Hemos viajado en varias oportunidades a Colonia del Sacramento, pero esta vez les contaré sobre nuestra última visita que fue en Enero 2007.
Colonia del Sacramento, capital del Departamento de Colonia (suroeste de Uruguay), es un lugar al que siempre se quiere volver. Siempre encontramos una excusa para hacerlo y descubrimos algún nuevo rincón, una nueva piedra, un balcón florido, una fachada colonial, un barcito…
Es un lugar que te transporta al pasado, cargado de historia, y donde se respira una paz que viene muy bien al alma, para desenchufarse del ajetreo de la vida diaria montevideana o para quienes, de paseo por un país extranjero, encuentran allí una parada donde respirar hondo y dejarse llevar por ese ritmo, aletargado y lento, que alli transcurre.
Les cuento un poquito de su historia para introducirlos en este lindo destino. Colonia del Sacramento es la única ciudad fundada por los portugueses en las costas del Río de la Plata, en el marco de las luchas fronterizas de las coronas de España y Portugal. Fue desde sus orígenes escenario del mayor conflicto geopolítico del Río de la Plata. La ciudad, cambió de dueños en reiteradas oportunidades, ya sea a partir de las acciones bélicas o diplomáticas. Estas circunstancias la convirtieron en un reducto de estilos arquitectónicos, construcciones de estilo colonial portugués (casas de piedra con techo a dos y cuatro aguas), que coexistente con casas de ladrillos y techos de azotea típicos de la arquitectura española.
Fundada en 1680 por Manuel Lobo, en la península de San Gabriel, el casco viejo de la ciudad ocupa una superficie aproximada de 12 hectáreas de su extremo oeste. Fue separada del resto del territorio por una muralla que ha sido reconstruida junto con el foso, la puerta, el puente fijo, el puente levadizo y los bastiones de San Miguel, San Antonio, del Carmen, de San Pedro y de Santa Rita. En 1995 es declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO.
Nuestra ultima visita la hicimos en pleno enero, ya que teníamos en casa un amigo de México que visitaba Uruguay por primera vez y no podía dejar de conocer Colonia. Si bien, es ideal visitar este lugar cuando hay buen tiempo, porque es un sitio para recorrerlo a pie y con el brillo del sol todo reluce más, les diría que si pueden lo eviten en verano porque puede ser muy caluroso. Hay mucha piedra y poca sombra en la mayoría de sus calles, lo que puede ser un poco agobiante en pleno verano. Pero si eligen esa fecha, de todas formas no se arrepentirán, ya que también tienen la opción de playa de rio. Para mi gusto, la mejor época es la primavera (entre los meses de setiembre y diciembre). En esta época comienzan a florecer las Santa Rita que adornan las calles y balcones de una forma muy particular.
Nuestra estadía fue de solo dos días, tiempo suficiente para recorrer los principales atractivos de la ciudad. Nos hospedamos en la Posada Don Antonio (www.posadadonantonio.com), posada que recomiendo en un todo, es excelente. Fue la segunda vez que nos alojamos allí y es hermosísima, con un patio colonial muy bonito, lleno de flores, un aljibe, piscina; sus habitaciones son lindísimas y muy confortables y limpias. También es muy bueno el trato de todo el personal y el desayuno riquísimo! Realmente encontramos allí un lugar para regresar siempre. En comparación a las posadas que se ubican en pleno centro histórico, sus precios son mucho más accesibles. Por ejemplo, una habitación doble nos costó unos U$S 55 (con desayuno, paseo incluido por el barrio histórico con guía, y conexión a Internet gratis), mientras que en otros lugares estaban cobrando cerca de los U$S 100. Y algo a tener en cuenta es que todo queda muy cerca. Nuestra posada estaba a 4 cuadras del barrio histórico, que no es nada! Y solo por eso ya costaba menos.
Nosotros fuimos en auto, pero desde Montevideo el pasaje en bus cuesta $ 600 (pesos uruguayos) ida y vuelta. También la visitan muchos argentinos o bonaerenses que llegan aquí por el día o por el fin de semana, gracias a la empresa Buquebus que va desde Buenos Aires a Colonia en solo un par de horas.
Al llegar, desempacamos y nos fuimos directo al barrio histórico, para mi gusto, su principal atractivo. Ese paseo hay que hacerlo a pie, para poder recorrer todas sus callecitas empedradas, ver sus casas coloniales y fotografiar sus balcones floridos, entrar en cada tienda de artesanías y en la típica Almacén La Carlota (un gran almacén que tiene todo tipo de artesanías y recuerdos para llevar a casa), tomarse un café en uno de sus tantos bares o almorzar en algunos de ellos, que sacan las mesas a plena calle, muchas de ellas peatonales.
Comenzamos el recorrido por el casco antiguo, atravesando la Puerta de la Ciudadela y recorriendo parte de la muralla que nos llevo hasta el Río de la Plata, divisando desde allí la ciudad de Buenos Aires al otro lado del río (como la canción de Drexler!). Frente a la puerta de la ciudadela, encontramos el Faro, que ofrece una hermosa vista de toda la ciudad a quienes suben. Nosotros no lo hicimos en esta oportunidad, pero si anteriormente y lo recomiendo.
Seguimos recorriendo a pie este lugar y pasamos por la Plaza Mayor, donde pudimos observar el cambio de guardia que se realiza allí todos los fines de semana, cada una hora aproximadamente. Es algo muy pintoresco de ver, te hace sentir transportado al pasado. Cada tanto se ve alguna cachila transitando el lugar o estacionada en alguna de sus calles y reafirma esa idea de estar viviendo en un tiempo añejo.
Pasamos también por la Iglesia Matriz, la mas antigua del Uruguay. No pudimos dejar de lado la famosa Calle de los Suspiros, la calle mas fotografiada de Uruguay, creo. Esa calle tiene un “no se que”…Aun conserva sus adoquines originales y posee la típica estructura de calle portuguesa, inclinada hacia el medio para facilitar el transito del agua (como una especie de canaleta en el medio). Mucho se dice sobre la procedencia del nombre de esta calle pero la más convincente para mi gusto es que en la época colonial era una calle transitada por prostitutas que provocaban “los suspiros” de los caballeros que por allí pasaban y de ahí, conserva su nombre.
En esta calle hay un par de tiendas de artesanías, pero una que recomiendo especialmente, ubicada casi al final de la misma, del lado del río (creo que se llama D’los suspiros) Tiene pinturas y artesanías muy buenas, aunque no baratas. Se trata de una de las casas portuguesas que conserva gran parte de su construcción original, y solo el hecho de entrar a verla vale la pena, aunque no se compre nada. El patio trasero es lindísimo y sus dueños te invitan a recorrer la casa sin ningún compromiso de compra o gasto.
Entre paradas y charlas, mate de por medio, se hizo el medio día y nos fuimos a almorzar a la Pulpería Los Faroles, ubicada frente a la Plaza Mayor. Este restaurant lo recomiendo, sobre todo en el día, ya que si hay sol y el clima es agradable esta muy bueno para sentarse en alguna de las mesas que ubican en plena calle y eso te permite seguir admirando la cuidad mientras comes. Si tienes suerte, hasta puedes ver alguna cuerda de tambores que suelen transitar por allí y se van deteniendo en los lugares donde encuentran mayor cantidad de gente, que siempre se prende a bailar al ritmo del tamboril, ritmo que forma parte del candombe, netamente uruguayo, alegre y contagioso.
En este lugar almorzamos tres personas por un aproximado de $ 500 (pesos uruguayos), lo que nos nada caro. La comida es buena y el ambiente agradable, incluso adentro esta muy cálidamente decorado. Después del almuerzo nos dedicamos a recorrer algunos museos, que por una único pago de $ 10 (uruguayos) te habilita a entrar en todos ellos: El Museo Portugués, el Municipal, el Museo Español, el Archivo Regional y el Museo del Azulejo.
Debo reconocer que me desilusionaron un poco, sobre todo el Municipal donde encontramos tanta mezcla de cosas que por momentos nos pareció caótico. De todas formas, son muy rápidos de recorrer y por económico de la entrada, les diría que los recorran. Siempre encontramos cosas interesantes en los museos, un trocito de pasado y de historia lugareña.
Ya entrada la tarde nos fuimos a descansar un rato a la posada y aprovechamos el ratito de sol que quedaba para disfrutar de la piscina de la posada y recuperar fuerzas para el resto de la tarde y noche.
A la tarde, a eso de las 19 hrs. nos fuimos a la costanera, donde hay una serie de bares muy apropiados para esperar la puesta de sol y tomarse un cafecito o te con torta, o unos ricos sándwiches calientes (tostados). Los mismos también ofrecen tanto para almuerzo o cena una gran variedad de productos de mar y paellas.
Mientras esperábamos la puesta de sol (imperdible en Colonia!!) veíamos como la rambla se iba poblando de gente joven, en sus motos, bicis o caminando, haciendo sociales y llenando de vida esta zona de la ciudad. Es sin duda un punto de encuentro para quienes buscan la movida durante la tarde.
Una vez que el sol se puso, nos fuimos hasta el muelle de veleros, lugar que nos gusto mucho. Tiene hermosas vistas del río y de la rambla opuesta a la que estábamos recorriendo. Allí también hay un restaurant que parece ser muy selecto, y que en la noche debe tener una vista preciosa.
Regresamos a la posada para descansar un ratito, darnos una ducha y salir nuevamente a recorrer la noche coloniense. El barrio histórico a la noche es imperdible. Tiene un encanto especial ver sus calles iluminadas por los farolitos de luz amarillas, sus adoquines brillando por la luz, sus bares con música en vivo, su ritmo tranquilo que te invita a pasear sin apuro.
Un dato importante para quienes deseen cenar afuera es que conviene reservar mesa durante la mañana porque aunque uno no vea tanta gente durante el día, en la noche suelen llenarse todos los lugares. Nosotros elegimos Colonia Rock, un restaurant que tiene un poco mas de onda joven que el resto, ya que en general tocan rock en vivo y la ambientación es mucho mas “canchera” que el resto de los lugares. Siempre esta lleno. La comida es standard, al igual que los precios y en particular esa noche toco una banda que no nos gusto, pero la pasamos bien. Comimos sus famosos chivitos (comida uruguaya que consiste en una especie de sándwich de carne, con lechuga, tomate, muzarella y jamón y todo lo que se le quiera agregar) acompañados de papas fritas y sangría (vino tinto preparado con azúcar y limón).
En viajes anteriores habíamos cenado en Sacramento, un restaurant muy bueno, con buena música en vivo pero mas al estilo Sabina, Serrat, etc. , pero sus precios últimamente están un poco subidos y la carta ofrece muy pocas opciones (aunque exquisitas, hay que decirlo). Finalmente nos fuimos a dormir pensando en el domingo. Que podríamos hacer de nuevo?
Al día siguiente, domingo, luego de un rico desayuno y un baño en la piscina y ya cercanos a la hora del check out, dejamos la posada cerca de las 12 am. Iniciamos nuestro recorrido por la rambla de Colonia que lleva a la Plaza de Toros. Debo decir que es una rambla muy larga, muy bonita, y preparada para largas caminatas o corridas. Cuenta con miradores cada tanto, que permiten observar la playa y el Río y tomarse unos mates mientras se admira el paisaje.
Recorrimos por fuera la Plaza de Toros (construcción que data de 1910), ya que no se puede ingresar a ella y luego a nuestro amigo se le antojo montar a caballo! Así que lo esperamos mientras recorría los bosques en su manso potrillo.
Caminamos un poco por la playa y luego nos fuimos hasta la Feria Artesanal que queda en el centro de la ciudad, ubicada cerca del puerto de yates. Allí nos tomamos una cerveza, luego de que nuestro amigo comprara algunos recuerdos para llevar a su tierra.
Ya cerca de las 15 pm, nos decidimos a almorzar y elegimos un restaurant mexicano que se ubica en pleno centro histórico, llamado Tijuka. La comida es muy buena y ofrece de todo, no solo comida mexicana sino también los típicos chivitos uruguayos u otras opciones. Sus precios también son accesibles y esta vez también comimos en la calle, disfrutando del hermoso día de sol que nos había tocado.
Dejamos Colonia luego del almuerzo, y en la ruta hacia Montevideo, paramos en una estancia turística donde es pueden comprar productos caseros como queso, dulce de leche, mermeladas, conservas, alfajores, etc. Además se puede disfrutar de un típico paisaje campestre, donde abundan animales como el venado, el avestruz, conejos, ovejas, vacas…etc. No recuerdo exactamente el nombre, pero en el camino hay varias estancias de este tipo y están bien señalizadas. Está ubicada sobre la ruta, yendo a Montevideo a mano derecha.
No dejen de conocer este mágico lugar, allí encontraran de todo: historia, tranquilidad, hermosas vistas, arte, gastronomía, música, diversión, playa, campo y podrán respirar mucho pero mucho aire colonial y volver renovados a casa, con un trocito de pasado en el alma.
Saludos viajeros!
Algunos links de interés:
www.guiacolonia.com.uy
www.colonianet.com |
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