Saludos a todos los viajeros, especialmente a los que además son amantes del buen rock y la buena música en general a quienes dedico este diario. La semana pasada tuve la suerte de asistir al concierto que los británicos The Who dieron en el Palacio de los deportes de Madrid. El concierto era el jueves 17 de mayo por la noche por lo que los ocho amigos que íbamos desde Valencia lamentablemente tuvimos que ausentarnos de nuestras obligaciones durante dos días (fue una decisión muy dura de tomar, jeje). La idea estaba clara, ya que nos íbamos dos días con la escusa del concierto íbamos a aprovechar al máximo.
El jueves nos citamos para almorzar bien y después partir hacia Madrid para llegar a la hora de comer. Lo que pasa es que siempre de la teoría a la práctica cambia mucho así que por diversos motivos no pudimos salir de Valencia hasta las 12:00, eso sí, almorzados y con las pilas cargadas. Prácticamente no paramos hasta llegar a Madrid, tan solo una parada biológica (una visita al baño y una cervecita rápida) en el area 175 (no es Roswell aunque un poco sí parece el desierto de Nevada, es justo a mitad camino de los 350 km. que separan Madrid de Valencia en medio de la provincia de Cuenca).
Al final llegamos a ese gran caos que es Madrid y por suerte llegamos al hotel a la primera, cosa rara no nos perdimos, como de costumbre solemos hacer. Dejamos las bolsas y nos fuimos corriendo a comer porque eran las 16:20 y no sabíamos si nos iban a dar de comer. Al final fuimos a un sitio recomendado por el portero del hotel (por cierto, el Hotel Colón, un cuatro estrellas muy bien situado y muy buena relación calidad precio). Nos dimos el primer "homenaje" comiéndonos un codillo no sin antes haber tapeado, cosa muy típica en toda España y como no, también en Madrid. Después de las tapas, el codillo, las cervezas, el postre, el café y el orujo (para ayudar a hacer la digestión) nos fuimos al hotel para practicar el deporte nacional (la siesta) y cargar las pilas para el motivo principal de nuestra escapada, el concierto...
Como ya os he dicho nuestro hotel estaba muy bien situado, así que fuimos caminando hasta los alrededores del Palacio de los Deportes. Para los que no hayáis ido a Madrid el Palacio se reconstruyó hace unos pocos años tras un incendio y el nuevo es realmente espectacular, además tiene una calidad de sonido muy buena para conciertos. Como era pronto estuvimos en los alrededores, en las Calles Goya y Jorge Juan, cerca de Serrano, vamos, en pleno centro y donde se encuentran las mejores tiendas y las marcas más lojosas. La verdad es que no es una zona donde pegáramos mucho con nuestras camisetas de The Who u otros grupos clásicos como los Rolling Stones o los Beatles pasando por tiendas de Prada, Louis Vuitton, Channel, Armani... Así que fuimos a buscar algo más acorde con nosotros (los bares) y degustamos un par de refrescantes gin tonics antes de entrar.
Cuando abrieron las puertas del Palacio de Deportes entramos corriendo para tener un buen sitio en la pista (no entiendo como la gente puede ver un concierto de rock sentado en una silla de plástico). Nos hicimos fuertes en un hueco cerca del escenario y por turnos íbamos a la barra a por más gin tonics (hacía mucho calor...) Puntualmente empezaron los teloneros, un trío estadounidense que se llaman Rose Hill Drive, que lo hicieron muy dignamente en el siempre difícil papel de hacer de teloneros. Animaron el ambiente durante casi una hora con canciones potentes con influencias de Led Zeppelin o Deep Purpele.
A las 22:00 (puntualidad británica) salieron al escenario los dos supervivientes de The Who, el cantante Roger Daltrey y el guitarrista y genio Pete Townshend acompañados de una gran banda que no desmerece nada y eso que tienen la difícil papeleta de sustituir a genios como Keith Moon (posiblemente el mejor batería de la historia) y John Entwistle (también uno de los mejores bajistas de la historia).
Como curiosidad decir que el batería que les acompaña es Zack Starky, hijo de otro mito, Ringo Star, batería de los Beatles que sin duda ha heredado el talento de su padre. Nos os voy a poner todo el repertorio, simplemente tocaron los esperado, sus grandes éxitos, algunos ahora de moda gracias a que son utilizados por la serie C.S.I. Fueron dos horas del mejor rock que pasaron volando, con dos bises incluidos, realmente increible el buen estado de forma de dos supervivientes que ya pasan de los 60 años (deben ser de la misma pasta que los Stones).
Tras acabar y aun emocionados por el espectáculo buscamos sitios para cenar pero entre que eran más de las 00:00 de la noche y los más de 10.000 asistentes al concierto queríamos cenar nos alejamos un poco de la zona del Palacio de Deportes.
Por indicación de amigos de Madrid nos dirijimos a la Plaza de Manuel Becerra y cenamos en un bar de tapas (como no...) Nos pusimos morados a base de patatas bravas, calamares, jamón, queso, oreja de cerdo y abundante cerveza para recuperar líquidos. Casi a las 2 de la mañana acabábamos de cenar y nos dirigimos a la zona de Gran Vía para acudir a una fiesta. A las 4 de la mañana ya con escasas fuerzas (y un poco perjudicados ya, la verdad) nos retiramos al hotel a dormir la mona. Había sido un largo e intenso día.
El viernes teníamos que volver a Valencia ya que por distintos motivos (la mayoría conyugales, la verdad) no podíamos quedarnos el fin de semana en Madrid. Así que a las 12:00 abandonamos el hotel, desayunamos unas tostadas con tomate, aceite de oliva y jamón para reponerse y partimos de nuevo hacia Valencia. Como estábamos bastante cansados y algo resacosos no tardamos en hacer una parada. Eran las 14:00 así que pensamos que ya era hora de comer y se nos ocurrió visitar las ruinos romanas de Segóbriga, situadas en la provincia de Cuenca, a unos 100 km de Madrid.
Las ruinas se encuentran en bastante buen estado, teniendo en cuenta que tienen 2.000 años, sobre todo los edificios más espectaculares, el teatro y el anfiteatro. El teatro, además de conservar su magnífica acústica se utiliza hoy en día para festivales. Tras la visita a las ruinas romanas fuimos a Saélices, apenas a unos kilómetros y comimos en el restaurante Las Termas.
De nuevo nos dimos un último "homenaje" culinario a base de ibéricos, morteruelo y ajoarriero (típico de Cuenca) y de plato fuerte unos buenos chuletones de ternera acompañados con vino, postre, café y orujo, como no. Al final la "paradita" para comer algo duró tres horas, así que continuamos hacia Valencia con un poco de retraso. Aun tuvimos que hacer otra breve parada (esta sí lo fue) ya en la provincia de Valencia, cerca de Utiel, para visitar el baño y de paso tomar una cervecita para aguantar hasta la llegada. De ahí a casa ya fue quedaba poco aunque como era viernes por la tarde había atasco en la entrada y salida de Valencia, pero bueno, pusimos en el coche el CD de los singles de The Who para amenizar la llegada de la escapada más intensa que he hecho en los últimos años.
Con suerte, dentro de poco habrá otra, este vez a Barcelona, para ver a los otros mitos vivientes, The Rolling Stones, si ningún cocotero ni afonía lo impide.... |
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