Siempre me dije que no le sería infiel, que nunca la olvidaría, que la llevaría atada a mi corazón de viajero, de bohemio, de ladrón de recuerdos como un niño que recibe un añorado regalo el día de su cumpleaños. La conocí cuando ella se vestía toda de blanco y adornaba sus trenzas con flores que olían a almendros en flor, por eso la llamé Ibiza Mon Amour…
Pero un día, tuve un pensamiento de infidelidad y escuché los latidos de mi corazón como los tambores del África negra que anunciaban un nuevo viaje, cambios, fantasías acumuladas, nuevas fronteras, idiomas y colores desconocidos y sin decirle nada a nadie salí corriendo a la librería y compré mi primer libro de viajes a Cape Town.
Podría haberla llamado Ciudad del Cabo, Kaap stad, Cape Horn, país del arco iris, país del apartheid, pero nada mas exótico en mi alma viajera que llamarle Cape Town y así la seguí llamando durante años hasta que un dia my dream came true y me fui en busca de mi black cofee y mi white wine chardonay.
Sería pretencioso decir que conocí un país, tan solo tengo unas imágenes, unas vivencias imperecederas, ricas experiencias, sorpresas, algunos temores, sonrisas mil, suspiros, recuerdos imborrables y grandes emociones en un viaje de 20 días que dejaron una feliz sensación de volver one day..
En principio quería viajar solo, soy uno de esos lonely travellers que conoce gente por el camino, alquilar un pequeño estudio y una bicicleta era un idilio nuevo que habia que concretar y pasar todo este tiempo en Cape Town, disfrutar de sus playas, de sus comidas, su música, sus cafés, beber cada día un buen vino, pasear por al Waterfront como un pelicano enamorado, dedicarme una puesta de sol en Camps Bay, conversar con su gente y de vez en cuando dar un salto por la Ruta del Jardín, conocer la región de los vinos, meterme en una jaula y observar tiburones blancos y negros para evitar feelings de descriminacion.
Sin embargo una querida amiga, de aquellas con hotel 5 estrellas y viaje organizado, quiso vivir una experiencia única en su vida, dejó de lado los consejos de mal agüerode sus amigas, los dramas y miedos que le susurraban al oído las vecinas, los lamentos de mama, y las advertencias de papa, guardó sus joyas y anillos en el cajón del mañana, se puso zapatitos para caminar siete leguas sin parar y me dijo un dia ¡Pato aquí estoy! ¿Cuándo nos vamos?
Y así fue como a finales de septiembre volábamos juntos de Madrid a Jo’burg en un vuelo de 12 horas y de allí en un auto alquilado continuamos el viaje hacia el Parque Kruger, que según todos debería conocer. La primera impresion que causa Johannesburgo es la de una gran ciudad y aun sin ser la capital tiene una poblacion de casi 5 millones de habitantes y donde ademas es facil perderse a traves de sus multiples carriles de salida y entrada al aeropuerto como nos ocurrio al regreso.
Aparentemente no ofrece mayor interés al viajero y más bien es una ciudad híbrida, gris, algo degradada, con un deje de tristeza y abandono y sin mayores rastros de su pasado glorioso como una de las ciudades más dinámicas y ricas en el continente africano. Hoy en día carece de atractivos para el que busque algo diferente y la población blanca “desaparece” por la mañana y por la tarde como por arte de magia ; al finalizar la jornada laboral, evacuan la ciudad y conducen sus vehículos a toda prisa con las ventanas cerradas (para evitar mosquitos negros) en dirección al barrio de los blancos donde viven los inmortales white con tiendas elegantes, mercados de lujo, buenos restaurantes, protegidos de la violencia y criminalidad que ha generado la historia de esta ciudad.
No se ven viajeros por la calle y escuché anécdotas de gente que atemorizada por las historias contadas , solo conoció el aeropuerto y el hotel durante su visita. Para muchos es solo un lugar de tránsito y son pocos los que le dedican un poco de atención. Sin embargo dicen que el viajero corre menos riesgo que un ciudadano local y así lo pudimos comprobar antes de continuar nuestro regreso cuando visitamos el centro de la ciudad y me tomé un black cofee para no llamar la atención...
Mi primera noche bajo las negras estrellas del África Negra, tuvo lugar en la ciudad de Nelspruit, a poco mas de 350 de Jo’burg, la mas cercana y la mas conveniente para visitar el Parque Kruger, situada además a pocos kilómetros de la frontera con Maputo, capital de Mozambique que siempre atrajo mi atención pero mi otro yo me sugirió dejarla para otra ocasión.
Se trataba de una casa residencial (guest-house) que ofrecía gran confort y seguridad en un país donde la seguridad se tiene en cuenta con un sofisticado sistema de alarmas, vallas electrificadas, perros guardianes, Lucifer con una ametralladora en cada ventana y centrales de guardia permanente que actúan de forma inmediata y que no dudan en disparar…¡por si acaso! Asi lo decia el little brother de Lucifer...
Al día siguiente continuamos nuestro recorrido observando el paisaje y su rica y fertil vegetación, variedad de árboles, cítricos, aguacates, jacarandas y plantaciones de plátanos que se perdían en el horizonte. Carreteras interminables donde se veía gente de color caminando como vagabundos perdidos en un desierto verde y otros esperando que algún vehículo les llevara al poblado más cercano.
Y así llegamos a una de las puertas campamento del Parque Kruger donde pensábamos pernoctar; se trataba del Crocodile bridge, un lugar ideal para ver cocodrilos e hipopótamos a la hora de la cena. Pero llegamos sin reserva y no había ningún lugar donde dormir ni siquiera al lado de los hipopotamos por lo tanto deduje que el ronquido de los cocodrilos podía perturbar el sueño 5 estrellas de mi compañera de viaje y desistí de dormir al aire libre.
Tuvimos que continuar hacia el próximo campamento pero esta vez por el interior del parque. Para que se hagan una idea de lo inmenso que es este lugar, esta dividido en 9 campamentos con todo tipo de instalaciones, donde se agrupan diversos tipos de animales; tiene una extensión de 350 klms. para lo cual se requieren varios días de inspección, paciencia y sentido del buen humor para no contraer malaria, precaución para que un león no te coma un brazo porque se olvidó cerrar la ventana del auto (por el calor) o amanecer con un ojo disecado por la picadura de un mosquito juguetón.
Considerar además que la circulación esta limitada a un mínimo de velocidad entre 40 y 50 klm y a veces hasta 10 y por supuesto respetar el silencio de los rinocerontes que a medio dia descansan del calor igual que los elefantes, los monos y toda su familia y tambien las elegantes gacelas. Para los que quieran ir en grupo hay jeep con conductor donde pueden ir hasta 10 o 20 personas.
La entrada cuesta unos 12 euros y también hay cabañas para dormir que van de las básicas por 15 euros y otras que superan los 70 y algo mas. El horario de visita es de las 00:6 y cierra a la 18;00 de forma casi puntual. Tres días fueron para mi suficiente (mi compañera quería quedarse a vivir como la Jane de Tarzan) y sin haber perdido un brazo o una pierna, salimos rumbo a White River, dirección norte, donde hicimos una breve visita al pueblo de Hazywiew y mas tarde hicimos noche en un pueblo llamado Sabie, allí dormimos en una cabaña guest house situada en medio de un bosque con urracas, perros, monos, serpientes y trinar de pajaritos negros buenos que nos despertaron por la mañana con melodías de Vivaldi.
Por cierto, Sabie es un lugar encantador y famoso por sus parajes y la pesca de la trucha. Y así llegamos “hiting the road” a Winterton, en la provincia de Mpumalanga, un pueblito pintoresco que se encuentra en la zona de la famosa cordillera de Drakensberg, que se alza majestuosa al oeste del parque y que encierra una belleza excepcional y muy popular para los escaladores y caminantes donde además se puede practicar rafting, paseos a caballo y también bañarse en algunos de sus lagos.
Picos gigantes se alzan a más de 3000 metros de altitud, una densa vegetación cubre sus rincones y es unos de los lugares que me habría gustado descubrir con más tiempo. Como en casi toda Suafrica hay infinidad de lugares donde hospedarse comer bien y el ambiente es cool and easy going y quizas con menos temores para los que viajan con muchas dudas..
El mejor transporte para visitar este lugar y tantos otros, desplazarse de forma libre e independiente sin demoras ni esperas de autobuses a veces con horarios irregulares, es un coche sin duda alguna; esencial diria yo modestamente teniendo en cuenta las enormes distancias y la gran variedad de atracciones y puntos de interés que ofrece este hermoso país. Las carreteras en general están en buen estado y el precio de la gasolina es barato.
Continuamos en busca de sorpresas y seguimos en la provincia de Mpumalanga, al norte del país, famosa por sus bellezas escénicas, la practica del rafting, tubing y alpinismo de montaña entre otras curiosidades y nos dirigimos hacia el Blyde River Canyon (¡no me pude bañar!!) cuya carretera continua hacia Zimbawe, otro pais de incomparable belleza según tengo entendido y que hoy por desgracia atraviesa algunas crisis que no inducen demasiado a visitarla.
El Blyde River es un cañón gigante de incomparable belleza donde uno siente que el alma y el espíritu podrían salir volando en busca del mas allá. Un espacio de unos 30 kilómetros por cuyo centro se desplaza el río Blyde que goza de merecida fama entre los sud africanos y también de los viajeros que descubren esta belleza natural difícil de olvidar .
Muchos de ellos recorren sus senderos en excursiones a pie, y que por cierto es una reserva natural y cubre una superficie de 26.000 hectáreas. La mejor manera de apreciar estos parajes escénicos es conducir bordeando el cañón donde hay miradores para disfrutar de un espectáculo inolvidable y además venta de figuras artesanales de la gente local.
Octubre (primavera en África) resultó ser un mes ideal para visitar este y otros lugares. También lo podría ser en otoño que va de abril al mes mayo. De junio a septiembre es invierno y podría ser interesante en actividades deportivas y para ver animales con mayor facilidad en el Kruger Park.
Por la tarde y con algo de lluvia llegamos a un pequeño pueblo rodeado de verdes colinas, bonito y pintoresco donde decidimos pasar la noche, comer una buena cena y reposar mi espíritu inquieto e inquisitivo despues de compartir y sentir en mi piel los abrazos efusivos de bienvenida que me ofrecía Sud Africa, el país del arco iris.
Dullstroom se llamaba nuestra nueva nueva posada y con la lluvia bajo el brazo salí en busca de un hotel, en la oficina de turismo nos dijeron que había una casa que se podía alquilar como si fuese un hotel. La idea nos pareció interesante y el precio también, lo que no esperábamos era tener una hermosa casa victoriana con 5 habitaciones, 2 baños, terraza, antena parabólica, y preparada para recibir a una delegación de Zimbawue a nuestra completa disposición…
Para celebrar tan dichoso momento decidí cocinar una deliciosa lasagna, una ensalada primaveral y 2 botellas de vino chardonay.. ¿ Mi compañera de viaje? Hablando con su mama por teléfono, contándole que aun estaba viva, que no habían caníbales, que no estaba enferma por beber agua con pirañas, que se conducía por la izquierda para dejar pasar los elefantes por la derecha, que no había jamón serrano ni sardinitas como en Sevilla, pero mucha variedad de arroz, salchichas y platos combinados con influencias mixtas de diversas culturas.
Le decía a su mama en voz baja que yo no estaba loco como ella creía, que era casi normal, que se tomaba todas las vitaminas y pastillas que le dio antes de partir y que podía caminar sola a las 5 o’cloc que es la hora del tea time en Chile por si lo habían olvidado y que los negritos eran muy simpáticos y que llevaría muchos regalos … Pasado unos días estábamos de regreso en Jo’burg y volábamos con una sonrisa de payaso rumbo a Port Elizabeth, pero esa es otra historia y será la segunda parte de este relato si me lo permiten of course... ¡Hasta entonces! |
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