Esta semana guié una corta expedición alrededor del área llamada el Pungal, cercana al río Yanayacu, en Loreto - Perú, para observar fauna silvestre y buscar al mítico y poco conocido Hoatzín.
Scott, Gerard y Marié, turistas de USA y Francia nos acompañaros. Nuestro guia fue Jairo Panduro. Salimos del albergue Amazon Action.
Salimos en canoa a eso de las 3 pm y nos dirigimos río arriba en el Yanayacu. La temperatura en estos días es más baja de lo normal. Esto se debe a la ola de frío que recorre Perú. Solemos viajar en canoa porque nos gusta utilizar los medios de transporte de las comunidades locales y evitar la contaminación de los ríos. Además es mucho más divertido ir navegando a ras del agua en canoa que sentarse y esperar en el bote. De cualquier manera remamos un buen rato hasta que nos internamos en la jungla, que en ésta época del año está inundada, y es navegable.
El paisaje es totalmente surreal. Árboles sumergidos en el agua, pasajes acuáticos misteriosos y una extraña sensación que recorre la piel, como si hubiéramos retrocedido en el tiempo y estuviéramos otra vez en los orígenes de la creación.
Nuestro objetivo de ésta expedición era encontrar al Hoatzín, llamado localmente Shansho. La morfología de esta ave hace recordar mucho a un "ave" antediluviana llamada archaeopteryx. No es precisamente por el tamaño (sólo mide 40 centímetros) ni porque sea un “reptil con plumas”; sino porque el hoatzín (también conocido como hoacín) posee garras, una en cada ala, al igual que el archaeopteryx.
No obstante, no conserva dichas garras durante toda su vida, sinó sólo cuando es polluelo pues conforme va desarrollando plumas las pequeñas garras desaparecen. Para los hoatzines, estas garras son una particularidad que puede ser la diferencia entre la vida y la muerte: debido a que estos animales tienden a construir sus nidos a la vista de aves rapaces, el polluelo hoatzin, ante algún peligro inminente, escala a algún lugar más inaccesible del árbol que cobija su nido o simplemente se lanza a algún río o cocha cercano para luego, una vez pasado el peligro, volver a emerger y escalar de vuelta al nido.
Muchas son las características distintivas de esta ave: posee una larga cresta de plumas, ojos rojos, piel azulada en algunas regiones de su cuerpo, patas grandes, un largo cuello, una prolongada cola y un plumaje colorido, que va desde el blanco y el castaño rojizo hasta un amarillo intenso. Tan variadas y curiosas condiciones han hecho que los científicos se vean en dificultades al momento de establecer los orígenes de un ser de tan peculiares características hasta el punto de no poder emparentarlo, sin forzarlo, con alguna otra especie de ave.
Entramos al Pungal ya entrada la tarde, despues de sortear muchos troncos flotantes, ramas a ras del agua, que nos obligaban a agacharnos hasta tocar la coanoa con la frente, y muchas especies de plantas acuáticas, que dificultaban nuestro paso, obligándonos a abrirnos camino con los remos.
En eso escuchamos el familiar sonido del hoatzin. Todos guardamos silencio y remamos silenciosamente hasta poder verlo. Habían un par de especímenes posados en una rama. Rápidamente saqué mi camara de vídeo e hice unas tomas, que al estar en contraluz sólo lo delinearon. Al verlas despues resultaron sorprendentes y más enigmáticas aún, quedando el deseo de una nueva expedición más larga sólo para filmar y fotografiar esta ave.
El tiempo corria y la noche ya caía sobre nosotros. Esperamos un momento hasta que oscureció totalmente y nos internamos en la jungla acuática nuevamente, siendo rodeados esta vez de miles de puntos de luz, que resultaron ser pequeñas luciérnagas que iluminaban la selva como gotas de luz azul.
Durante el camino de regreso observamos un par de caimanes grises, en etapa juvenil, algunas ranas, una tarántula que paseaba despreocupadamente en una rama encima de nustras cabezas y varios tipos de aves, que buscaban su nido al caer la noche. El murciélago pescador volaba al ras del agua tratandod de conseguir algun pez.
LLegamos al albergue, y tras una buena cena, fuimos a descansar. Yo, en mi cama, atesoré la experiencia, y di gracias a Dios por poder estar una vez más rodeado de tanta belleza y por poder vivir lejos de las ciudades.
Arturo. |
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