oaxaca, decidimos volver al hostal a descansar y comer allí mismo para poder emprender nuestro paseo dominical bien tempranito.
Día 2 – Domingo Ya habíamos quedado con Quique, en vernos en nuestro hostal para desayunar bien temprano y de allí partir al barrio de Coyoacan. Realmente no les puedo explicar como hicimos para llegar pues íbamos muy bien guiados por el, pero primero tomamos el metro para luego tomar un “pesero” (bus pequeño) y terminar en el pintoresco barrio mexicano.
Al ser domingo sus calles estaban muy tranquilas y pudimos recorrerlas tranquilamente, charlando, mate de por medio en plena calle, despertando la curiosidad de los transeúntes.
Pero sin el mate....nada somos los uruguayos...!! Paramos en una plaza muy bonita, donde había una feria artesanal, y nos comimos unos tamales con atole (bebida de origen prehispánico preparada a base de harina de maíz, con agua y azúcar). Ambos coincidimos en que nos gustaron mucho los tamales, no tanto así el atole, pero el conjunto estuvo sabroso.
Pasamos por frente a la que fue la casa de La Malinche (Malinalli) quien fuera amante de Hernán Cortés, luego de oficiar de traductora entre los españoles y los indígenas durante la época de la conquista. Personaje que ha despertado en mi mucha ternura, mucha admiración, pese a su imagen de traidora del pueblo indígena por su alianza con Cortés. Como siempre digo, es preciso conocer todas las versiones de una historia para poder juzgar.
Al leer el libro “Malinche” de Laura Esquivel (el que recomiendo a todas voces), uno puede ver que siempre existe “el otro lado de la historia” y descubrí en Malinalli una mujer de una gran sensibilidad y conexión con sus antepasados y con la historia de su tierra. Capítulo aparte....No es el momento ni el lugar.
En este barrio pudimos conocer dos lugares imperdibles: el Museo Frida Kahlo y la Casa Museo León Trotski. Museo Frida Kahlo – La casa azul, donde pasó gran parte de su vida y murió la pintora y esposa de Diego Rivera, Frida. El costo de la entrada actualmente anda en unos U$S 4, y esta entrada te permite conocer también el museo Diego Rivera – Anahuacalli.
Lo lindo de visitar esta casa, es no solo ver sus cuadros más famosos, sino descubrir detalles de su vida cotidiana, ver los muebles que usó, incluso se puede ver un libro de gastos que llevaban con Diego Rivera y donde se observa lo que cobró por su famosa obra Las Dos Fridas, los corsés de yeso o cuero que usó luego de su accidente, sus pinceles, sus vestidos, en fin.....cada rincón de esta casa nos habla de los detalles íntimos de la vida de un mujer tan polémica y enigmática como Frida.
Casa Museo León Trostky – Casa donde vivió el famoso revolucionario ruso desde 1939 hasta su muerte, donde lo asesinaron. El cuarto donde encontró su muerte aún conserva los muebles donde se sentó León en aquel día fatal. Esta casa fue acribillada a balazos por los estalinistas mexicanos en un primer intento de asesinato a León y aun pueden verse las marcas de las balas en la fachada de la misma. Ambas casas cargadísimas de historia, dolor, sueños, frustraciones, logros y violencia.
De allí nos fuimos al Museo Diego Rivera – Anahuacalli, un lugar que fue concebido por el pintor para albergar su colección de arte precolombino. Posee una arquitectura muy peculiar, en forma de pirámide, hecha con piedra volcánica negra, y hoy en día contiene unas 2.000 piezas de arte indígena.
Si bien Diego Rivera luego donó toda esta colección al Estado mexicano, no dejamos de preguntarnos de dónde y cómo se hizo de esta cantidad enorme de piezas históricas, que sin duda hoy están en manos de quienes deben estar: el pueblo mexicano. Nuestro último recorrido del domingo fue conocer la UNAM (Universidad Autónoma de México), que siendo la mayor universidad de Latinoamérica ocupa un enorme espacio rodeado de hermosos jardines y bosques, donde vimos unas graciosas ardillas correteando por todos lados mientras intentábamos dormir una rica siesta sobre el césped.
Hay también un jardín botánico y el edificio está adornado con murales y mosaicos que lo hacen muy llamativo.
Finalmente, luego de un día cargado de paseos históricos memorables, nos fuimos a la casa de nuestros amigos en la zona de Iztapalapa. Allí nos esperaba Yolanda, la madre de la familia que yo aún no conocía y quien nos recibió con los brazos abiertos. Nos cocinó un rico Mole con Pollo, que disfrutamos charlando los cinco juntos hasta altas horas de la noche. Nos despedimos esa noche con Quique, quien regresaba al día siguiente a Cancún, donde vive y trabaja.
Fue triste dejarlo allí esa noche, sabiendo que por mucho tiempo no lo volveríamos a ver. Las lágrimas acompañaron nuestros abrazos y nos quedamos con un “hasta pronto” que engañaba un poquito nuestra sensación de que el tiempo transcurriría lento hasta el próximo reencuentro, quien sabe dónde.
Día 3 – Lunes
Dado el trajín de idas y venidas desde que salimos de Oaxaca, este día planeamos descansar y dormir hasta que tuviésemos ganas. Cerca de mediodía partimos hacia el Mercado de la Artesanías de la Ciudadela, lugar que recomiendo para comprar artesanías mexicanas a muy buen precio.
Para llegar hasta allí desde el zócalo se puede tomar la línea 2 del metro (rumbo a Cuatro Caminos) y hacer conexión en Hidalgo con la línea 3 (Indios Verdes-Universidad) y bajarse en la estación Balderas.
Allí, muy cerquita de la Plaza Ciudadela encontrarán el mercado.
Puedo recomendar mucho el uso del metro, ya que es muy simple y claro. Uno se aprende rápidamente las paradas y se asegura un viaje muy barato ($ 2 pesos mexicanos = U$S 0.18) y rápido por una ciudad en la que cuesta mucho transitar sus calles. Por mas información sobre la red de estaciones del metro pueden entrar a: http://www.metro.df.gob.mx/index.html
De regreso del mercado, nos fuimos a caminar por la Av. Madero, y visitamos algunos comercios pero no compramos nada puesto que lo que básicamente nos interesaba (artesanías) ya lo teníamos con nosotros. Almorzamos en un bar de la zona y pasamos el resto de la tarde caminando, y disfrutando de la ciudad, sin un plan fijo, simplemente “respirando México”.
A la noche nos hicimos un tiempo para disfrutar de la terraza de nuestro hostal, que tiene una magnifica vista a esa hora y cuenta con un bar donde te puedes tomar la rica cerveza mexicana o un tequilita.
Mientras veíamos como la gran metrópoli se iba aquietando con la noche, pensábamos en nuestro próximo destino: el tan soñado Teotihuacán!!
Día 4 – Martes
Contratamos nuestro tour a Teotihuacan en el mismo hostal, el cual incluía una visita a la Basílica de Guadalupe. Aclaro que Teotihuacan está localizado a unos 48 km del DF. y si se va directo en bus se tarda unos 45 minutos en llegar, dependiendo del tráfico.
La Basílica de Guadalupe, esta situada al pie del cerro Tepeyac y es una de las iglesias mas visitadas en América. Allí hay dos construcciones diametralmente opuestas: el templo antiguo y el moderno.
El antiguo templo, de construcción barroca, presenta al igual que la Catedral Metropolitana un notorio hundimiento. Realmente, y no siendo fanática de las iglesias, me pareció una construcción muy hermosa.
El templo moderno rompe con todos los esquemas de la típica iglesia. Su base es circular y es tan grande que puede albergar hasta 10.000 fieles. Realmente uno entra allí y se siente pequeñito. Cuando ingresé al templo había una misa y un señor se me acercó para darme una estampita de la virgen de Guadalupe, la virgen morena que se le apareció al indio Juan Diego en los años mil quinientos y tanto.
El entorno de esta Basílica es muy fresco y florido y se tienen excelentes vistas desde allí. Luego retomamos nuestro viaje a Teotihuacan, y ya queríamos llegar, verlo todo, dejarnos sorprender por este lugar al que tanto habíamos soñado conocer. Pero hubo una parada más.
Cuando ya podíamos ver la cima de la Pirámide de la Luna, entramos en un lugar donde nos mostraron como se hace el Mezcal (bebida que se hace con el agave, igual que el tequila) y también nos los dieron a probar, cosa que no estuvo nada mal. Hic! Finalmente nos dirigimos a la entrada del yacimiento. Una recomendación importante es que cuando visiten este lugar lleven: mucho agua, calzado cómodo, ropa fresca y un sombrero ya que el calor que allí se siente es agobiante. Ah! y su cámara en mano, pues lo que verán los dejarán boquiabiertos.
Teotihuacan significa en la lengua náhuatl “el lugar donde los hombres se convierten en dioses”, también conocido como la “Ciudad de los Dioses”. Se dice que este lugar estuvo habitado por grandes comerciantes de obsidiana y se deduce por sus templos que fue una ciudad con un gran esplendor, pero por razones aun desconocidas (y esto lo hace mas misterioso aun) fue abandonada por ellos.
Cuando los mexicas (aztecas) llegaron desde su peregrinación desde Aztlán, la encontraron deshabitada y decidieron ponerle este nombre, ya que creían que solo los dioses pudieron construir templos de tal magnitud.
Luego de haber conocido otros yacimientos arqueológicos como Chichen Itza, Uxmal, o Palenque, podemos decir que lo que más impacta de Teotihuacan es la magnitud de sus templos principales: La Pirámide de la Luna y la Pirámide del Sol.
Uno los ve y no puede creer que hayan podido construirse este tipo de templos en la antigüedad. Son majestuosos.
Comenzamos el recorrido por la ciudadela, que se encuentra dividida por la Calzada de los Muertos (de 4 km de extensión). A un lado y otro de la calzada, se pueden ver los distintos templos como el de Quetzacoatl o el de Quetzalpapalotl, el palacio de los Jaguares, etc. y por supuesto las mencionadas pirámides.
Primero subimos a la Pirámide del Sol que mide unos 64 mts de altura. Su ascenso, pese a la altura no me resultó tan difícil. La pirámide cuenta con una baranda que ayuda a subir a quienes están mas desentrenados, como yo en aquel momento. Un consejo: no mirar hacia atrás cuando se sube o ya no subes mas!!
Al llegar a la cima uno siente que es dueño de todo el paisaje que se rinde a tus pies, es sencillamente hermoso. Y ves a la gente con la felicidad en sus rostros, tratando de absorber la energía que el lugar manifiesta y llevarse ese recuerdo grabado en su mentes para siempre.
Allí nos sentamos a comer nuestro sencillo almuerzo (un sándwich y una fruta que nos habían dado como parte del tour), mientras observábamos todo desde ahí y comentábamos: quien diablos construyó esto? porque se habrán ido sin dejar rastro? En fin....quien no se hace este tipo de cuestionamientos estando en un lugar tan lleno de misterios.
Luego de vivir esta única experiencia de subir “al sol”, nos dirigimos hacia “la luna”.
La Pirámide de la Luna, se encuentra en la cabecera de la calzada de los muertos, lo que le da una posición privilegiada en relación al resto de los templos, que se encuentran a un lado de la calzada. Su altura es de aproximadamente 45 mts. pero debido al desnivel del suelo parece estar justo a la misma altura de la pirámide del Sol. Pero su escalinata central es mucho más empinada que la del Sol, lo que hace que cueste un poco más la subida.
Siempre recomiendo que al subir a este tipo de estructuras uno se concentre en cada escalón que pisa y hasta me pareció buena idea ir subiendo en diagonal, cosa que me facilitó mucho el ascenso y también el descenso, ya que uno pierde un poco esa sensación de “verticalidad” que muchas veces puede producir vértigo.
Pero no se preocupen, pues hasta los niños la suben, incluso hay padres que los llevan cargando en sus brazos y hay descansos cada tanto para que uno pueda tomar un poco de aire antes de continuar el ascenso.
Las vistas desde estas pirámides son increíbles y creo que nadie se las puede perder por miedo a no llegar o por miedo a sentir vértigo.
Continuamos nuestro paseo por el templo de QUETZALPAPALOTL, templo que nos pareció de gran belleza de sus esculturas y murales. Su nombre fue dado por las tallas de los pilares del patio, que representan criaturas mitológicas con forma de pájaros-mariposa.
Seguimos caminando por la calzada de los muertos, visitando los pequeños templos que la rodean hasta llegar a la salida, donde nos esperaba nuestro guía para regresar. Les cuento que este recinto arqueológico posee un restaurant para quienes deseen pasar mas tiempo allí y almorzar más cómodamente, pero no lo conocimos.
Nuestro almuerzo, aunque frugal, lo disfrutamos mucho haciéndolo a 64 m de altura observando un paisaje precioso.
De regreso al hotel, como a las 16 hrs, el tráfico ya se hacía sentir más intenso y demoramos bastante en llegar, pero aunque cansados por caminar todo un día de intenso calor en una zona en la que no encuentras prácticamente sombra, volvíamos felices y asombrados al conocer Teotihuacan, una ciudad que en verdad parece haber sido construida por los dioses.
Día 5 - Miércoles
No teníamos un plan específico para este día, salvo a la noche cuando quedamos con nuestro amigo Olmo para salir a cenar y festejar mi cumpleaños. Luego de desayunar en el hostal, nos decidimos a comenzar los festejos de una forma poco usual: en el Museo de Antropología.
Para ir hasta ahí nos dirigimos al metro del zócalo y nos fuimos tranquilamente hasta la zona del museo. Si mal no recuerdo tomamos la línea 2 (azul) Cuatro Caminos-Taxqueña en la estación del Zócalo y nos bajamos en la estación siguiente, Pino Suárez. Ahí conectamos con la línea 1 (rosa) Observatorio-Pantitlán y nos bajamos en 6 paradas, en la estación Chapultepec.
Al Museo de Antropología del DF se accede por el Paseo de la Reforma y está muy cercano al Bosque de Chapultepec, el que no pudimos conocer pues estaba cerrado por mantenimiento, pero sabemos que es un paseo digno de hacer.
Recomiendo que si visitan este museo lo hagan con mucho tiempo y descansados pues es tan grande y tiene tanto para ver que lleva al menos un día entero verlo en su totalidad y en detalle.
Nosotros le dedicamos una mañana entera y nos quedaron cosas por ver, pero queríamos aprovechar el resto del día en otros paseos como el bosque y el Museo de Diego Rivera, que con tanta mala suerte ambos estaban cerrados. Toda la cultura de México se encuentra en el Museo de Antropología, dividida en salas como: salas introductorias (evolución de mesoamerica), período preclásico, clásico, Teotihuacan, Toltecas, Aztecas, Mayas, Olmecas, Oaxaca, Golfo de México, etc.
Allí se pueden encontrar, en excelente estado de conservación y delicadamente exhibidos, piezas de todo tipo y tamaño, desde las muy pequeñas piezas de alfarería indígena hasta la Piedra del Sol que pesa 24 toneladas, una cabeza de piedra representando al hombre azteca, cabezas olmecas, máscaras funerarias de piedra con piedras preciosas, etc etc.
Creo que aunque no les guste visitar museos, este particularmente es muy lindo y encierra toda la historia de México en sus múltiples salas. Incluso uno puede optar por visitar solo un par de ellas (las mas representativas como pueden ser la sala azteca, maya o la de Teotihuacan) y aun así se irá maravillado con la cantidad de piezas que podrá ver. Saliendo de allí, almorzamos en el parque. Compramos unos tamales en uno de los tantos carritos ambulantes que andan por el parque y recorrimos los puestos de artesanías que son varios en la zona.
Caminamos un poco por el Paseo de la Reforma hasta llegar a la Alameda y entramos al Museo de Bellas Artes. Este museo contiene pinturas de los famosos Rufino Tamayo, Siqueiros, Diego Rivera y Clemente Orozco. Es muy bonito y su arquitectura muy señorial.
También posee una tiendita de recuerdos donde se pueden comprar además reproducciones de las obras expuestas en el museo. Desde allí nos regresamos en el metro, tomando la línea 2, desde la estación Bellas Artes hasta el Zócalo (tan solo dos paradas).
Descansamos un rato en el hostal y a la noche nos fuimos con Olmo, a la Zona Rosa, que es un barrio “coqueto” del DF, donde hay muchos bares y restaurants de todo tipo. Hay una linda movida nocturna, con pubs que tienen música en vivo. Elegimos un bar temático (deportivo) que nos pareció muy bonita su decoración y allí cenamos y nos tomamos unos tequilas para brindar por mi cumpleaños a la mexicana.
Nos regresamos al hostal en metro, despidiendo esta vez a nuestro amigo Olmo, a quien también sabíamos que no veríamos por mucho tiempo más y esa noche volvimos con la sensación de que ya se nos terminaba el tiempo en esta maravillosa ciudad, en este maravilloso país.
Día 6 – Jueves
El día de nuestro regreso a Uruguay. Pero como eso sería en la noche, aún podíamos aprovechar el día para conocer algo más. Arrancamos la jornada entrando a la Catedral Metropolitana y luego nos fuimos directo al Templo Mayor , ubicado a pocos metros de la misma.
El Templo Mayor fue descubierto fortuitamente en 1978 por obreros de la compañía de luz y se ubica en el corazón de la antigua Tenochtitlán. Es curioso poder ver un lugar así en medio de la ciudad, contrastando con la arquitectura española de la Catedral y los edificios que lo rodean. Es muy interesante de ver y posee un museo en su interior donde podemos apreciar, entre otras cosas, un enorme monolito redondo tallado que representa a la diosa azteca Coyolxauhqui, descuartizada por su hermano Huitzilopochtli por haber matado a la madre de ambos.
En la cima del templo mayor los aztecas construyeron dos templos gemelos dedicados al dios de la guerra (Huitzilopochtli) y al dios de la lluvia (Tlaloc) y en ellos se realizaban frecuentes sacrificios humanos para aplacar a ambas deidades. Finalmente, un paseito más por los alrededores, y nuestra última tarea del día: preparar la valija para partir. Tareas para nada fáciles: preparar la valija y partir......Que momento!
A eso de las 22 hrs del jueves 14 de abril de 2005, nuestro avión despegaba de regreso a casa, luego de un mes de viajar y conocer esta tierra tan querida, tan soñada, que nos recibió con tanto calor y donde pudimos reafirmar lazos de amistad que habíamos ido construyendo de a poquito a través de la distancia.
México me dejó no solo el mejor de los recuerdos, sino que gravó para siempre a fuego en mi corazón el sentimiento de que allí está mi otro hogar, la tierra que guarda la mayor riqueza histórica y cultural, la tierra en donde el olor y el sabor al maíz me hacen sonreír de placer, el lugar que te abraza y al que simplemente, nunca puedes dejar de abrazar.
Hasta siempre, México lindo!! Nunca dejaré de volver a ti! |
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